Trastornos disociativos: síntomas y características

Bernardo Peña · 22 noviembre, 2019
¿Cómo de perturbador puede ser no recordar aspectos esenciales de tu pasado o que tu cuerpo, pensamiento o identidad te resulten extrañas? Más información en este artículo

La característica esencial de los trastornos disociativos consiste en una alteración de las funciones integradoras de la conciencia, la identidad, la memoria y la percepción del entorno. En lugar de reaccionar al estrés con un trastorno físico, se reacciona con una disociación psicológica. Esta alteración puede ser repentina o gradual, transitoria o crónica.

También hay síntomas disociativos en los criterios establecidos para el trastorno por estrés agudo, el trastorno por estrés postraumático y el trastorno de somatización. No obstante, cuando los síntomas disociativos se presentan exclusivamente en alguno de estos tres trastornos, no es necesario establecer el diagnóstico de trastorno disociativo adicional.

Tipos de trastornos disociativos

Los trastornos disociativos son más bien raros, pero las experiencias disociativas son más comunes. Algunos ejemplos son alteraciones transitorias en la conciencia, memoria, identidad, despersonalización y desrrealización, etc.

Estas tendencias se relacionan con algunas dimensiones de personalidad como la hipnotizabilidad o sugestionabilidad. También, la capacidad para quedarse absorto en algo, la propensión a la fantasía y algunas facetas de la apertura a la experiencia (arte, estética, sentimientos, fantasía, etc.).

Estas variables disposicionales podrían constituir una diátesis o vulnerabilidad para los trastornos disociativos. La fantasía, los sueños diurnos, la imaginación, son una parte integral del funcionamiento psicológico. Regulan el humor, organizan la experiencia, facilitan el aprendizaje, etc. Pero demasiada fantasía parece que es algo negativo.

Es más probable encontrar algún desajuste psicológico entre las personas que fantasean mucho. Como factores predisponentes para estos trastornos se suele citar la existencia de traumas infantiles. Sobre todo, aquellos relacionados con maltrato físico y abuso sexual.

Los tipos de trastornos disociativos son los siguientes:

Amnesia disociativa

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La amnesia disociativa es uno de los más frecuentes trastornos disociativos. De esta manera, su característica esencial consiste en una incapacidad para recordar información personal importante, generalmente de naturaleza traumática o estresante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.

La amnesia disociativa consiste, la mayor parte de las veces, en uno o más episodios de imposibilidad para recordar acontecimientos de la vida del individuo. Estos episodios suelen aparecer tras acontecimientos traumáticos o situaciones muy estresantes.

Algunas personas presentan este tipo de amnesia en episodios de automutilación, de explosión de violencia o de intentos de suicidio. La amnesia disociativa puede presentarse, aunque no muy a menudo, de manera repentina. Es más probable que esta forma aguda de amnesia tenga lugar durante un acontecimiento bélico o después de una catástrofe natural.

Algunos individuos que padecen amnesia disociativa presentan síntomas depresivos, despersonalización, estados de trance, analgesia y regresión. Cuando se les pide que sumen 2 y 2 responden 5. Es decir, las respuestas que dan suelen ser aproximadas e inexactas.

Las personas con este trastorno son fácilmente hipnotizables, como se demuestra con los tests apropiados. Frecuentemente, estas alteraciones de la memoria, desaparecen al someter al sujeto a hipnosis o administrar amital sódico (el llamado suero de la verdad), hecho que ha estimulado las interpretaciones de tipo psicoanalítico.

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Fuga disociativa

La característica esencial de la fuga disociativa consiste en viajes repentinos e inesperados lejos del hogar o del puesto de trabajo, con incapacidad para recordar alguna parte o la totalidad del pasado del individuo. Todo esto se acompaña de confusión sobre la identidad personal e incluso de la asunción de una nueva identidad.

Los viajes pueden durar muy poco tiempo, como horas o días. O, por el contrario, consistir en largos períodos de vagabundeo sin rumbo, como semanas o meses. En algunos casos, los sujetos llegan a recorrer muchos países y viajar miles de kilómetros. Durante las fugas, parece que los enfermos no presentan tipo alguno de psicopatología y por esto no llaman la atención.

Algunas veces, son llevados al médico porque presentan amnesia para acontecimientos recientes o porque son incapaces de recordar su identidad. Después de la recuperación, puede existir amnesia para los acontecimientos que han tenido lugar durante las fugas.

La mayoría de las fugas no implican la asunción de una nueva identidad. Si esta se produce, normalmente se caracteriza por presentar rasgos más afiliativos y más desinhibidos que los que caracterizaban a la personalidad anterior.

En tales casos, el individuo puede darse a sí mismo un nuevo nombre, elegir una nueva residencia y dedicarse a actividades sociales complejas que estén bien integradas y que no sugieren la presencia de un trastorno mental.

Particularidades de la fuga disociativa

En este trastorno pueden aparecer depresión, disforia, duelo, vergüenza, sentimientos de culpa, estrés, conflictos e impulsos agresivos y suicidas. Tal y como ocurre en el síndrome de Ganser, el individuo contesta a las preguntas con respuestas aproximadas e inexactas; por ejemplo, 2 y 2 suman 5. La magnitud y la duración de la fuga pueden hacer que el individuo pierda su empleo o tenga problemas personales o familiares.

Las personas con este trastorno pueden sufrir además trastornos del estado de ánimo, trastorno por estrés post-traumático o trastornos por consumo de sustancias. Los individuos que presentan síndromes definidos culturalmente como ‘síndromes de huida», como la brujería del ‘frenesí’, pueden manifestar también síntomas que cumplan los criterios diagnósticos de fuga disociativa.

Trastornos por abuso y dependencia de sustancias

Se trata de alteraciones que consisten en una hiperactividad de inicio brusco, en estados parecidos al trance, en un comportamiento potencialmente peligroso (correr o huir), hasta un estado de agotamiento, sueño y amnesia del episodio (ver también Trastorno disociativo de trance).

El diagnóstico diferencial hay que hacerlo con algunos tipos de epilepsia que pueden producir deambulaciones. Como factores precipitantes, se suele encontrar un estado previo mantenido de depresión o estrés crónico al que se superpone un estresor agudo (discusión familiar, despido, etc.) que es el que «colma el vaso» y desencadena finalmente el trastorno.

Trastorno de identidad disociativo

La característica esencial de este trastorno es la existencia de dos o más identidades o estados de la personalidad que controlan el comportamiento del individuo de modo recurrente. Existe una incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada a partir del olvido ordinario.

Cada personalidad se vive como una historia personal, una imagen, una identidad e incluso un nombre distintos. Generalmente, hay una identidad primaria con el nombre del individuo, que es pasiva, dependiente, culpable y depresiva.

Las identidades alternantes poseen habitualmente diferentes nombres y rasgos que contrastan con la identidad primaria; por ejemplo, son hostiles, dominantes y autodestructivas. En circunstancias muy concretas, el individuo puede asumir determinadas identidades que pueden diferir en la edad, el sexo, el vocabulario, los conocimientos generales y el estado de ánimo.

Las identidades alternantes se presentan como si se controlaran secuencialmente, una a expensas de la otra, pudiendo negar el conocimiento entre ellas. Además, pueden ser críticas unas con otras e incluso entrar en conflicto abierto. Ocasionalmente, una o algunas de las identidades más poderosas pueden planificar el tiempo ocupado por las otras.

Pérdidas de memoria que no se explican por el olvido ordinario.

Los individuos con este trastorno presentan frecuentemente lapsos de memoria que afectan a su historia personal. De hecho, estos lapsos pueden ser de memoria remota o de memoria reciente. La amnesia es habitualmente asimétrica. Las identidades más pasivas tienden a mostrar recuerdos más limitados, mientras que las más hostiles, controladoras y ‘protectoras’ son capaces de recuerdos más completos.

Sin embargo, una identidad que no esté actuando puede llegar a la conciencia mediante alucinaciones visuales y auditivas; por ejemplo, una voz que da instrucciones. La amnesia del individuo puede constatarse por la explicación dada por sus familiares y amigos de los comportamientos observados o por los propios descubrimientos del individuo; por ejemplo, encontrar ropa que él no recuerda haber comprado.

Algunas curiosidades acerca del trastorno disociativo

A menudo, el estrés psicosocial produce la transición de una identidad a otra. El tiempo que se requiere para pasar de una identidad a otra es normalmente de unos segundos, pero algunas veces esta transición se realiza gradualmente.

El número de identidades que se ha podido registrar oscila entre 2 y más de 100. La mitad de los casos documentados hacen referencia a enfermos que presentan 10 o menos de 10 identidades. Las personas con trastorno de identidad disociativo, por lo general, refieren haber padecido abusos físicos y sexuales, sobre todo durante la infancia.

Sin embargo, la exactitud de estos actos es polémica, ya que los recuerdos de la niñez no son muy fiables. Además, los individuos con este trastorno tienden a ser hipnotizables y especialmente vulnerables a la sugestión. Por otro lado, las personas que han perpetrado los abusos físicos y sexuales tienden a negarlos o a dar una versión diferente.

Niños, maltrato infantil

Otros síntomas que acompañan al trastorno de identidad disociativo

Las personas con este trastorno pueden manifestar síntomas postraumáticos, como pesadillas, flashbacks o sobresaltos, o un verdadero trastorno por estrés postraumático. Asimismo, es posible que haya automutilación y comportamiento suicida y agresivo.

Algunos individuos presentan un patrón repetido de relaciones con abusos físicos y sexuales. Algunas identidades manifiestan síntomas de conversión, como seudoconvulsiones, o muestran capacidades poco habituales para soportar el dolor u otros síntomas físicos. De igual modo, pueden manifestar:

  • Síntomas de trastornos del estado de ánimo.
  • Trastornos relacionados con sustancias.
  • Ciertos tipos de trastornos sexuales.
  • Alteraciones del sueño.
  • Trastornos de la conducta alimentaria.

La automutilación, la impulsividad y los cambios repentinos y aparatosos en las relaciones de estas personas pueden justificar el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad. El trastorno se diagnostica de tres a nueve veces más frecuentemente en las mujeres que en los varones.

En la infancia, la proporción niña/niño es más o menos pareja, aunque la información que se posee al respecto es escasa. Las mujeres tienden a presentar más identidades que los varones (15 versus 8 de promedio).

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Trastorno de despersonalización

La característica esencial de este trastorno consiste en la presencia de episodios persistentes o recidivantes de despersonalización. Estos están caracterizados por la sensación de extrañeza o distanciamiento de uno mismo. El individuo se siente como si fuera un autómata o estuviera viviendo en un sueño o en una película.

Puede existir la sensación de ser un observador externo de los procesos mentales, del propio cuerpo o de una parte de él. Asimismo, hay diversos tipos de anestesia sensorial, ausencia de respuesta afectiva y sensación de pérdida de control de los propios actos, incluido el habla.

El enfermo con trastorno de despersonalización mantiene intacto el sentido de la realidad. Por ejemplo, es consciente de que se trata solo de una sensación y de que no es un autómata. La despersonalización es una experiencia común. Por lo tanto, su diagnóstico debe realizarse sólo cuando la sintomatología sea lo suficientemente grave como para provocar malestar o deterioro de la actividad normal de la persona.

Muy a menudo, los individuos con trastorno de despersonalización pueden tener dificultad para describir sus síntomas y miedo de que estas experiencias o sensaciones signifiquen que está ‘loco’. En este trastorno puede haber también sensaciones de desrrealización, que son vividas por el sujeto como si el mundo exterior fuera extraño o irreal.

Rasgos distintivos del trastorno de despersonalización

El individuo puede percibir una alteración extraña de la forma y el tamaño de los objetos. Además, la gente puede parecerle no familiar o inanimada. Otros rasgos asociados con frecuencia son los síntomas de ansiedad y depresión. Además, pensamientos obsesivos, preocupaciones somáticas y la alteración de la sensación subjetiva del paso del tiempo.

En algunos casos, la pérdida de sentimientos característica de la despersonalización puede hacer pensar en un trastorno depresivo mayor. En otros casos, puede coexistir con él. Asimismo, la hipocondría y los trastornos relacionados con sustancias pueden coexistir con el trastorno de despersonalización.

En las crisis de angustia se observan muy a menudo despersonalización y desrrealización. Sin embargo, no debe hacerse el diagnóstico de trastorno de despersonalización por separado cuando la despersonalización y la desrrealización aparecen exclusivamente en el transcurso de las crisis.

La despersonalización y desrrealización inducidas de forma voluntaria forman parte de las prácticas de meditación y de trance existentes en muchas religiones y culturas, y no deben confundirse con el trastorno de despersonalización. En los manuales diagnósticos, la desrrealización es conceptualizada como un síntoma asociado a la despersonalización.

trastorno personalidad bipolar

Trastornos disociativos no especificados

Se incluye esta categoría para los trastornos en los que la característica predominante es un síntoma disociativo. Por ejemplo, alteración de las funciones normalmente integradas de la conciencia, memoria, identidad o de la percepción del entorno. No cumplen criterios para trastornos disociativos específicos. Los posibles ejemplos incluyen:

  • Cuadros clínicos similares al trastorno de identidad disociativo que no cumplen todos los criterios para este trastorno. Los ejemplos incluyen los cuadros en los que:
    • No aparecen dos o más estados de identidad distintos.
    • No existe amnesia de alguna información personal importante.
  • Presencia, en adultos, de desrrealización no acompañada de despersonalización.
  • Estados disociativos que pueden presentarse en individuos que han estado sometidos a periodos de prolongada e intensa persusasión coercitiva. Por ejemplo, lavados de cerebro, modificación del pensamiento o adoctrinamiento en sujetos cautivos o en sectas.
  • Trastorno disociativo de trance: alteraciones únicas o episódicas de la conciencia, identidad o memoria propias de ciertos lugares y culturas concretas. Los trances disociativos consisten en una alteración de la conciencia con respuesta disminuida al entorno, o en comportamientos o movimientos estereotipados que se encuentran fuera del control de la persona.
  • El trance de posesión consiste en la sustitución de la identidad personal por otra. Es atribuida a la influencia de un espíritu, poder, deidad u otra persona. Además, se encuentra asociado a movimientos estereotipados de tipo involuntario o a amnesia -ataque de nervios en América Latina, posesión en India, etc.-. Este trastorno forma parte de prácticas religiosas o culturales ampliamente aceptadas en la población.
  • Pérdida de conciencia, estupor o coma, no atribuibles a una enfermedad médica.
  • Pérdida de Ganser: en este trastorno el individuo da respuestas aproximadas a las preguntas, por ejemplo, 2 y 2 suman 5. No hay asociación con amnesia disociativa o fuga disociativa.

Conclusiones acerca de los trastornos disociativos

En conclusión, los trastornos disociativos representan para el individuo una separación psicológica y emocional de los procesos mentales o de la propia identidad. Por lo tanto, se tratan de trastornos psicológicos especialmente graves y perturbadores para quien los padece. Sobre todo, por la falta de control o la percepción de estar perdiendo el juicio.

Sin embargo, hoy en día, se sabe cada vez más acerca de la etiología de los trastornos disociativos, así como de su tratamiento. La terapia psicológica, unida a los psicofármacos, suelen mejorar notablemente la calidad de vida de estas personas.

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