Diferencias entre ego y autoestima

Las diferencias entre ego y autoestima son múltiples y de conocimiento necesario. No hay que confundir quererse a uno mismo con pisar a los demás para poder establecer un valor propio.
Diferencias entre ego y autoestima
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 21 octubre, 2021.

Última actualización: 21 octubre, 2021

Tener confianza en las capacidades propias es esencial para destacar en diversos ámbitos, ya sean laborales, sociales o familiares. De todas formas, es necesario conocer las diferencias entre el ego y la autoestima, ya que uno de estos conceptos conlleva acciones y patrones de pensamiento menos saludables que el otro.

Tener la autoestima alta es más que deseable, pero hacer ver a todo el mundo lo mucho que te quieres o lo que deseas la aprobación externa (de forma indirecta o indirecta) puede volverse algo bastante problemático. Sigue leyendo, pues en las siguientes líneas diseccionamos los distintos patrones que conllevan al amor propio en humanos.

El ello, el yo y el superyó

Antes de explorar las diferencias entre ego y autoestima, vemos de interés asentar los conceptos del ello, el yo y el superyó. Estos 3 términos son pilares esenciales para comprender de la teoría del psicoanálisis de Sigmund Freud, la cual intenta explicar las particularidades del componente psíquico humano.

El ello, el yo y el superyó son constructos teóricos que describen las interacciones y la vida mental de una persona. A su vez, asientan las bases del aparato psíquico, la mente humana concebida como un sistema preconsciente, consciente e inconsciente. Veamos qué significa cada uno de ellos.

Ello

El ello (traducido como ‘identification’ en inglés y abreviado como id) es el componente primitivo e instintivo de la personalidad y está presente al momento de nacer. Tal y como indica la organización Simply Psychology, el ello está compuesto por todo aquello que heredamos como seres primales, entre lo que destaca:

  1. El instinto vital (el sexo): al final, hasta cierto punto el instinto de los seres vivos es transmitir sus genes de una forma u otra, es decir, reproducirse. Este concepto se relaciona con la líbido y con Eros, la pulsión de vida.
  2. El instinto de muerte (la agresión): está relacionado con el término tanatos, es decir, la pulsión de muerte. Representa un deseo de abandonar la lucha de la vida y volver a la quiescencia y la tumba.

Para Sigmund Freud, el ello constituye el núcleo de nuestro ser. Responde de forma directa e inmediata a nuestros requerimientos más básicos, ya sean pasiones o necesidades fisiológicas. Según este profesional, un bebé es todo ello o id y el resto de componentes se desarrollan más tarde.

El ello es innato e invariable, pues no está en contacto con el mundo exterior ni se desarrolla con base en la experiencia. 

Yo o ego

Las diferencias entre ego y autoestima son múltiples
Para muchos, el “yo” o “ego” refleja una de las partes más visibles y auténticas de nuestra esencia como seres humanos.

Este es el término que más nos interesa, pues el yo se traduce directamente a ‘ego’ en inglés. Desde un punto de vista plenamente psicoanalítico, este concepto representa el punto de conexión entre el ello y el superyó. Dicho de otro modo, intenta conciliar los requerimientos del ello de una forma realista que, a largo plazo, brinde más beneficios que perjuicios al individuo.

El yo o el ego es la parte organizada de la estructura de la personalidad que incluye funciones defensivas, perceptivas, intelectuales-cognitivas y ejecutivas. La percepción consciente reside en este término, pero cabe destacar que no todas las operaciones del ego son conscientes.

Tal y como indican fuentes profesionales, el ego es el conjunto de funciones psíquicas como juicio, tolerancia, prueba de la realidad, control, planificación, defensa, síntesis de información, funcionamiento intelectual y memoria. Nos ayuda a separar la realidad física de lo interno y a ordenar de forma lógica aquello que nos rodea en el día a día.

Este concepto desde un punto de vista psicoanalítico es extremadamente complejo, pero se puede resumir en una sola idea. El ego es la parte que media entre el ello o id, irreal y primal, y el mundo que nos rodea. Idealmente este mecanismo debería trabajar con base en el raciocinio, mientras que el id es caótico y completamente irracional.

El ego o yo es la parte del ello que ha sido modificada por las influencias directas del mundo exterior. Como tal, se adquiere con el tiempo.

Superyó

El superyó o superego representa la internalización de las reglas culturales en el individuo, generalmente enseñadas por los padres. Este concepto se relaciona con la perfección a nivel social, es decir, los ideales de ego o lo que queremos llegar a ser en algún momento. A su vez, es el agente psíquico que juzga los impulsos, las fantasías, los sentimientos y las acciones personales.

El sentido más claro del superyó o superego es controlar los impulsos del ello o id, especialmente aquellos condenados a nivel social (la agresión y el sexo desenfrenado). Además, busca “persuadir” al ego para alcanzar metas más morales que primales y así alcanzar la perfección del ser.

El superyó tampoco está presente al momento del nacimiento.

Diferencias entre ego y autoestima

¿Qué te ha parecido este recorrido por la teoría del psicoanálisis? Si bien aquí hemos descrito de forma somera qué es el ego y cómo media entre lo primitivo y “perfeccionista”, su utilidad en el mundo práctico es bastante escasa. Ponemos los pies en la tierra y en la siguiente lista te mostramos las diferencias más importantes entre ego y autoestima.

1. Son conceptos diferentes

Como hemos visto en líneas previas, el ego es la parte parcialmente consciente de la personalidad humana que controla la motilidad y media entre los instintos (el ello o id), los ideales (superego o superyó) y la realidad del mundo exterior. De todas formas, el Diccionario de Oxford también lo define como ‘la valoración excesiva de uno mismo’.

Estos conceptos no son mutuamente excluyentes, sino que el primero representa la teoría y el segundo la práctica (hasta cierto punto). El concepto filosófico y el lingüístico de ego difieren en bastantes frentes, pero se puede asumir que “tener el ego alto” es, a grandes rasgos, mostrar una autoimagen ideal y percibida que va más allá de la realidad.

La autoestima tiene una acepción bastante diferente. Según la Fundación de Imagen y Autoestima, este término hace referencia a la percepción subjetiva del valor del propio individuo. Se trata de un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamientos que utilizamos para evaluarnos a nosotros mismos, ya sea física o psicológicamente.

Por ello, una de las diferencias principales entre ego y autoestima radica en la definición de ambos términos. El ego es el mediador entre el ello y el superyó o una percepción elevada de uno mismo, mientras que la autoestima es el conjunto de procesos que nos llevan a crear una imagen concreta de nosotros mismos. 

A la hora de comparar ambos términos, vemos de interés enfrentar al ególatra y a la persona con la autoestima alta. El ególatra ejerce culto, veneración o adoración exagerados a sí mismo, mientras que quien tiene una autoestima alta mantiene una autopercepción positiva basada en hechos, conductas y acciones. Ambos entes personifican los conceptos abstractos que aquí nos atañen.

La autoestima es la valoración que realizamos sobre nosotros mismos, mientras que el ego es una autopercepción inflada.

2. La autoestima trabaja y coopera, mientras que el ego es egoísta

Recuperamos nuevamente la teoría del psicoanálisis para recordar que el ego o yo intenta conciliar los requerimientos primales del ello de una forma realista que, a largo plazo, brinde más beneficios que perjuicios al individuo. Este concepto es eminentemente egoísta por naturaleza, pues busca la satisfacción del individuo (aunque sea sin dejarse llevar por lo primal).

La autoestima podría concebirse como una evolución de la consciencia, tal y como indica el psicoterapeuta Nathaniel Branden. Un grado adecuado correcto de autoestima otorga la serenidad necesaria para alcanzar la felicidad gracias a la cooperación y el trabajo, no mediante la competición o la única intención de salirse con la suya en todo momento.

En un mundo ideal, una persona con la autoestima alta debe ser capaz de reconocer sus errores y ponerse en el lugar del otro, algo característico de la inteligencia emocional. Por ello, se puede resumir este punto en que el ego compite para lograr satisfacer las necesidades del individuo, mientras que la autoestima alta coopera para alcanzar un bienestar mayor.

3. Ambos conceptos son subjetivos, pero el ego siempre está equivocado

Hablar de objetividad y subjetividad es extremadamente complejo en el mundo de la psicología, pero siempre es posible encontrar puntos comunes a los que anclarse. Por ejemplo, todos asociamos el ego “por las nubes” a una percepción muy distanciada de la realidad. Un ególatra te dirá 1000 veces “mira lo que sé hacer”, cuando en realidad ni él tiene claras sus capacidades.

Tal y como indica el portal White Dove Circle, el ego se fundamenta en “tratar de alcanzar una meta mostrando seguridad constante, pero sin saber si realmente la persona es capaz de lograrlo”. Una buena autoestima es todo lo contrario, pues el individuo sabe que puede hacer algo por seguridad trabajada, conocimiento previo y voluntad.

El ego alto es subjetivo y fallido, mientras que la autoestima elevada se basa en hechos tangibles (éxito previo, manejo emocional adecuado, buena resolución de problemas) para asegurar que, efectivamente, una persona es capaz de alcanzar una meta concreta. Esto no significa que siempre vaya a conseguirlo, sino que sus capacidades están dentro de ella.

El ególatra se fundamenta en humo, mientras que la persona con la autoestima alta demuestra con hechos.

4. Las personas con la autoestima alta no necesitan aprobación constante

Esta es una de las diferencias más claras entre ego y autoestima y, además, se relaciona bastante con el punto anterior. Una persona con el ego alto o ególatra busca aprobación constante, pues tiene que cerciorarse de que el resto le perciben como realmente cree que es. De lo contrario, el individuo se sentirá disgustado y culpará al entorno de no saber apreciar su excelencia. 

Por otro lado, una persona con la autoestima alta no necesita valoración constante. Todos los seres humanos requerimos apoyo y cariño, pero en este caso no hay que recordar al individuo lo muchísimo que vale cada día de su vida. Él lo sabe y recibirá con gusto todo cumplido, aunque no lo necesita para saber de qué es capaz.

5. La autoestima no es comparativa

Las diferencias entre ego y autoestima incluyen el saber cuál es algo positivo
El término autoestima se ha hecho muy popular en las últimas décadas, precisamente por los beneficios que puede traer su fortalecimiento para la estabilidad emocional.

Otra de las diferencias entre ego y autoestima radica en que la persona ególatra siempre va a compararse con el resto y acabará ganando en su propia mente. La sobrevaloración solo es posible tras la comparación, así que el ego crecido solo puede concebirse como producto de la interacción con el entorno. Tal y como puedes ver, esto nos recuerda a las ideas de la teoría del psicoanálisis ya citada.

Por otro lado, una persona con una buena autoestima no necesita decir que los demás son menos para concebirse como alguien de valor. Los actos hablan por sí solos y dicen más que toda palabra. Además, el propio individuo es capaz de reconocer su valor (algo que va ligado a la inteligencia emocional) y sus logros no dependen de los fracasos ajenos.

La creencia de estar ascendido surge de la comparativa con el resto y, por ende, de la interacción con el entorno. No se trata de un rasgo intrínseco.

Diferencias entre ego y autoestima: sanidad emocional y competitividad subyacente

Las diferencias entre ego y autoestima son múltiples, pero no debes perder de vista que ambos conceptos son muy subjetivos y difíciles de circunscribir en una definición. Por ejemplo, todos tenemos un ego (y un ello y superyó, según Freud), pero eso no significa que todos seamos personas ególatras. Solo las que tienen una percepción de excelencia disociada podrían considerarse como tales.

Si queremos que te quedes con una idea de todo este conglomerado psicológico, es la siguiente: el ego alto no es bueno, pero la autoestima elevada sí. Esta última representa una realidad objetiva, y es que todos podemos percibirnos como personas excelentes siempre que nuestros actos y pensamientos lo avalen. Dicho de otro modo: toda buena persona (aunque fallida) tiene derecho a amarse.

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