El síndrome de la niña buena

El síndrome de la niña buena es más frecuente de lo que se cree. Te enseñamos qué es y cómo revertirlo a continuación.
El síndrome de la niña buena
Laura Ruiz Mitjana

Revisado y aprobado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana.

Última actualización: 06 junio, 2022

Es un secreto a voces que nuestro pensamiento y comportamiento está mediado por variables sociales. La educación, el estrato económico, la religión y la cultura del país en el que crecemos, entre otras cosas, definen en buena medida quiénes somos. En ocasiones la influencia puede traducirse en complejos, como lo es el síndrome de la niña buena.

El síndrome de la niña buena, también conocido como el complejo de la niña buena, es un término informal para aludir a una serie de patrones de comportamiento en las mujeres. A veces se le denomina como síndrome de Wendy, aunque en este último caso es en las madres. Hoy te enseñamos sus características y qué se puede hacer para dejarlo atrás.

¿Qué es el síndrome de la niña buena?

El síndrome de la niña buena alude a una serie de esquemas, patrones y paradigmas de pensamiento y comportamiento que se asimilan en algunas mujeres en la infancia. En principio, lo hacen a través de la educación de sus padres, de la religión, por medio de su educación formal y la cultura de la sociedad en la que crecen. Los esquemas giran en torno a la sumisión y el miedo a decepcionar a los demás.

El síndrome o el complejo se relaciona con los valores atributivos del género en la sociedad. Esto es, que las mujeres deben ser femeninas, maternales, decorosas, amables, bondadosas y tener otros valores similares. Todos estos valores no son negativos per se, el problema es cuando se llevan a un extremo que condicionan por completo lo que dice, hace y piensa una persona (en este caso una mujer).

Aunque el síndrome no está reconocido en los manuales de diagnóstico de psiquiatría y no todos los profesionales lo usan, lo cierto es que ha cobrado interés las últimas décadas.

Libros como El síndrome de la niña buena: cómo las mujeres están programadas para fracasar en un mundo de hombres y cómo detenerlo (1985) o El síndrome de la chica buena, deja de ser manipulada y abusada y comienza a defenderte (2010) son dos ejemplos que han tenido repercusión.

Los patrones que se asimilan calan tan hondo que no se cuestionan por parte de las mujeres. Se recriminan a sí mismas y a los demás cuando el comportamiento o el pensamiento no se ajustan a ellos, de manera que alteran casi todos los aspectos de vida. Las relaciones de amistad, de trabajo y las familiares son solo las áreas en las que se perciben con mayor talante.

Síntomas del síndrome de la niña buena

El el síndrome de la niña buena provoca muchas sensaciones
No es infrecuente que las niñas afectadas por el síndrome de la niña buena generen conductas nocivas contra sí mismas.

Es muy probable que muchas de nuestras lectoras padezcan el síndrome de la niña buena sin saberlo. De igual modo, es probable que hayan desarrollado el síndrome de Wendy, su variante aplicable solo en la adultez. Veamos un ejemplo del primer caso antes de reseñar algunos ejemplos del segundo:

  • Alto nivel de exigencia consigo mismas. Esto ocurre en todos los sentidos: a nivel profesional, personal, físico, maternal y demás. En principio, se debe a que se busca la perfección y la aceptación.
  • Asumir las responsabilidades de los demás.
  • Desarrollar hábitos para evitar que los demás se molesten con ellas.
  • La relaciones, en especial las relaciones de pareja, se conciben como un sacrificio (muchas veces unidireccional).
  • Represión de los sentimientos y las emociones.
  • Piden constantemente perdón por las cosas que no han hecho bien (incluso por las cosas que no requieren en esencia una disculpa).
  • Exceso de bondad, de carisma y de amabilidad.
  • Dependencia de las opiniones de los demás con respecto a la autoconcepción de sí mismas.
  • Infravaloración de las propias capacidades y fortalezas.
  • Priman el cuidado y la atención de los demás por encima del que se dan a sí mismas.

Todo lo anterior se traduce en muchos patrones de comportamiento, como es de esperar. Por ejemplo, reprimen necesidades y opiniones por miedo a contradecir a los demás, reducen el contacto visual, evitan asumir el liderazgo de proyectos, no practican la discrepancia, practican un apego patológico con amigos y parejas y asumen un actitud sumisa ante los demás.

Estos síntomas se manifiestan también en el síndrome de Wendy, solo que enfocados casi exclusivamente a la pareja y los hijos. Asumen que su papel es imprescindible, de modo que sirven como sostén en todos y cada uno de los contextos de la vida familiar. Está mediado por factores culturales y educativos, pero el miedo a no ser aceptado y el miedo al abandono condicionan en gran medida su consolidación.

¿Qué se puede hacer para abandonar estos patrones?

El el síndrome de la niña buena puede originar secuelas
Si no se reconoce y trata a tiempo el síndrome de la niña buena, pueden producirse secuelas que permanezcan en la etapa de la adultez.

Como es de esperar, el síndrome de la niña buena repercute negativamente en muchos sentidos. Al margen de los factores fisiológicos y hormonales, los expertos han encontrado que la responsabilidad atribuida a su género explica por qué las mujeres son más propensas a sufrir de ansiedad. Esta predisposición también se encuentra en el estrés y la depresión.

De igual manera, las mujeres con este síndrome también desarrollan un permanente sentimiento de culpa. Incluso cuando cuidan meticulosamente lo que dicen y lo que hacen, el sentimiento de culpa siempre está ahí. De manera general, este complejo se traduce en un autoengaño. Quien lo padece vive una falsa vida, una que de ninguna manera refleja sus deseos, ilusiones y necesidades.

La mejor forma de hacer frente a todos estos patrones es por medio de la terapia psicológica. La razón de esto es que algunos paradigmas están tan internalizados que la mayoría de las veces no se reflexiona sobre ellos. De igual manera, se ha aprendido a lidiar con las consecuencias durante tanto tiempo que se ha perdido el horizonte de cómo estas afectan directamente las aspiraciones y la personalidad.

Advertimos desde ya que no es fácil dejar en el pasado ciertos patrones que han acompañado a una personas durante diez, veinte, treinta o cuarenta años. La desarticulación es un proceso lento, uno que además sitúa cara a cara al paciente con sus fantasmas. Aunque la proporción es menor, el síndrome de la niña buena también se puede presentar en hombres.

Finalizamos advirtiendo sobre la importancia de educar en igualdad. El ser amable, bondadoso, responsable y asertivo no es exclusivo de las mujeres. Casi siempre los paradigmas se asimilan en la infancia, de manera que la educación en esta etapa es imprescindible para evitar que ciertos complejos se desarrollen hasta la edad adulta.

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  • Cameron, O. G., & Hill, E. M. Women and anxiety. Psychiatric Clinics of North America. 1989.