Dieta macrobiótica: ¿qué es y para qué sirve?

A pesar de que defiende ciertos hábitos que resultan saludables a nivel alimenticio, la dieta macrobiótica se caracteriza por ser restrictiva en nutrientes esenciales. Te lo contamos todo a continuación.
Dieta macrobiótica: ¿qué es y para qué sirve?
Saúl Sánchez

Escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez el 21 mayo, 2021.

Última actualización: 21 mayo, 2021

La dieta macrobiótica es un tipo de alimentación que procede de la medicina oriental y que tiene como objetivo recuperar el equilibrio interno, mejorando así el estado de salud. No solo se trata de un régimen alimenticio, sino que comprende un estilo de vida al completo, donde se promueve una serie de hábitos saludables.

Hay que destacar que este tipo de dieta, a pesar de ser originaria de China, se ha extendido rápidamente por todo el mundo. A día de hoy son muchos los sujetos que la ponen en práctica, asegurando haber experimentado beneficios a partir de su implementación. Ahora bien, veremos sus pros y sus contras.

La dieta macrobiótica, tipos de alimentos

Los vegetales forman parte de la dieta macrobiótica.
La dieta macrobiótica se caracteriza por incluir alimentos verdes.

Una de las características básicas de la dieta macrobiótica es que divide los alimentos en dos grupos: yin y yang. Con los primeros hace referencia a todos los productos que no aportan nutrientes beneficiosos para el organismo. Se incluyen en este grupo los alimentos procesados como los dulces, los precocinados y el alcohol. También los lácteos, las frutas y el café.

A su vez, los alimentos yang son aquellos que el organismo necesita para realizar sus funciones vitales, por lo que su ingesta está más que recomendada. Aquí se introducirían los cereales, las legumbres y los vegetales.

Dada dicha definición, la dieta macrobiótica es un tipo de alimentación ecológica que se acerca al veganismo, ya que defiende la exclusión progresiva de la carne. Apuesta por sustituir los productos de origen animal por vegetales para generar un beneficio a nivel de salud. Asimismo, destaca la necesidad de consumir alimentos lo menos refinados posible.

Los aditivos en la dieta macrobiótica

Además de los principios expuestos, la dieta macrobiótica defiende la importancia de evitar el consumo de aquellos comestibles que contengan químicos en su interior. En este sentido, evita la uso de aditivos para mejorar las características organolépticas o la conservación de los alimentos.

De todos modos, esta podría suponer una práctica beneficiosa en bastantes situaciones. Existen aditivos alimentarios, como los nitritos y otros conservantes, que han demostrado estar relacionados con el riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer. Así lo evidencia un estudio publicado en la revista Nutrients.

No obstante, no todos los químicos utilizados en la industria cuentan con un carácter nocivo. Ciertos colorantes, como la curcumina son capaces de ejercer un efecto beneficioso, dado su potencial antioxidante. La dieta macrobiótica es algo extrema en este sentido, ya que resulta quimiofóbica.

Principios generales de la dieta macrobiótica

La dieta macrobiótica cuenta con una serie de principios básicos que han de respetarse. Así asegura que se conseguirá mejorar el bienestar, alejando las patologías crónicas del organismo.

  • Es importante consumir bastante agua a lo largo del día, pero no durante las comidas. A pesar de que esta dieta critica el consumo de café, defiende la ingesta de tés y de otras infusiones. De hecho la ciencia también ha demostrado los beneficios de dichos líquidos.
  • Los cereales deberían de representar la mitad de las calorías ingeridas durante todo el día, priorizando el consumo de aquellos de grano entero.
  • Las legumbres también han de aparecer en la dieta diaria. Estas destacan por su contenido en fibra, capaz de generar un efecto positivo sobre el sistema digestivo. Así lo evidencia un estudio publicado en la revista International Journal of Food Sciences and Nutrition.
  • Además, es necesario enfatizar el consumo de vegetales. Sobre todo de hortalizas. Presentan fitonutrientes en su interior que son capaces de neutralizar la formación de radicales libres, tal y como afirma una investigación publicada en la revista Trends in Pharmacological Sciences.
  • En cuanto al aporte proteico, se trata de una alimentación muy restrictiva. Defiende solo la inclusión de pescados blancos o de aves en las rutinas dietéticas. Lo mismo sucede con el huevo, permitiendo el consumo de una unidad aproximadamente cada 10 días.
  • Por último, y en cuanto a la fruta se refiere, se recomienda su ingesta siempre cocida.

¿Qué no debe aparecer en la dieta macrobiótica?

La dieta macrobiótica no suele incluir proteínas.
Muchos alimentos ricos en proteínas son descartados en esta dieta.

La dieta macrobiótica descarta la aparición de comestibles refinados en la alimentación. También de carnes rojas, de grasas animales, de lácteos, de azúcares, de condimentos picantes y de aquellos vegetales cultivados con abonos químicos.

Apuesta siempre por los alimentos ecológicos y cultivados por medio de procesos bio, respetuosos con el medio ambiente. Incluso resulta también crítica con vegetales como la berenjena, la patata, las frutas tropicales, el tomate y los zumos.

Al fin y al cabo, estamos hablando de un tipo de dieta restrictiva con toques veganos, lo cual no está exenta de riesgos. El hecho de limitar el espectro de alimentos que se pueden consumir genera una mayor incidencia de déficits de nutrientes, por un aporte ineficiente.

Por ello, a la hora de plantear esta clase de alimentación es importante consultar con un profesional para prevenir carencias.

Beneficios de la dieta macrobiótica

Todo este método expuesto se pone en marcha para conseguir una serie de beneficios a nivel de salud. El primero de ellos es la consecución de un estómago sano, que permita una gran eficiencia a nivel digestivo, evitándose los problemas de carácter gástrico. Con una alimentación de este tipo deberían desaparecer los ardores y los problemas de reflujo.

A su vez, la dieta macrobiótica es capaz de generar un tránsito intestinal más eficiente, todo ello debido a la presencia de grandes cantidades de fibra. De acuerdo con un estudio publicado en la revista Alimentary Pharmacology & Therapeutics, esta sustancia es capaz de incrementar el volumen del bolo fecal, haciendo más violentas los movimientos del tubo.

Por otra parte, con esta clase de alimentación debería conseguirse una glucemia estable. Sin embargo, los ensayos actuales son bastante críticos al respecto. En contra de lo pensado antes, se apuesta por las dietas bajas en carbohidratos cuando el objetivo es mejorar el control de la glucosa en sangre.

Según una investigación publicada en Nutrition & Diabetes, la dieta cetogénica parece la más eficaz para alcanzar dicho fin.

Por último, cabe destacar que los practicantes de esta alimentación afirman que gozan de una mayor energía y agilidad mental, además de conseguir un peso estable y adecuado con el paso del tiempo. Está claro que, en este sentido, la supresión del alcohol y de los ultraprocesados es clave.

Peligros asociados a este tipo de alimentación

La dieta macrobiótica cuenta con varios aspectos positivos para la salud, pero no es oro todo lo que reluce. Se trata de un régimen muy restrictivo que reduce el espectro de alimentos consumidos. Debido a esto, pueden aparecer déficits en cuanto a micronutrientes esenciales, como es el caso de la vitamina B12. 

Este elemento está presente sobre todo en los alimentos de origen animal. Una ingesta inadecuada del mismo puede generar el desarrollo de una anemia megaloblástica a medio plazo, repercutiendo así sobre la capacidad del organismo de surtir de oxígeno a los tejidos que lo componen.

La dieta macrobiótica apuesta por el consumo de una pequeña cantidad de proteínas a lo largo del día. Si bien dicha recomendación estaba en línea con los consejos promovidos por los organismos de salud internacionales hasta hace pocos años, las recomendaciones en la actualidad han cambiado.

Al menos la mitad de las mismas han de proceder de alimentos de origen animal, ya que estas cuentan con un valor biológico superior. De lo contrario podrían no cubrirse los requerimientos en cuanto a aminoácidos esenciales.

Por último, hay que destacar que estamos ante una dieta que puede resultar carente también en hierro y en vitamina D. Ambos nutrientes son esenciales y necesarios para gozar de un buen estado de salud, así como de un óptimo nivel de vitalidad. De hecho, un aporte ineficiente de los mismos puede condicionar los hábitos de vida actuales y futuros.

¿Cuándo no plantear una dieta macrobiótica?

Lo cierto es que, a pesar de no ser lo más recomendado, es posible plantear una dieta macrobiótica en sujetos sanos de forma segura. Con alguna de las bases de dicha alimentación, se puede gozar de un mejor estado de salud.

Ahora bien, hay que evitar esta clase de dietas tan estrictas en el contexto de la actividad física. Los atletas necesitan una ingesta superior en proteínas y en minerales, por lo que eliminar carnes y lácteos de las pautas habituales no resulta lo más recomendable.

En este caso, sería necesario aportar un suplemento para compensar los déficits, pero dicha práctica está en contra de los principios de la dieta macrobiótica.

La dieta macrobiótica, una alimentación natural pero discutida

La dieta macrobiótica apuesta por lo natural, pero llevado al extremo. Defiende la inclusión de vegetales que han sido cultivados de forma orgánica y ecológica, reduciendo al mínimo el consumo de proteínas y eliminando todos aquellos comestibles que hayan sido transformados industrialmente por los humanos.

Asimismo, limita por completo la ingesta de alcohol y de café. Ambos elementos están considerados como nocivos por este plan de alimentación, aunque la ciencia solo cataloga como dañino al primero de ellos.

Por último, cabe destacar que la dieta macrobiótica no ofrece recomendaciones en cuanto a práctica de ejercicio, algo que se considera crucial cuando hablamos de salud.

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