Diferencias entre antígenos y anticuerpos

Los términos "antígeno" y "anticuerpo" están muy relacionados, pero no son ni mucho menos intercambiables. Te mostramos en qué se diferencian.
Diferencias entre antígenos y anticuerpos
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 31 agosto, 2021.

Última actualización: 31 agosto, 2021

El sistema inmunitario del ser humano es esencial para la supervivencia, pues existen miles de virus y bacterias que tratan de colonizar nuestro medio interno cada día con el fin de proliferar de forma ilimitada. Conocer las barreras biológicas que nos definen como especie es esencial para explicar los cuadros patológicos, y este saber pasa por registrar las diferencias entre antígenos y anticuerpos.

Aunque sean términos complementarios, las palabras antígeno anticuerpo hacen referencia a compuestos muy diferentes. Ambos explican parte de la respuesta inmunitaria de los seres humanos, pero uno del lado del patógeno y otro desde el punto de vista del hospedador. Si quieres saber más sobre este tema, te animamos a seguir leyendo.

Generalidades sobre el sistema inmunitario

Antes de entrar de lleno en las diferencias entre antígeno y anticuerpo, vemos relevante hacer un pequeño recorrido por las defensas humanas. En primer lugar, cabe destacar que el Instituto Nacional del Cáncer (NIH) define al sistema inmunitario como ‘el conjunto de células, tejidos, órganos y sustancias que ayudan al cuerpo a combatir infecciones y otras enfermedades’.

Se postula que este conjunto de redes tisulares existen como respuesta a las agresiones exógenas endógenas. Virus, bacterias, protozoos, helmintos y hongos colonizan las superficies internas o externas del ser humano, pero siempre proceden del ambiente. Por otro lado, la mutación celular que deriva en un cáncer es endógena, pues su origen radica en el propio genoma del individuo.

A nivel general, el sistema inmunitario se clasifica como innato adquirido. El primero cuenta con una serie de cuerpos celulares que responden a las infecciones de forma inespecífica (fagocitos, macrófagos, neutrófilos y células dendríticas), mientras que el adquirido reconoce a un elemento extraño específico: el antígeno. Los linfocitos son los cuerpos celulares típicos de la respuesta adquirida.

Inmunidad innata y adquirida: dos caras de la misma moneda

A día de hoy, se reconoce que la visión “determinista” de este intrincado entramado biológico no es del todo correcta. Tal y como indica el portal médico Elsevier, respuesta innata y adquirida se complementan de la siguiente forma:

  1. El sistema inmunitario innato activa al adquirido en respuesta a las infecciones. Por ejemplo, los macrófagos responden de forma inespecífica, pero presentan los antígenos a los linfocitos para que estos actúen poniendo en marcha mecanismos especializados. Este proceso se conoce como presentación de antígenos.
  2. El sistema inmunitario adquirido utiliza los mecanismos de inmunidad innata para eliminar los microorganismos patógenos.

Así pues, se puede asegurar que ambos sistemas son complementarios y se ayudan mutuamente. Ya hemos introducido de forma somera el término “antígeno”, así que estamos preparados para diferenciarlo del anticuerpo en las siguientes líneas.

¿Qué diferencias existen entre los antígenos y los anticuerpos?

En primer lugar, cabe destacar que tanto el antígeno como el anticuerpo son compuestos biológicos, es decir, que están presentes en los seres vivos. Sus diferencias radican en el papel que juegan en la reacción inmunitaria, tal y como veremos a continuación. Diseccionamos las disparidades entre ambos términos por partes.

1. El antígeno pertenece al patógeno, y el anticuerpo al sistema inmunitario

Las diferencias entre antígenos y anticuerpos incluyen su origen
Los microorganismos patógenos, como las bacterias, poseen unas estructuras diminutas que son reconocidas como extrañas por el sistema inmunitario. Estas se conocen como antígenos.

La Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos define al antígeno como ‘cualquier sustancia que provoca la síntesis de anticuerpos por parte del sistema inmunitario del hospedador’. Dicho de otro modo, se trata de una molécula presente en el organismo patógeno (en general en su cubierta) que es reconocida por las células inmunitarias y propicia una respuesta de defensa.

Por otro lado, la misma fuente define al anticuerpo como ‘una proteína producida por el sistema inmunitario del hospedador cuando este detecta sustancias dañinas (antígenos)’. Cada anticuerpo, también llamado inmunoglobulina, reconoce una única molécula del agente patógeno que ha ingresado en el organismo.

Así pues, de forma sencilla se podría decir que el antígeno es “la cerradura” brindada por la amenaza, mientras que el anticuerpo se trata de “la llave” del hospedador que abre la puerta a una respuesta inmunitaria eficaz. Cuando ambos compuestos se unen (por un tipo de “conexión” química llamada no covalente) se forma el complejo antígeno-anticuerpo.

A veces, el propio cuerpo produce autoantígenos que provocan respuestas inmunitarias erróneas.

2. La composición no es exactamente la misma

Tal y como indica Technology Networks, otra de las diferencias entre antígeno y anticuerpo radica en su composición química. Por su parte, los antígenos son péptidos (cadenas cortas de aminoácidos), proteínas y polisacáridos (cadenas de azúcares simples). Algunos lípidos y ácidos nucleicos pueden convertirse en antígenos, pero solo si se combinan con proteínas o polisacáridos.

Por otro lado, los anticuerpos están compuestos de forma exclusiva por proteínas, sin más adiciones. En líneas posteriores veremos la conformación tridimensional de esta molécula, pero por ahora nos basta con saber que cada inmunoglobulina contiene regiones constantes y variables constituidas por cadenas de aminoácidos (la base de toda proteína).

Ambos compuestos son mayoritariamente proteicos, pero los antígenos permiten una mayor variabilidad química.

3. Los antígenos pueden ser ambientales o internos, pero los anticuerpos siempre son internos

Los antígenos se pueden clasificar de forma eficaz según su lugar de origen. Aquellos exógenos son los que proceden de fuentes externas al organismo del hospedador por procesos como inhalación, ingestión directa, entrada a través heridas o inyecciones, entre otras muchas vías. Una vez entran al cuerpo, los macrófagos y otros cuerpos celulares los procesan y se los presentan a los linfocitos.

Por otro lado, los antígenos endógenos son los que se producen por el metabolismo celular o aquellos que se expresan en una célula que ha sido infectada por un virus o una bacteria. En cierto modo, los autoantígenos o “antígenos propios” podrían englobarse en esta categoría. Tal y como indica la Clínica Universidad Navarra, estos últimos son compuestos reconocidos como extraños cuando no deberían.

El reconocimiento de un autoantígeno como una molécula extraña propicia la aparición de enfermedades inmunitarias. Este es el caso de la artritis reumatoide, pues en ella los cuerpos celulares de defensa atacan y destruyen el material proteico presente en las articulaciones e instauran mecanismos inflamatorios crónicos.

Por otro lado, los anticuerpos siempre son endógenos, pues se producen dentro del organismo del hospedador como respuesta a la presencia de antígenos. Estos se sintetizan en los linfocitos B, que a su vez se desarrollan a partir de las células madre hematopoyéticas presentes en la médula ósea.

Los únicos anticuerpos que vienen de “fuera” son los transplacentarios, que pasan de madre a hijo durante el embarazo, y aquellos que se acumulan en la leche materna durante la lactancia.

4. La estructura tridimensional es muy diferente

Las diferencias entre antígenos y anticuerpos incluyen la estructura tridimensional
Los anticuerpos tienen una estructura tridimensional en forma de “Y”, con dos pares de cadenas dispuestas de forma paralela.

Otra de las diferencias entre antígeno y anticuerpo es la conformación tridimensional de ambos compuestos. Como hemos dicho con anterioridad, los antígenos son estructuras de naturaleza proteica muy variable. De todas formas, todos ellos presentan un epítopo, estructura que es reconocida por los linfocitos B, los anticuerpos o los linfocitos T.

La estructura del anticuerpo está mucho más estandarizada y presenta una forma típica de “Y”. Te contamos sus partes de forma somera en la siguiente lista:

  • Cada anticuerpo o inmunoglobulina está compuesto por 4 secciones polipeptídicas: 2 cadenas pesadas y 2 cadenas ligeras idénticas entre ellas y conectadas por un enlace disulfuro. A su vez, una parte del anticuerpo es constante y otra variable.
    • La parte variable cambia de un anticuerpo a otro y es la sección que se une de forma directa al epítopo del antígeno. La composición de aminoácidos depende del objetivo de dicho anticuerpo. Se ve representada por el extremo de la estructura en “Y” y contiene una parte de las cadenas pesadas y otra de las ligeras.
    • La parte constante es siempre la misma dentro de cada categoría y con base en ella se determinan los distintos tipos de anticuerpos que existen (IgM, IgG, etc). Representa la base de la “Y” y solo está formada por cadenas pesadas.
  • El fragmento de unión al antígeno se conoce como región Fab. El fragmento cristalizable, “cola del anticuerpo” o “base de la Y” se denomina región FC.

La forma de “Y” citada es la monomérica, pero los anticuerpos también se presentan como dímeros y pentámeros. Estos términos hacen referencia al número de subunidades que los compongan. Como puedes comprobar, la estructura del antígeno es mucho más simple que la del anticuerpo.

La estructura típica del anticuerpo es en “Y”, siendo los extremos los lugares de contacto con el antígeno.

5. La tipología de cada compuesto es diferente

Existen distintos tipos de antígenos y distintos tipos de anticuerpos, pero los criterios que se utilizan para clasificarlos no son los mismos. A continuación, expandimos sobre esta temática.

Tipos de antígenos

Documentos estudiantiles clasifican los antígenos según su procedencia de la siguiente forma:

  • Bacteriano: es un antígeno infeccioso, pues lo porta un microorganismo patógeno que proviene del exterior. Estos son polisacáridos de fácil detección por la técnica de aglutinación con látex en fluidos orgánicos.
  • Vírico: también es infeccioso, y como su propio nombre lo indica, se encuentra en la superficie o cubierta de un virus.
  • Protozoario y helmíntico: son antígenos que también indican infecciones, pero por parte de seres vivos algo más evolucionados, como protozoos, nemátodos y platelmintos. En general, estos microorganismos suelen instaurarse en la región intestinal del hospedador.
  • Autoantígeno: a partir de aquí, el resto de antígenos que se van a citar no son infecciosos. Como hemos dicho en líneas previas, estos son compuestos del propio cuerpo que se reconocen por error como foráneos y provocan enfermedades autoinmunitarias.
  • Alérgeno: los alérgenos son antígenos que desencadenan una respuesta inmunitaria exagerada en personas sensibles tras varias exposiciones. No representan una amenaza como tal y no indican un cuadro infeccioso, pero el cuerpo se confunde y sí interpreta que debe combatirlos.

Tipos de anticuerpos

Como puedes ver, los antígenos se suelen clasificar según su lugar de presentación, pues no es lo mismo una reacción provocada por un virus que una alérgica por la inhalación de polen. Por otro lado, los anticuerpos son categorizados con base en la cadena pesada que presentan. Estos son los siguientes:

  • Inmunoglobulina A (IgA): este tipo de anticuerpo es predominante en las mucosas que recubren las vías respiratorias y el sistema digestivo. También se encuentra en concentraciones altas en la saliva, las lágrimas y la leche materna.
  • Inmunoglobulina G (IgG): tal y como indica el portal KidsHealth, es el tipo de anticuerpo más abundante en el organismo. Sobre esta variante descansa la mayor parte de la acción protectora frente a agentes patógenos y es la única capaz de atravesar la placenta.
  • IgD: se presenta en pequeñas cantidades en la circulación sanguínea. Con diferencia, es el anticuerpo que menos se conoce.
  • IgM: este tipo de anticuerpo se expresa en la superficie de los linfocitos B o está libre en la sangre y tiene una especificidad muy elevada. Es la primera variante que se sintetiza para combatir un agente infeccioso.
  • IgE: esta inmunoglobulina está involucrada en los procesos inflamatorios, sobre todo de tipo alérgico. También se encuentra en concentraciones altas cuando un parásito ha infestado el cuerpo del hospedador.

Resumiendo esta diferencia entre antígeno y anticuerpo, se puede concluir que los antígenos se catalogan según el microorganismo o compuesto en el que se encuentren, mientras que los anticuerpos o inmunoglobulinas (Ig) se caracterizan por sus cadenas pesadas. Cada uno de los Ig tiene una serie de labores concretas.

Anticuerpos y antígenos: dos caras de la misma moneda

Tras este extenso recorrido, las diferencias entre antígeno y anticuerpo son obvias. Si queremos que una idea quede clara, es la siguiente: los antígenos son compuestos presentes en la superficie de los patógenos, pero a veces también provienen de compuestos alérgenos o del propio cuerpo humano. Por otra parte, los anticuerpos siempre se sintetizan en el organismo.

Los antígenos son el agente que provoca la reacción inmunitaria, mientras que los anticuerpos la posibilitan. Ambos términos son dos caras de la misma moneda, pues explican el intrincado sistema inmunitario que porta nuestra especie.

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