Hiperemesis gravídica: causas, síntomas y tratamientos

La hiperemesis gravídica se caracteriza por la aparición de vómitos copiosos durante el embarazo. Esto provoca deshidratación en la mujer gestante y pérdida de peso, entre otros síntomas.
Hiperemesis gravídica: causas, síntomas y tratamientos
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 17 Abril, 2021.

Última actualización: 17 Abril, 2021

La hiperemesis gravídica (hyperemesis gravidarum en inglés) es una complicación del embarazo que se caracteriza por la aparición de náuseas persistentes y vómitos continuados en la madre. Esto deriva en una pérdida de peso notable (>5 %), desequilibrios de tipo ácido-base, malnutrición e incluso deshidratación.

Las náuseas gestacionales se presentan en hasta el 80 % de las mujeres embarazadas, pero la hiperemesesis tiene una prevalencia del 0,3-2,3 % de todos los embarazos. Se considera una entidad clínica peor que los típicos vómitos matutinos, pero por suerte, es poco común que la hiperemesis gravídica se prolongue más allá de la semana 16 o 18 de la gestación.

Como toda madre sabrá, presentar vómitos y náuseas durante el embarazo es normal, pero el exceso de estos signos es lo que define a la condición clínica que hoy nos atañe. Si quieres saberlo todo sobre la hiperemesis gravídica, incluyendo causas, síntomas y tratamientos, sigue leyendo.

Los vómitos y el embarazo

La hiperemesis gravídica afecta a buena parte de embarazadas.
Se trata de una complicación frecuente y grave en potencia.

Tal y como indica la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, vomitar durante el embarazo es algo muy común. Del 70 al 85 % de las mujeres presentan este signo clínico y, aunque su etiología no se haya dilucidado del todo, se cree que que podría deberse al aumento repentino de ciertas hormonas en el torrente sanguíneo de la mujer.

De forma más específica, los investigadores fijan la atención en la hormona gonadotropina coriónica humana (GCH), la cual es liberada por la placenta. Entre otras cosas, esta sustancia facilita el mantenimiento del cuerpo lúteo durante el inicio del embarazo y la secreción de la hormona progesterona, esencial para que la gestación llegue a buen puerto.

De forma usual, los niveles de gonadotropina coriónica se multiplican cada 2-3 días durante el embarazo temprano, pasando por un incremento mínimo del 60 % cada 48 horas.

A las 3 semanas, la concentración de dicha hormona es de 50 miliunidades internacionales/mililitro máximos, mientras que a las 10 semanas de gestación, el valor puede ascender hasta 254 000 miliunidades internacionales/mililitro.

Patrón de náuseas gestacionales

Los niveles de GCH aumentan de forma consistente durante los primeros 3 meses, pero luego tienden a estabilizarse. Por ello, la prevalencia de vómitos, náuseas y malestar general es más alta durante los primeros meses del embarazo. Entre el 50-70 % de mujeres experimentan náuseas matutinas durante el inicio de la gestación, pero luego estas tienden a desaparecer.

Con todos estos datos, lo que queremos reflejar es que la presencia de náuseas y vómitos es normal durante el embarazo. Casi todas las mujeres las sufren, y es que estas podrían indicar un aumento saludable en las concentraciones hormonales necesarias para que el embarazo vaya bien.

Los vómitos normales aparecen a las 5 semanas de gestación, tienen un pico a las 9 semanas y desaparecen a las 16-18 semanas. Con frecuencia son matutinos.

La hiperemesis gravídica y sus causas

Vomitar durante el primer trimestre del embarazo es normal, pero hacerlo 30 veces en 24 horas se considera patológico. Si los vómitos son persistentes (más de 3 o 4 veces al día) y las náuseas impiden que la paciente pueda consumir nada de alimento, es hora de sospechar de un caso de hiperemesis gravídica (HG).

Según la revista Nutrición Hospitalariala HG se define como un evento clínico de vómitos descontrolados que requieren hospitalización, pues condicionan una deshidratación severa, desgaste muscular, desequilibrio hidroelectrolítico, cetonuria (alta concentración de cuerpos cetónicos en la orina) y una pérdida de más del 5 % del peso corporal.

Se presenta de forma frecuente entre la semana 9 y 20 del embarazo y, por desgracia, hasta el 5 % de las mujeres que la sufren requieren intervención hospitalaria de urgencia. A continuación, exploramos las posibles causas de la hiperemesis gravídica: el desencadenante aún permanece oculto, pero se cree que estos factores actúan de forma sinérgica.

Cambios hormonales

Tal y como indica el portal médico Statpearlsprácticamente se confirma que los niveles de gonadotropina coriónica humana (GCH) circulantes en la mujer tienen algo que ver con la hiperemesis gravídica. Diversos estudios han mostrado una correlación entre ambos eventos: cuanto más alto es el nivel de GCH, más probable es desarrollar hiperemesis.

Por otro lado, también se cree que el estradiol podría jugar un papel importante. Este tipo de estrógeno aumenta en concentración en los momentos donde suelen aparecer vómitos y, además, las náuseas y regurgitaciones son síntomas típicos de medicamentos con estrógenos.

A medida que aumentan los niveles de estradiol en sangre, también lo hace la incidencia de las náuseas y vómitos.

La hiperemesis gravídica y los cambios en el sistema gástrico

La hiperemesis gravídica puede ocasionar reflujo.
Muchas pacientes se quejan de varios síntomas gastrointestinales.

El esfínter esofágico inferior se relaja durante el embarazo por la acción de los estrógenos y progesterona. Esto aumenta el riesgo de sufrir enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE). Los síntomas de reflujo son comunes en el embarazo, con una incidencia del 30-50 % de las pacientes, tal y como indica el portal Natalben.

Uno de los síntomas del ERGE son las náuseas, pero de todas formas, la causalidad entre ERGE e hiperemesis gravídica no está nada clara. Los estudios registrados reportan resultados conflictivos.

Genética

Un historial familiar de hiperemesis favorece la aparición de los síntomas durante el embarazo. Además, los genes GDF15 e IGFB7 parecen estar vinculados a la aparición de la patología. Se necesita saber más sobre la enfermedad para asociar de forma inequívoca la genética a ella.

Síntomas de hiperemesis gravídica

Tal y como indica el portal MSD Manuals, la hiperemesis gravídica es la forma más grave que adquieren las náuseas típicas durante el embarazo. Algunos de los síntomas relevantes más asociados a ella son los siguientes:

  • Náuseas y vómitos persistentes durante el embarazo: como hemos dicho en líneas previas, vomitar más de 4 veces al día y no poder comer nada en 24 horas son signos de alarma. No hay un criterio estandarizado, pues cada paciente es un mundo.
  • Pérdida de peso: el punto de corte para diagnosticar la hiperemesis gravídica es una pérdida de masa corporal mayor al 5 %. Las mujeres con náuseas matinales normales siguen aumentando de peso y no se deshidratan. Por ello, este es un factor diferencial muy claro entre hiperemesis y náuseas típicas.
  • Cetosis: en ausencia de carbohidratos, el organismo cataboliza las grasas con la finalidad de obtener energía. Esto provoca el aumento de cuerpos cetónicos en la orina de la paciente. Dicho de forma más sencilla, el cuerpo de la embarazada metaboliza las reservas energéticas, pues no obtiene calorías de la ingesta de alimento.
  • Pérdida de electrolitos: los electrolitos son minerales con carga eléctrica presentes en la sangre y otros fluídos corporales. El vómito puede provocar que las concentraciones electrolíticas del organismo se desbalancen.

Además de todos estos signos, pueden aparecer síntomas asociados a la deshidratación prolongada. Entre ellos, se conciben estreñimiento, mucha más salivación de lo normal, orina oscura, piel seca, debilidad e, incluso, pérdidas de conocimiento. Ante signos de deshidratación, acudir al médico de urgencias se hace esencial.

¿Qué pasa con el bebé durante la hiperemesis gravídica?

Tal y como indica la revista médica Obstetrics and Gynecologyla hiperemesis gravídica tiene un claro efecto sobre el peso de recién nacido. En comparación con mujeres que aumentaron su masa de forma normal durante el embarazo, las probabilidades de que el futuro bebé tenga bajo peso al nacer en los casos de hiperemesis fueron mucho más altas.

Los autores de las investigaciones citadas concluyen que la hiperemesis per se no es un factor de riesgo para el neonato. Es el bajo peso lo que se asocia a este cuadro clínico y, por desgracia, los bebés con masa más baja de lo normal tienden a sufrir ciertos problemas asociados.

Tratamiento

Ya hemos explorado las causas y síntomas de la hiperemesis gravídica, además de nombrar ciertos criterios diferenciales entre esta condición y las náuseas matutinas normales. Por ello, estamos preparados para abordar su tratamiento. Te contamos los diferentes frentes en los que se puede abordar esta patología, con la ayuda de fuentes ya citadas.

Cambios en la dieta

El tratamiento inicial nunca debe basarse en fármacos, pues es necesario probar con cambios en el estilo de vida de la paciente y fluidoterapia. En lo que a la dieta se refiere, se recomienda a la madre comer en menor cantidad durante más veces al día. Un ingesta alimentaria reducida podría llegar a ayudar a aliviar los síntomas más graves.

Además, la dieta debe presentar un alto contenido proteico y en carbohidratos, desplazando sustancias ácidas o con alto porcentaje graso. También se recomienda el consumo de líquidos ricos en electrolitos con las pequeñas cantidades de comida. Todo alimento que provoque náuseas debe ser descartado, al menos por un tiempo.

Cambios en el estilo de vida

Las mujeres con hiperemesis gravídica deben descansar y evitar cualquier situación estresante. A veces, puede ser necesaria atención psicológica, pues las pacientes pueden llegar incluso a plantearse el aborto por su cuadro clínico, tal y como indican fuentes literarias. El soporte emocional es tan necesario como el fisiológico en estos escenarios.

Fluidoterapia intravenosa (IV)

En las pacientes hospitalizadas por deshidratación, se requiere la administración de fluidoterapia intravenosa. Esta ayudará a la paciente a restaurar su equilibrio hídrico y electrolítico, perdido tras las sesiones de vómitos más intensas.

Tiamina

La vitamina B1, también conocida como tiamina, es un suplemento casi obligado para cualquier mujer embarazada con hiperemesis gravídica, a razón de 1,5 miligramos/día. Esta vitamina tiene una tarea esencial en el metabolismo de los carbohidratos, así que su funcionalidad se explica por sí sola.

Antieméticos y otros fármacos

Entramos en terreno púramente farmacológico, pues si la mujer no responde bien al tratamiento inicial o los síntomas son muy graves, toca abordar la situación con medicamentos antieméticos. A continuación, te presentamos una lista con las medicinas más utilizadas para abordar los síntomas de este cuadro clínico:

  • Doxilamina: es un antihistamínico H1. Este fármaco es recomendada por el American College of Obstetricians and Gynecologists como terapia de primera línea para el tratamiento oral de náuseas y vómitos en el embarazo. Se administran 12,5 miligramos por vía oral cada 8 horas.
  • Prometazina: otro fármaco antihistamínico y antiemético. Se pueden administrar hasta 25 miligramos por diferentes vías cada 4-8 horas.
  • Metoclopramida: un antiemético y agente procinético, utilizado en casi todos los casos para el tratamiento de náuseas y vómitos. 10 miligramos cada 8 horas por vía intravenosa u oral.

Existen muchos otros fármacos y compuestos que se pueden utilizar para controlar los vómitos y aliviar los síntomas, como la vitamina B6, el jengibre o los fármacos esteroides. Siempre debe ser un médico el que recete cualquier tratamiento, pues cada paciente es un mundo y sus necesidades siempre serán únicas e intransferibles.

La hiperemesis gravídica y el embarazo

Como habrás podido observar, la hiperemesis gravídica no es severa per se, pero debe tenerse en cuenta en todo momento a nivel médico. Toda mujer que presente vómitos copiosos durante el embarazo debe acudir al médico, pues corre riesgo de bajar de peso o sufrir deshidratación a lo largo del embarazo. Esto no es mortal para el feto, pero sí nocivo.

En general, una mujer debe empezar a preocuparse si vomita más de 3-4 veces al día y pierde por completo el apetito o si, en su defecto, los síntomas de malestar se prolongan más allá del primer trimestre de gestación. En este escenario, siempre es recomendable pedir ayuda médica.

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