¿Qué es la iatrogenia?

La iatrogenia es un término difícil de circunscribir, pues hay ciertas fuentes que dibujan el límite en unos conceptos y otras en lugares distintos. En general, se trata de un suceso negativo sobre un paciente a pesar de hacer las cosas bien.

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 15 Enero, 2021.

Última actualización: 15 Enero, 2021

La iatrogenia o yatrogenia es un daño (no) intencionado en la salud de un paciente provocado como efecto secundario inevitable de un acto médico legítimo y avalado, destinado a curar o mejorar una patología dada. Según la Organización Médica Colegial de España (OMC), hasta un 10 % de los pacientes médicos en este país sufren efectos adversos al ser atendidos en un ambiente hospitalario.

Este término está envuelto en diversas polémicas, pues es necesario establecer si realmente el paciente ha sufrido un daño prevenible o si el riesgo inherente de la actuación médica debería contemplar el evento. Si quieres conocerlo todo acerca del delicado mundo de la iatrogenia, continúa leyendo.

¿Qué es la iatrogenia?

La palabra ‘iatrogenia’ proviene del vocablo iatrogenesis, que significa ‘médico’ (iatros) y ‘generar, crear o producir’ (genesis). Etimológicamente, la palabra completa vendría a dibujar la idea de un ‘engendro médico’. La iatrogenia puede ser producida por una droga, un medicamento o un procedimiento quirúrgico.

A continuación recogemos algunas definiciones realizadas por profesionales médicos y referenciadas por un artículo de revisión de la revista Medisan:

  1. Se trata de toda alteración del estado del paciente producida por el médico sin ánimo de dañar. En este caso no se tienen en cuenta perjuicios a terceros y mala praxis por parte de un profesional sanitario.
  2. Un aspecto negativo de la práctica médica, como hechos o efectos materiales que se traducen en daño efectivo o potencial a la salud o integridad física y mental del paciente. Es interesante realizar esta apreciación, pues no todo perjuicio es de índole fisiológica.
  3. Todos los efectos nocivos que pueden derivarse de la gestión médica e incidir sobre los pacientes y sus familiares o, menos frecuentemente, sobre otras personas.

Podríamos seguir listando definiciones aportadas por múltiples médicos y profesionales en la salud, pero creemos que el concepto deja poco espacio al error. Una iatrogenia es un daño producido por un médico, a pesar de hacer las cosas bien en la consulta, ni más ni menos.

En general, podemos describir 3 variantes de este evento clínico:

  1. Daños predecibles o calculados.
  2. Daños aleatorios o accidentales.
  3. Causados en el terreno de la negligencia. Este último punto genera conflicto, como veremos en las siguientes líneas.

La iatrogenia no solo es un problema para el paciente, sino que también los profesionales se ven involucrados ante el problema inesperado.

¿Qué no es la iatrogenia?

La definición engloba un marco de acción muy concreto, pues no todo lo que sale mal en el ámbito médico se considera iatrogenia. Por ejemplo, no lo son los siguientes eventos:

  • Mala praxis: se refiere a la responsabilidad profesional por los actos realizados con negligencia. Por omisión y acción, el médico puede cometer un error en la manipulación del paciente o la prescripción de fármacos. En la iatrogenia las cosas salen mal a pesar de hacerse bien, pero en la mala praxis directamente se hacen mal.
  • Dolo: es el término que se utiliza para describir a la voluntad de cometer un delito a sabiendas de su ilegalidad y perjuicio.
  • Tortura: aplicada por médicos.
  • Las consecuencias del abandono o omisión de directrices en lo que a un tratamiento se refiere.

La diferencia más clara de la iatrogenia con el resto de términos en que los actos médicos se realizan con pericia, prudencia, diligencia y responsabilidad. Por decirlo de alguna forma, el potencial daño es extrínseco a la actuación del médico en cuestión.

Inconsciente y no intencional, ¿o no?

De nuevo, la definición de iatrogenia nos plantea ciertos problemas a nivel terminológico. Por ejemplo, si un especialista médico tiene que decirle a un paciente que se va a morir, le está causando un daño psicológico inevitable, a pesar de estar siguiendo los pasos correctos.

Esto podría considerarse como una iatrogenia, pues el médico está aportando unas noticias que pueden provocar perjuicio psicológico al paciente y a su entorno, al menos de forma indirecta.

Aun así, no está haciendo nada mal per se y el especialista está siendo consciente de lo que hace. Está causando un perjuicio inevitable, pero no hay otra forma de abordar el evento. Como vemos, estamos ante un término muy complejo y con diversas acepciones, pues una iatrogenia puede ser tanto voluntaria como involuntaria.

Tipos de iatrogenia

Según la revista Formación Dermatológica, la iatrogenia puede tener 7 etiologías diferentes. Te contamos de forma somera las más relevantes en las siguientes líneas.

1. Iatrogenia predecible

Esta variante tiene lugar cuando incluso se contemplan los posibles efectos adversos de un tratamiento, medicamento o procedimiento quirúrgico. Un ejemplo claro de esto es la quimioterapia, pues tiene una clara función terapéutica, pero genera efectos adversos importantes en el paciente.

Otra situación clara de iatrogenia predecible es cuando se seccionan tejidos de un paciente para colocarlos en partes más importantes comprometidas. El tejido donante puede perder funcionalidad, pero esto es un sacrificio necesario para la mejoría general.

2. Iatrogenia accidental

Es la que se produce cuando se desconoce el posible efecto adverso a pesar de su correcta aplicación. Por ejemplo, cuando una persona alérgica a un fármaco lo recibe, sin saberlo el profesional médico ni el propio sujeto tratado.

3. Infección nosocomial

En algunos casos es inevitable que el paciente se contagie con una bacteria durante un procedimiento quirúrgico o estando ingresado en el hospital. En otras ocasiones, esto puede deberse a una clara mala praxis por falta de higienización del entorno o por una mala desinfección del material quirúrgico.

4. Iatrogenia por mala praxis profesional

Desde un punto de vista estricto, esta no sería considerada como una iatrogenia. Como hemos dicho, entendemos a este término como un daño derivado de un tratamiento bien llevado, mientras que la mala praxis consiste en un error tangible. Aun así, algunas fuentes lo consideran una variante.

Dentro de este saco podrían englobarse otras clasificaciones. Entre ellas encontramos las siguientes:

  1. En la formación: cuando el profesional no tiene los conocimientos suficientes para realizar adecuadamente el procedimiento en cuestión, lo que causa el perjuicio en el paciente.
  2. Por deficiente eficiencia en la estructura sanitaria: cuando se persigue el menor gasto posible.
  3. Por deficiente eficiencia en la industria farmacéutica: cuando el control de calidad de un fármaco no es férreo, pudiendo crear efectos secundarios.

Ejemplos de iatrogenia

A continuación te presentamos algunos ejemplos de iatrogenia en prácticas médicas que te ayudarán a entender el concepto que tenemos entre manos.

1. Radiodermitis

Cuando la piel se expone a radiaciones ionizantes (RI) se somete a estrés oxidativo, pudiendo provocar un evento conocido como radiodermitis, según indica la Real Academia Nacional de Medicina de España.

Este es un ejemplo clarísimo de iatrogenia, pues la radioterapia se utiliza para atacar células tumorales, pero puede tener ciertos efectos nocivos sobre el paciente. Las reacciones colaterales de la radioterapia están contempladas en muchas ocasiones, aunque a veces son un motivo del cese del tratamiento.

2. Vasculitis por hipersensibilidad

Según la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, la vasculitis por hipersensibilidad se produce por una reacción extrema a un fármaco, infección o sustancia extraña. A menudo no se puede encontrar la causa a pesar de realizarse un extenso análisis del historial clínico del paciente.

Los síntomas de esta patología pueden ser los siguientes:

  • Una erupción con manchas púrpuras o marrones en zonas grandes.
  • Úlceras cutáneas localizadas en piernas, glúteos y tronco.
  • Ampollas en la piel y ronchas que pueden durar más de 24 horas.
  • Llagas abiertas con tejido muerto.

Como podrás imaginar, no es la intención del médico generar todos estos efectos en el paciente, pero la reacción adversa es completamente impredecible y fortuita al desconocerse la hipersensibilidad de la persona. Por esta razón, se considera una iatrogenia y no una negligencia.

3. Amputación de un miembro gangrenado

La extirpación de un miembro también se considera una iatrogenia, pues se causa un perjuicio claro en el paciente, que es la pérdida de una extremidad. De todas formas, ¿qué otra opción hay a veces? En muchos casos, tal y como indica la Clínica Mayo, ante gangrenas, la extirpación de la extremidad es la única opción si se quiere salvar la vida.

La amputación de un miembro por gangrena es un ejemplo de iatrogenia, considerando que a veces es la única alternativa terapéutica.

Iatrogenia versus mala praxis

Para terminar este complejo conglomerado terminológico es necesario dejar claro que la iatrogenia y una mala praxis no son lo mismo, al menos cuando acudimos a la acepción más cerrada del concepto.

En la mala praxis existe un componente esencial: la responsabilidad jurídica. En este caso, estamos ante eventos denunciables tipificados en los códigos penales de muchas naciones, sujetos en los pilares de la negligencia, la imprudencia, la impericia y la inobservancia de los procesos inherentes al cargo.

El riesgo de la medicina

Como habrás podido observar, en esta oportunidad nos hemos movido en términos poco claros. Algunas fuentes consideran que la iatrogenia y la mala praxis son conceptos diferentes, mientras que otras los utilizan casi como indistintos.

En general, una mayoría de los documentos consultados hacen incidencia en que este evento se produce cuando las cosas salen mal, a pesar de que se hagan bien. Un tratamiento agresivo o la inyección de un fármaco que causa hipersensibilidad son, en muchos casos, sucesos inevitables si se quiere salvar al paciente.

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Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). A lo largo de su carrera estudiantil, se ha especializado en áreas de parasitología, epidemiología, microbiología y otras ramas que convergen entre la ciencia experimental y la medicina.

Formó parte de un equipo de investigación del departamento de Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) durante dos años, durante los cuales obtuvo conocimiento específico acerca de ADN, heredabilidad y otras cuestiones genéticas.

A día de hoy, se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, redactando para portales de índole médica, psicológica y epidemiológica.