Diferencias entre vacunas y antídotos

Los antídotos y las vacunas son compuestos empleados para combatir agentes patógenos y sustancias nocivas para el organismo. No obstante, existen múltiples diferencias entre ellos.
Diferencias entre vacunas y antídotos
Leonardo Biolatto

Revisado y aprobado por el médico Leonardo Biolatto el 11 noviembre, 2021.

Escrito por Luis Rodolfo Rojas Gonzalez, 11 noviembre, 2021

Última actualización: 11 noviembre, 2021

Una gran cantidad de sustancias diferentes se emplean en el tratamiento de las enfermedades. Dentro de los compuestos utilizados destacan los fármacos, las vacunas y los antídotos. Por lo general, las personas confunden a las vacunas con los antídotos, aun cuando sus diferencias son muy marcadas.

El cuerpo humano se encuentra en un equilibrio dinámico con el medio ambiente y está en constante adaptación para su supervivencia. Las personas se exponen a microorganismos, virus y toxinas. Todas estas sustancias deben neutralizarse o eliminarse para asegurar un buen estado de salud.

Los antídotos y las vacunas son algunas de las herramientas usadas para neutralizar los compuestos nocivos para el cuerpo humano. Estas sustancias cuentan con muchas similitudes entre sí, aunque guardan varias diferencias en su estructura, mecanismo de acción y usos.

1. Estructura química

La estructura química de las vacunas y los antídotos es una de las principales diferencias entre ambos productos. La misma determina tanto el mecanismo de acción como los usos terapéuticos. Por lo general, las vacunas están constituidas por antígenos, coadyuvantes y estabilizadores.

Los antígenos son pequeñas moléculas extrañas para el organismo, obtenidas a partir de un germen muerto o débil. Estas moléculas se extraen de bacterias o virus que se procesan en laboratorios especializados. Hoy en día existen muchos antígenos conocidos, como el virus de la hepatitis, el sarampión, el meningococo y el neumococo.De igual forma, los coadyuvantes y estabilizadores están diseñados para garantizar la durabilidad y la eficacia de las vacunas.

Por otro lado, los antídotos incluyen una gran variedad de sustancias químicas de origen animal, vegetal o sintético. Algunos antídotos son sintetizados a partir de productos tóxicos con el fin de neutralizarlos.

Vacuna en un brazo.
Las vacunas se orientan más a la prevención de enfermedades por patógenos, mientras que los antídotos bloquean la acción de los tóxicos.

2. Mecanismo de acción

Los antídotos y las vacunas tienen como fin común proteger al cuerpo humano de un agente dañino. No obstante, siguen vías diferentes para lograr este cometido. Por un lado, la vacunación busca inmunizar a las personas contra gérmenes infecciosos, evitando que estos invadan los tejidos o causen una afección más grave.

El cuerpo humano responde a la vacuna mediante el fortalecimiento de sus defensas naturales. Para ello, aumenta la producción de anticuerpos encargados de identificar y destruir a los gérmenes específicos contenidos en la vacuna. De esta forma, el sistema inmunitario reaccionará de forma inmediata ante una posible infección, evitando la progresión de la enfermedad.

Algunas investigaciones afirman que los antídotos tienen como objetivo neutralizar y contrarrestar los efectos de un veneno, toxina o producto químico que haya penetrado en el organismo. Hoy en día, el carbón activado es considerado el antídoto universal.

Los antídotos actúan de forma directa sobre el agente nocivo, bloqueando sus efectos. Son capaces de alterar e incluso destruir la estructura química del tóxico. Algunos antídotos atrapan a la sustancia dañina y evitan su absorción en los tejidos.

3. Usos

La función básica de las vacunas es prevenir ciertas enfermedades infecciosas de origen viral o bacteriano. Además, también actúan disminuyendo el riesgo de padecer un cuadro clínico más severo.

Dentro de las patologías que se pueden prevenir con una vacuna se encuentran las siguientes:

  • Rotavirus.
  • Rubeola y sarampión.
  • Fiebre amarilla.
  • Hepatitis A y B.
  • Poliomielitis.
  • Tos ferina.
  • Difteria y tétanos.

Por otro lado, los antídotos son de utilidad en el tratamiento de intoxicaciones por compuestos químicos, medicamentos o venenos de animales. De esta forma, reducen los efectos adversos de estas sustancias sobre el organismo.

Algunas de las intoxicaciones tratadas con antídotos son las siguientes:

  • Veneno de escorpiones.
  • Toxinas de serpientes.
  • Pesticidas y plaguicidas.
  • Opioides y benzodiacepinas.
  • Antidepresivos.
  • Metales pesados.

De hecho, algunos estudios certifican que la N-acetilcisteína es uno de los antídotos más usados en la intoxicación por agentes hepatotóxicos. En este sentido, las vacunas y los antídotos cumplen con aplicaciones muy diferentes.

4. Tipos

La gran variedad de vacunas y antídotos es una de las mayores diferencias entre ambas sustancias. En la actualidad, están disponibles 4 tipos de vacunas de acuerdo a la composición y al tipo de respuesta esperada.

Dentro de las principales presentaciones están las siguientes:

  • Vivas atenuadas: son vacunas que contienen una forma debilitada del germen responsable de la enfermedad. En este grupo se encuentra la triple viral y la que es contra la varicela.
  • Inactivadas: emplean una versión inactivada o muerta de un virus o bacteria.
  • Vacunas de subunidades o recombinantes: utilizan fragmentos específicos del germen, como proteínas o azúcares. La vacuna contra la hepatitis B emplea esta tecnología.
  • Con toxoides: contienen las toxinas liberadas por el microorganismo infeccioso. Por tal motivo, la respuesta inmunitaria estará destinada a neutralizar la toxina y no el germen. En este grupo se encuentra la vacuna contra el tétano y la difteria.

Por otro lado, los antídotos incluyen un repertorio variado de compuestos que pueden clasificarse de acuerdo al mecanismo que cumplen dentro del organismo:

  • Competitivos: son aquellos que compiten con el agente tóxico por su sitio de actividad. Dentro de ellos están el flumazenilo, el oxígeno, la fisostigmina y la atropinaº.
  • Bloqueadores: estas sustancias inhiben la acción del tóxico sobre el organismo. La silibinina y el fomepizol son algunas de las formas más comunes de este tipo.
  • Restauradores: permiten recuperar el equilibrio interno y la concentración de metabolitos indispensables para la vida. En este grupo es posible clasificar a la glucosa, el glucagón y la piridoxina.
  • Quelantes: se unen al agente nocivo y evitan su acción, favoreciendo la eliminación por vía renal o intestinal. Algunos de los más usados con el dimercaptol y los sueros antiofídico y antibotulínico.
  • Reductores: cambian la composición y la estructura química de la sustancia tóxica. Un ejemplo claro es el ácido ascórbico y el azul de metileno.
Antídoto en un hospital.
Los antídotos se aplican en el medio hospitalario para tratar con las dosis adecuadas las intoxicaciones de los pacientes.

Dos sustancias que pueden salvar vidas

A pesar de sus diferencias, los antídotos y las vacunas son sustancias responsables de salvar millones de vidas en todo el mundo. Por tal motivo, las personas deben conocer cuál es la utilidad de estos productos y cuándo deben administrarse. El uso en el momento correcto podría hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

Por otro lado, ante cualquier duda o inquietud acerca de estas sustancias, no hay que dudar en buscar atención médica. Los profesionales de salud son los únicos capacitados para evaluar el estado general de las personas y ofrecer las mejores herramientas terapéuticas.

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