Monocitos: qué son, valores normales y alteraciones

Los glóbulos blancos son un grupo de células encargadas de la defensa del organismo. Una de estas células son los monocitos, los cuales pueden llegar a pasar desapercibidos, por lo que te contaremos más sobre ellos.
Monocitos: qué son, valores normales y alteraciones
Diego Pereira

Revisado y aprobado por el médico Diego Pereira.

Última actualización: 19 diciembre, 2021

El cuerpo humano cuenta con una amplia variedad de estructuras y sustancias químicas responsables de mantener la indemnidad de los órganos y tejidos. Los monocitos son un grupo de células especializadas del sistema inmunitario, los cuales forman parte de los glóbulos blancos.

La serie blanca sanguínea se divide en granulocitos y agranulocitos, siendo los linfocitos y los monocitos parte del segundo grupo. Estudios afirman que los monocitos participan de forma activa en la defensa contra las agresiones externas y los gérmenes patógenos como los virus y las bacterias.

Los niveles de monocitos en sangre pueden variar de acuerdo al estado de salud de la persona. Por lo general, las alteraciones en el conteo plasmático suelen indicar que algo no va bien en el organismo. En este sentido, los mismos son de utilidad en el diagnóstico y tratamiento oportuno de múltiples enfermedades.

¿Qué son los monocitos?

Los monocitos en el sistema inmune
El componente celular del sistema inmunitario está formado por los leucocitos. De estos, los monocitos tienen un papel muy relevante.

Los monocitos son leucocitos o glóbulos blancos sin gránulos, a diferencia de los neutrófilos y los eosinófilos. Este grupo celular posee el mayor volumen de la serie blanca con un diámetro de alrededor de 18 micrómetros. Además, incluyen un único núcleo que suele teñirse de color morado o azulado al microscopio.

Estas células se originan en la médula ósea y son liberados luego al torrente sanguíneo. De igual forma, estos forman parte del sistema fagocítico mononuclear (SFM) y representan del 2 al 8 % del total de leucocitos en sangre.

Los monocitos migran a diferentes tejidos luego de un par de horas en sangre. En este sentido, es común encontrarlos en el bazo, el hígado, el pulmón, los ganglios linfáticos y la médula ósea. Luego de 24 horas, atraviesan la pared de los vasos sanguíneos y se convierten en macrófagos. 

La principal función de los monocitos es la fagocitosis, es decir, la ingestión y destrucción de gérmenes dañinos y restos celulares. Además, participan de forma activa en la activación de la inmunidad celular. Algunas investigaciones sugieren que tienen un importante papel como mediadores de las reacciones inflamatorias agudas y crónicas.

¿Cómo se miden los niveles de monocitos?

La concentración plasmática de monocitos se determina mediante el estudio detallado de toda la serie blanca a través de un leucograma. Este es uno de los análisis de sangre más comunes y suele incluirse dentro del hemograma o la hematología completa.

Para la realización del examen, se toma una muestra de sangre del paciente y se lleva a exploración microscópica. El explorador de laboratorio añadirá diferentes colorantes para identificar con mayor facilidad los leucocitos. De esta manera, el mismo realizará el conteo de monocitos totales en sangre.

Valores normales

Los niveles de monocitos se expresan en relación con el total de glóbulos blancos. En este sentido, los valores normales de monocitos se ubican entre 100 y 800 células por milímetro cúbico (mm³). Como se dijo con anterioridad, el recuento de este grupo celular debe reflejar en el 2 al 8 % del total de leucocitos en sangre.

Por lo general, los resultados pueden variar de acuerdo a la edad y el estado general de la persona. Además, algunos laboratorios pueden mostrar diferencias en los rangos de normalidad. Los resultados anormales suelen ser un hallazgo casual en exámenes de rutina.

Alteraciones en el número de monocitos

Los recuentos altos o bajos de monocitos pueden pasar desapercibidos. No obstante, los mismos pueden acompañarse de otros síntomas originados por la enfermedad responsable de la alteración de la serie blanca. Es importante destacar que el conteo de monocitos vuelve a la normalidad al solucionar la causa subyacente.

Monocitos altos

El aumento en los niveles de monocitos en sangre por encima de los valores normales se denomina monocitosis. En los adultos se habla de monocitosis cuando el recuento es superior a 800 células por milímetro cúbico (mm³). Algunas de las enfermedades asociadas a la elevación de estas células son las siguientes:

  • Tuberculosis.
  • Brucelosis y sífilis.
  • Colitis ulcerativa. 
  • Parasitosis por protozoos.
  • Enfermedad de Hodking.
  • Lupus eritematoso sistémico.
  • Artritis reumatoide.
  • Leucemia.

En la mayoría de los casos, las infecciones crónicas son la causa más frecuente de monocitosis. Por lo general, la elevación en sí no representa un problema para la salud más allá de la causa subyacente.

Monocitos bajos

Los monocitos en el laboratorio
Para cualquier diagnóstico relacionado con alteraciones en los monocitos es necesario un estudio de laboratorio.

La disminución en el conteo plasmático de monocitos por debajo de lo normal es denominada monocitopenia. Esta engloba todo resultado de laboratorio inferior a 100 células por milímetro cúbico (mm³).

Por lo general, esta condición indica que el sistema inmunitario no está funcionando de forma adecuada. Dentro de las causas asociadas con un conteo bajo de monocitos se encuentran las siguientes:

En raras ocasiones, el recuento de monocitos puede llegar a cero y se asocia con un trastorno genético denominado síndrome monoMAC. Esta afección aumenta el riesgo de padecer infecciones por diversas bacterias atípicas, hongos y virus. Además, aumenta la probabilidad de desarrollar leucemia.

Un grupo de células especializadas en la defensa del cuerpo humano

Los monocitos son un tipo de glóbulo blanco que participan activamente en la protección del organismo contra microorganismos dañinos. De igual forma, este grupo celular facilita la destrucción y eliminación de tejidos muertos y células tumorales. Por tanto, constituyen una de las principales herramientas del sistema inmunitario.

Estos pueden ser cuantificados a través de un leucograma y son de utilidad en el diagnóstico de un gran número de enfermedades. Los profesionales de la salud son los únicos capacitados para la valoración de este tipo de pruebas y para el abordaje oportuno de cualquier afección que pueda estar causando una alteración en el recuento sanguíneo.

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