Dieta para la intolerancia a la lactosa

Te vamos a enseñar cuáles son los puntos clave de la dieta para la intolerancia a la lactosa, para que puedas ajustarla con éxito y evitar déficits.
Dieta para la intolerancia a la lactosa
Saúl Sánchez

Escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez el 28 agosto, 2021.

Última actualización: 28 agosto, 2021

La intolerancia a la lactosa necesita una dieta especial porque es un problema producido por la incapacidad del organismo de sintetizar la enzima lactasa. De este modo, no se puede digerir el azúcar de la leche, por lo que se experimentan una serie de signos y síntomas que afectan al bienestar de la persona.

En los últimos años se ha incrementado el número de afectados por la intolerancia a la lactosa en los países desarrollados. A pesar de no tratarse de una patología transmisible, los hábitos dietéticos pueden condicionar su aparición.

¿Por qué se produce la intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa está generada a partir de una ineficiencia en la producción de lactasa. Este problema puede contar con un origen genético, según un estudio publicado en la revista Nutrients. No obstante, también puede estar determinado por una alteración de la microbiota intestinal.

Los síntomas se experimentan unos minutos después del consumo de lactosa. De todos modos, el tiempo se aparición de los mismos puede variar según el grado de intolerancia. Lo más habitual es desarrollar gases, dolor abdominal y diarrea.

Dieta para la intolerancia a la lactosa

Afortunadamente, la intolerancia a la lactosa es un problema que se puede manejar por medio de una intervención dietética. Lo primero que hay que tener en cuenta es la necesidad de retirar el azúcar de la dieta. Por ello, han de restringirse la leche y los productos lácteos. Solo se podrán mantener los yogures.

Ahora bien, cuando se produce una restricción dietética de estas características, conviene ajustar la alimentación para evitar carencias nutricionales. La más alarmante de todas ellas es la de calcio.

Este mineral se encuentra en la leche en grandes cantidades. Su aporte insuficiente puede impactar sobre la salud de los huesos, tal y como afirma una investigación publicada en la revista Nutrients. Sobre todo, resulta preocupante un aporte ineficiente en el caso de las mujeres.

Para evitar tal condición, hay que garantizar la presencia de calcio en la dieta por medio de otros alimentos distintos. Los que mejor cumplen esta función son los vegetales de hoja verde, como las acelgas, las espinacas y el puerro.

Asimismo, los frutos secos y los dátiles contribuirán a completar el aporte. Es determinante asegurar que los niveles de vitamina D en el organismo sean los adecuados. Este elemento es clave para garantizar una buena absorción del calcio a nivel intestinal. De hecho, se ha demostrado que el déficit de la vitamina puede incrementar el riesgo de sufrir fracturas a nivel óseo.

Otros micronutrientes importantes

Los lácteos son también fuente de otros micronutrientes importantes, como es el caso de la vitamina A. Dicho elemento contribuye a reducir el riesgo de experimentar problemas a nivel visual, tal y como afirma un estudio publicado en la revista Ophthalmic Genetics. Además, cuenta con un papel principal en la síntesis de colágeno y en la reparación de las heridas.

Para evitar déficits en esta vitamina hay que enfatizar el consumo de vegetales de color rojo, como pueden ser la zanahoria, el tomate y el pimiento. Algunos alimentos de origen animal, como el hígado y las vísceras, también cuentan con el micronutriente. Son betacarotenos los que se consumen, que cuentan con la capacidad de transformarse en vitamina A cuando es preciso.

También es determinante asegurar un consumo regular de vitamina D. Muchos lácteos existentes en el mercado están enriquecidos con el nutriente. De hecho, un déficit se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar patologías complejas, según una investigación publicada en la revista Reviews in Endocrine & Metabolic Disorders. Si se restringen los lácteos, será preciso aumentar la presencia en la dieta de huevos y pescados azules.

Huevos en la dieta para la intolerancia a la lactosa.
Los huevos pueden ser fuente de vitamina D para suplir la carencia de lácteos.

Las proteínas en la dieta

Otro punto crítico en la dieta para la intolerancia a la lactosa es el consumo de proteínas. Los lácteos suponen una fuente de proteínas de alto valor biológico que contribuye a cubrir los requerimientos diarios. Cuentan con todos los aminoácidos esenciales y una buena puntuación en cuanto a digestibilidad.

Si se suprime la presencia en la dieta de este grupo de alimentos, habrá que enfatizar la ingesta de carne, pescado y huevos. En los refrigerios o entre comidasse puede optar por alimentos de origen vegetal con alta concentración en proteínas, como los frutos secos.

Si bien los nutrientes de dichos comestibles son de bajo valor biológico, contribuyen a cubrir las necesidades diarias. Hay que recordar que un aporte ineficiente de proteínas puede aumentar la incidencia de sarcopenia, sobre todo en la edad adulta avanzada.

Los probióticos en la dieta para la intolerancia a la lactosa

Un punto clave en la dieta para la intolerancia a la lactosa tiene que ver con la administración de bacterias probióticas. Estas son capaces de colonizar selectivamente porciones del tubo digestivo, generando un efecto beneficioso. Hay que tener en cuenta que muchos de los microorganismos que conforman la flora pueden sintetizar lactasa.

En este sentido, se ha propuesto que la suplementación con probióticos podría ayudar a manejar la intolerancia a la lactosa, llegando a reducir los síntomas. Así lo evidencia una investigación publicada en la revista Critical Reviews in Food Science and Nutrition. De todos modos, los efectos son mayores cuando el origen del problema tiene que ver con una disbiosis.

No obstante, hay que tener en cuenta que la elección de un suplemento de probióticos no es sencilla. Es necesario asegurarse de que el producto cuenta con una cantidad mínima de bacterias.

Por otra parte, las bacterias probióticas deben administrarse encapsuladas. Así se hace más sencillo que superen los ácidos estomacales, evitando que parte de los microorganismos mueran por cambios drásticos en el pH.

Para terminar, es clave que la cepa de bacterias administrada cuente con evidencias para la dolencia que se quiere tratar. En este caso, la intolerancia a la lactosa. No todas las cepas bacterianas sintetizan lactasa en el medio interno.

Lácteos que falta en la dieta de la intolerancia a la lactosa.
La restricción de lácteos puede provocar déficits de proteínas, vitamina A y calcio.

Bebidas vegetales en la dieta para la intolerancia a la lactosa

En la dieta para la intolerancia a la lactosa se pueden incluir una serie de bebidas vegetales. Está claro que no cuentan con la misma densidad y calidad a nivel nutricional, pero pueden funcionar bien.

La mayor parte de las bebidas vegetales concentran en su interior una gran cantidad de azúcares añadidos, por lo que generan un impacto negativo sobre la salud pancreática. Su consumo regular puede elevar las glucemias y provocar una resistencia progresiva a la insulina, que será la antesala de la diabetes.

Para evitar adquirir productos de baja o mala calidad es importante prestar atención a los etiquetados. No debe figurar el azúcar entre los ingredientes de la bebida vegetal.

Una dieta para la intolerancia a la lactosa tiene que ser adecuada

No se debe confundir la intolerancia a la lactosa con otros problemas de salud, como la alergia a las proteínas de la leche de vaca. Por ello, si surgen los síntomas descritos, la mejor opción es acudir a un médico para que ponga en marcha las pruebas diagnósticas pertinentes.

A partir de aquí, conviene realizar una serie de adaptaciones en la dieta con el objetivo de reducir los signos y síntomas de la intolerancia. La mejor opción suele ser eliminar la presencia del azúcar de la alimentación. No obstante, se pueden probar otras alternativas, como la administración de lactasa en pastillas y el abordaje con probióticos.

Sea como fuere, en el caso de suprimir los lácteos de la dieta, habrá que ajustar la misma para evitar déficits nutricionales. Los peligros más habituales se vinculan a la falta de calcio y de proteínas.

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La intolerancia a la lactosa cursa con la incapacidad de sintetizar la enzima lactasa, necesaria para la descomposición del azúcar.



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