¿Qué es una crisis hipertensiva?

Se conoce como "crisis hipertensiva" al aumento desproporcionado y abrupto de la presión en los vasos sanguíneos. Si no se trata como es debido puede provocar ataques cardíacos, cerebrovasculares, daños renales y otras afecciones.
¿Qué es una crisis hipertensiva?
Leonardo Biolatto

Revisado y aprobado por el médico Leonardo Biolatto el 08 Junio, 2021.

Escrito por Josberth Johan Benitez Colmenares, 08 Junio, 2021

Última actualización: 08 Junio, 2021

Una crisis hipertensiva sucede cuando la presión arterial aumenta a valores peligrosos en poco tiempo. Esta subida repentina y abrupta puede comprometer órganos como el corazón, el cerebro, los riñones y los ojos. Incluso puede ser mortal.

Se estima que menos del 1 % de los pacientes la desarrollarán a lo largo de su vida, siempre y cuando sigan un régimen de tratamiento y supervisión médica. En personas no controladas el riesgo es mayor.

Se considera que hay una crisis hipertensiva cuando la presión sanguínea sistólica es igual o superior a 180 milímetros de mercurio (mm Hg) y 120 mm Hg es la diastólica.

Tipos de crisis hipertensivas

No todas las crisis hipertensivas son iguales. Se se suelen dividir en urgencias y emergencias hipertensivas. Ambas presentan características en común, aunque con diferentes repercusiones.

Todo hipertenso debería estar al tanto de la existencia de ellas, tenga o no su enfermedad bajo control. Te comentamos cómo se caracteriza cada episodio.

Urgencia hipertensiva

Las urgencias hipertensivas se producen cuando los valores de la  presión arterial son elevados sin que exista un aparente daño a alguno de los órganos. La evidencia indica que son relativamente comunes en pacientes que descuidan o no se adhieren a la terapia farmacológica indicada por el especialista.

En raras ocasiones suelen ocasionar daño y este es mínimo. Pero si prevalece de manera recurrente o no se busca asistencia médica puede derivar con facilidad en una emergencia hipertensiva.

Entre sus principales síntomas tenemos los siguientes:

Dolor de cabeza por crisis hipertensiva.
El dolor de cabeza sí se considera un signo de crisis hipertensiva, aunque no de la hipertensión general y controlada.

Emergencia hipertensiva

A diferencia de la anterior, durante una emergencia hipertensiva se presentan daños moderados o graves a diferentes órganos del cuerpo. Se asocia con complicaciones mortales.

Los síntomas que genera varían de acuerdo con el daño que se ha causado. Además de los ya mencionados en el apartado anterior, también se pueden presentar los siguientes:

Las emergencias hipertensivas se desarrollan con mayor regularidad en pacientes con un historial de la enfermedad particularmente negativo. Muchas demandan hospitalización y la puesta en marcha de pruebas y exámenes para determinar la gravedad de los daños.

Causas y complicaciones de la crisis hipertensiva

Las crisis hipertensivas son más comunes en personas con una presión arterial alta constante y entre aquellos que no mantienen una adherencia al tratamiento. A pesar de ello, y como indica la evidencia, el mecanismo fisiopatológico sigue sin estar claro.

Se cree que es la confluencia de dos procesos: un fallo de la regulación en el lecho vascular y una activación del sistema renina-angiotensina. Otros de los posibles desencadenantes son los siguientes:

  • Embarazo: durante la gestación se puede desarrollar una condición denominada preeclampsia. Se ha demostrado que en las embarazadas las crisis hipertensivas desarrollan a un umbral más bajo de presión, aunque siempre en niveles peligrosos (160/110 mm Hg).
  • Enfermedades autoinmunes: la evidencia sugiere una relación entre las enfermedades autoinmunes y el aumento de la presión arterial. Afecciones como el lupus, la artritis reumatoide y la psoriasis pueden incentivar la aparición de una crisis.
  • Afecciones cardíacas: los estudios indican que las afecciones cardíacas están entre los factores de riesgo para desarrollar una crisis hipertensiva.
  • Obesidad: las investigaciones han dado cuenta de que un número importante de personas con crisis hipertensivas tienen sobrepeso y obesidad.
  • Insuficiencia renal: también se ha encontrado una relación entre la insuficiencia renal crónica con estos episodios.

Otras de las posibles causas son alteraciones del sistema nervioso (ante una lesión interna), estrechamientos de la aorta y la ingesta recurrente de algunos medicamentos. El uso de drogas recreativas, la inactividad física, beber alcohol en exceso y el estrés también pueden estar relacionados.

Podría decirse que la crisis hipertensiva es multicausal. La acumulación de varios problemas y trastornos es la hipótesis más viable para explicar un proceso tan repentino. Aunque es menos común, también se sabe que puede afectar a niños y adolescentes.

Diagnóstico de la crisis hipertensiva

Antes de iniciar el tratamiento, el médico procederá a hacer un diagnóstico de la crisis hipertensiva. Lo primero que hará es medir la presión sanguínea en varios intervalos para determinar un valor promedio. También iniciará un protocolo para descartar secuelas.

Se procederá a la búsqueda de soplos cardíacos, soplos abdominales, déficits neurológicos, asimetría en los pulsos de las extremidades y deficiencia respiratoria. A todo ello se le pueden sumar análisis de orina y de sangre, electrocardiograma, ecocardiograma y otras pruebas por imágenes.

La aplicación de estos y otros exámenes se hará en función de la disponibilidad en la sala de emergencia y el criterio del especialista para enfrentar el episodio.

Electrocardiograma en la crisis hipertensiva.
Un electrocardiograma en el episodio agudo ayuda a descartar infartos de miocardio.

Tratamientos posibles

Se tratará la crisis con antihipertensivos orales o intravenosas de rápida acción. La evidencia señala que los más efectivos en estos contextos son los siguientes:

  • Labetalol.
  • Clonidina.
  • Esmolol.
  • Nicardipina.
  • Fenoldopam.
  • Nitroglicerina.

La reducción de la presión se hace en el transcurso de varias horas o días, debido al riesgo de desarrollar isquemia cerebral si los valores descienden muy rápido. Luego de administrar los correspondientes fármacos se continuará con una valoración más profunda para tratar las secuelas.

Se recomienda un seguimiento de la hipertensión luego de los ataques de este tipo. Inicialmente se hará cada 12 o 24 horas, con el objetivo de corroborar el efecto del tratamiento. El especialista también puede pautar visitas mensuales y el cambio de algunos hábitos para mejorar el pronóstico a largo plazo.

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