¿Qué es la hiponatremia?

La hiponatremia es una condición que se desarrolla ante bajos niveles de sodio en la sangre. Descubramos por qué se produce, cuáles son sus síntomas y qué se hace para tratarla.
¿Qué es la hiponatremia?
Diego Pereira

Revisado y aprobado por el médico Diego Pereira el 12 junio, 2021.

Escrito por Josberth Johan Benitez Colmenares, 12 junio, 2021

Última actualización: 12 junio, 2021

La hiponatremia es un trastorno que se presenta cuando hay un desequilibrio en los niveles de sodio en el organismo. Se estima que es el trastorno homeostático de electrolitos más común de todos. Se genera cuando los valores del mineral son inferiores a 135 mEq/L (miliequivalentes por litro).

Entre otras cosas, el sodio se encarga de controlar la acidez durante la digestión, conservar un equilibrio hídrico, participar en el funcionamiento de los nervios, regular la presión arterial y es clave en el funcionamiento de las células. Su desequilibrio conlleva a que se generen varios trastornos en el organismo.

Aunque las personas reciben la cantidad necesaria de sodio con una dieta equilibrada, diversas afecciones, hábitos o medicamentos pueden hacer que el cuerpo asimile menos del que debería. Conozcamos todo lo relacionado a esta condición: síntomas, causas, diagnóstico y cómo tratarla.

Síntomas de la hiponatremia

Síntomas comunes de la hiponatremia
Las náuseas y los vómitos son muy característicos tanto de la hiponatremia como de la hipernatremia.

En condiciones normales la hiponatremia no produce ningún tipo de síntoma en los pacientes. Si el descenso de los valores se hace de manera progresiva muy pocas veces llega a manifestarse a través de signos externos. La historia es diferente cuando el descenso es acelerado o llega a niveles críticos. En estos casos se puede experimentar:

  • Fatiga o aletargamiento.
  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Dolor de cabeza.
  • Espasmos musculares.
  • Irritabilidad.
  • Confusión, sensación de mareos y pérdida de la capacidad cognitiva.
  • Presión arterial baja.
  • Falta de apetito.
  • Convulsiones.

La presencia de ellos varía con cada paciente y cómo el cuerpo reacciona a los niveles de sodio. Se sabe que también se manifiesta a través de caídas y falta de equilibrio, sin importar los valores del electrolito. La evidencia señala que, si no se trata como es debido, puede ser mortal.

En general, la manifestación de los síntomas varía de acuerdo con el tipo de hiponatremia desarrollada por el paciente. Se suelen dividir en los siguientes tipos:

Hipervolémica

Sucede cuando existe un aumento de las concentraciones de agua y sodio en el cuerpo. Sin embargo, los niveles de agua son superiores, de manera que se genera un desequilibrio del electrolito en relación con ella.

Como nos indica la evidencia, esto incentiva que se generen edemas. Otros síntomas de la hiponatremia hipervolémica son presión sanguínea elevada (hipertensión) y ascitis.

Euvolémica

Se caracteriza por un aumento de los niveles de agua en el organismo, sin que exista de por medio un aumento del sodio. La manifestación sintomática se concentra en esta oportunidad en disminución del gasto urinario y edemas periféricos.

Hipovolémica

En este caso hay pérdida de agua y sodio en el organismo, pero con una mayor excreción del electrolito. Los síntomas característicos de esta variante es sequedad en las mucosas y en la piel, hipotensión, taquicardia y disminución del peso.

La ausencia y la presencia de los signos en cada variante depende del grado de evolución del trastorno homeostático. Se suele catalogar en leve (130-134 mEq/L), moderada (125-129 mEq/L) y severa (inferior a 125 mEq/L). Mientras mayor es el descenso, mayor es la manifestación de los signos y el peligro de daños colaterales.

Causas de la hiponatremia

Al día de hoy se han determinados varios catalizadores que pueden producir hiponatremia. Estos pueden ser por hábitos en el día a día o por afecciones subyacentes que la generan. Veamos cuáles son los principales detonantes de este trastorno:

Ingesta de medicamentos

Está documentada la relación que existe entre el desarrollo de hiponatremia y la ingesta de algunos grupos de fármacos. Los señalados son los diuréticos, los antidepresivos, los antiepilépticos, los  antibióticos, los antiinflamatorios no esteroideos y los inhibidores de la bomba de protones.

El caso de los diuréticos es especialmente interesante. Según sabemos, casi en paralelo con su introducción en 1957 los diuréticos tiazídicos demostraron ser una causa directa del trastorno. Estos pueden inhibir el trasporte de sodio e impedir que cumplan con su función convencional.

Hacer actividad física en exceso

La hiponatremia en los deportistas
La deshidratación y los trastornos electrolíticos como la hiponatremia pueden aparecer en algunos deportistas durante ejercicios de alta intensidad.

Las investigaciones y estudios indican que los episodios de actividad física extremos pueden desencadenar irregularidades en los niveles del electrolito.

Aún no está clara la relación, pero se cree que puede deberse a la pérdida del mineral a través del sudor y a la ingesta elevada de líquido (o ausencia de él). Es más frecuente en actividades de alta resistencia, por ejemplo maratones y triatlones.

Mantener una dieta pobre y beber mucha cerveza

Aunque es poco frecuente, las dietas muy pobres en proteínas y otros nutrientes esenciales se han relacionado con concentraciones bajas en sodio. La mayoría de las personas recibe la cantidad de sodio requerido en su alimentación.

Siguiendo a la Food and Drug Administration (FDA), este oscila alrededor de 2300 miligramos al día. Sin embargo, en casos de desnutrición puede haber un desbalance.

También se ha encontrado que el trastorno puede desarrollarse en personas que mantienen una ingesta elevada de cerveza. En ocasiones se le denomina a este trastorno potomanía de la cerveza y muchas veces se presenta en compañía de una baja ingesta de sodio.

Estar deshidratado

Paradójicamente en contraste con el alto consumo de alcohol, la deshidratación también puede desencadenar episodios de este tipo. Cuando esto sucede se denomina deshidratación hiponatrémica y es más frecuente de lo que se piensa. Por ejemplo, las diarreas y los vómitos que se presentan durante varios días pueden desencadenar esta condición electrolítica.

Tener una afección renal

El riñón es el encargado de filtrar y eliminar el agua del organismo. Cuando existe un desequilibrio en sus funciones puede acumularse más de la necesaria, lo que se traduce en un desajuste en los valores de sodio. Insuficiencia renal, nefropatías, hipertensión renovascular y muchas otras condiciones pueden ser las culpables. Así nos lo reportan varios estudios e investigaciones.

Afecciones cardíacas y hepáticas

Estas condiciones pueden entorpecer la función natural del organismo de excretar el exceso de agua. La insuficiencia cardíaca y la cirrosis, por ejemplo, pueden hacer aumentar la presión arterial. Para tratar este daño colateral se suelen recetar fármacos como los diuréticos, los cuales como hemos visto son responsables de una buena parte de los trastornos.

Mención aparte merece el síndrome de secreción inadecuada de la hormona antidiurética (SIADH). Este provoca que el cuerpo retenga agua, lo que desequilibra los valores del electrolito. Su relación está ampliamente documentada; de hecho, el tratamiento para la hiponatremia es frecuente en pacientes que padecen este síndrome.

Otras de las posibles causas para el trastorno electrolítico son las siguientes:

  • Anemia.
  • Abuso de drogas recreativas.
  • El envejecimiento.
  • Insuficiencia suprarrenal (enfermedad de Addison).
  • Hipotiroidismo.
  • Diabetes insípida.

Entre las principales complicaciones destacamos la inflamación cerebral, un problema que puede derivar en comas o incluso la muerte. Quienes se encuentran entre los factores se riesgo asociados deben prestar atención a sus niveles o a los posibles síntomas reseñados.

Diagnóstico de la hiponatremia

El diagnóstico de la hiponatremia empieza por una valoración general del estado del paciente y de su historial clínico. El especialista buscará posibles asociaciones o causas y revisará si la persona padece de algunas de las enfermedades relacionadas.

Dado que no es posible hacer un diagnóstico con base en lo anterior, ordenará pruebas de orina y de sangre para determinar el valor exacto del electrolito.

De esta manera, una medición del sodio sérico, osmolalidad sérica, osmolalidad en la orina, relación de electrolitos de orina a suero, sodio en la orina, excreción fraccionada de sodio, concentraciones de ácido úrico y creatinina y demás ayudarán a determinar el trastorno.

Con base en todo esto, también podrá dilucidar qué lo está causando. En ocasiones, se pueden hacer tomografías computarizadas, resonancias magnéticas, radiografías de tórax, perfil de tiroides y otras pruebas como complementarias.

Tratamiento para la hiponatremia

El tratamiento para esta condición normalmente consiste en contrarrestar la causa subyacente. Se aplicará un tratamiento personalizado orientado a hacer frente a las causas que generan el desequilibrio. Algunas de las cosas que el especialista puede sugerir son las siguientes:

  • Reducir la ingesta de líquidos.
  • Modificar la dosis de diuréticos o cambiar estos por otros fármacos.
  • Aumentar la ingesta de sodio en la dieta.
  • Tomar medicamentos para tratar los síntomas (dolores de cabeza, náuseas y demás).

Lo anterior aplica en principio a casos leves o moderados. Si se está en presencia de un cuadro grave se optará por equilibrar los niveles de sodio a través de suplementos endovenosos. Esto debe hacerse con extremo cuidado, ya que los estudios señalan que si se procede con rapidez y sin ajustar la dosis pueden aumentar los riesgos de daño cerebral.

El especialista también puede recetar medicamentos especiales para ayudar a la retención del sodio. De existir un daño renal, cardíaco o hepático también se iniciará un tratamiento indicado según corresponda.

La hiponatremia es un trastorno que se puede prevenir. En general, mantener un estilo de vida saludable, estar atento a los síntomas generados por la ingesta de medicamentos e hidratarse moderadamente es clave para ello.

Si formas parte de los grupos de riesgo, conversa con tu médico sobre las probabilidades de desarrollar la enfermedad y del seguimiento de estos valores cada cierto tiempo.

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