¿Por qué sentimos miedo?

¿Por qué tenemos miedo las personas? ¿Se trata de una reacción normal y biológica? ¿Cuándo se convierte en patológica? ¿Qué sentido tiene el temor? ¿Se puede perder? Descubre las respuestas a estas incógnitas a través del siguiente artículo.
¿Por qué sentimos miedo?
Laura Ruiz Mitjana

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana el 11 Diciembre, 2020.

Última actualización: 11 Diciembre, 2020

¿Por qué sentimos miedo? ¿Es algo normal? ¿Cuándo se convierte en patológico? Cuando hablamos del miedo nos referimos a una emoción universal que permite la supervivencia. A través del mismo nos protegemos de aquello que nos puede causar daño, aunque a veces resulte paralizante.

Algunos miedos son innatos e instintivos y otros son aprendidos, como veremos a lo largo del artículo. También encontramos los evolutivos, que son un componente del desarrollo normal (en especial durante la infancia). Éstos últimos son transitorios y no interfieren en el funcionamiento diario.

En este artículo intentaremos arrojar un poco de luz a la cuestión de por qué sentimos miedo las personas, hasta qué punto la genética juega su papel aquí y qué función tiene en la vida. Finalmente, también diferenciaremos el miedo de las fobias.

“Primero se aprende a tener miedo y luego se archiva en el cerebro esa información”.

-José Antonio Portellano-

¿Por qué sentimos miedo?

La realidad es que estamos programados para sentir miedo. Igual que ocurre en otras especies, el ADN contiene los datos para una respuesta de temor ante potenciales depredadores y ante múltiples estímulos.

Se puede tener miedo a cualquier cosa, aunque hay algunos más prevalentes y evolutivos que otros: son los miedos relacionados con el peligro. Por ejemplo a las serpientes, al fuego, a las alturas, a los tiburones. Se cree que tienen un sentido evolutivo (adaptativo), en tanto que permitieron sobrevivir a nuestros antepasados.

Según José Antonio Portellano Pérez, psicólogo clínico y profesor en la Universidad Complutense de Madrid, existirían dos tipos de miedo diferentes: aquellos endógenos (congénitos), no aprendidos, que ya vienen programados en nuestros genes, y los miedos adquiridos.

En relación a los primeros, son menos frecuentes que los aprendidos e incluyen el miedo a fenómenos naturales como las tormentas o el miedo a la muerte.

“El miedo a la muerte es el miedo congénito más ancestral que existe en la especie humana”.

-José Antonio Portellano Pérez-

Objetivo: la supervivencia

Miedo a hablar en público.
Hay miedos que son de tipo social, por ejemplo el de hablar en público. No se vinculan a la supervivencia.

Respondiendo a la pregunta sobre por qué sentimos miedo, encontramos entre sus primeras explicaciones el afán de supervivencia del ser humano. Esto tiene que ver con los miedos evolutivos comentados.

En relación a ello, un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia en Nueva York estudió cuáles eran las fobias más comunes que existían, siendo éstas la fobia a las arañas y a las serpientes. Entre sus conclusiones encontraron lo siguiente: el temor a las arañas (aracnofobia) se originó hace cientos de miles de años, al inicio de la evolución humana en África, lugar en el que las arañas eran un peligro inminente.

El mismo estudio revela otro interesante dato: el miedo fue tan grande en estas primeras etapas de la evolución humana que se quedó grabado en el ADN. Así, en cierta manera, hay miedos que son genéticos.

“A lo largo de la historia de los primates, las serpientes han estado entre sus más letales depredadores. Lo que significa que la tendencia humana a tenerles miedo podría ser una herencia de nuestros ancestros”.

– Nathan H. Lens-

Diferencias entre miedo y fobia

¿Por qué sentimos miedo? ¿Es lo mismo tener miedo que fobia? No, se trata de dos conceptos diferentes. Mientras que tener miedo es, hasta cierto punto, algo normal, el hecho de padecer una fobia implica adentrarse en la psicopatología. ¿A que nos referimos? ¿Qué diferencias encontramos?

Los miedos son respuestas caracterizadas por una sensación desagradable ante un estímulo, provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. En cambio, la fobia es la presencia de un temor intenso a un estímulo concreto que no tiene por qué ser peligroso, frente al que la persona responde con elevados niveles de malestar, ansiedad o evitando la situación.

Es decir, el miedo no es patológico porque no interfiere en la vida del individuo ni causa deterioro o intenso malestar, mientras que la fobia sí lo hace. Así, mientras que el miedo tendría un sentido evolutivo de supervivencia, la fobia no.

¿Por qué la fobia es patológica?

A diferencia de lo que ocurre con el miedo, en la fobia confluyen las siguientes características:

  • La reacción es desproporcionada frente al peligro de la situación. En el miedo, la reacción suele ajustarse a la peligrosidad del estímulo.
  • Es irracional, resistente a las explicaciones y razonamientos. El miedo se puede manejar mejor, aunque las fobias son difíciles de controlar.
  • Las situaciones temidas se evitan. En el miedo también, aunque por razones diversas.
  • No son transitorias y no desaparecen de manera espontánea, como sí ocurre con los miedos.
  • Interfieren en la vida de la persona. Los miedos no, o si lo hacen no es de forma significativa.

El por qué del miedo

Como hemos visto, el miedo es una reacción normal del individuo ante situaciones de peligro. Si bien es cierto que hay personas que pueden desarrollar miedos hacia estímulos que no son peligrosos (hablar en público, relacionarse con otras personas), esto ocurre con aquellos más aprensivos.

Así, las inseguridades y la baja autoestima también explicarían en parte la aparición de ciertos miedos, en especial aquellos dirigidos a estímulos que a priori no son peligrosos. Un ejemplo de los mismos serían los miedos de tipo social, que si se intensifica lleva a la fobia social.

Los miedos aprendidos

Vivir una experiencia traumática también aumenta la probabilidad de desarrollar un miedo o una fobia. Si nos muerde un perro y desarrollamos fobia a los mismos, por ejemplo. Las posibilidades son infinitas.

En estos casos hablamos de miedos aprendidos. Según el psicólogo José Antonio Portellano, una gran mayoría de los miedos que sentimos son condicionados. Primero hay un aprendizaje a tener ese miedo y luego la información se almacena en el cerebro.

¿Dónde se aprende o se registra el miedo? En la amígdala, una estructura cerebral que constituye el centro de condicionamiento, en la que se mantiene el significado emocional de las señales sensoriales.

Miedo a volar en un avión.
Los miedos representan una respuesta ante estímulos que consideramos peligrosos.

¿Se puede perder el miedo?

La respuesta es que sí se puede. Hay diversas razones que explicarían cómo y por qué perdemos determinados miedos. Los evolutivos propios de la infancia (miedo a la oscuridad, a quedarse solo, a las personas extrañas) desaparecen solos con el tiempo. Es decir, se desvanecen dentro de un determinado rango de edad.

Hay otros miedos que también se pierden a base de trabajarlos (en terapia, exponiéndonos a la situación). Finalmente, a nivel más biológico existe un síndrome curioso, el de Kluver-Bucy, que implica una lesión en las amígdalas del cerebro y que genera una insensibilidad general frente a los estímulos generadores del miedo.

Todos sentimos miedo

“No es la muerte lo que un hombre debe temer, sino que nunca comience a vivir”.

-Marco Aurelio-

Es prácticamente imposible no tener miedo. Todas las personas lo tenemos en mayor o menor medida y según a qué estímulos. Cualquier entorno sociocultural puede facilitar, en algún momento, el sentimiento de miedo a determinados estímulos.

Tener miedo no es patológico, sino algo evolutivo. Siempre tiene un sentido, pero a veces hemos de actuar para averiguar qué nos está queriendo decir.

En general, la mejor solución para superarlo será afrontar la situación que estamos intentado evitar. El miedo nos debe servir para evolucionar y aprender, así como para ser conscientes de nuestras inseguridades, no para retroceder o evitar vivir de verdad.

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Graduada en Psicología por la Universidad de Barcelona en el año 2015. Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universidad Autónoma de Barcelona (2017). Se ha especializada en trastornos del neurodesarrollo (autismo y discapacidad intelectual). Actualmente, trabaja como psicóloga infantojuvenil en la Associació Catalana del Síndrome X Fràgil y en el centro multidisciplinar, Món Pediàtric (Barcelona). También trabaja como psicóloga en un Centro Ocupacional, en la Fundació Asproseat Proa Esplugues, donde atiende a jóvenes y adultos con discapacidad intelectual y trastornos mentales asociados. Ha escrito para revistas digitales como Psicología y Mente, La Guía Femenina, AZsalud y Mirial. Número de colegiada: Catalunya COPC 26993.