Índice de masa corporal (IMC): ¿qué es y cómo se calcula?

Existen otros métodos mucho más eficaces para valorar la composición corporal y el riesgo de desarrollar patologías complejas que el IMC, ya que este cuenta con alto nivel de sesgo.
Índice de masa corporal (IMC): ¿qué es y cómo se calcula?
Saúl Sánchez

Escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez.

Última actualización: 03 marzo, 2021

El IMC (índice de masa corporal) es un parámetro utilizado hasta hace poco tiempo de forma rutinaria en muchas consultas de nutrición. Su objetivo era categorizar el riesgo cardiovascular en función del peso corporal y de la talla del paciente. Sin embargo, cuenta con varias limitaciones que veremos a continuación. De hecho, en la actualidad, cada vez se usa menos.

Cabe destacar que valorar el estado nutricional resulta clave en muchos contextos. Con este objetivo se desarrollan herramientas que permiten definir si el paciente se encuentra en un estado de composición corporal óptima o no, con el objetivo de proponer un tratamiento posterior que solucione el problema.

El cálculo del IMC

Para calcular el IMC es necesario dividir el peso en kg de un paciente entre el cuadrado de su altura en metros. Con esto obtendremos un valor que se situará en uno de los siguientes rangos:

  • Bajo peso: menos de 18,5.
  • Peso normal: 18,5-24,9.
  • Sobrepeso: 25-29,9.
  • Obesidad: más de 30.

De este modo se puede catalogar la situación corporal del paciente con un sencillo cálculo, lo que permite identificar un posible problema de salud para empezar el tratamiento. Esta fórmula ha sido muy utilizada en consultas de endocrinología y de cardiología durante muchos años, ya que se utilizaba como predictor del riesgo cardiovascular.

De hecho, existen estudios científicos que afirman que, en población sedentaria, mantener un IMC superior a 25 incrementa la incidencia de patologías complejas. Muchas de estas pueden poner en peligro la vida del paciente, por lo que la tasa de mortalidad también se vería afectada en relación a dicho parámetro.

El IMC ha sido utilizado desde hace años para obtener diagnósticos nutricionales.
El IMC es un indicador que utiliza tanto el peso como la talla del paciente, aunque se encuentra en desuso.

Limitaciones del IMC

A pesar de que sigue siendo un parámetro de uso habitual en muchas consultas de nutrición, el IMC tiene una serie de limitaciones evidentes.

La primera de ellas es que supone que cualquier incremento de peso procede del componente adiposo del organismo, una relación que no es correcta en muchos casos. De este modo, dicha fórmula cataloga con sobrepeso a pacientes sanos y deportistas que cuentan con elevados valores de masa muscular, lo cual sería incorrecto.

A día de hoy se conoce la importancia de realizar un análisis más profundo de la composición corporal del individuo, teniendo en cuenta la proporción de los diferentes compartimentos que se pueden hallar en el organismo.

Así, el riesgo cardiovascular estaría asociado a un elevado nivel de adiposidad, pero no de masa muscular. Dicha afirmación aparece apoyada en una investigación publicada en la revista The American Journal of Cardiology.

Por este motivo, el IMC solo sería válido para una muestra poblacional compuesta de pacientes que no realicen ejercicio con regularidad y que no presenten elevados valores de masa magra.

En caso contrario generará un error que distorsionará la realidad, y que puede condicionar de forma negativa la intervención posterior.

El índice cintura-cadera es mejor predictor que el IMC

A la hora de medir el riesgo cardiovascular, existe un parámetro que resulta siendo mejor indicador que el IMC, tanto en el caso de los individuos sedentarios como en aquellos que realizan algo de ejercicio. Se trata del índice cintura-cadera.

Con este método se obtiene una referencia sobre la adiposidad situada a nivel abdominal. Aunque no todo el mundo tiende a acumular grasa en las mismas zonas, una presencia excesiva de dicho tejido en esta zona puede indicar un peligro en lo que a funcionamiento del corazón se refiere.

Interpretación

Para hallar el resultado de este índice basta con dividir el perímetro de la cintura entre el perímetro de la cadera, dándose ambos valores en centímetros.

Si el resultado es superior a 0,94 en hombres y a 0,84 en mujeres se puede asegurar que existe un riesgo pronunciado de desarrollar patologías crónicas y complejas relacionadas con la inflamación. Estas son las de tipo cardiovascular y metabólico, como la diabetes de tipo 2. 

A pesar de todo, si se quiere reducir el riesgo de sesgo, lo más adecuado sería obtener una evaluación del porcentaje de tejido adiposo total. De esta manera se puede detectar también el riesgo en aquellos pacientes que tienden a acumular grasa en los miembros inferiores, presentando menor predominio de tejido adiposo en la zona abdominal.

Métodos más precisos que el IMC

Existen métodos en la actualidad para hallar los compartimentos corporales que aportan información mucho más precisa que la que es capaz de ofrecer el IMC. Uno de ellos sería la antropometría por medio de la toma de pliegues.

Se trata de un método complejo que requiere de práctica y de experiencia, además de una sistematización. También conlleva un cierto nivel de error, aunque permite controlar la evolución de un deportista en cuanto a su masa magra y grasa

Existen artículos científicos, como el publicado en la revista PLoS One, que ofrecen información sobre cómo realizar la toma de pliegues y de cómo introducir los datos obtenidos en una serie de fórmulas que estiman la composición corporal.

Cabe destacar que no existe un único mecanismo, aunque la forma de coger los pliegues es siempre la misma. Lo que varía es el número que se usará, así como la ecuación con la que se llevará a cabo dicho cálculo.

Bioimpedancia

La bioimpedancia sirve para estimar la composición corporal. Requiere de una aparatología conformada por un conjunto de electrodos.

A través de los mismos se emite un impulso eléctrico en contacto con la piel que presentará una velocidad de propagación diferente dependiendo del tipo de tejido que atraviese. A partir de aquí la propia máquina es capaz de realizar una serie de cálculos numéricos para estimar los compartimentos corporales del individuo.

Este método ha demostrado tener también utilidad en pacientes con enfermedad renal crónica sometidos a diálisis. Gracias al aparato se puede determinar la estabilidad de los fluidos en el cuerpo.

La resonancia magnética es la mejor opción para valorar la composición corporal

Lo cierto es que el gold standard a la hora de valorar la composición corporal de un paciente es la resonancia magnética. Este método se basa en la emisión de núcleos de hidrógeno y de la medición de la velocidad de paso a través de los tejidos. Es un mecanismo muy complejo que requiere de máquinas costosas, por lo general ubicadas en los hospitales.

A pesar de que la resonancia es la mejor manera de estimar los compartimentos corporales, no se suele utilizar con este fin. Su objetivo es el diagnóstico de patologías complejas o de lesiones estructurales.

Algunos tumores se pueden identificar con esta técnica, lo que le confiere un potencial enorme.

También la densitometría es capaz de valorar con precisión la composición corporal del paciente. Se trata de una máquina que actúa de forma parecida a la resonancia, aunque con un nivel de precisión inferior.

En este caso el principal objetivo es la determinación de la masa ósea, un parámetro que ha demostrado ser crucial en mujeres que han superado la etapa de la menopausia.

La resonancia magnética de varios segmentos corporales ha demostrado ser de mayor utilidad que el IMC.
La resonancia magnética nuclear (RMN) es una técnica que proporciona imágenes muy útiles, y tiene la ventaja de no emitir radiación.

La importancia de mantener una adecuada composición corporal

Como hemos comentado, el hecho de mantener una adecuada composición corporal resulta crucial de cara a asegurar un buen estado de salud.

Es importante que los niveles de grasa corporal no se disparen, ya que esto podría promocionar los estados inflamatorios y la aparición de ineficiencias a nivel orgánico. De hecho, muchas patologías cursan con inflamación de forma subyacente.

Para conseguir el objetivo de minimizar el tejido graso y de maximizar el muscular, se pueden poner en marcha diferentes estrategias. Una de ellas sería la práctica de ayunos intermitentes, cuyos efectos han sido evidenciados por la ciencia.

Al mismo tiempo, es fundamental garantizar un adecuado aporte proteico. Estos nutrientes son los encargados de asegurar la construcción muscular y la reparación de los tejidos. Además, participan en muchas funciones con carácter homeostático.

Por último, cabe destacar la importancia de reducir lo máximo posible el consumo de ultraprocesados. Estos cuentan con aditivos y con grasas trans en su composición, sustancias capaces de facilitar la inflamación y la ganancia de peso procedente del tejido adiposo. Lo óptimo resulta siempre priorizar la ingesta de alimentos frescos.

El IMC, un marcador impreciso

Como has podido comprobar, el IMC es un marcador que ofrece un elevado nivel de sesgo. Asegura que cualquier incremento del peso corporal va a proceder del peso graso, algo que no tiene que ser cierto.

Debido a esto, su marco de aplicación es muy limitado, ya que no sería correcto utilizarlo en el contexto de deportistas o en pacientes que tienen elevados valores de masa muscular.

A pesar de que es importante mantener un adecuado control del peso y de la composición corporal, existen otros métodos para llevar ambas tareas a cabo de forma eficiente. La resonancia o la densitometría no son prácticas por su elevado coste y su baja disponibilidad, pero se puede valorar la utilización de una bioimpedancia.

También la antropometría por método de pliegues cuenta con gran valor. Ambos mecanismos son útiles para determinar una evolución, aunque cuentan con imprecisión en mediciones puntuales.

Ten en cuenta que mantener un bajo porcentaje de grasa corporal impacta de manera beneficiosa sobre la salud. Se reduce el riesgo de desarrollar inflamación crónica de bajo grado, algo que está muy relacionado con la aparición de patologías complejas.

Una adecuada dieta y la práctica de ejercicio físico de forma habitual son claves para alcanzar dicho objetivo. También un buen descanso reducirá el riesgo de ineficiencias en el funcionamiento de los sistemas que componen el organismo.

Si tienes más dudas al respecto, o quieres valorar los compartimentos corporales, acude a la consulta de un profesional de la nutrición. Este estará capacitado para realizarte un estudio personal en el que se determine la valoración nutricional y el porcentaje graso y magro del cuerpo.

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