Las 4 enfermedades nutricionales más comunes

Es importante garantizar unos adecuados hábitos de vida para evitar el desarrollo de las enfermedades nutricionales. Estas patologías crónicas pueden condicionar el estado de salud de por vida.
Las 4 enfermedades nutricionales más comunes
Saúl Sánchez

Escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez el 16 diciembre, 2020.

Última actualización: 16 diciembre, 2020

Existen ciertas enfermedades nutricionales que se producen a partir de una ineficiencia en el aporte de sustancias. A continuación te vamos a comentar cuáles son las más importantes y qué puedes hacer para evitar su aparición.

Ten en cuenta que para prevenir situaciones de este tipo, lo más adecuado resulta confeccionar un menú saludable y variado. Aún así, en ocasiones puede ser necesario incluir algún suplemento dietético en la pauta habitual con el objetivo de maximizar el aporte de un determinado nutriente.

4 enfermedades nutricionales más comunes

Vamos a ver las 4 enfermedades nutricionales más frecuentes, sus causas y sus consecuencias.

1. Anemia

La anemia es una patología que se caracteriza por una ineficiencia en el transporte de oxígeno a través de la sangre. Dicha molécula no consigue llegar a los tejidos en las cantidades requeridas, lo que origina cansancio crónico y fatiga. El metabolismo y las reacciones fisiológicas mediante las que se obtiene energía ven alterado su funcionamiento.

Esta enfermedad nutricional puede producirse por dos factores distintos: por falta de hierro o por falta de vitamina B12 en la dieta. Además, existen ciertos componentes genéticos, pero vamos a centrarnos en lo estrictamente dietético.

La anemia ferropénica es aquella que se origina a partir de un déficit de hierro, tal y como afirma un estudio publicado en la revista The Medical Clinics of North America. Tal situación se revierte por medio de un incremento del aporte del mineral, bien sea mediante suplementos o por vía intravenosa en los casos más severos.

En paralelo, la anemia megaloblástica aparece cuando la dieta es carente en vitamina B12, un nutriente solo presente en los alimentos de origen animal. En tal situación se generan una serie de problemas en la diferenciación de los glóbulos rojos, según lo que detallan múltiples investigaciones.

Alimentos con hierro para prevenir la anemia.
La falta de hierro en la dieta puede derivar en anemia ferropénica.

2. Osteoporosis

La osteoporosis es una enfermedad característica en las mujeres que ya han superado la menopausia. Cursa con una descalcificación progresiva del tejido óseo, lo que incrementa el riesgo de fracturas. Se trata de una patología que condiciona los hábitos de vida, ya que cualquier pequeño traumatismo puede originar un problema grave.

Esta enfermedad nutricional se puede producir por un aporte ineficiente de calcio y de vitamina D durante la adolescencia y la edad adulta. Pasada la menopausia tienen lugar una serie de cambios hormonales que precipitan la pérdida de calcio a nivel óseo. Si la ingesta del mineral en épocas anteriores no fue la correcta, el problema se vuelve más agresivo.

A pesar de que se trata de una patología crónica, existen ciertos tratamientos que resultan eficaces. Está claro que lo más adecuado sería la prevención.

No obstante, la suplementación con vitamina D una vez iniciado el proceso de descalcificación ha demostrado ser efectiva para reducir la severidad y la rapidez a la que avanza el problema. Resulta adecuado combinarla con calcio para volver el tratamiento más eficaz.

3. Enfermedades cardiovasculares

La mayor parte de las patologías cardiovasculares cuentan con un importante componente dietético, por lo que se pueden considerar enfermedades nutricionales. Los hábitos de vida determinan que se lleguen a desarrollar o no, a pesar de que exista también un componente genético.

Un correcto aporte de nutrientes y una dieta bien calibrada previenen el desarrollo de estas patologías. En este sentido, el aporte regular de lípidos de tipo insaturado consigue modular la inflamación y reducir la incidencia de dicho problema, tal y como afirma una investigación publicada en The Cochrane Database of Systematic Reviews.

Resulta esencial limitar el consumo de los alimentos con un alto contenido en azúcares simples o en grasas de tipo trans. Ambos se consideran inflamatorios. Además, son capaces de alterar el perfil lipídico y promocionar la formación de placas de ateroma a nivel sanguíneo.

En el caso de que ya te hayan diagnosticado una patología de este tipo, un posible tratamiento puede consistir en la suplementación con omega 3 y con vitamina D, además de la realización de ciertos ajustes dietéticos. Estos cambios en la pauta nutricional deben estar alineados con la farmacología pertinente.

Por otra parte, cabe destacar la necesidad de practicar ejercicio físico de manera habitual. Esto reduce el riesgo de complicaciones.

4. Diabetes

La diabetes es una de las enfermedades nutricionales por excelencia. Consiste en una alteración de la función pancreática que se traduce en problemas a la hora de secretar o de utilizar la insulina. Existen dos tipos: una de inicio temprano (tipo 1) y otra de la adultez (tipo 2). Nos centraremos en la segunda.

Uno de los factores de riesgo para el desarrollo de la diabetes es la mala alimentación. Un exceso en el consumo de azúcares simples puede generar picos en la glucemia, lo que se traduce en un estrés pancreático que afecta a la salud metabólica.

Por este motivo, la reducción en el aporte de glúcidos por medio de la dieta se ha conseguido asociar con un menor riesgo de padecer la enfermedad. Así lo evidencia un estudio publicado en la revista Expert Review of Endocrinology & Metabolism. De hecho, son varios los artículos que defienden la implementación de una dieta cetogénica.

A pesar de tratarse de una patología de carácter crónico, la supresión de los carbohidratos parece una estrategia eficaz para controlar las glucemias una vez desarrollado el problema. Lo que también está claro es que el ejercicio es capaz de prevenir el desarrollo de la patología, así como de mejorar el curso de la misma. Existe evidencia conforme la actividad física contribuye a reducir la resistencia a la insulina.

Prevenir las enfermedades nutricionales es clave

Todas las enfermedades nutricionales que hemos desarrollado se caracterizan por presentar un denominador común: se pueden prevenir. Para ello basta con adecuar la pauta dietética y con mantenerla a lo largo de la vida, asegurando correctos hábitos de manera constante.

Es importante garantizar que se consumen todos los nutrientes esenciales de manera regular, pero también que se evitan las sustancias que se consideran tóxicas para el organismo, como pueden ser el tabaco y el alcohol.

Del mismo modo, es fundamental la práctica de ejercicio físico de manera diaria. El trabajo de fuerza estimula la hipertrofia muscular y reduce el riesgo de patologías metabólicas. El entrenamiento de resistencia incrementa la funcionalidad y la eficiencia del sistema cardiovascular.

Se puede pautar la suplementación con determinadas sustancias que han demostrado eficacia de cara a mejorar el estado de salud. Hablamos de ciertos antioxidantes, de la vitamina C y de la melatonina. Todos estos nutrientes cuentan con la capacidad de modular los estados inflamatorios del organismo.

Hay que tener en cuenta que muchas de las patologías mencionadas están relacionadas con la inflamación y con la oxidación. Controlar ambos procesos resulta clave de cara a asegurar la prevención.

Rechazo a la bollería y los azúcares.
Los azúcares en exceso pueden promocionar estados metabólicos patológicos, por lo que se recomienda su regulación.

Cuidado con los aditivos

Además de las sustancias tóxicas como el tabaco y el alcohol, existen aditivos en los alimentos que pueden incrementar el riesgo de desarrollar estas patologías. Un ejemplo son los nitritos y algunos tipos de aminas. Incluso ciertos edulcorantes producen modificaciones de la microbiota intestinal.

En este sentido, lo más adecuado resulta plantear una dieta basada en el consumo de alimentos frescos. Cuantos menos ultraprocesados aparezcan en la alimentación, mejor. Se deben priorizar siempre los vegetales y los pescados, siendo importante también aportar grasas de elevada calidad.

Las enfermedades nutricionales son un problema de salud pública

Las enfermedades nutricionales se caracterizan por estar causadas por una dieta inadecuada, así como por el desarrollo de hábitos de vida poco saludables. Corregir las ineficiencias dietéticas y el consumo de tóxicos supone un punto de inflexión a la hora de prevenirlas.

Cabe desatacar la necesidad de aumentar el consumo de ciertos nutrientes con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, ya que estos modulan las reacciones fisiológicas que tienen lugar en el organismo humano. Es importante incluir vegetales en la dieta y asegurar una ingesta de micronutrientes óptima.

No te olvides que muchas de estas patologías cuentan con un carácter crónico, por lo que no tienen una cura definida. Incluso su manejo puede resultar problemático. Por este motivo, es adecuado inculcar la necesidad de desarrollar buenos hábitos desde las primeras etapas de la vida.

Recuerda consultar a un profesional si tienes dudas acerca de la calidad de tu dieta. De este modo podrás conseguir una pauta personalizada y adaptada a tus necesidades, lo que resultará óptimo.

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