Alimentación, dieta y nutrición para el síndrome del intestino irritable

¿Padeces síndrome del intestino irritable? Entonces te interesará saber cómo se puede manejar la patología desde el punto de vista dietético. Aquí están las pautas más importantes.
Alimentación, dieta y nutrición para el síndrome del intestino irritable
Saúl Sánchez

Escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez el 29 mayo, 2021.

Última actualización: 29 mayo, 2021

Manejar bien la dieta para el síndrome del intestino irritable puede suponer una gran diferencia en la calidad de vida. Esta patología se considera crónica y no tiene cura conocida. Sin embargo, por medio de una buena nutrición es posible convivir con ella y experimentar menos molestias.

Antes hay que comentar que el síndrome del intestino irritable se caracteriza por presentar un componente muy individual a nivel dietético. Esto quiere decir que, aunque hay unos estándares claros, a algunas personas les pueden sentar bien unos alimentos y a otras no.

Dieta baja en FODMAP y sin gluten

Es importante destacar que las causas del síndrome del intestino irritable no están del todo claras. Algunos autores apuntan a que se origina la patología a partir de una situación de disbiosis que se exagera y se cronifica. Otros comentan que el problema es de carácter genético.

Lo que está claro es que los pacientes con la enfermedad cuentan con una sensibilidad aumentada a ciertos componentes de la dieta, entre ellos el gluten. Aunque suprimir la ingesta del mismo no se sabe si podría ejercer un efecto beneficioso en el tratamiento.

Según un estudio publicado en la revista The American Journal of Gastroenterology, las evidencias actuales son insuficientes para recomendar la supresión del gluten en la dieta de las personas que padecen síndrome del intestino irritable. Lo mejor es comprobar la tolerancia y analizar los beneficios individuales de la medida.

Lo mismo sucede con las dietas FODMAP, bajas en residuos y en fructooligosacáridos. Estos planteamientos generan mejoras en la sintomatología de algunos pacientes, pero no suponen una solución al problema que se pueda sistematizar para todos.

En el corto plazo se han encontrado beneficios, pero no son sostenibles en el tiempo respecto a otro tipo de intervenciones. Así lo demuestra una investigación publicada en la revista Nutrients.

Lo que está claro es que suele resultar imprescindible moderar la presencia de grasas en la dieta, sobre todo de aquellas de tipo trans. Son las que cuentan con un carácter inflamatorio que puede agravar el problema. No obstante, ciertos ácidos grasos, como los omega 3, resultan beneficiosos.

Mecanismo de intervención

De forma tradicional, se aborda el problema del síndrome del intestino irritable con una intervención en dos etapas. En un primer momento se reduce el consumo de fibra insoluble, de tóxicos, de cafeína, de grasas y de sustancias picantes. Por otra parte, se recomienda mejorar las pautas de hidratación y la práctica de ejercicio físico.

Una vez implementado este protocolo, no siempre sencillo de cumplir, se evalúa el resultado. Si la intervención no genera una mejoría notable se propone una dieta FODMAP o sin gluten. En algunas ocasiones, un régimen tan restrictivo en fibra mejora la sensación de hinchazón, el dolor y los gases.

Gluten en el síndrome del intestino irritable.
La restricción del gluten en este cuadro no ha demostrado efectos contundentes. Se recomienda solo a algunos pacientes.

Características de la dieta baja en FODMAP

La dieta baja en FODMAP es aquella que restringe oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables. Todos estos elementos se encuentran dentro del grupo de los carbohidratos de cadena corta. Tienen la característica de que son fermentables, por lo que incrementan la producción de gas intestinal.

Como norma general, se recomienda este protocolo dietético para todas aquellas personas que sufren de gases de forma frecuente. Sobre todo cuando conlleva la aparición de dolor.

No obstante, hay que tener en cuenta que esta restricción de fibra no deja de ser un parche a un problema de alteración en la microbiota intestinal. Los tratamientos con probióticos son mucho más eficaces para los problemas digestivos.

De acuerdo con un estudio publicado en la revista Clinical Nutrition, el uso de probióticos amortigua el efecto de la dieta FODMAP sobre la alteración de la microbiota en cuanto a población de Lactobacillus se refiere. De no implementarse esta medida se podría generar una pérdida de biodiversidad poco recomendable.

A día de hoy podemos destacar 5 tipos de FODMAP distintos, siendo todos ellos elementos que pueden promover la aparición de síntomas intestinales en condiciones patológicas:

  • Fructanos: presentes en el trigo y en la cebada.
  • Fructosa: en la fruta, fundamentalmente.
  • Galactooligosacáridos: es posible hallarlos en las legumbres.
  • Lactosa: el azúcar de la leche.
  • Polioles: frecuentes en las frutas de hueso.

La dieta FODMAP se implementa en dos fases:

  1. Se restringen los alimentos con alto contenido en los compuestos previamente mencionados durante 3 semanas.
  2. A partir de aquí se comienzan a reintroducir algunos de los comestibles retirados para comprobar la tolerancia individual.

Se trata de un protocolo parecido a aquel que se propone para el tratamiento de los casos graves de disbiosis. En estos casos se elimina el consumo de fibra y se comienza la suplementación con probióticos para generar un cambio en la densidad y en el perfil de la microbiota. Más tarde se introduce la fibra soluble de manera progresiva para afianzar el crecimiento de las nuevas bacterias.

Características de la dieta libre de gluten en el síndrome del intestino irritable

A pesar de no tener enfermedad celíaca diagnosticada, existen personas con síndrome del intestino irritable que pueden reportar mejora a partir de la restricción del gluten a nivel dietético. Esta proteína se encuentra en el trigo, en la cebada y en el centeno.

No obstante, existe mucha discordancia respecto de lo óptimo que puede ser la implementación de una dieta sin gluten en personas que no presentan hipersensibilidad a la proteína. Así lo afirma una investigación publicada en Minerva Gastroenterologica e Dietologica.

Esta práctica resulta dañina cuando no existe un diagnóstico de problema intestinal alguno y el paciente, por su cuenta y riesgo, decide eliminar la proteína de la dieta. A mediano plazo genera una inactivación de las enzimas encargadas de la degradación de la misma, provocándose una intolerancia.

Como norma general, la dieta libre de gluten es la que cuenta con un contenido inferior a 20 partes por millón de gluten al día. No obstante, se recomienda someterse de forma previa a un examen de anticuerpos para ver si existe enfermedad celíaca.

Duración de la intervención

Uno de los factores limitantes de este tipo de intervención es la adherencia al protocolo. Una alimentación tan restrictiva puede ser difícil de seguir a lo largo del tiempo, ya que genera problemas sociales e incluso ansiedad. Es importante limitar la cafeína, el alcohol y los alimentos con alto contenido en grasas con el objetivo de facilitar la digestión.

Lo óptimo es que, una vez que se haya diseñado la dieta que resulta eficaz según la tolerancia individual, esta se mantenga de por vida. El hecho de generar alteraciones en la pauta podría provocar la manifestación de los síntomas del síndrome del intestino irritable.

No obstante, existen mecanismos, como la suplementación con probióticos, que pueden mejorar la salud intestinal, según un estudio publicado en Nutrients. Esta estrategia permite que se pueda proponer un régimen dietético menos estricto y que no por ello se manifiesten los síntomas.

Garantizar una microbiota saludable y competente parece uno de los puntos clave en el manejo de la enfermedad. De todos modos, se investiga sobre cuál es la cepa más adecuada. También se ensayan los protocolos de administración más ventajosos.

El estreñimiento asociado al síndrome del intestino irritable

Es frecuente que el síndrome del intestino irritable curse con un problema de estreñimiento de tipo funcional. En estos casos puede ser necesario incrementar ligeramente el aporte de fibra soluble de la dieta. De este modo se aumenta el tamaño del bolo fecal, lo que provoca un tránsito más eficiente.

También la suplementación con probióticos ha demostrado beneficios a la hora de tratar esta dolencia. Así lo evidencia una investigación publicada en la revista Advances in Nutrition

Asimismo, es importante asegurar la práctica de ejercicio, ya que de este modo se estimula el tránsito. También es fundamental restringir el consumo de aquellos comestibles con carácter astringente, como el plátano, el arroz blanco y el té.

El síndrome del intestino irritable y la diarrea

Puede darse el caso de que el síndrome del intestino irritable curse con diarrea en lugar de estreñimiento. En este caso, la mejor opción es optar por los alimentos blandos, evitando aquellos muy grasos que puedan generar heces líquidas. Los granos integrales, la avena y las carnes magras serás siempre buena opción.

Es importante limitar el consumo de fibra insoluble, ya que provoca que las heces sean todavía más blandas. En líneas generales, es beneficioso consumir vegetales, pero en estas condiciones hay que restringir la fibra.

Diarrea en el síndrome del intestino irritable.
Tanto la diarrea como la constipación pueden formar parte del síndrome. Para cada caso hay una dieta específica.

SIBO asociado al síndrome del intestino irritable

Se han detectado casos de sobrecrecimiento bacteriano en la zona proximal del intestino delgado asociados a los procesos de intestino irritable. En este escenario sería conveniente plantear un tipo de dieta FODMAP muy restrictiva en fibra para promocionar la muerte de estas bacterias.

Es importante que el tratamiento se mantenga durante 3 semanas y que se suplemente con un producto de probióticos para mejorar la composición de la microbiota. A partir de aquí, se reintroduce la fibra progresivamente.

Además, puede ser necesaria la implementación de una dieta líquida en los casos más extremos. En tales situaciones se preparan batidos con macro y micronutrientes esenciales y se administran en varias ingestas a lo largo del día.

No obstante, se trata de un protocolo muy agresivo que debe contar con supervisión profesional y que puede conllevar la aparición de efectos adversos. Se requiere de un diagnóstico médico antes de llevarlo a cabo.

Dieta que apunte a la microbiota para el tratamiento del intestino irritable

La dieta para el tratamiento del intestino irritable se basa en la restricción de las grasas y de la fibra dietética. Las nuevas tendencias apuestan por la suplementación con probióticos, aunque elegir el producto adecuado no siempre es sencillo.

Hay que tener en cuenta que esta patología presenta un carácter crónico y que los síntomas o la afectación no siempre son iguales. Por ello hay que individualizar la pauta lo máximo posible, probando la tolerancia.

Lo mejor sería conseguir una gran variedad en la alimentación. Para ello puede ser necesario implementar protocolos restrictivos durante un tiempo determinado, con el objetivo de generar cambios en la composición de la microbiota.

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