Diferencias entre empatía y simpatía

La empatía y la simpatía son conceptos que están muy relacionados, pero no significan exactamente lo mismo. A continuación te mostramos en qué se diferencian y cuál de ellas es más útil a la hora de ayudar a alguien.
Diferencias entre empatía y simpatía
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 15 noviembre, 2021.

Última actualización: 15 noviembre, 2021

Los términos empatía y simpatía se utilizan en muchos casos de forma indistinta para subrayar los rasgos positivos de una persona. De todas maneras, cabe destacar que en realidad tienen significados diferentes y sus aplicaciones en la cultura humana son distintas. Tanto una persona simpática como una empática van a entender a un allegado en un momento difícil, pero los mecanismos subyacentes difieren.

Ser empático, comprensivo, simpático y generoso es algo que casi todo el mundo busca. Somos animales sociales y, como tales, parte de nuestro bienestar radica en la aprobación que recibamos de los demás y en la propia autopercepción derivada de las buenas acciones. No dejes de leer, pues aquí te mostramos todas las diferencias que debes conocer entre empatía y simpatía.

¿Qué es la empatía?

El Diccionario de Oxford define la palabra empatía como ‘la participación afectiva de un humano en una realidad ajena a él, generalmente en los sentimientos de otra persona’. Dicho de otro modo, se trata de la capacidad de entender o experimentar lo que otra persona está sintiendo desde su propio plano de referencia. Esto es la habilidad para ponerse en los zapatos del otro.

La empatía requiere la comprensión del estado emocional del otro ser humano desde el punto de vista ajeno. De todas formas, esto no quiere decir que lo que una persona empática comprende tenga sentido en todos los casos para ella. Pongamos un ejemplo:

Una persona que ha padecido un accidente de tráfico puede tener mucho miedo a coger el coche, hasta el punto de tomar decisiones irracionales para evitarlo. Alguien empático entiende el pasado y las emociones que esto conlleva, comprende el cuadro emocional del otro sujeto y actúa de acuerdo a su bienestar. Aunque no haya vivido el propio percance, es capaz de imaginar cómo se siente.

Se ha demostrado que la empatía no es única de los seres humanos. Bonobos, delfines, roedores y otros muchos animales han exhibido la capacidad de evitar el dolor de otros (aunque esto no les reporte beneficio) si tienen la oportunidad. Se postula que este rasgo sienta sus bases en la comunicación afectiva, el apego y el cuidado parental.

No se puede empatizar en lo abstracto o alejándose del cuadro ajeno. Hay que intentar sentir lo que no es propio para ser empático.

¿Qué es la simpatía?

Las diferencias entre empatía y simpatía incluyen la forma en la que estas personas ayudan a los demás
Inconscientemente, las personas simpáticas tienen una forma particular de prestar ayuda a los demás que en ocasiones puede verse como egoísta.

El portal profesional Merriam Webster define la simpatía como ‘la sensación derivada de preocuparse, lamentar los problemas, el dolor o la desgracia de otra persona’. Este proceso complejo incluye la percepción, comprensión y reacción ante el malestar y la necesidad emitidos por otra forma de vida. Parece arraigada a una conducta noble, pero requiere cierta matización.

Para que se pueda producir la simpatía, el escenario hipotético o real debe contar con los siguientes elementos:

  1. Prestar atención al sujeto en cuestión.
  2. Creencia de que el sujeto (o el grupo de sujetos) está en peligro, requiere ayuda o no se encuentra bien.
  3. Una serie de características específicas inherentes a la situación.

El primer punto es el más importante de todos. Una persona debe estar centrada (al menos a nivel superficial) en el individuo en distrés para desarrollar el sentimiento de empatía, ya que las distracciones impiden la percepción de la situación que se está desarrollando. En el ambiente adecuado, los humanos somos capaces de percibir las pistas verbales y no verbales que indican necesidad de socorro.

La simpatía también se basa en el impulso (genético y social) de ayudar a las personas más débiles (niños, enfermos y ancianos, por ejemplo). Dicho de otro modo, el nivel de vulnerabilidad del sujeto que requiere ayuda marca la diferencia entre atención y simpatía. Pongamos un ejemplo sencillo de entender:

Una persona puede tener dificultad para correr una maratón porque tiene un catarro y estornuda mucho. Esto suele llamar la atención y seguramente le preguntaremos si quiere seguir con la actividad. De todas formas, si la misma situación sucede y el sujeto que no corre bien tiene un cáncer muy agresivo, sentiremos más simpatía que en el caso anterior.

La gravedad del evento marca la intensidad de la simpatía que sentimos por el individuo en cuestión.

¿Cuáles son las diferencias entre empatía y simpatía?

Ambos términos parecen indistintos, ¿verdad? Aunque la lengua hispana a veces sea traicionera, a continuación te mostramos unas cuantas diferencias entre empatía y simpatía que no dejarán espacio a la duda. ¡No te lo pierdas!

1. La empatía implica experiencia y entendimiento, mientras que la simpatía solo implica entendimiento

Como hemos dicho en líneas previas, la empatía requiere experimentar (o imaginar en las propias carnes) la vivencia del otro. La distancia desde un punto de vista sentimental es mínima: el individuo entiende lo que está pasando su allegado porque se pone en sus zapatos y es capaz de percibir emociones análogas o similares a las experimentadas por el otro.

Por otro lado, la simpatía se puede concebir como el sentimiento y la preocupación por alguien (generalmente deseando su bienestar). Aunque este sentimiento parezca empático por naturaleza, cabe destacar que un acto de simpatía no requiere la experiencia o ponerse en el lugar del otro. El simpático entiende lo que le pasa al allegado (o eso cree), pero no siente lo mismo que él.

Como advertiremos en líneas posteriores, portales de expertos en psicología (en especial Psychiatric Medical Care) le otorgan una connotación bastante negativa al término simpatía. De todas formas, por ahora nos limitamos a hacer la siguiente distinción:

  1. Una persona que ejerce la simpatía le dice “sé lo que estás pasando” a alguien que está en un momento difícil.
  2. Una persona que ejerce la empatía le dice “soy capaz de sentir lo que estás sintiendo” a alguien que está en un momento difícil.

Una de las diferencias más claras entre empatía y simpatía es que la primera se ve desde dentro y la segunda desde fuera.

2. La simpatía implica pena y la empatía no

Tal y como hemos subrayado al describir el término, la simpatía implica sentir lástima, pena y piedad por parte del individuo que se encuentra en la situación. Esto implica un inherente sentimiento de superioridad por mucho que cueste reconocerlo, ya que ver a otro vulnerable siempre conlleva que está en una situación desfavorable con respecto a nosotros.

Sentir pena por una persona en distrés nunca es positivo. Esto fomenta la problemática del individuo que experimenta el malestar, pues que le repitan lo mal que está solo hará que sea más consciente de su difícil situación. Además, implica una condescendencia no real.

Una persona empática no siente pena sin sentido por alguien que lo está pasando mal. Sin embargo, se preocupa por establecer un vínculo emocional con el sujeto en cuestión, se pone en su lugar, experimenta (en su totalidad o hasta cierto punto) su malestar y aporta escucha activa. Por otro lado, la simpatía tiende a frivolizar y no conecta realmente con el plano emocional del resto. 

  • La persona que ejerce la simpatía por sí sola dice “te entiendo”, pero en pocas ocasiones comprende lo que el otro experimenta en realidad.
  • La persona que ejerce la empatía dice “te escucho” y otorga soporte activo al otro, pues sabe lo difícil que es estar en su situación.

3. La empatía requiere escucha activa

Las diferencias entre empatía y simpatía incluyen los métodos de comunicación
Cuando se practica la empatía, es importante que la comunicación sea fluida y asertiva. Para ello, la escucha activa es fundamental.

El término escucha activa hace referencia a una técnica exclusiva de la comunicación humana. Dicho de forma sencilla, en este proceso el sujeto (emisor) expresa su situación mediante palabras y gestos y la persona que escucha (receptor) tiene su atención focalizada en él, participando de forma activa si es necesario.

La escucha activa se basa en los siguientes pilares:

  1. Comprensión: facultad de percibir el mensaje que se está emitiendo y formarse una idea mental clara con él.
  2. Retención: la memoria es esencial en el proceso de escucha activa, ya que es necesario extraer un significado del mensaje más allá de las palabras. Recordar los momentos y situaciones que ha pasado el emisor a la hora de poner en contexto su mensaje ayuda mucho a empatizar de manera real con él.
  3. Respuesta: la atención activa requiere respuestas, pero no siempre en forma de soluciones. El receptor puede expresar un “te sigo” o “continúa” para reforzar la idea de que el emisor está siendo escuchado y limitarse a entender.
  4. Cuantificación: la escucha activa practicada por un individuo en concreto se puede cuantificar mediante la Active Listening Observation Scale (ALOS).

La escucha activa le permite al sujeto empático comprender, retener y responder a los problemas que está postulando el emisor. Por otro lado, una persona que ejerce la simpatía aislada puede espetar un “te entiendo” cuando en realidad ha escuchado bien poco a la otra persona. Siente pena genuina por ella, no obstante a veces no se molesta en entender la situación al completo.

Con todas estas ideas no queremos implicar que la simpatía conlleva ignorar en todos los casos al emisor. De todas maneras, sí que es posible mostrarse simpático sin entender casi nada de lo que se está explicando. La empatía siempre requiere escucha activa y esta va de la mano de la comprensión real.

Otra de las diferencias entre empatía y simpatía radica en la presencia o ausencia de escucha activa. La primera siempre la requiere, mientras que la segunda no.

4. La simpatía suele caer en la trampa del “al menos”

Esta es una de las diferencias entre empatía y simpatía más fáciles de discernir desde un punto de vista práctico. Pongamos un ejemplo:

  1. Ocurre un accidente en un espacio público y mueren 2 personas. Uno de los afectados se rompe una pierna y, tras salir del médico, comparte su malestar con 2 amigos ajenos a la tragedia. 
  2. El amigo que ejerce la simpatía tenderá a decir lo siguiente: “lo siento mucho por ti, pero al menos no te ha tocado la peor parte”. Probablemente también optará por disminuir la carga emocional del evento aunque no sea su intención con un “no te preocupes, seguro que te curas pronto”.
  3. El amigo que ejerce la empatía tenderá a decir lo siguiente: “entiendo que ha tenido que ser una experiencia muy traumática”, sin establecer juicios propios o comparar la situación con otra. También es probable que ofrezca apoyo con un “si me necesitas para cualquier cosa, aquí estoy”.

El “al menos” (at least en inglés) es una bandera roja en todos los casos cuando hablamos de conexión emocional. Esta simple construcción denota que la persona no está entendiendo el malestar de su allegado y trata de consolarle quitando importancia a lo que está sintiendo.

Por otro lado, también se suele caer en la trampa del “por qué”. Si una persona se cae de las escaleras y manifiesta su miedo, es probable que alguien poco empático le responda lo siguiente: “¿por qué tienes miedo, si ahora vas con más cuidado que nunca?”. Aunque esta actitud trata de ser reconfortante, no hace más que invalidar el sentimiento lícito del emisor.

Las personas empáticas no necesitan disminuir la carga emocional del emisor para sentir que están ayudando.

5. A veces la simpatía implica sugerir soluciones innecesarias

Todos los seres humanos somos los protagonistas de nuestra propia historia, así que tendemos a creer que la forma de actuar que elegimos siempre es la adecuada. Nuestra especie es hasta cierto punto narcisista y egocéntrica, pero estos rasgos se pueden trabajar con el tiempo y somos proclives a minimizarlos a medida que crecemos. 

A veces (y sin mala intención), las personas con actitudes más simpáticas que empáticas pueden tratar de buscar soluciones no solicitadas a los problemas ajenos. No surgen de la maldad, pero estas construcciones son muy poco útiles a la hora de interactuar con una persona en un estado de distrés emocional:

  • “Yo que tú haría X en vez de Y”.
  • “Yo cuando estuve en tu situación hice X”.
  • “Lo siento por ti, pero si haces X se te pasará más rápido”.

Estas frases no hacen más que indicar que la simpatía es eminentemente egoísta. Dicho de otro modo, el receptor del mensaje está intentando que el emisor haga lo que él considera bueno, no lo que le viene bien realmente. De nuevo, no se trata de un gesto de maldad: simplemente existe un fallo a la hora de ponerse en el lugar del otro. 

La empatía se basa en “trata a los demás como ellos quieren ser tratados” y la simpatía en “trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti”.

Diferencias entre empatía y simpatía: ¿cuál es mejor?

Tras exponer estas diferencias entre empatía y simpatía, es fácil llegar a la conclusión de que la primera es mucho más útil que la segunda en todos los casos. Si has llegado a ese punto, no te quitamos la razón, ya que efectivamente ser empático fomenta el tender puentes emocionales con las personas que sienten malestar más que sentir lamento por ellas.

De todas formas, cabe destacar que la simpatía no proviene de la mala intención y que también puede ser reconfortante en momentos específicos. Ambos conceptos emanan de la necesidad de bienestar, pero la empatía permite que se creen conexiones mucho más sanas y positivas a largo plazo.

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