Aminoácidos

María Vijande · 30 agosto, 2019
Los aminoácidos esenciales, como parte de las proteínas, tienen funciones relacionadas con el carácter puramente estructural o plástico proteico.

Los aminoácidos son las moléculas sencillas que constituyen a las proteínas. Con otras palabras, serían los “ladrillos” que forman las proteínas. Son los encargados de permitir la contracción muscular o mantener el equilibrio ácido-base del organismo, por ejemplo. Además, cada uno de ellos presenta una función independiente.

Los 20 aminoácidos que constituyen las proteínas son: valina, leucina, isoleucina, metionina, fenilalanina, asparagina, glutámico, glutamina, histidina, lisina, arginina, aspártico, glicina, alanina, serina, treonina, torisina, triptófano, cisteína y prolina.

Un poco de historia sobre los aminoácidos

El primer aminoácido descubierto fue en el siglo XIX, gracias a que los químicos Louis-Nicolas Vauquelin y Pierre Jean Robiquet aislaron un compuesto a partir de un espárrago. En consecuencia al descubrimiento, a este aminoácido lo llamaron asparagina. Más adelante se aisló la cistina, en el año 1810, aunque su monómero, la cisteína, permaneció desconocido hasta el 1884. La glicina y leucina fueron descubiertas en el 1820.

El último de los 20 aminoácidos en conocerse fue la treonina, en el 1935 por William Cumming Rose. Este científico también determinó los aminoácidos esenciales que veremos más adelante y estableció los mínimos requerimientos diarios de todos los aminoácidos para un crecimiento óptimo del ser humano.

Tipos y clasificación de los aminoácidos

Estas estructuras están formadas por átomos de carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno. Son moléculas orgánicas pequeñas con un grupo amino (-NH2) y un grupo carboxilo o ácido (-COOH).

Existen, como ya sabemos, 20 aminoácidos diferentes que se combinan entre sí para formar las distintas proteínas del cuerpo. No obstante, se conocen acerca de otros 200 que no forman parte de las proteínas.

Dependiendo de su estructura, se pueden clasificar en formas L y D. Las formas L son las naturales para los organismos y, por lo tanto, las más importantes. En este sentido, los 20 aminoácidos proteinogénicos se pueden dividir de la siguiente manera:

  • Esenciales: son los aminoácidos que el cuerpo no puede sintetizar y la fuente de obtención está en la alimentación. Estos son: histidina, isoleucina, leucina, lisina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano y valina.
  • No esenciales: al contrario que los anteriores, el organismo es capaz de sintetizarlos. Entre ellos encontramos a la alanina, aparagina, ácido aspártico y ácido glutámico.
  • Condicionales: son los necesarios para paliar ciertas enfermedades o el estrés. Estos son la arginina, glutamina, tirosina, glicina, prolina y serina.

Que sean esenciales o no esenciales no hace referencia a la importancia que suponen para el organismo, ya que todos son necesarios. La cantidad necesaria para el buen funcionamiento del organismo varía en función de la persona y sus necesidades biológicas.

anorexia trastorno alimenticio tratamiento

Quizá te interese: Psicología de la salud: definición y características

Por otra parte, a pesar de que hay muchas formas de clasificar a los aminoácidos, los podemos agrupar también en función del número de grupos ácidos o básicos que contenga la molécula, o según su estructura.

Según la primera clasificación, diferenciamos entre aminoácidos ácidos, básicos y neutros. Según su estructura, los podemos agrupar en:

  • Alifáticos.
  • Aromáticos.
  • Azufrados.

Funciones de los aminoácidos esenciales

Los aminoácidos esenciales, como parte de las proteínas, tienen funciones relacionadas con el carácter puramente estructural o plástico proteico. En definitiva, sus funciones engloban la reparación de heridas, participación en el crecimiento y el desarrollo del organismo.

Niño con autismo

Podemos mencionar de manera más específica algunas de las funciones de los aminoácidos esenciales. Entre ellas están:

  • Leucina: utilizado para la regeneración muscular y ósea. También controla la glucemia, es decir, los niveles de glucosa en sangre, y se relaciona con procesos hormonales.
  • Isoleucina: también está relacionada con la reparación de los músculos, huesos y tejido dérmico. A su vez, participa en la formación de la hemoglobina, proteína necesaria para el transporte de oxígeno.
  • Metionina: tiene acción antioxidante, por lo que previene algunos factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares. También se utiliza para el tratamiento de alguna enfermedad mental.
  • Lisina: es necesaria para la formación de colágeno, elemento fundamental de las articulaciones. Además, participa en el metabolismo del calcio y en la formación de anticuerpos por lo que refuerza el sistema inmunitario.
  • Valina: este aminoácido colabora en la reparación y mantenimiento muscular. También se utiliza en la metabolización hepática de algunos nutrientes.
  • Fenilalanina: participa en la formación de neurotransmisores que estimulan la sinapsis nerviosa. Se relaciona con los estados de ánimo, la concentración y el aprendizaje por su estimulación del sistema nervioso. Actualmente se está estudiando la posibilidad de utilizarlo para el tratamiento de enfermedades mentales como son el parkinson y el alzhéimer.

Leer también: El papel de la serotonina en la depresión

  • Triptófano: actúa a nivel nervioso como relajante corporal y facilita la conciliación del sueño. Además, controla la sensación de apetito. También tiene funciones opuestas a las de la fenilalanina. El triptófano se utiliza en el tratamiento de la hiperactividad.
  • Treonina: finalmente, este aminoácido tiene un gran efecto en la metabolización de las grasas y también colabora en la síntesis de colágeno, que, como hemos visto, es un componente fundamental de las articulaciones.
  • McKee, J. R., & McKee, T. (2009). Aminoácidos péptidos y proteínas. In BIOQUÍMICA. LAS BASES MOLECULARES DE LA VIDA.
  • Motta, V. T. (2009). Aminoácidos e proteínas. In Bioquímica Clínica: Princípios e Interpretações.
  • Ferreira Fernandes, R. (2018). Aminoácido. Revista de Ciência Elementar. https://doi.org/10.24927/rce2015.176