Toxoplasmosis: síntomas, causas y tratamiento

La toxoplasmosis es una infección parasitaria asintomática en la gran mayoría de los casos. Aun así, los fetos y las personas inmunocomprometidas pueden presentar efectos graves.
Toxoplasmosis: síntomas, causas y tratamiento
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 27 mayo, 2021.

Última actualización: 27 mayo, 2021

La toxoplasmosis es una enfermedad infecciosa ocasionada por el protozoo Toxoplasma gondii, un parásito intracelular. Estamos ante una patología zoonótica, es decir que se puede transmitir de animales a seres humanos a través de diferentes vías de contagio. El parásito Toxoplasma afecta a casi todos los animales de sangre caliente.

Estudios epidemiológicos calculan que se producen 200 000 casos anuales de toxoplasmosis congénita por año, es decir, la infección fetal por transmisión transplacentaria del parásito. Por desgracia, en un 8 % de los neonatos esto se traduce en un compromiso severo a nivel oftálmico o del sistema nervioso central.

Una de las claves de este parásito es su condición de ser asintomático. Debido a que la mayoría de las personas que lo albergan nunca son conscientes de ello, este patógeno campa a sus anchas con prevalencias variables según las áreas geográficas.

Epidemiología de la toxoplasmosis

Diversos estudios recogen la epidemiología de este parásito y te mostramos algunos datos relevantes del tema:

  • La prevalencia global de la parasitosis ronda en torno al 25 %. Esto quiere decir que, en cualquier población dada, unas 25 de cada 100 personas estarán infectadas con Toxoplasma.
  • En Estados Unidos cerca del 23 % de la población está infectada, mientras que este valor aumenta en algunas regiones empobrecidas, donde se calculan prevalencias de hasta el 95 %. Por ejemplo en Colombia, más del 50 % de la población estaba infectada en el año 1982 según estudios.
  • En Brasil 1 de cada 30 000 niños nacen con toxoplasmosis. Aunque en infantes este valor sea muy fluctuante, se calcula que el 80 % de la población adulta mayor de 45 años ha sido infectada por el parásito en esta región.

Resulta muy chocante comprender que, dependiendo de la región donde vivamos, podemos presentar desde 1/4 de probabilidades de estar infectados por Toxoplasma a casi estarlo con toda seguridad.

Test de toxoplasmosis.
El testeo de toxoplasmosis puede arrojar resultados positivos sin que haya síntomas.

Información relevante sobre Toxoplasma gondii

Toxoplasma gondii es un protozoo parásito obligado perteneciente a la familia Toxoplasmatidae, un taxón de coccidios formadores de quistes. Es necesario acotar que este microorganismo presenta múltiples fases según la etapa de su ciclo vital. De forma resumida, sus características morfológicas según la forma son las siguientes:

  • Ooquiste: es el estadio esporulado, el que se encuentra libre en el medio ambiente. Los parásitos en esta fase pueden vivir por largos periodos de tiempo fuera del hospedador, permaneciendo inactivos hasta que son ingeridos.
  • Bradizoíto: la forma de replicación lenta del parásito. En las infecciones crónicas los bradizoítos se presentan en el hospedador en forma de quistes tisulares, los que se asientan sobre los músculos y el tejido cerebral.
  • Taquizoíto: formas libres móviles. Se encuentran en las vacuolas de las células infectadas del hospedador.

Bases de datos sobre parasitosis y otros portales médicos recogen el ciclo biológico de este agente patógeno. Te lo contamos a continuación.

Ciclo biológico

Es importante señalar que los únicos hospedadores definitivos de Toxoplasma gondii son animales de la familia Felidae, es decir, gatos y afines. Los ooquistes son eyectados al medio mediante las heces del gato y una sola deposición puede contener millones de ellos. Si es la primera vez que están infectados, los félidos excretan ooquistes durante unas dos semanas.

Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) los ooquistes tardan 1 a 5 días en esporular y tras este evento se vuelven infectivos. En esta etapa el parásito es extremadamente resistente, pues puede permanecer viable en suelos húmedos y sombríos durante más de un año. Además, los ooquistes son resistentes a múltiples desinfectantes.

Los hospedadores intermedios suelen ser pájaros y ratones, entre otros muchos animales de sangre caliente. Como son presas comunes de los gatos, estos se infectan tras la ingestión accidental de ooquistes presentes en el medio, ya sea en el agua o en la tierra.

No nos vamos a detener en los cambios morfológicos del parásito, por lo que nos limitaremos a decir que el gato se reinfecta tras ingerir tejidos de presas con quistes de Toxoplasma. Así pues, el círculo se cierra.

El humano: un hospedador accidental

Para el propio parásito, infectar a un humano es un evento desafortunado. Nuestra especie no es la hospedadora definitiva del agente patógeno, por lo que el Toxoplasma no puede cerrar su ciclo biológico.

Así pues, el parásito se limita a formar quistes en los tejidos musculares, en el miocardio, en el cerebro y en los ojos del paciente; estos pueden permanecer por el resto de la vida. Es necesario recalcar de nuevo que, según estudios, el 80 % de los pacientes son asintomáticos.

El ser humano puede acabar infectándose por Toxoplasma gondii mediante las siguientes rutas:

  • Comer carne cruda o poco cocinada de animales que contengan quistes tisulares en sus músculos.
  • Consumir carne o agua contaminada con heces de gatos o muestras ambientales que contengan ooquistes.
  • Transfusiones sanguíneas y trasplantes de órganos.
  • De forma transplacentaria: de la madre al feto.

De todas formas, fuentes ya citadas nos indican que no hace falta empezar a mirar con sospechas al felino de la casa. Los ooquistes requieren de un periodo de maduración ambiental en tierra húmeda, razón por la que es difícil que un gato doméstico acabe infectando a su tutor.

Signos y síntomas de la toxoplasmosis

El portal médico MSDmanuals nos indica que existen cinco presentaciones clínicas de la toxoplasmosis. Te las contamos en las siguientes líneas de forma resumida.

1. Toxoplasmosis aguda

Este tipo de infección suele ser asintomática, si bien del 10 al 20 % de los pacientes desarrollan adenopatías —inflamaciones de los ganglios linfáticos— cervicales o axilares de naturaleza indolora. El paciente también puede presentar algunos síntomas gripales en el pico de la infección, pero nada serio.

2. Toxoplasmosis del sistema nervioso central

Esta variedad es especialmente preocupante en los pacientes con SIDA u otro tipo de inmunosupresión. En estos enfermos la toxoplasmosis puede causar inflamación cerebral y tumores intracraneales. Esto se traduce en diversos desajustes neurológicos graves.

3. Toxoplasmosis congénita

Esta variante sucede cuando la madre transmite la enfermedad a su hijo a través de la placenta. La probabilidad de supervivencia de un feto infectado durante el primer trimestre es de un 15 %, valor que aumenta hasta el 60 % durante el tercero.

Los resultados potenciales de la toxoplasmosis congénita pueden ser el aborto, el nacimiento de un niño muerto o la existencia de calcificaciones cerebrales, retraso psicomotor e hidrocefalia o microcefalia.

4. Toxoplasmosis ocular

Este tipo suele deberse a una infección congénita que se reactiva en algún momento. Las lesiones oculares no se diagnostican siempre durante el nacimiento, pero el 20 al 80 % de las personas que nacen con toxoplasmosis terminan desarrollándolas en la etapa adulta. Alguno de los síntomas son los siguientes:

  • Dolor ocular.
  • Sensibilidad a la luz (fotofobia).
  • Visión borrosa.

5. Infección generalizada

La infección fuera de los ojos o del sistema nervioso central es mucho menos común, si bien merece la pena nombrarla. Es de naturaleza grave y afecta a personas que están inmunodeprimidas. Puede provocar insuficiencias respiratorias y cardiacas y, si no es tratada, conlleva la muerte del paciente.

Diagnóstico y tratamiento

Tal y como indican portales ya citados con anterioridad, los métodos diagnósticos principales son los siguientes:

  1. Pruebas serológicas, de ahí que los pacientes que han pasado la toxoplasmosis sean denominados seropositivos.
  2. Resonancias magnéticas y tomografías computarizadas cuando se presenten afectaciones del sistema nervioso central.
  3. Realización de biopsias, es decir, extracción de tejidos infectados y análisis de los mismos bajo el microscopio. En algunos casos se pueden observar directamente los quistes tisulares.
  4. Ensayos basados en PCR de distintos líquidos del paciente. En esta técnica se busca aislar y amplificar el ADN del protozoo patógeno.

Cabe destacar que, en la mayoría de los casos, los pacientes con una buena salud se recuperan de la toxoplasmosis sin ningún tipo de tratamiento —si bien los quistes pueden permanecer de por vida. Aun así, en personas inmunocomprometidas y embarazadas se utilizan medicamentos tales como la pirimetamina y sulfadiazina más leucovorina como tratamiento.

Gato en la casa de una embarazada.
La toxoplasmosis requiere mayor cuidado en mujeres embarazadas, debido a la transmisión transplacentaria.

Prevención y control de la toxoplasmosis

Como hemos dicho, el medio de transmisión más común es la ingesta de carne poco cocinada o el consumo de los ooquistes mediante material de cocina o agua infectados con heces de gato. La CDC nos muestra diversos planes de prevención, entre los que encontramos los siguientes:

  • Reducir el riesgo de la ingesta en la comida: esto pasa por cocinar todo producto cárnico, al menos a 74° C. También es necesario congelar cualquier producto que no vaya a ser consumido inmediatamente. Conlleva lavar y pelar frutas y vegetales antes de su consumo
  • Higienizar toda superficie de cocina de forma periódica.
  • Evitar beber agua no tratada.
  • Utilizar guantes a la hora de manipular heces de gato o, en su defecto, cualquier superficie o material que haya estado en contacto con ellas.
  • Dar de comer a los gatos domésticos alimentos tratados: no le des carne cruda. Si esta contiene ooquistes el felino se infectará.
  • Cambiar la caja de arena del felino: como ya hemos dicho, los ooquistes tardan 1 a 5 días en madurar. Si cambias la arena donde tu gato defeca todos los días es prácticamente imposible que este disemine la toxoplasmosis, aunque esté infectado.

El peligro de la toxoplasmosis para los inmunocomprometidos

Como hemos dicho, el hecho de que un felino infecte a su propietario es muy improbable, ya que las condiciones de maduración de los ooquistes no se cumplen en casi ningún domicilio.

Además, aunque el paciente se infecte, hay más probabilidades de ser asintomático que de desarrollar otro cuadro. El 80 % de los casos de toxoplasmosis son sin signos y las personas inmunocomprometidas son las que están en verdadero riesgo. Aun así, con un tratamiento efectivo, incluso los pacientes más delicados suelen salir adelante.

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