Diferencias entre amigdalitis vírica y amigdalitis bacteriana

La amigdalitis vírica y la amigdalitis bacteriana son condiciones que se engloban dentro de los cuadros de tipo faringitis. De todas formas, se presentan con síntomas diferenciales y sus tratamientos varían.
Diferencias entre amigdalitis vírica y amigdalitis bacteriana
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 08 octubre, 2021.

Última actualización: 08 octubre, 2021

Las amígdalas son órganos linfoides que se encuentran “de cara” al tracto aerodigestivo. Estas estructuras juegan un papel esencial en la inmunidad individual, ya que salvaguardan una de las entradas más comunes de virus y bacterias en todo el organismo humano. Cuando se inflaman, se hace necesario conocer las diferencias entre amigdalitis vírica y amigdalitis bacteriana.

Esta puede parecer una diferencia anecdótica, pero el patógeno causal de toda enfermedad influye sobre el tipo de tratamiento que se va a seguir y el pronóstico. Por ejemplo, el uso de antibióticos en una amigdalitis vírica es completamente inútil y no hará más que aumentar las probabilidades de infecciones sucesivas. Si quieres saber más sobre el tema, sigue leyendo.

¿Qué son las amígdalas?

Antes de entrar de lleno en terreno patológico, es necesario describir de forma somera qué son las amígdalas y cómo funcionan. Según el Instituto Nacional del Cáncer, cada amígdala se puede definir como ‘una de las dos masas de tejido linfoide que se ubican a cada lado de la garganta’. Dicho de otro modo, se trata de órganos rojizos de naturaleza linfática localizados a ambos lados del límite del velo del paladar.

Las amígdalas como concepto no solo representan a dos masas aisladas. En realidad, el tejido linfoide se agrega en una estructura faríngea conocida como Anillo de Waldeyer. Este se divide, a su vez, en varios tipos de amígdalas con ciertas particularidades:

  • Amígdala faríngea: es una masa de tejido linfoide localizada cerca del orificio interno de las fosas nasales. En esta zona se producen inmunoglobulinas (anticuerpos).
  • Dos amígdalas tubáricas: se pueden localizar estas masas (una de cada lado) cerca de la abertura interna de la trompa de Eustaquio, una estructura que comunica el oído medio con la faringe.
  • Dos amígdalas palatinas: son las amígdalas “típicas” y se localizan en la orofaringe. Se pueden observar a simple vista al abrir mucho la boca como 2 masas rojizas y húmedas a cada lado de la garganta. En ellas se produce el cuadro de inflamación más evidente cuando hablamos de amigdalitis.
  • Amígdalas linguales: como su propio nombre indica, estos tejidos linfoides se encuentran en la lengua, específicamente en su base.

Todos estos tejidos linfoides tienen ciertos rasgos en común, ya que poseen una clara función inmunitaria. Cuando perciben una amenaza, los linfocitos B y T que se localizan en ellos reconocen al patógeno que ha entrado en contacto con la superficie de la amígdala y lo destruyen (ya sea produciendo anticuerpos o fagocitándolo de forma directa).

¿Cuáles son las diferencias entre amigdalitis vírica y bacteriana?

La amigdalitis es una condición infecciosa por naturaleza, salvo excepciones. A continuación, te presentamos las diferencias entre amigdalitis vírica y amigdalitis bacteriana.

1. Agentes causales diferentes

Las diferencias entre amigdalitis vírica y amigdalitis bacteriana incluyen el microorganismo causal
Aunque los datos clínicos no son suficientes para determinar el origen de la infección, es muy importante confirmarlo, ya que eso influirá en el tratamiento.

La Clínica Mayo define el término “amigdalitis” como ‘la inflamación de las amígdalas palatinas, dos masas de tejido de forma ovalada situadas a ambos lados de la parte posterior de la garganta’. Como veremos en líneas posteriores, la mayoría de los casos son provocados por agentes víricos.

Amigdalitis vírica

La amigdalitis vírica es la más común de las variantes. Diversos virus pueden causarla, entre los que se encuentran los siguientes:

  • Adenovirus: son agentes virales con una nucleocápside que contiene una doble cadena de ADN. Existen más de 50 serotipos adenovirales causantes de infecciones desde asintomáticas hasta graves (dependiendo de la variante).
  • Rinovirus: los rinovirus no requieren presentación, pues son los agentes infecciosos más comunes en el ser humano y provocan el conocido resfriado. Presentan una cadena sencilla de ARN.
  • Influenzavirus: el influenzavirus A y el influenzavirus B son los causantes de los cuadros gripales. Ambos son agentes virales de ARN y se instauran en la población con periodos de estacionalidad.
  • Otros virus causales: el virus de Epstein-Barr, el virus de la parainfluenza, el virus del sarampión, el citomegalovirus, el virus respiratorio sincitial y otros agentes dentro de este grupo también son capaces de causar amigdalitis.

Dependiendo del virus, el cuadro clínico puede consistir solo en amigdalitis o presentarse con muchos más síntomas. Por ejemplo, el sarampión cursa siempre con inflamación de las amígdalas, pero también se manifiesta con erupciones cutáneas, febrícula, dolor de cabeza y picor corporal.

La amigdalitis suele ser un cuadro clínico común en ciertas condiciones infecciosas.

Amigdalitis bacteriana

La amigdalitis bacteriana es menos común que la vírica, aunque suele presentar ciertos picos de prevalencia en algunos grupos etarios. A continuación, se listan algunos de los agentes causales de este cuadro:

  • Estreptococos infecciosos del grupo A: los estreptococos del grupo A (GAS) son los causantes de la inmensa mayoría de las faringitis bacterianas. Curiosamente, en el habla inglesa este tipo de amigdalitis recibe su propio nombre y se separa del resto de cuadros (strep throat).
  • Streptococcus pneumoniae: esta bacteria grampositiva y esférica es causante de cuadros de infecciones diversas. No es tan común como los GAS, pero suele ser el segundo sospechoso en los casos de amigdalitis bacteriana.
  • Mycoplasma pneumoniae: esta bacteria pequeña provoca un tipo de neumonía atípica relacionada con la enfermedad de las crioaglutininas (CAD).
  • Bordetella pertussis: una bacteria Gram-negativa aeróbica causante de la pertussis o tos ferina. Además de amigdalitis, esta bacteria provoca un cuadro de tos muy grave que puede llegar a ser mortal. Tal y como indican fuentes profesionales, más de 30 000 personas mueren en el mundo por este cuadro clínico.
  • Corynebacterium diphtheriae: el cuadro de difteria provocado por este microorganismo se acompaña de amigdalitis. La mayoría de cuadros son asintomáticos o leves, pero en ciertos brotes epidemiológicos se han llegado a detectar tasas de mortalidad de hasta el 10 % de los afectados.

El strep throat provoca amigdalitis y síntomas típicos de infección, pero en otros casos la cosa se puede complicar sin el tratamiento adecuado. La difteria y la tos ferina cursan con inflamación de las amígdalas, pero también causan dificultad para tragar, toses agresivas y hasta problemas para respirar en los cuadros más graves.

2. Diferencias sintomáticas

Otras diferencias entre la amigdalitis vírica y la amigdalitis bacteriana radican en la sintomatología de cada uno de los cuadros. Antes de diseccionar las particularidades de cada uno de ellos, te mostramos en la siguiente lista los comunes:

  • Amígdalas rojas e inflamadas: este es el síntoma más común de ambas variantes. Se puede observar a simple vista.
  • Dolor de garganta.
  • Dificultad, malestar o dolor al tragar.
  • Fiebre.
  • Voz ronca, rasposa o entrecortada.
  • Mal aliento.

Dependiendo del agente causal pueden aparecer otros síntomas asociados. La gravedad de la signología también dependerá de la potencia del agente infeccioso.

De todas formas, existen ciertas diferencias sintomáticas basales entre la amigdalitis vírica y la amigdalitis bacteriana. Las vemos por separado.

2.1 Fiebre

La amigdalitis causada por estreptococos del grupo A (strep throat) cursa con fiebre más alta que la variante vírica. En el cuadro viral se suele presentar una febrícula (no superior a los 38 °C) o fiebre leve, mientras que en la bacteriana es común llegar a temperaturas de 38,3 °C o más.

La amigdalitis bacteriana suele causar un malestar mayor.

2.2 Lesiones en la cavidad oral

En ambos cuadros clínicos se inflaman las amígdalas por la presencia de un agente patógeno. De todas formas, en la amigdalitis bacteriana se pueden observar pequeños puntos rojos en el paladar. Estos se denominan a nivel clínico petequias y hacen referencia al sangrado menor en los capilares bucales superficiales.

Las petequias orales son poco comunes, pero se tratan de un signo diferencial y extremadamente específico de la amigdalitis bacteriana.

2.3 Apariencia de las amígdalas

En la amigdalitis vírica las amígdalas se muestran decoloradas, lo cual les otorga un color más amarillento o blanquecino. Por otro lado, en la variante bacteriana este tejido se observa mucho más enrojecido y aparecen núcleos de pus muy blancos. Por ello, este último cuadro es algo más evidente a simple vista.

2.4 Escarlatina

La escarlatina es una enfermedad bacteriana que se manifiesta en algunos pacientes con amigdalitis estreptocócica (nunca viral). Se caracteriza por un sarpullido rojo que comienza en todo el cuerpo, líneas rojas en los pliegues cutáneos, rostro enrojecido y una “lengua de fresa” (roja, abultada y cubierta de una capa blanca). Se presenta con mucha más frecuencia en niños de 2 a 10 años de edad.

Las toxinas liberadas por los estreptococos provocan el cuadro sistémico de escarlatina.

3. Duración de los síntomas

Las diferencias entre amigdalitis vírica y amigdalitis bacteriana incluyen la duración de los síntomas
La intensidad de los síntomas y su duración puede variar enormemente dependiendo del agente causal, además de las características propias del paciente.

Tal y como indica el portal Strepsils, la amigdalitis viral aparece con un cuadro sintomático que dura unos pocos días y se resuelve por sí solo con el paso del tiempo. El cuerpo combate al virus causal y no suelen presentarse mayores complicaciones (a menos que el paciente ya esté enfermo o inmunodeprimido). Además, la sintomatología se instaura poco a poco con síntomas catarrales.

Por otro lado, la amigdalitis bacteriana se presenta de forma brusca, mucho más intensa y sus síntomas tienen una duración media de 7 a 10 días. Se suele descartar esta condición cuando el paciente también muestra tos leve o nariz que moquea, pues estos son signos clínicos catarrales típicos de la variante vírica. 

La amigdalitis bacteriana no se asocia a síntomas catarrales como carraspera o nariz taponada. Si el paciente tiene estos signos, seguramente el causante sea un virus común. 

4. Diagnóstico diferencial

El diagnóstico de la amigdalitis puede tomar varias rutas, tal y como indica el portal StatPearls. De todas formas, cabe destacar que la variante bacteriana (strep throat) requiere de métodos de detección algo más sofisticados. Cuando el paciente llega a la clínica, se toman los siguientes protocolos estandarizados:

  1. Uso de un instrumento con luz para observar la cavidad faríngea del paciente. Como hemos dicho en líneas previas, la conformación de las amígdalas dice mucho del tipo de cuadro. Además, las petequias son exclusivas de la variante bacteriana.
  2. Búsqueda de síntomas de escarlatina por el cuerpo. Si están presentes, se relaciona con la infección bacteriana por estreptococos.
  3. Palpación del cuello del paciente. De esta forma, el profesional es capaz de notar el nivel de inflamación de los ganglios linfáticos.
  4. Auscultación pulmonar. Si la infección se ha diseminado al entorno pulmonar, se requiere atención mucho más urgente.

A pesar de que existen diferencias a simple vista entre la amigdalitis vírica y la amigdalitis bacteriana, no se puede descartar uno de los dos cuadros hasta que se realicen pruebas laboratoriales. Para que el profesional médico establezca un diagnóstico, se toma una muestra de la mucosa orofaríngea del paciente y se lleva al laboratorio.

Prueba de antígenos de estreptococos

En los últimos años se ha desarrollado un método muy rápido para detectar la amigdalitis bacteriana. La prueba rápida de antígenos de estreptococos (Rapid Strep Test en ingles, RST) permite obtener los resultados de un paciente en cuestión de media hora, pero no es confiable en el 100 % de los casos. 

Para realizar esta prueba, se obtiene una muestra con un bastoncillo de la mucosa oral del paciente y se coloca en un artilugio especial. Por capilaridad y otros procesos, la muestra se “mueve” y entra en contacto con anticuerpos específicos para los estreptococos. Si se produce la unión antígeno-anticuerpo, se colorea una banda positiva en el dispositivo y se confirma la infección.

Si el resultado es positivo, la probabilidad de que el paciente sintomático presente amigdalitis bacteriana es muy alta. De todas formas, cabe destacar que hasta el 20 % de la población posee estos microorganismos en su zona faríngea sin desarrollar enfermedad, así que la presencia del estreptococo no siempre tiene por qué ser la causa del cuadro infectivo. 

Por esta última razón, los cultivos en el laboratorio suelen ser el mejor predictor de la amigdalitis bacteriana.

5. Los tratamientos son diferentes

La última de las diferencias entre amigdalitis vírica y amigdalitis bacteriana radica en el tratamiento. En su variante vírica esta condición no tiene cura farmacológica, pues es el propio sistema inmunitario del paciente el que debe encargarse de combatir al agente vírico. De todas formas, medicamentos como Tylenol o el ibuprofeno pueden ser de utilidad a la hora de reducir los síntomas.

Además de los cuadros citados, en la amigdalitis bacteriana se puede requerir la administración de antibióticos.

Cuadros parecidos, pero con solución diferente

Las diferencias entre la amigdalitis vírica y la amigdalitis bacteriana son múltiples, pero la más importante de todas radica en el tratamiento a seguir en cada cuadro. Tomar antibióticos en una infección vírica no solo es inútil, sino que puede llegar a favorecer la aparición de cepas bacterianas multirresistentes en un futuro por sobreexposición.

Por todas estas razones, te recomendamos que siempre acudas al médico en caso de amigdalitis. Si es vírica no tendrás de que preocuparte (en la mayoría de los casos), pero en su forma bacteriana deberás seguir un tratamiento antibiótico bastante estricto. El último consejo se cuenta por sí solo: no te automediques y no tendrás problemas.

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