Cómo se diagnostica la obesidad

El índice de masa corporal (IMC) es uno de los procedimientos más utilizados para diagnosticar la obesidad. ¿Conoces los demás? Te los enseñamos con detalle a continuación.
Cómo se diagnostica la obesidad
Saúl Sánchez

Escrito y verificado por Saúl Sánchez el 28 Mayo, 2021.

Última actualización: 28 Mayo, 2021

La obesidad es una de las patologías más incidentes en los países desarrollados. Cada año aumenta el número de personas que la padecen, algo que está motivado por la puesta en marcha de hábitos de vida poco saludables. Por ello te vamos a contar cómo se diagnostica la obesidad.

Ten en cuenta que es crucial prevenir esta patología. Aunque cuenta con tratamiento, el impacto de la misma sobre el organismo genera secuelas de por vida. Sobre todo es preocupante cuando se desarrolla en etapas infantiles, ya el metabolismo se ve afectado de manera alarmante.

Métodos para diagnosticar la obesidad

El diagnóstico de la obesidad ha de ser emitido por un profesional de la salud. No obstante, existe una serie de signos que alarman sobre la enfermedad, y que podrían resultar de utilidad para concienciar acerca del problema.

Índice de masa corporal como prueba diagnóstica para la obesidad

El IMC es útil para diagnosticar la obesidad
El IMC se puede calcular muy fácilmente.

Uno de los métodos más utilizados para diagnosticar la obesidad es el índice de masa corporal (IMC). Se trata de una herramienta poco funcional en personas que realizan ejercicio de forma rutinaria. Sin embargo, en poblaciones sedentarias consigue predecir el riesgo cardiovascular de forma bastante consistente, según un estudio publicado en la revista JAMA.

Se considera que una persona tiene obesidad cuando su IMC supera el valor 30. Hay que recordar que este parámetro se calcula dividiendo el peso por el cuadrado de la altura. Los rangos de normalidad se establecen entre 18,5 y 24,9; y a partir de 25 ya se podría hablar de sobrepeso.

De todos modos, es importante insistir en que se trata de un mecanismo con cierto nivel de sesgo. Puede funcionar relativamente bien en niños y en personas que no realizan actividad física, pero da lugar a error cuando se valora a un deportista con altos niveles de masa muscular. La prueba tiene en cuenta que cualquier incremento del peso procederá del tejido adiposo.

Medición de la circunferencia de la cintura

La obesidad también se diagnostica realizando una medición del tejido adiposo localizado en la zona abdominal. Este otorga una aproximación de la cantidad de grasa visceral que puede tener la persona. Hay que tener en cuenta que dicho tejido se crea alrededor de los órganos y complica sus funciones de forma alarmante.

Para analizar la circunferencia de la cintura es necesario contar con una cinta métrica. Se toma la medida a la altura del ombligo, obteniendo así un resultado que habrá que interpretar. Si el valor obtenido es mayor de 102 centímetros en hombres y de 88 centímetros en mujeres se podría diagnosticar la enfermedad.

Ahora bien, según el peso total del paciente se podrá diagnosticar obesidad periférica o central. La primera de ellas se produce cuando la circunferencia de la cintura es inferior a los valores estipulados, pero el IMC es superior a 30.

Hay que tener en cuenta que un incremento del perímetro abdominal suele estar relacionado con un mayor riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares. Así lo evidencia una investigación publicada en la revista The International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity.

Tanto la mala alimentación como el sedentarismo son dos factores de riesgo para desarrollar dicha condición.

Otros parámetros para el diagnóstico de la obesidad

Además de las medidas comentadas, existen otras herramientas que pueden facilitar el diagnóstico de la obesidad. Entre ellas se encuentran las siguientes:

  • La historia clínica.
  • La incapacidad de perder peso.
  • Una revisión de los antecedentes familiares.

La obesidad también se diagnostica por medio de pruebas de laboratorio

Además de la exploración física y de la recopilación de la historia clínica, existe una serie de pruebas diagnósticas que exploran los parámetros bioquímicos de la persona. Normalmente se realiza un análisis de sangre en el que se obtienen los siguientes valores:

  • Perfil lipídico: cuando existe un alto nivel de colesterol LDL y un bajo porcentaje de colesterol HDL se puede sospechar de una situación de obesidad. El incremento en el porcentaje de grasa corporal varía de forma determinante el perfil lipídico de la persona.
  • Azúcar en sangre y hemoglobina glicosilada: se utilizan fundamentalmente para detectar la diabetes, una patología que suele asociarse a las situaciones de obesidad.
  • Análisis hormonal: es importante evaluar la función de la glándula tiroidea para diagnosticar la obesidad. Una condición de hipotiroidismo incrementa el riesgo de ganancia de peso graso, tal y como afirma un estudio publicado en Indian Journal of Endocrinology and Metabolism.

Es posible la realización de un electrocardiograma y de otro tipo de pruebas diagnósticas que evalúen la funcionalidad del corazón. En muchas situaciones la obesidad se relaciona con la patología cardiovascular. Así lo evidencia una revisión publicada en la revista Minerva Medica.

Cómo se diagnostica la obesidad infantil

La obesidad infantil es especialmente preocupante. El exceso de grasa corporal afecta al organismo en desarrollo, alterando los parámetros asociados al metabolismo y al perfil hormonal. Existe una serie tablas para identificar las situaciones de obesidad según el peso y la altura del niño, donde se comparan con los datos de otros semejantes.

Los jóvenes que se encuentren por encima del percentil 95 en cuanto a talla y edad respecto a la media de niños estudiados se consideran con obesidad. Ahora bien, es necesario hacer un estudio detallado de los hábitos, pues este método vuelve a despreciar las ganancias en cuanto a masa muscular.

Es importante analizar los antecedentes familiares de sobrepeso y los hábitos alimenticios del joven. También el nivel de actividad que presenta, ya que algunos deportistas se desarrollan antes que sus homólogos, pudiendo salirse de la media en cuanto a los valores descritos.

No obstante, cuando el especialista tiene dudas suele pedir también una prueba de análisis bioquímico para obtener más información respecto a:

  • Perfil lipídico.
  • Control de la glucemia.
  • Equilibrio hormonal.

En el caso de los adolescentes el modo de proceder es similar, aunque en este caso puede pedirse también una radiografía para valorar el crecimiento óseo. Hay que tener en cuenta que los criterios para diagnosticar la obesidad en menores de 2 años no están claros.

Cómo se diagnostica la obesidad mórbida

La obesidad mórbida es un caso extremo de acumulación de grasa subcutánea y visceral. Se asocia con un riesgo aun mayor de desarrollar otras patologías y su incidencia se ha incrementado de forma significativa en los Estados Unidos durante los últimos años, según una investigación publicada en NCHS.

Se considera que una persona padece este problema cuando su IMC es superior a 40. También se puede aceptar como diagnóstico un IMC superior a 35 siempre y cuando existan otras patologías asociadas como la diabetes o la hipertensión.

Ajustes en las pruebas para el diagnóstico de la obesidad

Medición de pliegues corporales para diagnosticar la obesidad
Las mediciones antropométricas son complementos muy habituales en el diagnóstico de trastornos nutricionales.

El IMC no es un criterio especialmente fiable a la hora de evaluar la composición corporal, debido a que desprecia la masa muscular de la persona. Por este motivo se pueden emplear métodos complementarios para el diagnóstico de la obesidad, además del cálculo de dicho parámetro.

Lo más habitual resulta realizar una antropometría. El proceso se puede llevar a cabo de varias maneras. Lo más frecuente es analizar los pliegues, los perímetros y las circunferencias corporales. También el uso de una bioimpedancia eléctrica se vuelve habitual, sobre todo por su comodidad.

De todos modos, ambos métodos presentan ciertas limitaciones y sesgos que hay que tener en cuenta. Se denominan como doblemente indirectos. Existen otros de mayor precisión catalogados simplemente como métodos indirectos como son la densitometría de masa ósea o la resonancia magnética.

Ambos aportan una información detallada de la estructura y de la composición corporal, lo cual serviría para confirmar el diagnóstico de la diabetes. De todos modos, la resonancia no se suele utilizar con este fin, ya que se trata de una prueba cara y que se emplea para la detección de otras patologías.

La obesidad, una patología que precisa diagnóstico temprano

Es más sencillo revertir la obesidad cuando se diagnostica temprano y se coge a tiempo. De lo contrario el impacto metabólico será significativo, y conseguir la oxidación de las grasas se tornará una tarea difícil.

Asimismo, es importante detectar otras patologías subyacentes que afecten a la capacidad metabólica o al funcionamiento de los órganos. En este caso sería necesario salvar estas dificultades administrando la farmacología necesaria para conseguir solucionar el problema.

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