Edemas: causas, tipos, síntomas y tratamientos

Los edemas pueden aparecer por muchas causas y en distintas partes del cuerpo. Su criterio clasificatorio dependerá de la característica analizada.
Edemas: causas, tipos, síntomas y tratamientos
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 23 Diciembre, 2020.

Última actualización: 23 Diciembre, 2020

Los edemas se definen como la acumulación de líquido en el espacio extracelular o intersticial. Cabe destacar que no se trata de una patología en sí misma, sino de un signo clínico, es decir, una manifestación médica fiable y observable de que algo va mal en el interior del paciente.

El mundo de los edemas es extenso y complejo, ya que estos se pueden clasificar según la temperatura que presentan, la extensión o su localización, entre otros parámetros. En esta oportunidad te presentamos las causas, los tipos según el lugar al que afectan y los posibles síntomas y tratamientos para ellos.

¿Qué es un edema?

Según la revista Medicina Interna de México, un edema se define como la acumulación de líquido en el intersticio —espacio entre las células— que se manifiesta como un hoyuelo al presionar la piel de la zona afectada. El exceso atrapado en los tejidos otorga al área dañada una apariencia blanda y abombada.

En un paciente con peso y altura medios, para que un edema sea aparente debe tener unos 2,3-4,5 kilos de líquido o, en su defecto, que el líquido intersticial represente más del 10 % del peso corporal. La acumulación de fluidos es más evidente en las regiones del cuerpo en las que abunda el tejido laxo —como los tobillos o la zona sacra—.

Tal y como indica la Clínica de la Universidad de Navarra (CUN), los síntomas más comunes de un edema son la hinchazón localizada, una piel estriada o brillante en la zona afectada y la sensación característica de pesadez. De todas formas, se manifestará de formas muy diferentes dependiendo del lugar afectado.

Características y causas de los edemas

A la hora de investigar uno de estos signos clínicos, se deben tener en cuenta los siguientes parámetros:

  • Inicio: agudo o crónico.
  • Localización: cara, manos, tobillos, piernas, genitales, abdomen, cavidades como la pleura.
  • Horario: un edema puede ser matutino, nocturno, vespertino o no tener ninguna relación con la hora del día.
  • Consistencia y color: puede ser blando o duro, de color blanco, rojo o pigmentado.
  • Sensibilidad: puede ser indoloro o provocar sensación de pesantez.
  • Temperatura: puede ser frío o caliente.
Médico muestra un hígado que causa edemas.
Algunas enfermedades hepáticas tienen como signo el edema.

La mayoría de los edemas se producen por una filtración capilar mayor de lo normal, si bien pueden existir otros motivos subyacentes. Según la Clínica Mayo y otros portales profesionales ya citados, las causas de un edema se pueden englobar en los siguientes pilares básicos:

  1. Un aumento de la presión de los vasos sanguíneos. Por ejemplo, una trombosis —formación de un coágulo en arterias, venas y capilares—, várices o una insuficiencia cardíaca.
  2. Descenso en la cantidad de proteínas o partículas osmóticas que tienden a retener el agua dentro de los vasos sanguíneos. La presión oncótica permite que los líquidos se repartan de forma correcta entre el intersticio y el aparato circulatorio. Si esta se ve modificada pueden aparecer edemas.
  3. La alteración de la pared de los vasos sanguíneos por diferentes eventos. Si se lesiona la membrana de uno de estos conductos por cualquier causa se puede llegar a favorecer la salida de líquido al intersticio.
  4. Obstrucción de los vasos linfáticos.
  5. Combinación de varios factores: medicamentos, cirrosis, daños renales y muchas patologías más.

Los tipos de edemas

Ya hemos realizado un recorrido extenso por la definición de un edema y sus posibles causas, así que estamos listos para indagar en los distintos tipos. Cabe destacar que estos signos clínicos se pueden clasificar según los parámetros listados antes, si bien nosotros solo nos vamos a centrar en su localización.

En primer lugar, tenemos que acotar que existen dos grandes tipos de edemas: los generalizados y los localizados. Según el portal MSDmanuals, los edemas generalizados o sistémicos son aquellos que provocan una hinchazón difusa en todos los tejidos del cuerpo. Están causados por insuficiencia cardíaca, insuficiencia hepática y ciertas nefropatías.

1. Edema pulmonar cardiogénico

La Clínica Mayo nos informa sobre las particularidades del edema pulmonar cardiogénico. Este sucede cuando se produce un aumento anormal de las presiones en el corazón. En general, suele presentarse cuando el ventrículo izquierdo, sobrecargado, no es capaz de bombear la cantidad adecuada de sangre hacia los pulmones.

Como consecuencia de esto, se produce un aumento de presión en la aurícula derecha, lo que se traduce en un incremento de la presión de los vasos y capilares en los alveolos pulmonares. En resumen: se produce una acumulación de líquido en el pulmón por el mal funcionamiento del corazón.

La enfermedad de las arterias coronarias, la cardiomiopatía y otras afecciones del corazón pueden promover la aparición de un edema pulmonar cardiogénico. El edema leve suele desaparecer por sí solo, pero en casos más graves se pueden recetar diuréticos para que el paciente elimine los líquidos mediante la orina.

2. Ascitis

Este edema responde a la presencia de líquido seroso entre el peritoneo visceral y el parietal. Tal y como indica la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados unidos, la ascitis puede tener múltiples causas, entre las que se encuentran las siguientes:

  1. Infección crónica de hepatitis B o C.
  2. Consumo excesivo de alcohol durante muchos años.
  3. Hígado graso.
  4. Coágulos en las venas del hígado.
  5. Insuficiencia cardíaca congestiva.
  6. Pancreatitis.
  7. Engrosamiento y cicatrización de la cubierta del corazón (pericarditis).

Este signo clínico suele abordarse con cambios en el estilo de vida y diuréticos, dependiendo del agente causal.  También se puede acudir a un método denominado paracentesis, mediante el que se elimina el exceso de líquido abdominal con una punción y posterior extracción.

3. Hidrotórax o derrame pleural

Según la Clínica de la Universidad de Navarra, el hidrotórax o derrame pleural se define como una acumulación de líquido excesiva en la cavidad pleural. No nos vamos a detener en este signo clínico, pues es relativamente similar al ya descrito. Aun así, hay que destacar que ciertos cánceres pueden desencadenar este evento.

4. Hidrocefalia

Como su propio nombre indica, la hidrocefalia se caracteriza por la presencia anormal de líquido cefalorraquídeo (LCR) dentro del cráneo. El LCR circula a través del cerebro y en la médula espinal y se absorbe a través del flujo sanguíneo.

Por desgracia, cuando se bloquea el flujo, este no puede ingresar a la sangre. También puede suceder que el cerebro produzca bastante cantidad. Demasiado líquido cefalorraquídeo ejerce presión sobre el cerebro, empujándolo hacia arriba contra el cráneo y dañando sus tejidos.

La hidrocefalia puede deberse a infecciones, tumores, defectos congénitos y otros muchos factores más. El tratamiento dependerá completamente del agente causal, pero se puede contemplar la realización de un proceso quirúrgico para eliminar el exceso acumulado durante la enfermedad.

5. Linfedema

Tal y como indica la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), un linfedema es la acumulación anormal de líquido en un tejido blando debido a una obstrucción del sistema linfático. Entre los síntomas más comunes de este signo clínico encontramos los siguientes:

  • Sensación de rigidez o pesadez en la extremidad afectada.
  • Dolores y molestias.
  • Endurecimiento y aumento de grosor en la piel de la zona afectada.
  • Dificultad para la movilización.
  • Infecciones frecuentes.

El linfedema puede resultar muy molesto para quien lo sufre, pero el 95 % de los pacientes presentan mejoría notable con el tratamiento adecuado. La cirugía y los cambios en los hábitos de vida del enfermo suelen ser los caminos a segui.

La obesidad provoca linfedema debido a que el peso adicional presiona demasiado a los ganglios linfáticos de la ingle, afectando al sistema. Las personas obesas, por tanto, tienen mayor riesgo de presentarlo.

6. Edema macular

El Centro Oftalmológico de Barcelona (ICR) nos indica que el edema macular responde a una inflamación o engrosamiento de la mácula del ojo, la parte de la retina encargada de la visión central que permite la captación de detalles. La retinopatía diabética, la degeneración macular asociada a la edad, la uveítis y la cirugía de cataratas son sus causas más comunes.

El edema macular se caracteriza por tres síntomas principales: pérdida de visión central, vista borrosa y distorsión de las líneas rectas. El tratamiento suele comprender las gotas oculares a base de antiinflamatorios, la cirugía con láser focal o la administración de inyecciones intravítreas.

Signo de la fóvea en los edemas.
El hundimiento que persiste por un momento en la piel es el signo de la fóvea, característico del edema.

7. Otros tipos de edemas

Te hemos mostrado los edemas que consideramos más importantes a lo largo de estas líneas, pero debes tener en cuenta que existen muchos más. Cualquier tejido blando puede hincharse por una mala distribución de los líquidos corporales.

Así pues, vamos a dedicar estas últimas líneas a describir aquellos edemas que, si bien no reportan una importancia clínica tan clara como los ya nombrados, merecen ser citados. Entre ellos encontramos los siguientes:

  1. Cutáneos: algunos de ellos pueden aparecer por procesos inflamatorios simples, como la picadura de un mosquito, avispa o garrapata.
  2. Periorbital: acumulación de líquido alrededor de los ojos. También se conoce como edema palpebral y suele estar causado por alergias.
  3. Hidropericardio o derrame pericárdico: la acumulación de líquido en la cavidad pericárdica.
  4. Edema pulmonar (no cardiogénico): acumulación de líquido en los alveolos pulmonares por un fallo no correspondido a una patología cardíaca.

Los edemas y la salud

Como habrás podido observar, existen casi tantos tipos de edemas como partes del cuerpo. A pesar de que muchos de ellos estén causados por procesos inevitables, hemos visto que otros se ven propiciados por malos estilos de vida, como son el alcoholismo crónico o la obesidad mórbida. Por lo tanto, cuidarse es siempre el primer paso para evitar la aparición de un edema.

El tratamiento dependerá del agente causal. Desde antibióticos hasta diuréticos, pasando por muchísimos más tipos de fármacos, la curación de un edema debe estar monitorizada siempre por un profesional médico.

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Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). A lo largo de su carrera estudiantil, se ha especializado en áreas de parasitología, epidemiología, microbiología y otras ramas que convergen entre la ciencia experimental y la medicina.

Formó parte de un equipo de investigación del departamento de Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) durante dos años, durante los cuales obtuvo conocimiento específico acerca de ADN, heredabilidad y otras cuestiones genéticas.

A día de hoy, se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, redactando para portales de índole médica, psicológica y epidemiológica.