Leucemia: síntomas, tipos, causas y tratamiento

La leucemia es un tipo de cáncer en el que se producen linfocitos defectuosos de forma descontrolada en la médula ósea. Debido a ello, el resto de células sanguíneas se ven desplazadas.
Leucemia: síntomas, tipos, causas y tratamiento
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 20 Marzo, 2021.

Última actualización: 20 Marzo, 2021

Leucemia es un término que hace referencia al grupo de enfermedades malignas de la médula ósea, un tejido blando que se encuentra dentro de los huesos, donde se sintetizan todas las células circulantes en la sangre. Es el tipo de cáncer más común en niños y adolescentes, pues representa 1 de cada 3 cánceres en este grupo de edad.

Existen muchos tipos de leucemia: algunos son típicos de niños, mientras que otros aparecen de forma casi exclusiva en adultos. El pronóstico de cada paciente dependerá en su totalidad del tipo de cáncer, momento de detección, edad, salud general y muchísimos factores más. Si quieres conocerlo todo sobre la leucemia, continúa leyendo.

La importancia de la médula ósea

La leucemia tiene su origen en la médula ósea.
La médula ósea es un tejido muy complejo del que se suelen tomar muestras para diagnosticar la leucemia.

La leucemia comprende a un grupo de enfermedades cancerígenas de la médula ósea. Antes de indagar en la patología en su totalidad, es necesario comprender qué hace a este tejido tan especial en una situación de normalidad, al menos desde un punto de vista celular y fisiológico. Vamos a ello.

La médula ósea es un tipo de tejido biológico flexible que se encuentra en el interior de huesos largos, vértebras, costillas, esternón, huesos craneanos y pelvis. Este conglomerado biológico supone un 4 % de la masa corporal en un ser humano medio, valor que oscila los 2,5-4 kilogramos, en situación de normalidad.

Tal y como indica el portal Sanitas, en la médula ósea se localizan las células madre hematopoyéticas, las cuales se transforman en todos los elementos celulares sanguíneos circulantes al madurar. Por ello, en este tejido se originan las células linfoides, las mieloides, los glóbulos blancos, los glóbulos rojos y las plaquetas.

Llama la atención la función de eritropoyesis en este lugar. Para que te hagas una idea de la esencialidad de la médula ósea, basta con decir que aquí se producen, de media, unos 500 000 millones de glóbulos rojos al día. Por esta razón, las enfermedades que comprometen a estas estructuras tan esenciales a menudo presentan un pronóstico muy pobre.

La leucemia y sus tipos

Tal y como indica la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, el término leucemia significa sangre blanca. Los glóbulos blancos (linfocitos) se producen en la médula ósea y nos protegen ante infecciones, pero en este tipo de cáncer la cantidad de linfocitos circulantes crece de forma descontrolada.

La sobreproducción de glóbulos blancos defectuosos impide que se sinteticen suficientes glóbulos rojos, plaquetas y glóbulos blancos saludables funcionales. A medida que disminuye la concentración de elementos circulantes útiles para el organismo, los síntomas del paciente se agravan.

Las células cancerosas pueden viajar a distintos puntos del cuerpo humano, empeorando aún la condición inicial. Más allá de esta definición rápida y sencilla, resulta interesante conocer que existe muchos tipos de leucemia. Te contamos los más relevantes en las siguientes líneas.

1. Leucemia linfoblástica aguda (LLA)

La leucemia linfoblástica aguda (LLA) es uno de los 4 tipos principales de leucemia. En ella, se produce un aumento anormal de glóbulos blancos disfuncionales en sangre, que reciben el nombre de linfoblastos. Estos son defectuosos, así que nunca maduran a linfocitos funcionales, y además desplazan al resto de células circulantes en sangre.

Este tipo de leucemia es la forma más frecuente de la presentación de cáncer en la edad infantil. Las LLA constituyen el 25 % de los procesos tumorales en infantes y el 75 % de las leucemias totales, una cifra nada desdeñable. Tal y como indica el portal Pediatría Integral, se ha observado una ligera predisposición por parte de los varones a sufrirla.

Estamos ante una variante con un pronóstico excelente, sobre todo si tenemos en cuenta la gravedad de la patología. Si bien antes solo el 10 % de los pacientes sobrevivían tras el tratamiento, a día de hoy esta cifra ha ascendido a un 80 % con una remisión total de la enfermedad. Veremos los posibles tratamientos de este cáncer en futuros apartados.

2. Leucemia mielógena aguda (LMA)

La leucemia mieloide (o mielógena) aguda es el tipo de leucemia más común en adultos. Según el portal MSD Manuals, supone hasta un 32 % del total de estos tipos de cánceres en la sociedad general. En la LMA, las células de la línea mieloide (mieloblastos) proliferan de forma anormal, invadiendo de forma paulatina la médula ósea.

Esto provoca una insuficiencia en la producción de células circulantes y una infiltración de tejidos extramedulares. Se estima que 15 habitantes por cada millón de personas al año desarrollarán una leucemia mielógena aguda en este intervalo de tiempo. La edad media de presentación es de 64 años, si bien se considera común en la franja de 60 a 75 años.

3. Leucemia linfoblástica crónica (LLC)

La LLC se diferencia de su variante aguda en que, en muchos casos, la enfermedad progresa de forma lenta y el paciente puede no notar ningún tipo de síntomas, durante al menos unos años tras el inicio del proceso cancerígeno.

La leucemia linfoblástica crónica también se caracteriza por un acúmulo de glóbulos blancos defectuosos, pero avanza con mayor lentitud que otros tipos de leucemia. Es más común en personas mayores y ancianas y se puede tratar de diversas formas, tal y como indica la Clínica Mayo.

5. Leucemia mielógena crónica (LMC)

En la LMC se produce un cambio genético en una versión temprana e inmadura de las células mieloides. Este cambio propicia la mutación a un gen anormal, bautizado como BCR- ABL, que convierte la célula mieloide funcional en una célula LMC. Su crecimiento es lento, pero puede transformarse en una variante aguda difícil de tratar.

Síntomas de una leucemia

La leucemia no suele ser tan grave en los niños.
Una de las causas de cáncer más frecuentes en los niños es la leucemia.

Recuperamos la premisa general en estos tipos de cáncer: los linfocitos defectuosos se producen en masa, lo que provoca un desplazamiento de los cuerpos celulares sanos en la sangre.

Esto tiene múltiples efectos a nivel fisiológico en el organismo del paciente, que se pueden evidenciar de la siguiente forma:

  • Fiebre o escalofríos: suelen ser signos claros de infección. Cuando el número de glóbulos blancos funcionales circulantes en sangre disminuye, es más probable que el paciente se infecte con virus y bacterias que antes no le afectaban.
  • Infecciones repetidas: la falta de glóbulos blancos funcionales desemboca en infecciones que no parecen remitir nunca o que son recurrentes en el tiempo.
  • Ganglios linfáticos inflamados, agrandamiento del hígado y del bazo: son indicativos de que las células cancerígenas se han extendido a estos órganos.
  • Tendencia al sangrado y a la formación de moretones: la falta de plaquetas en sangre hace que la coagulación tras una herida sea una tarea muy dificultosa para el organismo.
  • Sudoración excesiva, sobre todo por la noche.
  • Aparición de manchas rojas (petequias) en la piel.
  • Dolor y sensibilidad ósea.

La pérdida de peso, los mareos y el malestar generalizado son signos clínicos que caracterizan a casi cualquier tipo de cáncer.

Ante cualquiera de estos síntomas, se hace necesario acudir al médico con presteza. Lo más probable es que la sintomatología no sea causada por un cáncer, pero siempre es mejor prevenir a tiempo que curar.

Causas y factores de riesgo

A pesar de los avances en el ámbito de la medicina, todavía se desconocen en su totalidad las causas de la leucemia, tal y como indica la Fundación Josep Carreras.

Se sabe que la incidencia es mayor en el género masculino que el femenino, sobre todo si hablamos de personas de etnia blanca, pero no se han conseguido aportar suficientes datos para averiguar el porqué.

A pesar de no conocer una causa exacta en todos y cada uno de los casos, sí que se han podido registrar ciertos factores predisponentes a ello.

Haberse sometido a tratamientos oncológicos previos, presentar ciertos trastornos genéticos, exponerse a ciertas sustancias químicas y fumar pueden propiciar la aparición de leucemia en pacientes adultos.

Cuando la leucemia aparece por una quimioterapia o radioterapia, se dice que se trata de una leucemia secundaria.

Tratamiento

El pronóstico de una persona con leucemia depende en gran medida de la edad en la que se detecta. Por ejemplo, solo el 35 % de las personas mayores de 20 años con LLA sobreviven 5 años después del diagnóstico.

La cifra para pacientes recién nacidos, niños y adolescentes (menores de 20 años) es mucho mejor, pues la tasa de supervivencia alcanza un 89 %.

De todas formas, según la asociación Cancer.net, alrededor de 4 de cada 10 personas diagnosticadas con leucemia linfoblástica aguda (LLA) son adultas. En estos casos, el pronóstico es más reservado, pues se basa en la edad, condición previa, estado físico general y otras patologías concomitantes en el paciente.

Los tratamientos más frecuentes que se utilizan para combatir una leucemia son los siguientes:

  • Quimioterapia: se utilizan determinadas sustancias químicas para destruir las células cancerígenas del paciente. La citarabina (arabinósido de citosina o ara-C) y la daunorrubicina (daunomycin) son algunos de los fármacos más comunes en este tipo de abordajes.
  • Terapia biológica: se utilizan diversos mecanismos para “guiar” al sistema inmunitario del paciente, logrando así que este combata a las células cancerígenas.
  • Radioterapia: se vale de rayos X u otros haces de alta energía para destruir las células cancerígenas. La radiación puede ser sistémica o localizada, dependiendo de la extensión del cáncer.

El trasplante de células madre

En la mayoría de los casos, la quimioterapia, la inmunoterapia y la radioterapia pueden detener la formación de linfocitos defectuosos, aliviando así los síntomas y deteniendo el progreso del cáncer por mucho tiempo.

De todas formas, aunque desaparezcan todos los signos clínicos, existen probabilidades de que la enfermedad reaparezca con el tiempo.

El trasplante de células madre se utiliza para reponer las células progenitoras de la médula ósea que se han destruido durante la enfermedad o el tratamiento.

Este trasplante puede ser autógeno (células del propio paciente en zonas no afectadas por el cáncer) o alógeno, es decir, que proviene de la médula ósea de una persona sana.

El trasplante alógeno siempre es mejor a nivel teórico, pues existe el riesgo de recolectar células cancerígenas en uno autógeno. Por desgracia, el cuerpo del paciente puede rechazar las células del donante, lo que genera una serie de síntomas graves e incluso mortales. Por ello, los trasplantes alógenos no se consideran en personas muy débiles.

La leucemia es una enfermedad diversa y compleja

La leucemia es un tipo de cáncer que genera estremecimiento solo al nombrarlo, pues se suele asociar a una muerte casi segura.

Por suerte, debido a los avances en la medicina y en las técnicas de asistencia en los pacientes, la muerte no siempre es el final del camino: recuerda que más de un 80 % de las personas jóvenes con leucemia se pueden curar del todo.

En el caso de los pacientes adultos y ancianos, el pronóstico es bastante más reservado, pero no por ello fatal.

La quimioterapia y la radioterapia pueden mantener a raya el crecimiento de linfocitos defectuosos, lo que aumenta en gran medida la calidad de vida del enfermo. Ante un cáncer, rendirse nunca es una opción.

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Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). A lo largo de su carrera estudiantil, se ha especializado en áreas de parasitología, epidemiología, microbiología y otras ramas que convergen entre la ciencia experimental y la medicina.

Formó parte de un equipo de investigación del departamento de Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) durante dos años, durante los cuales obtuvo conocimiento específico acerca de ADN, heredabilidad y otras cuestiones genéticas.

A día de hoy, se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, redactando para portales de índole médica, psicológica y epidemiológica.