Los 9 tipos de parásitos y sus características

El parasitismo es esencial para comprender la evolución y nuestra sociedad desde un punto de vista biológico. Te mostramos cuáles son los 9 tipos de parásitos.
Los 9 tipos de parásitos y sus características
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 13 noviembre, 2021.

Última actualización: 13 noviembre, 2021

La relación entre los animales y los agentes que les provocan enfermedades se basa en una auténtica carrera armamentística. Los hospedadores (en general evolutivamente complejos) desarrollan un sistema inmunitario fuerte y cambios comportamentales para evitar a los parásitos, mientras que estos últimos mejoran su forma de explotar los puntos débiles de su contraparte.

Esta carrera armamentística ha fomentado la evolución de los seres vivos a lo largo de los siglos, incluido el humano. De todas maneras, a día de hoy ya no solo tenemos que confiar en las barreras biológicas de la especie Homo sapiens, sino que contamos con fármacos y otros muchos elementos para hacer frente a enfermedades. Aquí te contamos los 9 tipos de parásitos que existen y sus rasgos.

¿Qué es el parasitismo?

El Diccionario de Oxford define al parásito como ‘un organismo que se alimenta de las sustancias que elabora un ser vivo de distinta especie, viviendo en su interior o sobre su superficie, con lo que suele causarle algún daño o enfermedad’. Por ende, el parasitismo será el tipo de relación que se establece entre el agente parasítico y su hospedador.

El parasitismo es una relación de tipo consumidor-recurso, tal y como lo es la depredación. De todas maneras, en este caso un ser más fuerte subyuga a su presa y acaba con su vida. En las relaciones parasíticas, el parásito es mucho más pequeño que el ser vivo del que se aprovecha (hospedador) y, además, trata de mantenerlo vivo durante el mayor tiempo posible.

Este drenaje constante de recursos orgánicos por parte del parásito reduce el fitness del hospedador. Esto quiere decir que tendrá menos movilidad, resistencia, capacidad de confrontación y más susceptibilidad de padecer enfermedades asociadas. Los ejemplares parasitados de casi cualquier especie tienen menos probabilidades de sobrevivir que el resto de conespecíficos.

Algunos parásitos modifican la capacidad reproductiva o el comportamiento del hospedador. Su fin último es aprovecharse lo máximo posible de él y dar lugar a su propia descendencia.

Los 6 tipos de parásitos (desde un punto de vista terminológico)

Ahora que ya sabes qué es el parasitismo a grandes rasgos, podemos explorar qué tipos de parásitos existen desde un punto de vista teórico. Los ejemplos vendrán más tarde, pero hay que sentar ciertas bases. Aun así, tomaremos un enfoque antropológico general.

1. Según su dependencia del hospedador

Los tipos de parásitos se clasifican según su dependencia del hospedador
Los parásitos se clasifican de forma diferente dependiendo de los seres vivos o ambientes en los que puede ocurrir su ciclo vital. Estos pueden incluir animales, humanos e inclusive la tierra.

No todos los parásitos requieren a un hospedador para llevar a cabo su ciclo vital. Por ello, la dependencia con respecto a él representa un criterio clasificatorio por sí sola.

1.1 Parásito obligado

Tal y como indican portales profesionales, los parásitos obligados son aquellos que dependen completamente del hospedador para crecer, desarrollarse, reproducirse, nutrirse y sobrevivir. Sin una especie evolutivamente más compleja a la que explotar, estos agentes biológicos terminarían muriendo antes o después.

Los virus son el ejemplo más claro dentro del grupo de parásitos obligados en humanos, aunque muchas veces no se conciben como tales porque ni siquiera “están vivos” (no tienen una sola célula). Como estos patógenos carecen de las herramientas necesarias para replicar su propio genoma y sintetizar proteínas, deben secuestrar los mecanismos de otras células complejas y usarlos a su favor.

Los virus, los piojos de la cabeza o las tenias son parásitos obligados del ser humano y de otras especies.

1.2 Parásito facultativo

Un parásito facultativo es aquel que puede llegar a parasitar a otro ser vivo en algún momento de su desarrollo, pero que no lo necesita. Este tipo de relación es muy común en el mundo vegetal, ya que muchas especies de hongos parasitan el tallo de los árboles vivos si tienen la oportunidad, aunque también son capaces de consumir madera muerta presente en los suelos.

El ejemplo más claro de un parásito facultativo del ser humano es Naegleria fowleri, también conocido como la “ameba comecerebros”. Este patógeno del grupo Excavata vive en las aguas dulces y se alimenta de bacterias, pero también puede instaurarse en el cerebro del ser humano. Esto provoca una infección y muerte del tejido nervioso que se conoce como meningoencefalitis amebiana primaria.

La inmensa mayoría de los casos de meningoencefalitis amebiana terminan con la muerte del hospedador. 

2. Según su localización

Las características fisiológicas del patógeno y el tipo de infección que causa vienen codificados por su lugar de manifestación. Veamos qué tipos de parásitos existen según su localización en el cuerpo del hospedador (humano o no humano).

2.1 Ectoparásito

Tal y como indica el portal Ateuves, el ectoparásito es aquel ser vivo que vive en la superficie de otro organismo y subsiste de él. Muchos ectoparásitos son obligados, aunque otros se clasifican dentro de los facultativos porque les es relativamente fácil “saltar” del hospedador y llevar una vida por su cuenta en el medio ambiente.

Los ectoparásitos más comunes en el ser humano son los piojos de la cabeza (Pediculus humanus), aunque en ocasiones también nos exponemos a ácaros, garrapatas, pulgas, mosquitos y otros muchos invertebrados. Estos patógenos suelen ser insectos o arácnidos y provocan picaduras, inflamación, enrojecimiento y prurito, entre otras muchas cosas.

No todos los ectoparásitos están permanentemente unidos a su hospedador. Algunos, como las chinches de la cama (Cimex lectularius), succionan la sangre del humano durante la noche y vuelven a los recovecos de la habitación durante el día para descansar. No dejan de ser obligados (sin la sangre morirían), pero se desprenden del cuerpo en algunos momentos.

2.2 Endoparásito

Tal y como su propio nombre lo indica, un endoparásito es aquel ser vivo que habita en el interior de su hospedador. El término “interior” hace referencia a muchas estructuras, ya sean tejidos, órganos, espacios intersticiales e incluso células. Por ejemplo, los virus ya citados son endoparásitos intracelulares. 

Uno de los endoparásitos más famosos que afectan al ser humano es Ascaris lumbricoides, también conocido como lombriz intestinal por su forma agusanada. Este nemátodo se instala en el intestino delgado y se alimenta de las sustancias nutritivas que hay en los líquidos intestinales. Una infestación alta puede llegar a producir anemia, palidez y desnutrición en el hospedador.

Las tenias también son endoparásitos. Muchos de estos patógenos se localizan en la región intestinal, pues es donde mayor flujo de nutrientes hay dentro del cuerpo.

3. Según la complejidad de su ciclo vital

Algunos de estos seres vivos tienen ciclos muy simples, mientras que otros deben pasar por 1, 2, 3 o incluso más hospedadores diferentes para desarrollar su ciclo vital al completo. Te presentamos los tipos de parásitos que existen con base en esta premisa.

3.1 Parásito monoxeno

Un parásito monoxeno cumple su ciclo vital dentro o sobre el mismo hospedador. Tanto el huevo, la larva y el adulto son capaces de desarrollarse en el mismo ser vivo. Esto no quiere decir que el patógeno tenga un solo tipo de hospedador (quizá puede infectar a más de una especie a nivel conceptual), sino que toda su vida tiene lugar en el mismo ejemplar. 

Pongamos de ejemplo de nuevo a Ascaris lumbricoides. Tal y como indican los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los huevos de este patógeno son ingeridos por accidente y eclosionan en la mucosa intestinal del humano. Tras ello, las larvas recorren el sistema sanguíneo, maduran en los pulmones y son deglutidas de nuevo al desplazarse a la garganta.

Tras alcanzar el intestino delgado como adultos, estos nemátodos se reproducen y las hembras ponen unos 200 000 huevos al día, los cuales serán expulsados al medio con las heces. Como puedes ver, todo el ciclo se lleva a cabo dentro del mismo individuo, pero el ser humano no es su hospedador exclusivo. Un proceso similar ocurre entre Ascaris suum y los cerdos.

Aún no se sabe con certeza si Ascaris suum es una especie distinta a Ascaris lumbricoides. Esto ejemplifica que existe la posibilidad de que un parásito monoxeno afecte a más de una especie.

3.2 Parásito heteroxeno

El parásito heteroxeno requiere más de 1 hospedador para llevar a cabo su ciclo vital. Este término nos hace distinguir a su vez 3 tipos de hospedadores: el definitivo es el que alberga a la fase sexual del patógeno (e implica el cierre de su ciclo), mientras que el intermediario porta a la fase asexual o larvaria. También existe el hospedador paraténico, que solo sirve como vehículo.

Sin duda, los parásitos que mejor ejemplifican esta estrategia biológica son los del género Anisakis. Las larvas de estos nemátodos deben pasar por un crustáceo para desarrollarse y también utilizan una serie de hospedadores paraténicos con el fin de llegar al definitivo. Estos organismos pueden pasar entre crustáceos y peces mediante la cadena trófica hasta infectar a mamíferos acuáticos, como delfines o focas.

Los Anisakis solo se desarrollan hasta su estado adulto cuando se ingieren por un mamífero acuático. Por ello, no ponen huevos ni cierran su ciclo hasta entrar en contacto con el hospedador definitivo.

Los 3 tipos de parásitos (desde un punto de vista práctico)

A nivel teórico, el parasitismo se entiende a la perfección, pero en “el mundo real” la situación cambia de forma drástica. Los seres humanos somos hospedadores accidentales de muchos agentes patógenos y, aunque nos causan enfermedad, que terminen dentro de nuestro organismo es una desgracia para ellos. Si no están especializados en explotar a H. sapiens, no pueden cerrar su ciclo.

De nuevo, el ejemplo perfecto para mostrar este dilema biológico se encuentra en el complejo de los Anisakis. Si un ser humano ingiere a un hospedador paraténico infectado crudo (como un pez), las larvas intentan penetrar la mucosa intestinal, si bien no lo consiguen. Al no tener las herramientas para infectarnos, se quedan enquistadas y mueren. 

Lo que provoca la sintomatología de la anisakiasis en este caso es la reacción inmunitaria y los fallos fisiológicos derivados de la infección, no el ciclo biológico natural del parásito. De todas maneras, los anisakis sí se consideran parásitos al uso en medicina humana, ya que son capaces de generar reacciones adversas en nosotros.

Con todas estas ideas en mente, te presentamos los tipos de parásitos que pueden llegar a provocar desajustes en el ser humano (seamos sus hospedadores definitivos o no). ¡No te lo pierdas!

1. Protozoos

Los tipos de parásitos incluyen los protozoarios
Los protozoos son organismos microscópicos capaces de provocar múltiples enfermedades en los seres humanos, algunas de ellas mortales.

Tal y como indica la CDC, los protozoos son microorganismos unicelulares microscópicos que pueden ser de vida libre (en ambientes húmedos) o parásitos. La mayoría son heterótrofos, es decir, fagocitan bacterias (fagótrofos), depredan sobre otros microorganismos (depredadores) o se alimentan de los detritos del entorno (detritívoros). A veces también son mixótrofos.

Los protozoos parásitos de los seres humanos se pueden catalogar en los siguientes 4 grupos:

  1. Sarcodinos: es un grupo artificial que engloba a unas 200 especies. Portan vacuolas digestivas y contráctiles, son heterótrofos y tienen la capacidad de enquistarse.
  2. Mastigóforos: este grupo heterogéneo de protozoos se caracteriza por presentar uno o más flagelos a lo largo de su ciclo vital. También pueden enquistarse para aguantar las condiciones desfavorables en el ambiente.
  3. Cilióforos: es uno de los grupos de protozoos más famosos y cuenta con unas 3500 especies diferentes. Estos microorganismos reciben su nombre porque están recubiertos de cilios.
  4. Esporozoos: son parásitos obligados pertenecientes a distintos grupos. Algunos son protozoos desde un punto de vista estricto, pero otros no.

Muchos de los tipos de parásitos protozoarios del ser humano se circunscriben al entorno intestinal. Un ejemplo es Cryptosporidium spp., el cual provoca la criptosporidiosis con síntomas como el dolor abdominal y la diarrea.

2. Helmintos

El término helminto se usa para designar a todo organismo parasítico que tenga forma de gusano. Este no es un grupo taxonómico como tal, así que engloba a diversos seres vivos procedentes de familias diferentes y con ancestros dispares. Los más importantes son los siguientes:

  • Nemátodos: estos vermes pseudocelomados cuentan con más de 25 000 especies descritas hasta la fecha. Algunos de los parásitos más famosos de los humanos (como Ascaris, Anisakis Trichuris) se encuentran en este grupo. Se les conoce en general como “lombrices” debido a su composición corporal.
  • Tremátodos (platelmintos): los tremátodos son un filo del grupo de los platelmintos parásitos en todos los casos. Fasciola hepatica, Paragonimus y Schistosoma son algunos de los más comunes.
  • Céstodos (céstoda): este grupo de platelmintos también es muy famoso en la cultura humana, ya que incluye a la tenia clásica (Taenia solium) y a otras especies afines.

Muchos de los nemátodos listados se localizan en el intestino, pero otros colonizan órganos como el hígado (Fasciola) e incluso pueden llegar al aparato ocular y otros tejidos blandos.

3. Ectoparásitos

Ya hemos explorado a estos tipos de parásitos en líneas previas, así que no vamos a dedicarles mucho más tiempo. Algunos de los invertebrados que explotan la superficie del cuerpo humano son el piojo de la cabeza (Pediculus humanus), la chinche de la cama (Cimex lectularius), diversas especies de garrapatas (Ixodoidea) y varios mosquitos (Diptera), entre otros.

Algunos de estos invertebrados se alimentan de la sangre, mientras que otros se nutren de las descamaciones y células muertas. Los mosquitos y las garrapatas destacan por su capacidad vectorial, es decir, portan en su aparato digestivo a otros patógenos más simples y los inyectan en la sangre del humano al picarlo. La malaria es el ejemplo más claro de este proceso.

Los microorganismos del género Plasmodium viajan en los mosquitos del género Anopheles. Cuando se introducen en el torrente sanguíneo humano, producen la malaria.

Los tipos de parásitos y su diversidad

Existen muchísimos tipos de parásitos desde un punto de vista tanto teórico como práctico. Aquí te hemos presentado un total de 9, pero existen muchísimos más dependiendo del enfoque que se quiera tomar.

Aunque en la cultura humana sean eminentemente negativos, la realidad es que los parásitos llevan a cabo una función vital en la naturaleza. Acaban de forma indirecta con la vida de los más débiles e impiden que se reproduzcan, lo que permite que el superviviente siempre sea el más fuerte. Sin ellos, la evolución tal y cómo la conocemos no sería posible.

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