¿Cómo se diagnostica el síndrome del intestino irritable?

El diagnóstico del síndrome del intestino irritable se realiza a través de la clínica, verificando la presencia de los síntomas a través de consensos preestablecidos. No obstante, pueden realizarse otros estudios para establecer un diagnóstico diferencial.
¿Cómo se diagnostica el síndrome del intestino irritable?
Diego Pereira

Revisado y aprobado por el médico Diego Pereira el 13 julio, 2021.

Escrito por Luis Rodolfo Rojas Gonzalez, 13 julio, 2021

Última actualización: 13 julio, 2021

El síndrome del intestino irritable es un trastorno crónico de la funcionalidad del tracto digestivo. La identificación temprana constituye un reto para los profesionales de la salud y es fundamental para ofrecer una mejor calidad de vida a las personas afectadas. ¿Te interesa conocer cómo se diagnostica el síndrome del intestino irritable? A continuación te contamos.

En la actualidad, esta patología intestinal es poco conocida a pesar de su alta prevalencia mundial. El Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedad Digestivas y Renales (NIDDK) sugiere que al rededor del 12 % de los estadounidenses padecen este trastorno.

Por su parte, el diagnóstico de esta entidad se basa en la detección de las manifestaciones clínicas clásicas y el descarte de otras patologías gastrointestinales.

Examen clínico

El síndrome del intestino irritable (SII) no cuenta con un método o prueba definitiva que facilite su confirmación. Por tal motivo, el médico especialista en gastroenterología debe abordar la afección de forma gradual y con gran énfasis en la clínica.

Para ello, se debe realizar un exploración física integral y un interrogatorio detallado de los síntomas, factores de riesgo y los antecedentes personales.

Hoy en día, se reconoce que las mujeres tiene hasta dos veces mayor riesgo de desarrollar este síndrome. De igual forma, las personas menores de 50 años tienen una mayor probabilidad de presentación que los mayores de 50 años.

Además, los antecedentes de familiares directos con esta afección, las situaciones estresantes y las infecciones digestivas también aumentan el riesgo.

Estudios afirman que la mejor estrategia que diagnostica el síndrome del intestino irritable es la del método positivo, basada en la detección de las manifestaciones propias de la enfermedad.

Por lo general, los síntomas característicos son el dolor abdominal recurrente, las modificaciones en el hábito intestinal, como la diarrea y el estreñimiento, la distención abdominal y la sensación de evacuación incompleta.

Criterios de Roma IV

¿Cómo se diagnostica el síndrome del intestino irritable? Manifestaciones clínicas
Los criterios de Roma permiten evaluar el riesgo de padecer algunos trastornos digestivos con base en las manifestaciones clínicas. Esto, junto con los estudios complementarios, permite diagnosticar el síndrome del intestino irritable.

A lo largo de los años, los médicos e investigadores han diseñado los criterios de Roma como estrategia de valor diagnóstico y pronóstico. Estos son usados en la práctica clínica para la identificación de un intestino enfermo y el descarte de otras patologías.

Los mismos incluyen la presencia de dolor o malestar abdominal recurrente, al menos 1 día a la semana en los últimos 3 meses, asociado con dos o más de los siguientes criterios:

  • Mejoría del dolor con la evacuación intestinal.
  • Inicio del dolor asociado a cambios en la frecuencia de defecación.
  • Dolor acompañado de modificaciones en la forma y apariencia de las heces.

De igual forma, estudios afirman que los episodios sintomáticos deben haber iniciado 6 o más meses antes de identificación médica. Por otro lado, se realiza una clasificación que diagnostica el síndrome del intestino irritable en base al patrón de las deposiciones. En este sentido, el mismo puede ser a predominio de estreñimiento (SII-E), de diarrea (SII-D), mixto (SII-M) o no clasificable.

También existe una serie de manifestaciones clínicas que sugieren una mayor gravedad de la enfermedad. Dentro de los signos de alarma a considerar en las personas con esta afección se encuentran los siguientes:

  • Episodios sintomáticos en mayores de 50 años.
  • Pérdida de peso importante en los últimos 6 meses.
  • Hematoquecia, es decir, sangre en las heces.
  • Fiebre y diarrea con deshidratación severa.
  • Antecedente familiar de patología gástrica maligna. 

Pruebas de laboratorio

Durante la atención médica, el especialista suele solicitar diversas pruebas de laboratorio con el fin de obtener una visión más integral de la afección. De igual forma, las mismas favorecen a la confirmación o el descarte de otras patologías gastrointestinales que podrían estar originando la clínica. Además, son útiles en la determinación de posibles complicaciones o comorbilidades de la enfermedad.

Análisis de sangre

El médico puede indicar una prueba de sangre para evaluar el recuento de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Además, la química sanguínea arroja información sobre la glucemia, así como de los niveles de urea y creatinina.

Los resultados facilitan la detección de episodios infecciosos, estados de anemia, hipoglucemia y deshidratación que podrían estar estimulando el trastorno intestinal.

La proteína C reactiva positiva es un marcador inflamatorio que orienta la sospecha clínica hacia una enfermedad inflamatoria intestinal. Esta prueba también permite descartar la presencia de enfermedad celíaca, por lo que es útil para establecer un diagnóstico diferencial.

Estudios fecales

¿Cómo se diagnostica el síndrome del intestino irritable? Coproanálisis
Los estudios de heces permiten confirmar o descartar diversos diagnósticos diferenciales que explicarían los síntomas. Algunas parasitosis intestinales, por ejemplo, se determinan de esta forma.

Los análisis fecales son una gran herramienta diagnóstica en el abordaje del síndrome del intestino irritable. A través de los estudios coprológicos se pueden identificar parásitos o bacterias que podrían ser responsables de la afección. Además, se orienta la patogenia causante de los episodios de diarrea con base en las características de las heces.

Algunas investigaciones han demostrado que la determinación de calprotectina y lactoferrina fecal tienen un sensibilidad de 93 % y 78 % respectivamente en el diagnóstico diferencial del SII y la enfermedad intestinal inflamatoria. Estas analíticas de son de gran utilidad debido a la similitud clínica entre ambas patologías.

Pruebas de hipersensibilidad alimentaria

Los exámenes de alergia alimentaria son empleados para determinar la relación entre el consumo de ciertas comidas y las manifestaciones clínicas gastrointestinales. Por lo general, la hipersensibilidad alimentaria va desde una reacción cutánea y dolor abdominal hasta un trastorno anafiláctico con obstrucción respiratoria.

La mayoría de las alergias por alimentos son causadas por la leche, el trigo, los huevos, el maní, las nueces, los pescados y los mariscos. La identificación y tratamiento temprano previenen la aparición de cuadros clínicos mortales.

Análisis de intolerancia a la lactosa

La lactosa en un tipo de azúcar que se encuentra en derivados lácteos y es digerida en el tracto digestivo por la lactasa. La deficiencia de esta enzima se relaciona con síntomas como dolor abdominal, diarrea y flatulencias. Por tal motivo, es importante reconocer si esta entidad podría ser responsable de la clínica del paciente.

Prueba de aliento

Las pruebas de aliento tienen como objetivo corroborar la existencia de proliferación bacteriana en la mucosa gástrica e intestinal. Las enfermedades o situaciones que disminuyen la motilidad digestiva como la diabetes se asocian con un crecimiento excesivo de los microorganismos, los cuales pueden generar el síndrome en cuestión.

Pruebas por imágenes

En algunos casos, el especialista puede solicitar estudios de imagen que ofrezcan un panorama completo de la anatomía y el estado del tracto digestivo. Por lo general, se realizan en pacientes que tienen factores de riesgo, como antecedentes familiares de patologías inflamatorias y neoplasias intestinales.

Endoscopia digestiva superior o gastroduodenal

Este procedimiento consiste en la introducción de un endoscopio o sonda con cámara a través de la boca hasta alcanzar el estómago y el intestino delgado. Una vez posicionado el dispositivo, se puede evaluar directamente la condición de la mucosa digestiva. De igual forma, el especialista puede tomar una biopsia del tejido para verificar la existencia o no de una enfermedad celíaca.

Colonoscopia

Es un método endoscópico en el cual se inserta una pequeña sonda flexible con cámara a través del recto para explorar la totalidad del intestino grueso. La misma permite detectar cambios, lesiones o formaciones anormales en el colon y recto.

Además, es una herramienta que diagnostica y facilita la diferenciación entre el síndrome del intestino irritable, el cáncer de colon y la enfermedad intestinal inflamatoria.

Diagnósticos diferenciales

Existe una larga lista de patologías digestivas que comparten el dolor abdominal y la alteración de la defecación típica del SII. En este sentido, la enfermedad celíaca y las alergias alimentarias son una de las causas inmunitarias más comunes de episodios digestivos anormales. De igual forma, los principales diagnósticos diferenciales de SII son los siguientes:

  • Enfermedad de Crohn.
  • Colitis ulcerativa.
  • Intolerancia a la lactosa.
  • Endocrinopatías.
  • Neoplasias colorrectales.
  • Parasitosis y disbacteriosis intestinales.

La identificación temprana ofrece un mejor pronóstico

En la actualidad, el síndrome del intestino irritable no tiene una cura o herramienta diagnóstica definitiva.

Los síntomas de está afección suelen confundirse con otras enfermedades más comunes y pueden pasar desapercibidos, sobre todo por su carácter episódico. Por tal motivo, es recomendable buscar atención médica lo antes posible ante cualquier sintomatología gastrointestinal.

El abordaje oportuno y los cambios en el estilo de vida guiados por un especialista son claves la determinación del buen pronóstico de la enfermedad. De igual forma, el diagnóstico temprano permite evitar efectos secundarios y complicaciones a largo plazo.

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