Trastornos parafílicos: características, tipos y tratamiento

Existen hasta 8 trastornos parafílicos diferentes. Pero, ¿en qué consiste cada uno de ellos? ¿Qué diferencia una parafilia de un trastorno parafílico? ¡Te lo contamos!
Trastornos parafílicos: características, tipos y tratamiento
Laura Ruiz Mitjana

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana el 18 mayo, 2021.

Última actualización: 18 mayo, 2021

Los trastornos parafílicos van más allá de las parafilias (fantasías y excitación sexual ante estímulos o situaciones atípicas), porque implican un sufrimiento para la persona con el trastorno, o deterioro en su vida. Encontramos hasta 8 tipos de trastornos parafílicos.

En todos, los síntomas deben aparecer como mínimo 6 meses. Conoce aquí sus características, prevalencia, manifestaciones y cómo pueden tratarse a través de la farmacología y de la psicoterapia.

Trastornos parafílicos: características

Los trastornos parafílicos se definen como ‘fantasías recurrentes e intensas de excitación sexual, así como pulsiones o comportamientos sexuales angustiosos o incapacitantes que involucran estímulos o situaciones atípicas’.

Se habla por lo general de objetos inanimados, niños o adultos sin su consentimiento, el sufrimiento o la humillación de la pareja (o de uno mismo), con probabilidad de causar daño, etc.

En el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), los trastornos parafílicos se categorizan como tales; en cambio, en la CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades), las parafilias son denominadas “trastornos de la inclinación sexual”.

Parafilia vs. trastorno parafílico

Para hablar de un trastorno parafílico y no solo de una parafilia debe existir un sufrimiento o daño para el individuo o que la satisfacción de la propia parafilia implique daño o riesgo de daño a los otros.

Es por ello que conviene aquí diferenciar los trastornos parafílicos (con sufrimiento o interferencia en la vida del individuo) de las parafilias (sin sufrimiento o interferencia).

Curso y desarrollo de los trastornos parafílicos

Por lo general, los trastornos parafílicos suelen iniciarse durante la pubertad. Sin embargo, los fetiches pueden desarrollarse antes de la adolescencia.

Una vez establecido el trastorno, este suele tener un curso continuado (como el trastorno de fetichismo), que fluctúa en cuanto a la frecuencia e intensidad de los comportamientos o deseos irrefrenables.

8 tipos de trastornos parafílicos

En el DSM-5 encontramos hasta 8 tipos de trastornos parafílicos. Veamos las características y prevalencia de cada uno de ellos.

1. Trastorno de exhibicionismo

Los trastornos parafílicos pueden causar daño.
Esto puede generar problemas en las víctimas del exhibicionismo.

El trastorno de exhibicionismo es un tipo de trastorno parafílico en el que, durante un período de por lo menos 6 meses, aparece una recurrente e intensa excitación sexual por la exposición de los propios genitales a un desconocido. Esta excitación se manifiesta a partir de fantasías, impulsos o determinados comportamientos.

Para poder diagnosticarse este trastorno, el individuo debe haber cumplido estos deseos sexuales irrefrenables con una persona que no ha dado su consentimiento.

Puede darse el caso de que estos deseos o fantasías sexuales causen malestar significativo o deterioro (condición suficiente para diagnosticar el trastorno de exhibicionismo, aunque no se dé la anterior).

El trastorno de exhibicionismo se denomina exhibicionismo en la CIE-10, con unos criterios similares a los del DSM-5. Sin embargo, en ella se añade, entre sus criterios, que no existe una intención de contacto sexual con el testigo.

Especificaciones del trastorno

Por otro lado, el DSM-5 indica que debe especificarse una de las siguientes condiciones: si la persona se excita por la exposición de los genitales a niños prepúberes, a individuos físicamente maduros o a ambos.

Debe especificarse si el comportamiento se da en un entorno controlado, y si está o no en remisión total.

Prevalencia

Según el DSM-5, la prevalencia del trastorno de exhibicionismo es desconocida. Sin embargo, basándose en los casos de exhibicionismo observados en muestras no clínicas o la población general, se habla de una prevalencia máxima del trastorno en el 2-4 % de los varones.

En mujeres esta prevalencia es aún más desconocida, pero se cree que es muy inferior a la de los hombres.

2. Trastorno de fetichismo

Otro de los trastornos parafílicos es el trastorno de fetichismo. Implica excitación sexual intensa y recurrente derivada del empleo de objetos inanimados (por ejemplo, tacones, vestidos…) o un gran interés específico por parte(s) del cuerpo no genitales (por ejemplo: pies, manos, espalda…).

Todas estas fantasías, como ocurre en otros trastornos parafílicos, generan malestar o deterioro en el funcionamiento diario. El DSM-5 indica que en el trastorno fetichista se debe especificar si la excitación se da:

  • Con parte(s) del cuerpo.
  • Con objeto(s) inanimado(s).

En la CIE-10, igual que ocurre con el trastorno de exhibicionismo, este trastorno se denomina fetichismo a secas. Los criterios son similares, aunque en el caso de la CIE-10 se habla de la excitación sexual ante “objetos inertes”, siendo esta la fuente más importante de estimulación sexual para la persona (o resulta esencial para una respuesta sexual satisfactoria).

Prevalencia

La prevalencia del trastorno de fetichismo es desconocida, pero sí se sabe que en la población clínica se han descrito casos casi exclusivamente en hombres.

3. Trastorno de frotteurismo

Otro de los trastornos parafílicos es el trastorno de frotteurismo. Implica la existencia de excitación sexual intensa y recurrente, en este caso derivada de los tocamientos o fricción contra una persona sin su consentimiento.

Estos tocamientos se realizan en espacios pequeños con mucha gente y donde se puede pasar “inadvertido”, como por ejemplo el metro. Dicha excitación, como en los trastornos parafílicos anteriores, se manifiesta por fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos. Estos síntomas aparecen como mínimo durante 6 meses.

Además, debe darse una de las siguientes condiciones: o bien la persona ha cumplido estos deseos con una persona que no ha dado su consentimiento, o bien las fantasías causan malestar o deterioro en el funcionamiento diario.

Prevalencia

En cuanto a su prevalencia, los actos de frotteurismo (incluidos los tocamientos y fricciones no deseados de carácter sexual con otros individuos), pueden suceder hasta en un 30 % de los hombres adultos en la población general.

Según datos del mismo manual, más o menos un 10-14 % de los varones adultos visitados en ambulatorios por trastornos parafílicos o hipersexualidad, tienen una presentación que cumple los criterios diagnósticos para este trastorno.

4. Trastorno de pedofilia

El trastorno de pedofilia o pedofilia conlleva una excitación sexual intensa y recurrente derivada de fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos que implican la actividad sexual con uno o más niños prepúberes (generalmente, menores de 13 años).

Para hablar de pedofilia, es necesario que la persona haya cumplido esos deseos con el menor, o bien que dichas fantasías le causen importante malestar o problemas interpersonales. Por otro lado, la persona con pedofilia debe tener, como mínimo, 16 años, y debe ser al menos 5 años mayor que el niño.

No se debe incluir en los casos de pedofilia a individuos al final de la adolescencia que mantienen una relación sexual continua con otra persona de 12 o 13 años.

Especificaciones de la pedofilia

Entre las especificaciones de la pedofilia, se deben realizar las siguientes: especificar si se trata de pedofilia de tipo exclusiva (atracción exclusiva por niños) o tipo no exclusiva (atracción también por adultos).

Es necesario especificar si la atracción sexual es por el sexo masculino, por el femenino o por ambos. Finalmente, se indicará si la pedofilia aparece limitada al incesto o no.

Prevalencia

La prevalencia de la pedofilia es desconocida en la población, aunque la máxima prevalencia del trastorno en la población masculina es de aproximadamente el 3-5 %. En las mujeres, la prevalencia es todavía más incierta, aunque probablemente es mucho menor que en el caso de los hombres.

5. Trastorno de masoquismo sexual

Los trastornos parafílicos y la violencia.
El uso de la fuerza puede asociarse al abuso.

Implica una excitación sexual intensa y recurrente derivada del hecho de ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento de cualquier otra forma. Estos síntomas duran, como mínimo, 6 meses, y causan malestar en el sujeto o interferencia en su día a día.

Se puede especificar si aparece o no con asfixiofilia (cuando la persona busca conseguir la excitación sexual por medio de la restricción de la respiración). En la CIE-10, este trastorno recibe el nombre de sadomasoquismo.

Prevalencia

La prevalencia del trastorno de masoquismo sexual es desconocida. Sin embargo, según datos de DSM-5, en Australia, por ejemplo, se ha estimado que el 2,2 % de los hombres y el 1,3 % de las mujeres han practicado actos de servidumbre y castigo, sadomasoquismo o dominancia y sumisión durante los últimos 12 meses.

6. Trastorno de sadismo sexual

En este caso hablamos de una excitación sexual derivada del sufrimiento físico o psicológico de otra persona. Además, la persona no ha dado su consentimiento (o bien los síntomas causan malestar o deterioro en la persona que sufre el trastorno).

En cuanto a su prevalencia, se estima que esta oscila entre el 2 y el 30 % en la población.

7. Trastorno de travestismo

El travestismo implica una excitación sexual recurrente e intensa a partir del uso de prendas del sexo opuesto. Esto se manifiesta a través de fantasías, impulsos o comportamientos que provocan malestar o deterioro.

A nivel de prevalencia, se trata de un trastorno raro en los hombres y extremadamente raro en las mujeres. Menos del 3 % de los hombres refiere haberse excitado sexualmente al haber vestido atuendos de mujer.

8. Voyeurismo

Implica una excitación derivada de la observación de una persona desprevenida que está desnudándose o dedicada a una actividad sexual. El individuo debe tener, como mínimo, 18 años de edad.

En la CIE-10 este trastorno se denomina escoptofilia. Se calcula que la prevalencia máxima posible del trastorno, a lo largo de la vida, es del 12 % en hombres y del 4 % en mujeres.

Tratamiento

En cuanto al tratamiento de los trastornos parafílicos, este deberá adaptarse a cada sujeto y trastorno en concreto. Se suele emplear una combinación de tratamientos psicofarmacológicos, psicológicos y quirúrgicos en algunos casos. Aquí hablaremos de los dos primeros.

Tratamiento farmacológico

En cuanto al tratamiento farmacológico, existe una línea de intervención sobre el deseo sexual mediante la manipulación de su sustrato hormonal. Así, el tratamiento hormonal de las parafilias incluye el uso de acetato de medroxiprogesterona (AMP) y de acetato de ciproterona (ACP).

Durante mucho tiempo se habían venido utilizando estrógenos. Se ha propuesto también el uso de tranquilizantes. El haloperidol ha sido bastante utilizado, pensándose que es el más específico a la hora de reducir la líbido.

Tratamiento psicológico

Para el tratamientos de los trastornos parafílicos, autores como Marshall y col. (1991) han postulado sus teorías. Demostraron que programas que incluyen cambios cognitivos y mejora de las relaciones interpersonales resultan más eficaces que aquellos que solo se centran en la modificación de las preferencias sexuales.

En los tratamientos psicológicos se recomienda, cuando sea posible, empezar con abordajes constructivos y positivos para el desarrollo de formas más adaptativas de conseguir gratificaciones y no solo para eliminar el problema existente. Las áreas en las que se propone centrar la intervención, a nivel psicológico, son las siguientes:

  • Desarrollo de vinculadores positivos.
  • Deserotización de los estímulos parafílicos.

Las parafilias son mucho más frecuentes en la población que los trastornos parafílicos. En el primer caso, hablamos de patrones de comportamiento en los que la fuente predominante de placer sexual se encuentra en actividades, estímulos o situaciones atípicas o poco frecuentes.

En cambio, en los trastornos parafílicos, el síntoma es el mismo pero a este se le añade un sufrimiento para la persona. Esto es lo que diferencia tener un trastorno mental o no tenerlo en psicología o psiquiatría. En cualquier caso, si crees que sufres un trastorno parafílico, te recomendamos que pidas ayuda profesional cuanto antes.

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