Hipervigilancia: ¿en qué consiste?

¿Qué entendemos por hipervigilancia? ¿Cuándo se presenta? Este síntoma se asocia a trastornos de ansiedad, al estrés y a las fobias específicas. Te lo explicamos.

Escrito y verificado por la psicóloga Leticia Aguilar Iborra el 22 Enero, 2021.

Última actualización: 22 Enero, 2021

La hipervigilancia está presente en una gran variedad de formas. Desde la vigilancia excesiva hacia algunas sensaciones físicas o corpóreas hasta en otras modalidades de atención a experiencias externas que causen algún motivo de preocupación.

Sea como fuere, la hipervigilancia consiste en la focalización de la atención hacia estímulos concretos. El aumento de la atención hacia ellos implica que la persona pueda ser más sensible a las contingencias asociadas.

¿Qué es la hipervigilancia?

La hipervigilancia implica un gran estado de alerta. Supone la capacitación de la persona para centrar su atención hacia determinados estímulos, haciendo que esté más pendiente de determinadas modificaciones sensoriales, motoras, cognitivas y emocionales.

En la mayoría de los casos en los que se necesita una respuesta ante ciertos estímulos que implican una atención exagerada, estas conductas pueden ser erráticas, con excesiva o poca planificación. Es más, la hipervigilancia puede presentar hiperprosexia, algo similar a la distracción.

Las fobias sociales se relacionan con la hipervigilancia, sobre todo cuando hubo traumas vinculados en la infancia.

Características de la hipervigilancia

En todo caso, la hipervigilancia cuenta con las siguientes características:

  • Bajo rendimiento laboral y académico. Denominado como hiperprosexia.
  • Evitación de estímulos o situaciones.
  • Cambios en el repertorio conductual, bien sea por déficit o por exceso.
  • Distorsiones cognitivas y perceptivas.
  • A nivel social, la hipervigilancia puede malinterpretar situaciones.
  • Dificultades para conciliar el sueño.

¿En qué contextos puede aparecer?

La hipervigilancia puede aparecer de manera puntual si existe alguna preocupación en concreto. En este contexto, no debe ser un motivo por el que preocuparse ni etiquetarse de patológica, ya que es una reacción normal que puede tener cualquier persona ante eventos estresantes.

A su vez, la hipervigilancia también esta presente en otros problemas de la vida diaria que pueden hacerse patológicos con el tiempo. Es decir, puede aparecer en trastornos de ansiedad generalizada (TAG), en trastorno de estrés post traumático (TEPT) o fobias específicas.

Parece suceder en mujeres gestantes, sobre todo en lo que respecta a las propias emociones. A su vez, está presente en otros procesos como el dolor crónico, en cuanto la atención selectiva se inclina a las sensaciones corpóreas.

La hipervigilancia en el dolor crónico

Las personas con dolor crónico, como la fibromialgia, suelen mostrar hipervigilancia ante sensaciones corporales desagradables. Esta atención a los síntomas hace que los signos revistan más gravedad, ya que el paciente focaliza todos sus recursos en evitar el malestar.

En otras palabras, la hipervigilancia en el dolor crónico hace que aumente la percepción del dolor, favoreciendo cuadros de ansiedad. Varios estudios son los que comprueban los efectos de la hipervigilancia en los procesos de dolor crónico, evaluando la hipótesis generalizada de Rollman y colaboradores.

Los trastornos de ansiedad y su asociación con estados de hipervigilancia

Los modelos cognitivos del trastorno de ansiedad social proponen que la hipervigilancia juega un papel importante en el desarrollo y mantenimiento de la ansiedad social. Así, llega a ser un factor clave a la hora de desarrollar sesgos atencionales.

La teoría del control atencional propone que los individuos con ansiedad suelen ser hipervigilantes ante estímulos que son evaluados como amenaza. Los pacientes tienden a estrechar su foco de atención una vez la amenaza es detectada.

Percepción y atención en personas con ansiedad

En personas con trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o trastorno de pánico se perciben los estímulos verbales de manera más lenta. Ello puede deberse a que están más hipervigilantes a los estímulos ambientales que le rodean e implican amenaza. Así, la ansiedad, como cualquier otra emoción, implica reacciones fisiológicas periféricas.

Es entonces cuando se concluye que el estímulo va asociado a una amenaza y se desencadenan reacciones en el organismo para realizar conductas de lucha o escape. Como ejemplo, puede aumentar la frecuencia cardíaca o la tensión arterial.

Las conductas hipervigilantes pueden observarse con facilidad ante fobias específicas. Es el caso de fobias a insectos, por ejemplo, en las que el individuo revisa determinados lugares para corroborar la presencia o ausencia del estímulo y actuar en consecuencia.

Las terapias psicológicas se enfocan en la patología de base que tiene como síntoma a la hipervigilancia.

El miedo a evaluaciones negativas de los demás

La hipervigilancia también se asocia a contextos en los que el individuo puede sentirse juzgado. En este sentido, funciona a modo de evitar la estimulación que a la persona le resulte aversiva.

Es más, individuos con experiencias de rechazo o miedo al rechazo suelen mostrar más vigilancia que el resto de la población ante comentarios que pueden ser incluso neutrales. Tener experiencias de rechazo social en la infancia juega un papel determinante para el desarrollo de conductas hipervigilantes en la adultez.

Tratamiento de la hipervigilancia

La hipervigilancia constituye una forma de mantenimiento de otros problemas psicológicos cronificados. Así, muchas veces puede funcionar como un método que proporciona a la persona determinado alivio, al estar alerta a posibles consecuencias calificadas como desagradables.

De cualquier manera, la hipervigilancia no se considera como un trastorno en sí. En todo caso, existen tratamientos que se enfocan en el problema de base.

Es común que los trastornos de ansiedad vayan de la mano con la hipervigilancia. Dependiendo del enfoque que se utilice, pueden emplearse unas técnicas u otras. Desde la terapia cognitivo conductual suele emplearse reestructuración cognitiva, desensibilización sistemática y técnicas de relajación.

Existen medicamentos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y otros ansiolíticos. En todo caso, lo recomendable es que si la hipervigilancia supone un problema en la vida diaria, se acuda a consulta con un especialista.

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Licenciada en Psicología en la Universidad de Málaga (2009 – 2014) y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad de Málaga (2015 – 2017). Especialista en terapias contextuales por la Universidad de Almería, cursando actualmente la modalidad de máster. Experiencia en población con enfermedad crónica a través del trabajo voluntario en distintas asociaciones (Asociación de mujeres operadas por cáncer de mama, ASAMMA; atención al paciente en cuidados paliativos domiciliarios en AECC y Asociación Concordia antisida en talleres de prevención) y especializada en duelo, donde ejerció su trabajo en el Parque Cementerio de Málaga (PARCEMASA). Actualmente ejerce su actividad como psicóloga autónoma en la ciudad de Marbella.