Trastorno por excoriación (dermatilomanía): ¿en qué consiste?

El trastorno por excoriación forma parte de los trastornos del espectro obsesivo compulsivo. Su síntoma principal es un rascado recurrente de la piel que llega a causar lesiones.

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana el 20 Enero, 2021.

Última actualización: 20 Enero, 2021

Los trastornos del espectro obsesivo (TOC) compulsivo son una categoría del “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (DSM-5) que incluyen el TOC propiamente dicho, el trastorno dismórfico corporal, el trastorno de acumulación, la tricotilomanía (trastorno de arrancarse el pelo), el trastorno por excoriación (rascarse la piel), otros derivados de la ingesta de sustancias y medicamentos y los que se vinculan a otra enfermedad médica.

Sentir que perdemos el control de la conducta suele generar mucho malestar. Además, en este tipo de trastornos predomina la ansiedad unida a una sensación de tensión que sentimos que debemos aliviar. En este artículo abordaremos uno de estos problemas que es el trastorno por excoriación o dermatilomanía.

Implica rascarse o dañarse la piel de forma automática, en especial en situaciones de estrés. Si quieres conocer en qué consiste exactamente esta variante de tipo obsesivo compulsivo, por qué aparece y cómo gestionarlo, ¡quédate leyendo!

¿Qué es el trastorno por excoriación (dermatilomanía)?

El trastorno por excoriación, también denominado dermatilomanía, es un trastorno del espectro obsesivo compulsivo clasificado como tal en el DSM-5. Su síntoma principal es el hecho de dañarse o rascarse la piel de forma recurrente, produciéndose a uno mismo lesiones cutáneas diversas. Todo esto causa malestar y sufrimiento en la persona, que se siente incapaz de controlar los impulsos.

Así, en concreto, la dermatilomanía se clasifica dentro de la categoría de trastornos obsesivo compulsivos y relacionados. Este tipo tiene comportamientos compulsivos y recurrentes que la persona se ve incapaz de no realizar.

También, como su propio nombre lo indica, suele incluir entre sus síntomas la presencia de obsesiones diversas, así como rituales y fenómenos relacionados. Pero, ¿cómo se presenta el trastorno por excoriación? Vamos a conocer sus síntomas.

No siempre es clara la diferencia entre los TOC propiamente dichos y otra variedades, por lo que se necesita apoyo profesional para llegar al diagnóstico claro.

Síntomas y criterios diagnósticos del trastorno por excoriación

Para poder diagnosticar el trastorno por excoriación, siguiendo con los criterios diagnósticos del DSM-5, encontramos que debe cumplirse lo siguiente.

Dañarse la piel

El síntoma principal de la dematilomanía es la acción de dañarse o rascarse la piel de forma recurrente, lo que produce lesiones cutáneas importantes. En este sentido, la persona percibe que ha perdido el control de la situación o bien que no puede evitar realizar esta acción.

Antes de dañarse la piel, la persona siente una tensión emocional o física que necesita descargar o liberar. Por ello realiza la conducta en cuestión, que suele aliviarle esa sensación. Muchas veces se trata de conductas automáticas.

Intentos por parar

Aparecen también intentos repetidos por disminuir o dejar de rascarse la piel, los que resultan infructuosos. Esto puede generar mucha frustración en la persona que padece el trastorno. Así, aunque intente parar, siente que no puede.

Malestar significativo

El hecho de rascarse o dañarse la piel causa en la persona un malestar clínicamente significativo o bien un deterioro en las áreas importantes de su vida: trabajo, relaciones, pareja. Es decir, existe una interferencia en su funcionamiento diario.

No se atribuye a una sustancia o enfermedad

El hecho de que la persona rasque o dañe su piel no puede atribuirse a los efectos fisiológicos de una sustancia (por ejemplo, la cocaína) y tampoco a otra afección médica (por ejemplo, la sarna). Es decir, el síntoma principal no aparece por ninguna de estas causas.

No se explica mejor por otro trastorno

En línea con el criterio anterior, en el trastorno por excoriación, el hecho de rascarse o dañarse la piel no puede explicarse mejor por otro trastorno mental, como por la presencia de delirios o alucinaciones táctiles propias de un trastorno psicótico.

Tampoco se explica por un trastorno dismórfico corporal (en el intento de mejorar un defecto o imperfección percibida), por un trastorno de movimientos estereotipados (como consecuencia de una estereotipia) o por un intento de dañarse a uno mismo en la autolesión no suicida.

Causas del trastorno por excoriación

Son diversas las teorías propuestas para explicar el origen del trastorno por excoriación. Una de las hipótesis más aceptada es la que propone que una activación fisiológica en el paciente, en especial aquella derivada del estrés psicosocial, aumenta la probabilidad de aparición de las conductas de excoriación. En este caso, rascarse y dañarse la piel de forma compulsiva.

Es decir, el estrés psicosocial dispararía estas conductas. De esta forma, la persona usaría el mecanismo para reducir su grado de malestar, ansiedad, estrés o nerviosismo. En este sentido, el rascado tendría una función ansiolítica, reduciendo la activación fisiológica.

¿Exceso de dopamina?

Además, se ha propuesto una relación entre el trastorno por excoriación y un aumento de los niveles de dopamina, un neurotransmisor implicado en la percepción de recompensas, el control motor y el desarrollo de adicciones.

Así, un exceso de este neurotransmisor podría estar en la base etiológica del problema. En este sentido, recordemos que los niveles de dopamina en el organismo aumentan si consumimos ciertas sustancias tóxicas, como por ejemplo cocaína.

Presencia en algunos trastornos mentales

Finalmente, sabemos que la excoriación es típica de personas con un trastorno obsesivo compulsivo como tal (TOC) y de pacientes con un trastorno dismórfico corporal (TDC). En el primer caso, el objetivo de estas conductas sería reducir la sensación de contaminación que se tiene en la piel.

En el segundo caso, en las personas con TDC, el rascado se utilizaría para eliminar las imperfecciones físicas percibidas que surgen como consecuencia del TDC.

El rascado compulsivo deriva en lesiones que pueden infectarse, lo que sería una complicación.

Tratamientos para el trastorno por excoriación

Desde el ámbito psicológico, el tratamiento por excelencia del trastorno por excoriación es la técnica de la inversión del hábito. Esta opción es la que se incluye como tratamiento eficaz en la “Guía de tratamientos psicológicos eficaces” de Pérez et al. (2010).

De hecho, la técnica de inversión del hábito se aplica también en otros trastornos, todos ellos relacionados con hábitos físicos y motores, como los tics, la onicofagia, la tricotilomanía, la tartamudez o la disfemia. Se trata de una técnica diseñada por Azrin y Nunn (1973), enmarcada dentro de la terapia cognitivo conductual.

El procedimiento de inversión del hábito incluye diferentes pasos:

  • Entrenamiento para promover la detección de las conductas que se desean eliminar. En este caso, la excoriación, así como sus antecedentes (la tensión emocional).
  • Puesta en práctica de una respuesta incompatible con el hábito. Esta respuesta se ejecutará cuando aparezca el impulso de rascarse la piel. Puede ser, por ejemplo, cerrar los puños antes de realizar la conducta para evitarla.
  • Entrenamiento para que la respuesta incompatible se convierta en un hábito automático que sustituya al de dañarse la piel.
  • Aplicación de manejo de contingencias: implica administrar un refuerzo contingente a la ausencia de excoriación.
  • Entrenamiento en técnicas de relajación para disminuir la ansiedad que dispara las conductas de excoriación.
  • Generalizar las habilidades aprendidas a los diferentes contextos de la vida diaria.

Uso de psicofármacos

Por otro lado, a nivel farmacológico suelen utilizarse ansiolíticos para disminuir los niveles de ansiedad que ocasionan las conductas de excoriación, así como la resultante de padecer el propio trastorno. Sin embargo, para poder combatir el trastorno siempre será necesaria una terapia psicológica de apoyo.

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Graduada en Psicología por la Universidad de Barcelona en el año 2015. Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universidad Autónoma de Barcelona (2017). Se ha especializada en trastornos del neurodesarrollo (autismo y discapacidad intelectual). Actualmente, trabaja como psicóloga infantojuvenil en la Associació Catalana del Síndrome X Fràgil y en el centro multidisciplinar, Món Pediàtric (Barcelona). También trabaja como psicóloga en un Centro Ocupacional, en la Fundació Asproseat Proa Esplugues, donde atiende a jóvenes y adultos con discapacidad intelectual y trastornos mentales asociados. Ha escrito para revistas digitales como Psicología y Mente, La Guía Femenina, AZsalud y Mirial. Número de colegiada: Catalunya COPC 26993.