¿Qué es la reserva cognitiva?

La reserva cognitiva puede predecir la receptividad al daño, las lesiones y las enfermedades mentales. Hoy te indicamos todo lo que deberías saber sobre ella.
¿Qué es la reserva cognitiva?

Última actualización: 17 enero, 2022

La reserva cognitiva es un término reciente que ha tenido un gran eco en la neurología. Hace referencia a las diferencias individuales de los procesos cognitivos que generan una mayor o menor resistencia frente al daño y el deterioro. Además, estas diferencias mediarían en el desempeño de algunas tareas, en la resolución de problemas y en la toma de decisiones.

Aunque es un término que no está exento de polémicas, durante las últimas dos décadas miles de investigadores han dado cuenta de su validez. Los avances en nuestra compresión del daño cerebral, la enfermedad de Alzheimer y diferentes trastornos mentales apuntan a una validez del concepto. En las líneas siguientes te explicamos sus características y trascendencia.

Características de la reserva cognitiva

La reserva cognitiva podría ser de importancia en la neurología
La clave para entender por qué algunas personas con enfermedades neurodegenerativas manifiestan síntomas antes que otras podría estar en la reserva cognitiva.

Tal y como nos recuerda Harvard Health Publishing, el concepto de reserva cognitiva se originó a finales de la década de los ochenta en el contexto de las investigaciones sobre la demencia. Los científicos encontraron que algunos pacientes sin signos manifiestos de la enfermedad de Alzheimer presentaban cambios cerebrales compatibles con el trastorno durante la autopsia.

Desde entonces comenzaron a surgir hipótesis que intentaban dar cuenta de por qué algunos sujetos parecían tener una mayor resistencia al daño cerebral y al deterioro natural por la edad. La reserva cognitiva se empezó a consolidar como la hipótesis más sólida, una que sobrevive hasta nuestros días. Alude a diferencias individuales subyacentes en las redes neuronales y procesos cognitivos que median en su desgaste.

Los investigadores suelen distinguir dos tipos de reserva cognitiva: pasiva y activa. La reserva pasiva, conocida también como reserva cerebral, se deriva del recuento neuronal y el tamaño del cerebro. Los cerebros más grandes, o en todo caso los recuentos neuronales mayores, pueden soportar mejor el daño cognitivo, las lesiones y el deterioro natural producto de la edad.

Por el contrario, la reserva cognitiva activa, conocida a veces solo como reserva cognitiva, hace referencia a los cambios que el cerebro induce activamente para reforzar procesos cognitivos preexistentes o para compensar alguna deficiencia. De acuerdo con los expertos esto pasaría, entre otras cosas, por reclutar redes neuronales alternativas o en la utilización más eficiente de las redes cerebrales ya conformadas.

La reserva activa es más potente que la reserva pasiva. En efecto, un paciente que tenga una mayor reserva cerebral pasiva que otro no siempre mostrará un menor deterioro por afecciones cognitivas. Es su capacidad de reserva activa lo que en la práctica determina la capacidad de respuesta frente a estos episodios. A pesar de ello, y lejos de repelerse, los conceptos funcionan como un conjunto.

¿Se puede medir la reserva cognitiva?

Cuando pensamos en la palabra reserva lo hacemos en un contexto de provisiones que apartamos para usar en otro momento. Provisiones que podemos cuantificar, ya sea de manera muy precisa o al menos de forma aproximada. Teniendo esto en cuenta, ¿podemos medir o cuantificar de alguna manera la reserva cognitiva? Aunque parezca increíble, sí podemos hacer algo similar.

Para la reserva cerebral podemos usar criterios como el volumen cerebral, el conteo sináptico, la ramificación dendrítica y la circunferencia de la cabeza. La suma de todos estos valores pueden dar una medida bastante cercana de cuál es la capacidad de la reserva cerebral (es decir, de la reserva pasiva). En el caso de la reserva cognitiva (la reserva activa) se usan medidas indirectas o subjetivas.

Por ejemplo, existe evidencia de que el nivel de alfabetización se relaciona de forma positiva con la reserva activa. La experiencia educativa, que a su vez se traduce en una capacidad intelectual, también es un buen predictor de acuerdo con los investigadores. Otros expertos señalan que el contexto laboral a largo plazo tiene un impacto directo en dicha reserva.

Téngase en cuenta que los valores activos varían a lo largo de la vida. Los pasivos también lo hacen, por supuesto, pero dado que los activos tienen un mayor protagonismo son los de mayor interés (además de que son modificables, algo que no sucede con los anteriores). Puedes tener una reserva cognitiva alta a determinada edad y luego tener una media o baja una o dos décadas después.

¿Cómo potenciar la reserva cognitiva?

La reserva cognitiva puede optimizarse
Los hábitos de vida saludables podrían ayudar a mejorar la reserva cognitiva en algunas personas. Estos deben mantenerse de forma duradera para obtener resultados a largo plazo.

Existe evidencia de que la creatividad tiene una fuerte relación con la reserva cognitiva. También sabemos que las actividades de ocio de naturaleza intelectual y social derivan en un aumento de sus niveles. Con esto en mente te dejamos con algunas ideas sobre cómo incrementar la reserva cognitiva:

  • Asumir la lectura como parte del estilo de vida.
  • Incursionar en todo tipo de expresiones artísticas (pintura, escultura, música y demás).
  • Practicar deportes de forma regular.
  • Participar en actividades sociales (de cualquier tipo: deportivas, lúdicas, de debate y demás).
  • Mantener una dieta saludable.
  • Reducir la ingesta de tabaco, alcohol y drogas recreativas.
  • Respetar las horas de sueño (al menos ocho horas al día sin interrupción).
  • Participar en actividades creativas de manera constante.
  • Asumir una actitud investigativa que te lleve a incursionar en el saber.
  • Evitar los trabajos que sean muy rutinarios (o hacer lo posible por modificar estos un poco).
  • No aislarse de los demás. Ampliar el círculo de amigos es beneficioso en este sentido.
  • Aprender un nuevo idioma.
  • Completar crucigramas, jugar sudoku y otros retos que estimulen tu mente.
  • Relacionarse con personas que estén interesadas en desarrollar estos hábitos para incluirlos de forma permanente en tu día a día.

Un concepto complejo y todavía no muy bien conocido

Aunque apuntamos que la reserva cognitiva varía a lo largo de la edad, lo cierto es que los efectos son mejores cuando se empiezan a fomentar todos estos hábitos desde la infancia. Así se convierten en parte de la vida, y los beneficios a nivel de redes neuronales se consolidan aún más.

Toda persona debería incluir estas prácticas como parte de la agenda de su vida. Quienes tienen un mayor riesgo de desarrollar patologías mentales, los que no, los adultos mayores, los niños, las personas con enfermedades subyacentes y también las personas sanas. En general, tener un estilo de vida saludable y un interés por actividades nuevas es suficiente para potenciar la reserva cognitiva.

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