Cómo prevenir la anafilaxia

Se suele decir que el mejor tratamiento para la anafilaxia es la prevención. ¿Sabes por qué? Te lo contamos a continuación.
Cómo prevenir la anafilaxia
Leonardo Biolatto

Revisado y aprobado por Leonardo Biolatto el 26 junio, 2021.

Escrito por Maite Córdova Vena, 26 junio, 2021

Última actualización: 26 junio, 2021

Después de haber pasado por el gran susto que supone una reacción alérgica severa, la mayoría de las personas afectadas se preocupa por prevenir la anafilaxia. La buena noticia es que esto es más ameno de lo que parece. No requiere medidas extraordinarias que supongan un imposible. En realidad, basta con aplicar unas sencillas pautas.

La anafilaxia es una de las reacciones alérgicas más graves que existe. Avanza rápidamente, mientras compromete varios sistemas del cuerpo. Si no se trata de forma adecuada puede tener consecuencias mortales. Por ello mismo se hace tan importante aprender a prevenirla.

Según estimaciones, hasta el 1 % de los episodios de anafilaxia pueden resultar mortales, como bien lo explica la Dra. Adela Emilia Gómez Ayala. Y aunque esto pueda parecer una cifra baja, no quiere decir que el riesgo no siga presente.

Identificar los desencadenantes

El primer punto en la lista para prevenir la anafilaxia es aprender a identificar los desencadenantes. Al tratarse de una reacción alérgica, habrá ciertas sustancias o hasta situaciones que desencadenarán el proceso.

Si en una oportunidad anterior fue posible identificar la causa, debes tenerla en cuenta siempre en lo sucesivo. Algunas de las más comunes pueden ser las siguientes:

  • Alimentos: como el cacahuete, los mariscos, los huevos de gallina, la leche, trigo, el kiwi y el chocolate.
  • Medicamentos: antibióticos beta-lactámicos, insulina, estreptoquinasa.
  • Venenos de animales: picaduras de insectos, como las hormigas rojas, las abejas melíferas o las avispas germánicas.

Si no se llegó a saber qué desencadenó la anafilaxia en un episodio anterior, te remitirán a un especialista en alergias o inmunología para averiguarlo. Por otro lado, si nunca has sufrido una reacción alérgica grave y desconoces si podrías estar en riesgo, lo ideal sería que fueras al médico a hacerte un chequeo.

Ten en cuenta que, en caso de que te vayan a hacer pruebas de raspado cutáneo o análisis de sangre para determinar las sustancias a las que eres sensible y tomas algunos medicamentos (como pueden ser los antihistamínicos), deberás suspenderlos por un período de tiempo. Estos métodos complementarios evalúan la respuesta del cuerpo a los alérgenos.

Prueba de alergia cutánea.
Las pruebas cutáneas de alergia se realizan en un ambiente controlado, por lo que no representan riesgo alguno de anafilaxia en ese momento.

Evitar los desencadenantes

Una vez que ya conozcas a qué eres sensible, es importante que lo evites. Por ejemplo, si sabes que un plato con mariscos y pescado te causa anafilaxia, evita consumirlo y busca otras opciones, según lo que te indique el médico. Lo mismo aplica si se trata de un medicamento.

Para prevenir la anafilaxis por alimentos es necesario estar atentos a las etiquetas de los productos, así como a la lista de ingredientes de los restaurantes. Varios países ya cuentan con leyes que obligan a detallar los alérgenos más frecuentes en los menús.

Por otro lado, si el desencadenante es un animal que, aún cuando lo intentes no puedes controlar del todo (como las abejas y las avispas en primavera y verano), evita las áreas al aire libre donde estos animales puedan estar constantemente. Además, utiliza ropa que te proteja y lleva contigo las prescripciones que te haya dado tu médico.

De acuerdo con una actualización sobre el tema publicada en StatPearls Publishing, los pacientes con antecedentes deben llevar una inyección de epinefrina siempre y recibir instrucciones concretas sobre su uso y aplicación. Estos dispositivos suelen comercializarse como autoinyectables, para evitar complicaciones y demoras en su aplicación.

Los pacientes también deberían estar en consulta continua con un alergólogo para clarificar las causas de sus ataques. Esto contribuye a prevenir futuras reapariciones del cuadro. También es posible programar la desensibilización con vacunas, si fuese posible.

Usar pulseras de alerta médica

Si ya pasaste por una anafilaxis y te costó hablar y respirar, es muy probable que el médico te recomiende llevar una pulsera de alerta u otro accesorio similar. En la misma se suelen indicar tus datos básicos, las alergias que tienes, a quién contactar en caso de emergencia y otros datos adicionales.

Atender adecuadamente las patologías subyacentes

Mantener un buen control de patologías crónicas, como pueden ser el asma, las enfermedades cardiovasculares o la diabetes, no solo te ayudará a sentirte bien a diario, sino que también prevendrá la anafilaxis. En cambio, un mal control podría hacer que el riesgo aumente.

Terapia de desensibilización

Tal y como se indica en el Manual MSD, la desensibilización se usa para prevenir anafilaxia en el caso de alérgenos que no son fáciles de evitar. Las picaduras de insectos son un ejemplo.

Este tipo de terapia recurre a una exposición al alérgeno controlada durante varias semanas para ayudar a la persona a mejorar su respuesta inmune. Solo un profesional puede conducirla.

Vacuna para desensibilizar en la alergia.
Las vacunas de desensibilización se usan por períodos relativamente largos, de 2 o 3 años.

Planifica cómo actuar en caso de emergencia

Aunque todo lo antes mencionado ayuda a minimizar el riesgo de sufrir una anafilaxia, no hay que descuidar la planificación de la posible emergencia. Saber cómo actuar en caso de que te vuelva a ocurrir una eventualidad te ahorrará inconvenientes mayores mientras llega la ayuda médica. También ayudará a mejorar el pronóstico.

Para hacer una buena planificación es importante que tengas en cuenta las pautas que te dé el médico en consulta, así como también los errores y aciertos de la vez anterior. Los errores ayudan a detectar qué no se debe hacer y por qué. Busca las opciones que sí son adecuadas para poner en práctica un tratamiento preventivo eficaz.

Si tienes alguna duda al respecto, no dejes de consultar con tu médico de cabecera. El profesional siempre te podrá ayudar a resolver las interrogantes mejor que nadie y te guiará en el plan para prevenir la anafilaxia.

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