Diferencias entre ansiedad y angustia

La ansiedad y la angustia son emociones muy similares, pero presentan ciertas diferencias en lo que a intensidad y escala temporal se refiere. Ambas se pueden controlar con el aprendizaje adecuado.
Diferencias entre ansiedad y angustia
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 19 octubre, 2021.

Última actualización: 19 octubre, 2021

Las emociones negativas son comunes en la naturaleza y en la cultura humana. Sentir miedo, desasosiego y malestar es algo que nos define como seres de la especie Homo sapiens, al igual que la experiencia de situaciones, eventos y memorias bellas. De todas formas, es de interés conocer las diferencias entre estados como ansiedad y angustia, ya que pueden cronificarse y dar lugar a entidades clínicas patológicas.

El miedo, la ansiedad y la angustia son emociones muy interrelacionadas, pero que presentan ciertas diferencias a nivel tanto fisiológico como psicológico. Sigue leyendo, porque en las siguientes líneas realizamos una aproximación a las emociones de rechazo y peligro en el ser humano. Verás que las diferencias entre ansiedad y angustia son más amplias de lo que en un principio puede parecer.

Miedo, ansiedad y angustia

Antes de enfrentar a la ansiedad y a la angustia entre ellas, es de interés conocer en qué parte de la “escala emocional” se encuentran. Aunque resumir la complejidad de la mente humana en una serie de procesos ordenados puede llegar a ser un poco reduccionista, otorga un background muy útil. Por ello, exploramos de forma somera miedo, ansiedad y angustia como conceptos separados.

¿Qué es el miedo?

El miedo es el primer “paso” en la escalera de la emocionalidad humana en este frente. Se trata de una de las 6 emociones básicas postuladas por el psicólogo Paul Ekman junto a la ira, el asco, la alegría, la tristeza y la sorpresa. Muchas de estas sensaciones no se limitan a la especie humana y son necesarias para la supervivencia en el entorno natural.

Esta emoción es un proceso fisiológico y psicológico que responde a una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro (real o supuesto) pasado, presente o futuro. Los cambios producidos en el cuerpo de los seres vivos cuando sienten temor son cuantificables y se engloban en la reacción de lucha o huida.

Al sentir un peligro inmediato, la glándula pituitaria se activa y libera la hormona ACTH (adrenocorticotrópica). A su vez, las glándulas suprarrenales sintetizan y vierten epinefrina al torrente sanguíneo, lo cual estimula la liberación de cortisol. El cortisol es la hormona del estrés por excelencia y provoca una serie de cambios fisiológicos.

Cuando tenemos miedo y el cuerpo responde acorde a él, se produce en el organismo un aumento de la frecuencia respiratoria, un incremento de los latidos, una inhibición de la acción estomacal, una dilatación de las pupilas y una movilización de energía al entorno muscular (entre otros cambios). Dicho de otro modo, el cerebro nos dice lo siguiente: “céntrate en el peligro y lucha o corre”.

El miedo tiene un claro componente fisiológico, pero también comportamental y cognitivo. Por ello, posee una alta carga subjetiva y todos lo percibimos (y respondemos a él) de forma diferente. Además, este puede ser innato (heredado a nivel genético en la especie) o adquirido (enseñado o basado en la experiencia personal).

El miedo tiene un claro componente fisiológico, pero también emocional en el ser humano.

¿Qué es la ansiedad?

Las diferencias entre ansiedad y angustia incluyen los síntomas
La ansiedad suele acompañarse de numerosos síntomas físicos que aparecen como resultado de la activación de sistema nervioso autónomo.

Explicar las características del miedo es esencial, pues está muy interrelacionado con las diferencias entre ansiedad y angustia. El segundo paso en esta escala sensorial es la ansiedad, la cual no es tan adaptativa ni universal como el término que te acabamos de describir.

El Diccionario de Oxford define esta emoción como ‘un estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad’. De todas formas, se diferencia del miedo en un concepto clave: la respuesta al evento en este caso es desproporcionada y permanece una vez la amenaza directa ha sido retirada del entorno.

La ansiedad presenta síntomas somáticos derivados de la reacción de lucha o huida, pero en todos los casos el proceso emocional es excesivo, generalizado, no focalizado y muy subjetivo. Aparece en situaciones que se perciben como inevitables e incontrolables, aunque la percepción humana no es objetiva con la amenaza.

Esta emoción se escinde del miedo en 4 frentes:

  1. Duración de la emoción: el miedo desaparece con la amenaza, mientras que la ansiedad permanece. Es muy común que esta emoción se acompañe de rumiaciones o repeticiones de pensamientos conflictivos a lo largo de intervalos temporales variables.
  2. Foco temporal: el miedo se centra en responder a una amenaza que ha aparecido en el presente inmediato. Por otro lado, la ansiedad siempre está orientada al futuro.
  3. Especificidad de la amenaza: la ansiedad es difusa y la amenaza es autopercibida, mientras que en el miedo el peligro es claro y objetivo (“tengo miedo al fuego porque me quema”, por ejemplo).
  4. Dirección motivada: el miedo y la reacción de lucha o huida facilitan el escape de una situación realmente peligrosa. Por otro lado, la ansiedad basa su modo de acción en la aproximación a una potencial amenaza e interfiere con diversos procesos mentales.

El miedo responde a una amenaza de forma acorde, mientras que la ansiedad representa una reacción excesiva a un peligro subjetivo.

¿Qué es la angustia?

Llegamos al último peldaño de la emocionalidad humana en este ámbito, pues la angustia se puede definir como una “mezcla” de miedo, ansiedad, agotamiento (distress) y pánico. La Real Academia Española de la Lengua define a esta emoción como ‘aflicción, congoja, ansiedad o un temor opresivo sin causa precisa’.

El término angustia es bastante más difuso que el de ansiedad o miedo, aunque está claro que ambos son componentes de esta emoción compleja (y únicamente humana, al menos que sepamos). Los estresores que derivan en ella son causantes de un enorme grado de disonancia (diferencia grande entre realidad y pensamiento), lo cual puede derivar en trastornos psicológicos diagnosticables.

La angustia tiene un componente psicológico más alto que los dos términos ya descritos, pero también se manifiesta en lo físico. Por ejemplo, suele acompañarse de elevación del ritmo cardíaco, sudoración excesiva, sensación de opresión en el pecho, falta de aire y malestar estomacal. Parte de las hormonas y neurotransmisores implicados en la respuesta de lucha o huida explican estos signos.

El famosísimo psicólogo Sigmund Freud es el padre de las primeras teorías de la angustia. En ellas, diferencia los siguientes tipos dentro de la psicología humana:

  1. Angustia realista: esta irrumpe frente a un peligro externo y conocido, como puede ser sufrir una enfermedad grave o haber perdido a un ser querido. Es un estado de atención sensorial incrementada y tensión motriz, algo similar a lo descrito en el caso de la ansiedad.
  2. Angustia neurótica: aparece frente a un peligro interno y desconocido, por lo que parece carente de significado. Dicho de otro modo, el paciente no sabe realmente a qué le teme en la angustia neurótica, aunque puede canalizarla atribuyendo su surgencia a cualquier objeto posible (angustia expectante).

La angustia es una emoción, sentimiento, pensamiento, condición o comportamiento desagradable.

Diferencias entre ansiedad y angustia

Recorrer este largo camino terminológico era necesario. Como habrás podido comprobar, la angustia no se puede entender sin miedo y ansiedad, pero estos 2 últimos procesos emocionales pueden presentarse por sí solos sin la necesidad de llegar a transformarse en angustia. Dicho de otro modo: tenemos ante nosotros tanto causas como consecuencias.

Ahora sí, te presentamos las diferencias entre ansiedad y angustia por separado. No dejes de leer hasta el final, pues también mostraremos como pueden cronificarse cada una de ellas hasta llegar al nivel de trastorno psicológico.

1. La angustia es la elevación de la ansiedad y el miedo

Esta primera diferencia entre ansiedad y angustia ha sido asentada en líneas previas. Tal y como indica el portal Polifarmala angustia es un paso que va más allá de la ansiedad y el miedo. Claramente posee un componente ansioso, pero este es incluso más molesto, incapacitante y cuenta con un flujo emocional más alto.

La distinción entre términos es difusa, pues algunos pueden utilizar los 3 como intercambiables. De todas formas, la mayoría de fuentes consultadas concuerdan en que la angustia es una forma exacerbada de ansiedad. También cabe destacar que la palabra angustia ha adquirido diferentes significados a lo largo de la historia humana, por lo que no podemos afirmar que una concepción está “mal” y otra “bien”.

2. La ansiedad es más crónica que la angustia

Se suele decir que la angustia es más concreta que la ansiedad y que ocurre en forma de crisis, mientras que la otra emoción citada suele presentarse de forma crónica y constante, pero no tan evidente en ciertos momentos. Pongamos como ejemplo a un paciente con cáncer, pues este es uno de los eventos médicos más angustiosos que un ser humano puede sufrir a día de hoy.

Tal y como indica la American Cancer Society, la angustia de un paciente oncológico se expresa en “picos” en estos momentos:

  1. Si recibe un nuevo diagnóstico de cáncer tras haber pasado una neoplasia previa.
  2. Mientras está a la espera de un tratamiento o si se entera de que requiere un nuevo abordaje clínico.
  3. En el momento del ingreso hospitalario.
  4. Cuando se acerca el final de la vida.

Aunque pequemos un poco de reduccionistas, se puede decir que la ansiedad está ahí como un ruido constante, mientras que los picos de angustia se alcanzan en momentos concretos. Aunque el término angustia sea muy difuso, el desencadenante es algo más concreto que el de la ansiedad.

3. Los trastornos psicológicos derivados de cada cuadro son diferentes

En última instancia, es necesario recordar que, por muchas diferencias que existan entre angustia y ansiedad, ambas pueden convertirse en un problema psicológico si no se controlan. A continuación vemos cómo se cronifica cada una de estas emociones por separado.

3.1 El trastorno de ansiedad generalizado (TAG)

Tener ansiedad por un tiempo tras un periodo estresante es normal, aunque la sensación no se corresponda con lo vivido en realidad. Por otro lado, sentirse ansioso de forma constante se considera patológico y se engloba en el cuadro clínico de trastorno de ansiedad generalizado (TAG). Según el portal médico Statpearls, estos son los síntomas del cuadro:

  • Excesiva preocupación y sentimiento ansioso por un periodo de 6 meses o más.
  • Dificultad a la hora de controlar las preocupaciones.
  • La ansiedad se asocia a 3 o más de los siguientes síntomas en un periodo de mínimo 6 meses: falta de descanso (o sentir que se está al límite en todo momento), facilidad para sentir fatiga, dificultad a la hora de concentrarse (mente en blanco), tensión muscular, irritabilidad y problemas del sueño.
  • La ansiedad se traduce en dificultad a la hora de desarrollarse en el ámbito social, familiar u ocupacional.
  • Esta emoción constante no se puede atribuir a otro cuadro psicológico o físico.

El trastorno de ansiedad generalizado es más común de lo que parece. Por ejemplo, la prevalencia en el grupo etario entre los 13 y 18 años es del 6 %. Por otro lado, se estima que del 3 al 6 % de las personas adultas padecen este cuadro en cualquier momento y lugar dados. Se asocia mucho con el trastorno depresivo mayor, también muy común.

El TAG se trata con terapia psicológica y con ciertos fármacos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS).

3.2 El trastorno de angustia (ataques de pánico)

Entre las diferencias entre ansiedad y angustia destaca la aparición de ataques de pánico
Los ataques de pánico pueden aparecer de forma recurrente y afectar de forma considerable la calidad de vida de los afectados y sus seres queridos.

Tal y como indica la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, el trastorno de angustia o trastorno de pánico forma parte del bloque de los trastornos de ansiedad (como el TAG). Causa ataques de pánico, los cuales son sensaciones repentinas de peligro inminente acompañadas de la necesidad de escapar por parte del paciente.

Para que los ataques de pánico sean considerados como tales, deben cumplirse al menos 4 de los 12 síntomas cognitivos o somáticos citados a continuación:

  1. Sudoración.
  2. Sacudidas y temblores.
  3. Elevación de la frecuencia cardíaca o palpitaciones.
  4. Sensación de asfixia.
  5. Sensación de ahogo o de falta de aliento.
  6. Náuseas y molestias en la región abdominal.
  7. Malestar torácico u opresión en el pecho.
  8. Despersonalización o desrrealización.
  9. Miedo a perder el control o volverse loco.
  10. Parestesias (sensaciones anormales sin estímulo previo, como el hormigueo).
  11. Miedo a morir.
  12. Escalofríos o sofocos.

Los ataques de pánico que caracterizan a este trastorno pueden aparecer en cualquier momento, en todo lugar y sin previo aviso. Se caracterizan por la presencia de una angustia puntual y alcanzan su máxima expresión a los 10 minutos de su manifestación. En este cuadro se genera una curiosa angustia anticipatoria, pues el paciente tiene miedo al propio ataque que puede sufrir por el miedo que siente.

Las benzodiacepinas son las barreras iniciales para evitar el sufrimiento por los ataques, pero los antidepresivos y la terapia psicológica representan el tratamiento a largo plazo.

Diferencias entre ansiedad y angustia: 2 caras de la misma moneda

Las diferencias entre ansiedad y angustia son pocas, pero una es más fuerte que la otra y se presenta en picos más específicos. Por otro lado, cabe destacar que existen distintos trastornos de la ansiedad, pero el asociado con la “ansiedad clásica” es el TAG y el vinculado con la angustia es el trastorno de pánico.

Más allá de divergencias terminológicas, es necesario destacar que ni la ansiedad ni la angustia son naturales desde un punto de vista adaptativo. Ambas son emociones que pueden cronificarse y, por ende, lo mejor es buscar ayuda psicológica para aprender a gestionarlas. Si te ves reflejado en estas líneas, ten por seguro que un profesional en la salud mental podrá ayudarte.

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