Trastornos delirantes

Bernardo Peña · 24 noviembre, 2019
Una creencia fija y errada de la realidad puede implicar una distorsión hasta límites grotescos.

La sintomatología de los trastornos delirantes consiste en la presencia de ideas delirantes no extrañas pero persistentes, muy organizadas y sistematizadas, que no se deben a ningún otro trastorno mental, como esquizofrenia o trastorno del estado de ánimo.

Así mismo, no ha de haber una causa orgánica que inicie o mantenga la alteración, en cuyo caso el diagnóstico sería de trastorno delirante asociado a una enfermedad médica o a uso de sustancias.

Aparte de las ideas delirantes, no hay conductas manifiestamente extrañas. En el caso de que haya alucinaciones auditivas o visuales, algo muy poco frecuente, no son predominantes. Sin embargo, si puede que halla ocasionalmente alucinaciones olfativas, gustativas o táctiles relacionadas con el delirio.

El trastorno se caracteriza por la existencia de un delirio de temática autorreferencial (persecución, celos, etc.) sin alucinaciones predominantes en el seno de una personalidad intacta. En el caso de los trastornos delirantes, la persona no podrá cambiar de opinión, aún mostrándole evidencias contundentes de que su creencia es errónea.

Trastornos delirantes: temáticas de delirios más frecuentes

Los temas delirantes más habituales son:

Delirio erotomaníaco

El tema central del delirio erótico es la convicción de que el sujeto es amado por otra persona que suele ser de un nivel socioeconómico más elevado, un personaje famoso o un superior jerárquico. La idea delirante tiene que ver más con una unión romántica espiritual e idealizada que con la atracción sexual.

Son habituales los intentos de contactar con la persona del delirio mediante llamadas telefónicas, cartas, regalos, visitas e, incluso, la vigilancia y el acecho. En la mayoría de las ocasiones, los casos clínicos son mujeres, aunque en los casos médico-legales predominan los hombres.

En algunas ocasiones, se entra en conflicto con la ley en los esfuerzos por perseguir a la persona objeto del delirio. También, en un intento equivocado de rescatarla de algún peligro imaginado. Su prevalencia es tal actualmente que constituyen una de las causas más frecuentes de acoso a los personajes públicos.

Delirios de grandeza

Son ideas delirantes de grandeza acerca de la convicción de que el sujeto es capaz de algo grande sin que se reconozca su talento o en el hecho de haber descubierto algo importante que se puede ofrecer a la policía o la oficina de patentes.

Con menor frecuencia, el delirio consiste en creerse un personaje de actualidad, en cuyo caso el personaje real es considerado un impostor. También pueden ser de contenido religioso en las que el sujeto se ‘convierte’ en líder de algún culto o secta o en un mesías.

Delirio celotípico

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El sujeto está convencido, sin motivo alguno, de que su pareja le es infiel. Algunas pruebas nimias como vestidos desordenados o sábanas manchadas pueden ser coleccionados y utilizados como justificantes de las ideas delirantes.

El sujeto casi siempre se enfrenta con su pareja y puede tomar medidas extraordinarias para acabar con la infidelidad imaginada. Por ejemplo, restricciones en la libertad de movimientos, seguirla en secreto o investigando al supuesto amante. Puede llegar a agredir a la pareja o supuesto amante.

Delirio persecutorio

Es el tipo más frecuente y grave, ya que tiene un curso más crónico. Pueden ser simples o elaboradas, comprender un solo tema o temas conectados entre sí. Consiste en creerse objeto de una conspiración o que es víctima de un fraude, creerse espiado, seguido, envenenado, drogado, difamado maliciosamente, hostigado u obstruido con el fin de que no alcance las metas que se propone.

Muchas veces, las ideas consisten en alguna injusticia que debe ser reparada por medio de una acción legal, apelando a los tribunales u otras instancias. Suelen sentirse resentidos y furiosos y pueden mostrarse violentos con los que creen que les están perjudicando. Podría ser considerado como una manifestación extrema, en el ámbito psicótico, del Trastorno Paranoide de la personalidad.

Delirio somático

Toman formas muy diversas. Las más habituales consisten en la convicción de que la piel, boca, recto o vagina emiten un olor repugnante. También, que hay una plaga de insectos sobre o debajo de la piel.

Otras convicciones pueden ser que el sujeto tiene un parásito interno. También que ciertas partes del cuerpo están mal hechas o son feas (forma psicótica del trastorno dismórfico), o que no funcionan bien. Acuden al médico especialista para tratar el supuesto trastorno.

Curiosidades de los trastornos delirantes

La edad de comienzo del trastorno es la edad intermedia o avanzada, oscilando entre los 40 y 55 años. El curso es bastante variable. En algunos casos, sobre todo los del tipo persecutorio, el trastorno se hace crónico. Sin embargo, siempre se producen oscilaciones en la intensidad del delirio.

Períodos de remisión completa pueden ir seguidos de recaídas sucesivas. También hay casos en los que el trastorno remite a los pocos meses sin recaídas posteriores. No es frecuente el deterioro en la actividad diaria. La actividad intelectual y laboral pueden ser satisfactorias, aún en casos de trastorno crónico.

En cambio, suelen deteriorarse la conducta social y las relaciones de pareja. Una característica común de este tipo de sujetos es la aparente normalidad de su conducta y aspecto físico cuando sus ideas delirantes no se discuten ni se objetan.

En algunos casos raros, dos o más personas comparten el mismo sistema delirante (delirio compartido). Se da cuando hay un dominio de un individuo activo sobre otro pasivo y una estrecha convivencia. La idea delirante compartida forma parte del mundo vivencial común.

Trastornos delirantes: el caso del delirio persecutorio

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Centrándonos en el tipo persecutorio, se ha encontrado que la inmigración, la emigración, la sordera y el estrés intenso, en general, aumentan la probabilidad de padecerlo. El bajo nivel socioeconómico incrementa el riesgo de padecerlo así como los trastornos de la personalidad paranoide, esquizoide y por evitación.

El trastorno es relativamente raro, estando la prevalencia en la población general en un 0,03 %, con un riego de padecerlo a lo largo de la vida entre un 0,05 y un 0,1 %. Parece ser que es algo más frecuente en mujeres que en hombres. En cuanto al diagnóstico, hay que tener cuidado ya que en los trastornos mentales orgánicos se dan síntomas que sugieren un trastorno delirante.

Estos síndromes delirantes, generalmente de tipo persecutorio, pueden ser debidos a:

  • El inicio de una demencia (siempre de tipo persecutorio).
  • Uso de anfetaminas puede provocar un delirio paranoide altamente organizado indistinguible de la fase activa de la esquizofrenia.
  • También, puede aparecer por el consumo de otras sustancias, como el cannabis y los alucinógenos.
  • Algunos sujetos con tumores cerebrales, en particular del hemisferio derecho, o sujetos con epilepsia del lóbulo temporal presentan un síndrome delirante orgánico muy parecido al trastorno delirante y a la fase activa de la esquizofrenia.
  • Por último, también se han descrito trastornos delirantes en pacientes con corea de Huntington, etc.

Trastornos delirantes y personalidad

Veamos seguidamente las características que definen la personalidad paranoide, que hacen, nuevamente, más referencia al tipo persecutorio. Hay que tener en cuenta que sujetos que presentan estas características no tienen necesariamente que padecer el trastorno:

Desconfianza

Tienen una suspicacia permanente. Una creencia exagerada en las posibilidades agresivas y conspiradoras del prójimo; se sienten fácilmente provocados y aludidos. Por ello, presentan una actitud distante en sus relaciones sociales que se puede manifestar de dos formas:

  • Cortesía desmesurada y gentileza, mezcladas con reticencia.
  • Agresividad manifiesta, directa o indirectamente disfrazada en proyecciones.

Rigidez

Son individuos autoritarios que no toleran que se les lleve la contraria. Tienen una incapacidad para hacer una autocrítica de su sistema de valores, puesto que están convencidos de su razón. En las relaciones familiares, el paranoico se muestra estricto y severo en aplicar sus criterios.

Hipertrofia del yo

Tienen un egocentrismo marcado que conduce a una valoración exagerada y reiterada de sus virtudes, éxitos o aciertos, lo que redunda en acentuar su narcisismo. Es una necesidad de grandiosidad que les convierte en un fácil blanco para aduladores.

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Realizan juicios erróneos pasionales

Toda percepción, recuerdo o representación son asimilados a su sistema delirante, al que solo pueden añadirse elementos pero no cambiarlo. Todo lo interpreta a su manera de forma exagerada. Excluye todo lo que considera distinto o crítico, peligroso para su sistema delirante.

Es el típico pasional que tiene unos criterios apriorísticos sobre los que va a justificar mediante racionalizaciones su conducta. Tienen un espíritu competitivo y creen fácilmente que los demás compiten con ellos.

Justicia y fanatismo

Las normas, la lealtad y la justicia sirven como disfraz al resentimiento y agresividad, aunque aparecen rígidamente. Su adecuación resulta muchas veces dudosa; por ejemplo, utilización excesiva de los servicios judiciales.

Tienen tendencia a fortalecer su autodefensa mediante la práctica de artes marciales y tenencia de armas. A menudo, manifiestan estas actitudes de perfeccionismo, integrándose en sectas religiosas o grupos políticos, de los que serán obstinados fanáticos.

Utilización de los mecanismos de defensa de la negación, proyección y racionalización

La negación de la realidad es la primera defensa significativa para estos sujetos. El individuo, cegado por la actitud pasional, no es capaz de aceptar la realidad y la niega. Con ello, evitan aspectos dolorosos, contradictorios o desagradables que les resultan inaceptables en relación con su sistema delirante.

Cuando algún hecho rebasa este mecanismo, se produce una situación de catástrofe en el individuo que rara vez lleva al suicidio. Otro mecanismo utilizado es la proyección. El paranoico, en su actitud recelosa y desconfiada, no puede asumir su situación hostil y la proyecta en los demás. Por ejemplo, «son ellos los que me provocan no yo». Esto es claro en cuanto a la relación del paranoico con su trastorno.

Primero, niega estar enfermo y se resiste a ser visitado por el especialista y, si se logra de alguna manera que acuda a la consulta, dirá que el no esta enfermo, sino que son los demás los que están enfermos o que son los culpables de lo que le pasa, ya que han organizado un complot contra él.

El mecanismo de la racionalización se pone de manifiesto en las razones forzadas, pero lógicas, que busca para justificar su conducta.

Causas de los trastornos delirantes y la paranoia

Los orígenes de la paranoia, entendida nuevamente como delirio persecutorio, constituyen todavía un tema no aclarado. Puede que está relacionado con la capacidad del hombre de anticiparse a la hostilidad de los demás, lo cual puede resultar adaptativo en algunas ocasiones, pero su persistencia e inflexibilidad acaban siendo desadaptativos.

Parece que la aparición de la sintomatología se produce cuando se conjugan una personalidad predispuesta (personalidad paranoica) y desintegraciones sociales o estrés grave (inmigración, emigración, refugiados políticos, exiliados, etc.).

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Perspectiva dinámica

Desde una perspectiva dinámica a la base del trastorno, estarían una serie de rasgos de personalidad, tales como timidez, sentimientos de inferioridad, pérdida de autoconfianza, intolerancia a la frustración, rigidez e hipersensibilidad.

Estas características proporcionarían al individuo una especial vulnerabilidad ante las situaciones de la vida cotidiana. La génesis de estos rasgos estaría en la infancia, allí donde se estructuran las relaciones básicas de confianza, en las que se supone fallará el paranoide.

Si en la relación con los padres esta confianza fracasa, por frustraciones o humillaciones, el niño desarrollaría un sentimiento de sentirse traicionado y de que su ambiente es hostil. Ello le llevaría a aislarse y protegerse, desarrollando una personalidad crítica, suspicaz, hostil y sin sentido del humor.

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Perspectiva del aprendizaje

Para la perspectiva del aprendizaje social, un proceso de socialización defectuoso es el punto de partida de la conducta paranoide. El déficit de aprendizaje social conllevaría la incapacidad para comprender las motivaciones de los demás, sus actitudes e intenciones. Esta incertidumbre produce temor, acarrea falsas interpretaciones y la facilitación del delirio para reconstruir el ambiente social.

Perspectiva del procesamiento de la información

Desde la perspectiva del procesamiento de información, se sugiere la posible intervención de distorsiones perceptivas sensoriales que se traducen en una elaboración anormal del pensamiento secundario. La dificultad de asimilar información daría lugar a errores conceptuales.

La construcción paranoide trataría inicialmente de rellenar este déficit. Para apoyar esta hipótesis, se presentan los datos referentes a la mayor incidencia del trastorno en sordos y ciegos. No obstante, se podría objetar que estas personas están menos dotadas para la superviviencia. Como mecanismo adaptativo compensatorio de esta menor capacidad de control, adoptan una actitud más defensiva y suspicaz contra un ambiente para ellos más hostil.

También, hay una mayor incidencia en pacientes confusos y dementes, lo que reforzaría esta hipótesis. Además, los cuadros paranoides inducidos por las anfetaminas y el cannabis surgen habitualmente tras un periodo previo de anomalías perceptivas, desorganización temporal, etc.

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Factores precipitantes de los trastornos delirantes: el caso de la paranoia

  • Vida sexual y matrimonio. Podría ser el precipitante del 38 % de los casos. Los problemas maritales y sexuales son muy frecuentes en estos sujetos, a lo que hay que añadir la incapacidad de establecer un contacto interpersonal satisfactorio y una relación estrecha y de confianza.
  • Factores ambientales. Pueden precipitar el 40 % de los casos. Son factores como la emigración, búsqueda de asilo político, cumplimiento del servicio militar, prisión, etc. El denominador común de todos ellos es la inseguridad provocada por el desarraigo y la carga emocional que conlleva.
    • Es muy elocuente la elevada incidencia entre inmigrantes (más de cuatro veces mayor), dados los efectos inmediatos de la inmigración y la adaptación a largo plazo en un ambiente de lengua y cultura extraños. En estos casos, el aislamiento racial, social y lingüístico contribuirían esencialmente a la génesis del problema.
  • Enfermedad somática. Además de ciertos defectos sensoriales que conducen al aislamiento, una serie de situaciones médicas estresantes, como operaciones quirúrgicas y estancias en la UCI, pueden tener una acción paranoidizante.

Trastornos delirantes: comentarios finales

En conclusión, los trastornos delirantes no suponen una merma vital tan grande como una esquizofrenia, pero sí pueden implicar problemas sociales y familiares.

Una persona con un delirio es imposible que cambie sus creencias, por muchas evidencias en contra que se le presenten. Por lo tanto, es inútil confrontar sus pensamientos y opiniones. Estas personas no buscarán ayuda por ellos mismos. No obstante, lo más recomendable es el tratamiento psicofarmacológico.

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