Gimnofobia, el miedo a la desnudez

Aunque no es tan conocida como otro tipo de fobias, el miedo a la desnudez es un problema real que afecta a miles de personas en todo el mundo. Veamos cómo se manifiesta.
Gimnofobia, el miedo a la desnudez
Diego Pereira

Revisado y aprobado por el médico Diego Pereira el 08 septiembre, 2021.

Escrito por Josberth Johan Benitez Colmenares, 08 septiembre, 2021

Última actualización: 08 septiembre, 2021

La fobias se caracterizan por miedos irracionales. Algunas son muy comunes, como el miedo a las alturas (acrofobia); y otras se catalogan como raras, como por el ejemplo la fobia al color amarillo (xantofobia). Hoy te mostramos una que deambula entre ambos criterios: la gimnofobia o miedo a la desnudez.

También conocida como nudofobia, con frecuencia se relaciona con el trastorno de ansiedad social. A diferencia de otras fobias, no limita la vida diaria de quienes la padecen, salvo que se desarrolle en estados crónicos. En las siguientes líneas exploramos lo que se sabe sobre ella y sus opciones de tratamiento.

Características de la gimnofobia

La gimnofobia ocasiona síntomas variados
Al igual que lo que sucede con muchas fobias, la gimnofobia se puede asociar a otros trastornos de ansiedad, problemas sociales o inclusive depresión.

La gimnofobia se caracteriza por un miedo irracional y patológico ante la desnudez. Se puede presentar de diferentes maneras: miedo a ver a otras personas desnudas o miedo a que los demás vean la desnudez de quien la padece. La ansiedad generalizada puede ocurrir de manera directa (baños de un gimnasio o en la playa, por ejemplo) o indirecta (observar un álbum de fotografías).

Con frecuencia se relaciona con otro tipo de fobias, como por ejemplo deshabiliofobia (miedo a desnudarse frente a los demás), antropofobia (miedo a las personas), escopofobia (miedo a ser visto) o la hafefobia (miedo a ser tocado). Sin embargo, se puede desarrollar con independencia de estos trastornos.

Las personas que padecen de nudofobia o gimnofobia no pueden compartir espacios como vestuarios, duchas públicas, playas y demás lugares donde se requiera la desnudez parcial o total. Aunque algunas personas pueden tener intimidad con su pareja sin problema, otras no pueden evitar el desarrollo de miedo o ansiedad ante este tipo de encuentros.

De la misma manera, algunos pacientes pueden tolerar su propia desnudez, mientras que otros la rechazan. Debido a esto, el trastorno puede derivar en genofobia (miedo al sexo) y ablutofobia (miedo a bañarse). Los cuadros no se pueden controlar de manera voluntaria y por lo general implican algunos de los siguientes síntomas:

  • Aumento del ritmo cardíaco.
  • Ansiedad.
  • Sudoración.
  • Ataques de pánico.
  • Miedo irracional.
  • Rigidez muscular.
  • Falta de aire.
  • Pensamientos negativos (de catástrofe, juicios de valor y demás).

Aunque no siempre es el caso, muchos pacientes deciden vestirse de una manera conservadora para evitar exponer su desnudez. Cubren así los hombros, las piernas, los brazos y otras superficies para no ser objeto de miradas que puedan desencadenar los síntomas.

No se sabe qué tan comunes son estos episodios, aunque es posible que sean más frecuentes de lo que se piensa. Por ejemplo, durante la pubertad o la adolescencia se pueden presentar algunas características de este trastorno. De ello te hablamos en la siguiente sección.

Causas de la gimnofobia

La gimnofobia se puede desarrollar luego de afrontar diversos episodios en la vida. Por ejemplo, puede ser una secuela de la ansiedad sexual. La presión durante la adolescencia puede hacer que exista rechazo, dudas o preocupaciones en torno al sexo, lo que a su vez puede evolucionar en gimnofobia.

El trastorno también se puede desencadenar debido a creencias culturales. Si se ha crecido en un contexto muy ortodoxo o conservador es probable que se sienta rechazo a la desnudez por cuestiones de pudor. Por ejemplo, la formación religiosa puede tener un papel protagónico para el desarrollo de la condición.

Otras de las explicaciones del miedo a la desnudez las encontramos en la inseguridad hacia el propio cuerpo. El trastorno dismórfico corporal; esto es, la insatisfacción respecto al propio cuerpo, puede derivar en cuadros de gimnofobia. Ser obeso, muy delgado, tener cicatrices, acné o no cumplir con los estándares de belleza se catalogan dentro de ello.

También es posible que las personas hayan afrontado situaciones desagradables en torno a la desnudez. Bromas, burlas o acosos durante la infancia, rechazo durante los primeros encuentros sexuales o juicios de valor negativos durante etapas cruciales de su desarrollo pueden explicar algunos casos.

Por último, los estudios y las investigaciones sugieren que existe un componente genético importante en trastornos relacionados con el miedo, las fobias y la ansiedad. De esta manera, si existen antecedentes de trastornos similares en el grupo familiar es posible que en ello radiquen las causas de la gimnofobia.

Opciones de tratamiento

La gimnofobia tiene tratamiento
A pesar de que no existe un medicamento para tratar esta condición, la terapia mental constante puede proporcionar mejoría clínica suficiente.

Por fortuna, la mayoría de las personas desarrollan este trastorno bajo una intensidad leve o moderada. Con solo evitar situaciones que lleven a la desnudez pueden llevar una vida relativamente normal, en especial si tenemos en cuenta la desaprobación social en torno a ella (hay pocos contextos en los que se puede interactuar con una persona desnuda).

Tener relaciones sexuales con la luces apagadas, evitar usar la ducha después del gimnasio, rehuir de los vestidores compartidos y de espacios cercanos a la playa son por lo general una alternativa viable. Sin embargo, es común que la fobia empeore con el tiempo, de manera que la intervención con base en la terapia mental es una opción que los pacientes deben explorar.

En este punto depende del enfoque del terapeuta, aunque lo importante es que recuerdes que no existe un solo método para abordar el problema. La terapia cognitiva conductual, la desensibilización sistemática y la reestructuración cognitiva por lo general tienen buenos efectos.

Los pacientes también pueden probar con técnicas de relajación, de respiración o de manejo del estrés para poder afrontar los episodios con mayor serenidad. Con un poco de trabajo se podrá tolerar parcial o totalmente los contextos que demanden algún grado de desnudez. Buscar ayuda temprana siempre es la mejor opción, aunque nunca es tarde para intentar solucionar este trastorno.

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