Hepatitis

Por defecto del sitio · 1 octubre, 2019
A grandes rasgos, se pueden diferenciar dos tipos de hepatitis, según el tiempo de infección. Por un lado, se encuentra la hepatitis de carácter agudo y, por otro, la de carácter crónico.

La hepatitis es una enfermedad inflamatoria que afecta al hígado, órgano encargado de segregar la bilis, sintetizar proteínas, almacenar vitaminas y desintoxicar el organismo, entre otras funciones importantes. Está considerada como una enfermedad de transmisión sexual.

Causas de la hepatitis

Esta enfermedad puede desencadenarse por dos factores: por una infección viral o por la acción de agentes tóxicos.

En cuanto a la infección viral, hay virus específicos que provocan hepatitis, como el A, B, C, D, E, F y G. Sin embargo, los más importantes son el A, B y C; en menor medida, el D y el E, siendo el F y el G los menos estudiados.

Además de estos, hay otros virus no específicos que también pueden provocar esta enfermedad. Es el caso del virus de Epstein-Barr y el citomegalovirus.

Por otra parte, como hemos dicho, existen otros factores responsables del desarrollo de la infección en el hígado. En primer lugar, el alcohol y otros tóxicos son agentes muy dañinos para este órgano, por lo que se convierten en los agentes tóxicos principales.

Las causas derivadas del uso abusivo o sobredosis de medicamentos, como el paracetamol, también son frecuentes. A su vez, algunas patologías hereditarias, entre las que destacan la enfermedad de Wilson, la fibrosis quística o la hemocromatosis, son otros factores que afectan a la aparición de la hepatitis.

ADN material genético

Tipos de hepatitis

A grandes rasgos, se pueden diferenciar dos tipos de hepatitis, según el tiempo de infección. Por un lado, se encuentra la hepatitis de carácter agudo y, por otro, la de carácter crónico.

La infección aguda es una enfermedad que, con el tratamiento adecuado, puede llegar a desaparecer. Esto no ocurre con la hepatitis crónica, que, como su nombre indica, no tiene cura. Esta hepatitis puede llegar a convertirse en una insuficiencia hepática, cáncer de hígado o cirroris.

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También se pueden clasificar según el virus causante de la infección. En este sentido, hablaremos de los siguientes tipos de hepatitis:

Hepatitis A

La produce el virus de la hepatitis A y se transmite por el contacto con deposiciones de otro enfermo, por falta de higiene en el hogar o por el consumo de alimentos contaminados y mal lavados.

En países más desarrollados, esta enfermedad afecta principalmente a casos aislados de individuos. Si bien hoy en día existen vacunas que pueden prevenirla, las condiciones de saneamiento ambiental y las normas de higiene en el interior del hogar son las formas más eficaces de evitar su desarrollo.

Produce una enfermedad benigna y autolimitada, es decir, solo afecta al hígado. Cursa con diarrea, dolor en el estómago, pérdida de apetito, náuseas, cansancio y fiebre.

Hepatitis B

La provoca un virus de ADN que logra replicarse gracias la enzima ADN polimerasa con una actividad transcriptasa inversa. Se transmite por la sangre o por vía sexual desde un enfermo con la enfermedad activa o un portador sano con el virus VHB. Puede desarrollarse como una infección aguda o crónica, con las complicaciones ya mencionadas en el caso de la hepatitis crónica.

A diferencia de la anterior, el virus B se multiplica en el hígado pero también puede estar presente fuera de él, por lo que la hepatitis B no es autolimitada. Las personas infectadas pueden sentirse como si tuvieran gripe o no presentar ningún síntoma.

Con un análisis de sangre se puede determinar la presencia del virus. Actualmente, ya hay vacuna para su prevención. No obstante, la práctica de sexo seguro es fundamental para evitar su transmisión.

En cuanto al tratamiento, la hepatitis aguda por virus B no se trata. Únicamente se sigue su evolución para evitar complicaciones y valorar su posible cronificación.

En cuanto a la crónica, se trata siempre bajo la supervisión de un especialista. Este puede indicar la administración de fármacos antivirales como:

Medicamentos

Hepatitis C

Se produce por la infección por el virus C. Este se encuentra en la sangre de las personas enfermas. Al igual que el anterior, se transmite mediante el contacto con la sangre de una persona infectada, bien esté en etapa de actividad o sea portadora del virus. La cronificación de la hepatitis C también produce cirrosis, cáncer de hígado, insuficiencia hepática y, en última instancia, la muerte.

Se trata de un virus de ARN, por lo que para detectarlo se debe hacer una técnica de laboratorio llamada PCR. Para el diagnóstico, al igual que en otros tipos de hepatitis, el médico se basa en los niveles de las transaminasas, que son enzimas que se liberan a la sangre tras la muerte celular producida por la inflamación del hígado.

Esta elevación puede ser muy importante en las hepatitis agudas, y es leve o moderada en las crónicas. A partir de ahí, el diagnóstico se completa con otras determinaciones analíticas que, además, ayudarán a determinar la causa y su pronóstico.  Para el diagnóstico definitivo, hay que hacer una biopsia del órgano afectado.

Finalmente, el tratamiento se basa en la administración de fármacos antivirales. El tratamiento de elección es la combinación de interferón alfa y ribavirina. Actualmente, se utiliza una nueva formulación del interferón alfa: el interferón alfa pegilado.

Hepatitis D

El virus de la hepatitis D es un virus defectuoso, o viroide, que necesita del virus de la hepatitis B para existir. Se encuentra en todas las personas que están infectadas con el virus. Es el único viroide que es capaz de afectar a algo más que a las plantas. Se transmite por vía parenteral.

Pueden darse dos tipo de infección junto al HBV:

  • Coinfección: se da cuando se adquiere la infección por ambos virus al mismo tiempo. La cronicidad de la enfermedad aparece en el 5 % de los casos.
  • Sobreinfección: se da cuando se el paciente se infecta de VHD y ya estaba infectado por el VHB. La infección evoluciona a crónica en el 80 % de los casos.

Hepatitis E, F y G

El VHE se transmite de forma similar al de la hepatitis A y se disemina a través del agua contaminada. En cuanto al F y al G, son los que menos se conocen; incluso, el F se considera como G. Este último se cree que se transmite a través de la sangre, sobre todo en personas que usan drogas endovenosas.

El VHG presenta una homología similar al virus de la hepatitis C. Se diagnostica mediante la detección del ARN viral en suero. A pesar de su nombre, no hay una clara evidencia de que este virus cause una enfermedad hepática. Tampoco se ha asociado con la hepatitis crónica, con la cirrosis ni con el cáncer de hígado.

Hepatitis inducida por medicamentos

Como hemos mencionado, esta enfermedad también se puede desarrollar por la toxicidad de ciertos agentes nocivos para el órgano. Algunos de ellos son el alcohol y ciertos medicamentos.

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Una intoxicación muy conocida es la toxicidad hepática del paracetamol. Cuando una persona toma una sobredosis de este fármaco, puede llegar a sufrir una hepatitis grave que tiene potencial para evolucionar a insuficiencia hepática mortal.

Esta intoxicación ocurre porque las vías de metabolización del fármaco se saturan y el organismo no es capaz de neutralizar un compuesto derivado del paracetamol, que es altamente tóxico para el hígado.

La metabolización de un fármaco consiste en una serie de reacciones químicas que sufre el medicamento en el organismo con el fin de favorecer su eliminación. Por lo tanto, si están saturadas, en el caso del paracetamol, no se puede eliminar correctamente y se puede llegar a producir esta enfermedad.

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