Glóbulos rojos o eritrocitos: características, tipos y funciones

Los glóbulos rojos son unos cuerpos celulares esenciales para el funcionamiento del organismo. Sin ellos, los tejidos morirían por una falta de oxigenación.
Glóbulos rojos o eritrocitos: características, tipos y funciones
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 30 Diciembre, 2020.

Última actualización: 30 Diciembre, 2020

El ser humano está compuesto por unos 30 billones de células. Resulta interesante conocer que hasta el 84 % de todas ellas son eritrocitos o glóbulos rojos, los cuerpos celulares modificados encargados de transportar el oxígeno en la sangre, gracias a la hemoglobina.

Un ser humano contiene aproximadamente 5 000 000 de glóbulos rojos por microlitro de sangre, es decir, 1000 veces más que la proporción de células inmunes circulantes. Todos estos datos son esenciales para poner en perspectiva la importancia de los hematíes en el aparato circulatorio y en el mantenimiento fisiológico de los seres vivos.

La sangre: el fluido de la vida

En primer lugar, para entender la funcionalidad y la importancia de los eritrocitos debemos hacer un recorrido somero por el mundo del aparato circulatorio y la propia sangre. Este líquido se define como un tejido conectivo fluido que circula por capilares, venas y arterias de todos los vertebrados. El color rojo se debe a los eritrocitos que aquí nos atañen.

La sangre está compuesta por dos grandes sustancias: los elementos formes y el plasma sanguíneo. Los primeros corresponden a todos aquellos componentes celulares y derivados de los mismos, mientras que el plasma es un medio isotónico sobre el que flotan estos elementos formes.

Los hematíes o glóbulos rojos son, sin duda, los elementos celulares dominantes en la sangre, pero también encontramos en ella sustancias como proteínas plasmáticas —la albúmina representa el 60 %—, inmunoglobulinas o anticuerpos y leucocitos, encargados de la respuesta inmune ante la entrada de patógenos.

Un tejido de infinitas funciones

La sangre es un tejido fluido que actúa como una sustancia de comunicación vital entre los distintos tejidos del organismo. Algunas de sus funciones esenciales son las siguientes:

  1. Distribución de nutrientes desde el intestino a los diferentes tejidos del cuerpo.
  2. Intercambio de gases: esto es el transporte de oxígeno desde los pulmones hasta los órganos y tejidos y la recogida del dióxido de carbono desde los tejidos a los pulmones.
  3. Transporte de productos de desecho: resultantes de metabolismo celular.
  4. Transporte de hormonas desde las glándulas endocrinas —como el páncreas o la tiroides— a los órganos diana.
  5. Protección frente a microorganismos invasores por el transporte de los leucocitos y glóbulos blancos.
  6. Una marcada función termorreguladora.
  7. Función de protección ante lesiones y prevención de hemorragias, por el transporte de plaquetas.
  8. Mantenimiento de la homeostasis tisular: es decir, que los líquidos corporales se queden en sus respectivos lugares.

Como puedes ver, la sangre excede el transporte de oxígeno hasta los tejidos. Sin ella todo el organismo colapsaría, pues el equilibrio hidrostático que nos caracteriza no sería posible. Se estima que, si colocáramos todos y cada uno de los capilares, venas y arterias del cuerpo en fila, el sistema circulatorio de un solo ser humano podría dar dos vueltas y media al planeta.

Glóbulos rojos en la sangre circulante.
La sangre tiene elementos formes y plasma. La combinación de ambos determina la existencia de este tejido.

El glóbulo rojo

Una vez hemos descrito de forma somera el medio acuoso en el que flotan, es hora de describir al tipo celular que aquí nos atañe. Según el Instituto Nacional del Cáncer (NIH) un glóbulo rojo, eritrocito o hematíe es un tipo de glóbulo sanguíneo que se produce en la médula ósea y se encuentra en la sangre.

Estos tipos celulares se caracterizan por tener grandes cantidades de hemoglobina —específicamente 450 miligramos de la hemoproteína por mililitro—, encargada de transportar el oxígeno desde los pulmones a todas y cada una de las células del cuerpo.

Morfología del glóbulo rojo

La forma de los glóbulos rojos es diferente según el taxón de vertebrados en el que nos fijemos. En el caso del ser humano, el eritrocito tiene una forma oval bicóncava de unos 6-8 micrómetros de diámetro. Resulta interesante conocer que estos cuerpos celulares carecen de orgánulos, núcleo y esqueleto transcelular.

Por este motivo, son considerados unos tipos celulares atípicos. Por ejemplo, al no poseer mitocondrias deben utilizar la glucosa para obtener energía, seguido de un proceso conocido como fermentación láctica. También carecen de núcleo, por lo que no tienen ADN en su interior.

La forma bicóncava de los eritrocitos aumenta la superficie disponible de intercambio, permitiendo así un mayor flujo de oxígeno y dióxido de carbono a través de su membrana, tal y como indica el Atlas de Histología y Biología Celular. A pesar de la estabilidad de esta forma, los hematíes pueden deformarse para pasar por capilares minúsculos.

La hemoglobina

La hemoglobina es la clave del eritrocito, pues sin ella el transporte de oxígeno sería imposible. Esta hemoproteína le otorga el color característico a la sangre, ya que el grupo hemo —que contiene hierro— se une al oxígeno causando esta tonalidad férrica rojiza.

El proceso de unión del oxígeno a la hemoglobina y la forma de la misma es compleja. Nos basta con saber que esta hemoproteína está compuesta por 4 cadenas polipeptídicas a las que se une un grupo hemo: un anillo de porfirina que contiene hierro en su centro.

Según la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), los valores normales de hemoglobina en sangre son 12-15 gramos/decilitro en mujeres y 13-16 gramos/decilitro en hombres. La anemia puede proceder de una falta de hierro que impide la síntesis de hemoglobina, lo que provoca disfuncionalidades en los hematíes.

¿Cómo surgen los glóbulos rojos?

Tal y como hemos dicho, los eritrocitos se sintetizan en la médula ósea durante toda la vida del ser humano mediante un proceso denominado hematopoyesis. Diariamente se producen cantidades extraordinarias de células sanguíneas, pues su vida en el torrente sanguíneo no es ilimitada.

Tal y como indica el portal FFIS, este proceso es regulado por una serie de etapas que se inician con la célula progenitora hematopoyética pluripotente. Las células madre comprometidas —la primera línea celular descendiente de la progenitora— dan lugar a colonias celulares que se diferenciarán en los tipos sanguíneos circulantes.

La eritropoyetina (EPO) es la hormona encargada de inducir la proliferación y la maduración de los precursores eritroides. Se libera en un 90 % en tejidos del riñón y un 10 % restante en los hepatocitos, es decir, las células principales del hígado.

¿Cómo mueren?

Los glóbulos rojos viven una media de 120 días en el torrente sanguíneo, pero por los siguientes mecanismos terminan envejeciendo a nivel celular:

  1. La reducción de la carga energética de la célula.
  2. La disminución del poder reductor del eritrocito.
  3. El estrés osmótico al que es sometido.

Alguna de estas 3 señales o las 3 en su conjunto son las que promueven la eriptosis, es decir, la muerte programada del glóbulo rojo. Una vez el glóbulo rojo está listo para retirarse es señalizado por una serie de anticuerpos específicos. Así, los macrófagos del hígado (células de Kupffer) son capaces de fagocitarlo y descomponerlo en elementos más simples.

Resumiremos este recorrido en una serie de puntos claves, según estudios profesionales:

  1. La hemoglobina se recicla. Las globinas, es decir, la parte proteica de la hemoproteína, se descomponen en aminoácidos que pueden volver a utilizarse para la síntesis de otras sustancias.
  2. Por otro lado, la porción hemo se descompone en hierro y bilirrubina. El hierro se puede almacenar en distintos tejidos y es transportado por la transferrina hasta la médula ósea; allí formará parte de nuevos glóbulos rojos.
  3. La bilirrubina, por otro lado, acaba excretándose mediante la bilis en el intestino delgado. Al final, la mayoría de esta sustancia se defeca en las heces en forma de estercobilina que le aporta ese color marrón característico a las deposiciones humanas.
Anemia y suplementos de hierro.
Cuando hay anemia ferropénica, uno de los tratamientos consiste en el aporte de hierro artificial para favorecer la producción de hemoglobina.

Conteo de glóbulos rojos

Según la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos los valores normales reportados en la prueba de conteo de glóbulos rojos son los siguientes:

  • Hombre: de 4,7 a 6,1 millones de células por microlitro (células/mcL).
  • Mujer: de 4,2 a 5,4 millones de células/mcL.

Estos son los valores normales estandarizados tras analizar los hematíes presentes en la muestra de sangre del paciente, si bien distintos centros laboratoriales pueden utilizar parámetros disímiles. Un exceso de glóbulos rojos en sangre puede deberse a lo siguiente:

  1. Consumo de tabaco.
  2. Cardiopatías congénitas: problemas en el corazón desde el momento del nacimiento del paciente.
  3. Deshidratación.
  4. Tumores renales.
  5. Niveles bajos de oxígeno en la sangre: hipoxia.
  6. Fibrosis pulmonar: cicatrización o engrosamiento del tejido pulmonar.

Por otro lado, unos niveles bajos de glóbulos rojos suelen indicar anemia, sangrado excesivo —por úlceras o menstruación—, problemas en la médula ósea, deficiencia de eritropoyetina, leucemia, desnutrición, cáncer de médula ósea y otras muchas patologías que comprometan la hematopoyesis.

Los glóbulos rojos son resistentes

Como habrás podido ver, estamos ante un tipo celular fascinante. Los glóbulos rojos de los seres humanos carecen de núcleos y orgánulos, por lo que no son capaces de sintetizar proteínas y obtener la energía de la forma que lo haría cualquier otra célula. Por ello, deben ser reemplazados cada cierto tiempo.

Aun así, los hematíes son resistentes. Se someten a estrés mecánico al pasar por vasos diminutos, sufren cambios osmóticos continuos y están expuestos a radicales libres por el intercambio de oxígeno continuo. Desde luego, concebir la vida tal y como la experimentamos sería imposible sin ellos.

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Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). A lo largo de su carrera estudiantil, se ha especializado en áreas de parasitología, epidemiología, microbiología y otras ramas que convergen entre la ciencia experimental y la medicina.

Formó parte de un equipo de investigación del departamento de Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) durante dos años, durante los cuales obtuvo conocimiento específico acerca de ADN, heredabilidad y otras cuestiones genéticas.

A día de hoy, se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, redactando para portales de índole médica, psicológica y epidemiológica.