Los 4 mitos alimentarios más comunes

Durante muchos años se ha afirmado que consumir una copa de vino con las comidas consigue mejorar el estado de salud. Este es uno de los mitos alimentarios más comunes. Pero, ¿qué otros hay y cuánto de cierto tienen?

Escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez el 20 Enero, 2021.

Última actualización: 20 Enero, 2021

Existen una serie de mitos alimentarios muy extendidos entre la población que pueden llevar a planteamientos equivocados desde el punto de vista dietético. A partir de aquí se generan ineficiencias en el aporte de nutrientes o se pierde variedad y calidad.

Te vamos a explicar cuáles son los mitos alimentarios más comunes para que de este modo no caigas en el error. Recuerda que, en lo que a alimentación se refiere, las restricciones como tal no suelen ser aconsejables. En todo caso, ha de reducirse el consumo de aquellos productos menos nutritivos, aunque evitar completamente su ingesta puede llevar a la ansiedad.

Mitos alimentarios más comunes

Estos son los que prevalecen en la actualidad, ya que a lo largo de los años han variado bastante.

1. Los lácteos inflaman

Existe una cierta tendencia a retirar los lácteos de la alimentación habitual. En un primer momento se afirmaba que casi todo el mundo padecía intolerancia a la lactosa, aunque los estudios indicaban lo contrario. Más tarde se comenzó a asegurar que la lactosa y los componentes de los lácteos generaban inflamación sistémica.

Lo cierto es que no existen evidencias sólidas que apoyen dicha afirmación. Se puede encontrar alguna investigación al respecto, pero no resultan concluyentes como para extender este consejo a nivel poblacional. Por otra parte, los lácteos son alimentos bastante densos desde el punto de vista nutricional, capaces de aportar macro y micronutrientes de calidad.

No podemos olvidar tampoco que algunos de ellos, los que han pasado por un proceso de fermentación, cuentan con bacterias probióticas en su interior. Dichos microorganismos han demostrado ser imprescindibles para garantizar un buen estado de salud intestinal, ya que impactan sobre la biodiversidad de la microbiota.

Además, es preciso destacar que es mejor consumir los lácteos siempre en su versión entera. Se tratan de uno de los pocos alimentos que cuentan con vitamina D en su composición, además de otras vitaminas liposolubles beneficiosas.

Si se le retira la parte grasa, todos los compuestos disueltos en ella se pierden, por lo que la densidad nutricional del producto desciende de manera dramática.

Quitar los lácteos de la dieta porque sí es contraproducente, ya que son productos de alto valor nutricional con probióticos.

2. El desayuno es la comida más importante del día

Los protocolos de ayuno intermitente han llegado para quedarse. Aun así, todavía son muchos los expertos que siguen defendiendo que el desayuno es la comida más importante del día y que eliminarlo puede generar efectos negativos.

Lo cierto es que esta afirmación no está avalada por las investigaciones actuales. El ayuno ha demostrado ser capaz de mejorar el estado de salud y la composición corporal, según un estudio publicado en la revista Clinical Nutrition ESPEN. Genera una serie de efectos metabólicos que mejoran la asimilación y la utilización de los nutrientes, además de promocionar un déficit calórico.

De hecho, una de las mejores maneras de plantear el ayuno intermitente es retirando el desayuno. Esto se debe a dos factores importantes:

  • La primera comida del día es la más susceptible de contener ultraprocesados en su composición, como galletas y dulces. Esto reduce mucho su valor.
  • Por otra parte, evitando el desayuno se generan una serie de cambios hormonales beneficiosos, ya que se promocionan los procesos de autofagia, mediante los que se destruyen las células ineficientes y se replican las eficientes.

Este mecanismo de autofagia se relaciona de manera muy estrecha con la longevidad, según las evidencias actuales. Ciertas patologías complejas, como el cáncer, podrían ver reducida su incidencia a partir de la presencia de dicho proceso de forma habitual.

3. Las grasas saturadas son malas

En torno a las grasas se han generado muchos mitos en las últimas décadas. Primero se aconsejó limitar su consumo de forma general, debido a la supuesta relación con los problemas cardiovasculares. Más tarde se aceptó que ciertos lípidos insaturados gozaban de un papel protector, pero que los saturados eran nocivos.

Los últimos ensayos ya comienzan a poner en duda que realmente los ácidos grasos de tipo saturado consigan ejercer efectos negativos sobre el organismo. Las teorías más actuales sostienen que lo perjudicial es someter cualquier tipo de lípido a un tratamiento térmico agresivo, porque de este modo su configuración espacial varía de cis a trans.

Este sí que se considera un problema de salud pública importante, ya que los ácidos grasos trans han demostrado ejercer un poder inflamatorio en el organismo y se han relacionado con la promoción de las patologías complejas. A su vez, la industria suele utilizar este tipo de elementos con frecuencia, ya que incrementan la palatabilidad y mejoran las características organolépticas.

Sin embargo, tanto las grasas saturadas como insaturadas se consideran buenas siempre y cuando se consuman en crudo o bajo tratamientos térmicos poco agresivos. No obstante, hay que tener en cuenta que se trata de nutrientes muy energéticos. Consumirlas en exceso podría generar un desequilibrio en la balanza a favor de la ingesta, lo que genera ganancia de peso.

4. Es aconsejable tomar una copa de vino con las comidas

Este es uno de los mitos alimentarios más preocupantes, ya que va en contra de la salud. El vino es una bebida que contiene alcohol, sustancia tóxica para el organismo. El hecho de introducirla de manera regular puede perjudicar los sistemas.

En un primer momento se había propuesto que el vino, gracias a su contenido en polifenoles, era capaz de proteger el funcionamiento del sistema cardiovascular. Sin embargo, cabe tener en cuenta que durante los procesos de maduración en barrica se produce oxidación de estos fitonutrientes, que reducen su concentración y su capacidad de actuación.

Por otra parte, aumenta la cantidad de alcohol que se encuentra en el propio líquido. De este modo, se reducen los beneficios de la uva y se incrementan los perjuicios. Hay que tener en cuenta que el consumo del tóxico no solo afecta de forma negativa a la salud cardiovascular, sino que también es capaz de promocionar el desarrollo de patologías neurodegenerativas.

Debido a ello, es importante evitar el consumo de bebidas alcohólicas, ya sean vino u otros líquidos con mayor graduación. Hay que hacer referencia también a que resulta peligroso mezclar el alcohol con cafeína. Ambas sustancias ejercen un efecto antagónico desde el punto de vista cognitivo.

El vino es una sustancia que contiene alcohol, por lo que su consumo no está exento de riesgos.

La buena alimentación, más allá de los mitos alimentarios

Ya que la nutrición está llena de mitos, hay que dejar claros una serie de consejos para promocionar las buenas práctica dietéticas. El primero de ellos es la necesidad de consumir vegetales de forma habitual. Estos alimentos cuentan con una gran cantidad de compuestos antioxidantes en su haber, capaces de neutralizar la formación de radicales libres.

Por otra parte, cabe destacar también la importancia de incluir pescado en el menú con regularidad. Garantizar el consumo proteico también es otro de los puntos clave.

Es preciso que la alimentación sea lo más variada posible en cuanto a alimentos, pero que al mismo tiempo sea equilibrada desde el punto de vista calórico. De este modo, no se producirán ganancias de peso indeseadas. La obesidad se relaciona muy de cerca con los procesos inflamatorios.

Por último, no debemos olvidar que la bebida de preferencia es el agua. A pesar de que las infusiones y el café, así como la leche entera, también se pueden incluir de forma habitual, la mejor forma de garantizar un buen estado de hidratación es mediante el consumo de agua mineral como tal.

Que los mitos alimentarios no empeoren tu dieta

Como ves, todavía estamos expuestos a muchos mitos alimentarios capaces de influir de forma negativa en la confección de una dieta saludable. Es importante conocerlos para evitar dejarnos guiar por los mismos.

Nunca olvides que es fundamental complementar la dieta con la práctica de ejercicio físico de forma habitual. El deporte es capaz de aumentar la eficiencia del organismo, lo que lo hace menos propenso a enfermar. Además, supone un punto de apoyo trascendental a la hora de evitar la obesidad y el sobrepeso.

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Graduado en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Santiago de Compostela, con un postgrado en Condicionantes Genéticos, Ambientales y Nutricionales del Desarrollo y el Crecimiento y un curso de Experto Universitario en Nutrición Deportiva por la UNIR.
Actualmente, trabaja como nutricionista en una clínica y en el Real Club Deportivo de La Coruña S.A.D.