Los 6 tipos de sexismo que existen

El sexismo se puede catalogar en diferentes tipos, ya que no alude a un concepto heterogéneo. Veamos cuáles son y algunos ejemplos.
Los 6 tipos de sexismo que existen
Diego Pereira

Revisado y aprobado por el médico Diego Pereira.

Última actualización: 25 marzo, 2022

El sexismo se entiende como el prejuicio, la discriminación o la segregación que se hace con base en el sexo o el género.  El término a menudo se cita en relación con otros como la violencia doméstica, los delitos de odio, el acoso sexual o la desigualdad. Podemos distinguir diferentes tipos de sexismo, tanto por su propia naturaleza como por el contexto en el cual se manifiesta.

De acuerdo con los expertos, el sexismo engloba todas las creencias, el comportamiento, las prácticas y las actitudes que manifiesta un sujeto, una institución o una sociedad en relación con el sexo o el género. La mayoría de las veces abordado desde una perspectiva negativa. Descubrirás con los distintos tipos de sexismo que es más común de lo que parece, hasta el punto de que puede pasar desapercibido.

Principales tipos de sexismo

El sexismo se puede catalogar de acuerdo con su naturaleza (hostil, benevolente o ambivalente) o teniendo en cuenta el contexto (institucional, interpersonal e interiorizado). Aunque existen otros criterios de clasificación, como por ejemplo el de algunos expertos como el sexismo indirecto, sexual y físico, este modelo es el estándar que permite englobar los diferentes tipos. Veamos cuáles son, sus características y algunos ejemplos de cada uno.

1. Sexismo hostil

Hace referencia a las creencias, las actitudes y los comportamientos abiertamente hostiles hacia un grupo de personas en relación con su género o sexo. El sexismo hostil se materializa a través de actitudes agresivas o impositivas hacia determinado género o sexo. Puede afectar tanto a hombres como a mujeres, aunque en la práctica muchos piensan que solo se desarrolla en los primeros.

De acuerdo con los investigadores, la educación, la formación escolar, la familia y la manera en que se gestionan las parejas sentimentales inciden en la manifestación de este tipo de sexismo. Los estudios señalan que las actitudes hostiles tienden a disminuir a medida que se envejece, de manera que es más potente durante la adolescencia o la adultez joven. Veamos algunos ejemplos:

  • Uso de insultos, descalificativos o burlas por el género o el sexo basado en prejuicios.
  • Acoso o amenazas directas.
  • Uso de afirmaciones incoherentes para justificar su comportamiento.
  • Agresión física o sexual.
  • Actitudes de superioridad al término de una disminución de las cualidades del sujeto por su sexo o género.

Tal y como señala la evidencia, quienes practican el sexismo útil son más propensos a apostar por la violencia doméstica con sus parejas. Las ideas relacionadas con esta variante del sexismo giran en torno a la debilidad, la sumisión, la ausencia de inteligencia y demás.

2. Sexismo benevolente

Los tipos de sexismo en la sociedad
El sexismo benevolente suele ser bien percibido por la sociedad, a pesar de que tiende a aumentar la brecha en la desigualdad de género.

En contra del caso anterior, en el que los prejuicios giraban en torno a criterios negativos, el sexismo benevolente engloba prejuicios, actitudes y comportamientos positivos en relación con un sexo o género. La cursiva no es gratuita, ya que aunque las actitudes puedan camuflarse como positivas, en realidad no dejan de ser prejuicios que fomentan el sexismo.

La evidencia señala que las mujeres son más propensas a experimentar sexismo benevolente, y la mayoría de las veces goza de cierta aprobación. De hecho, y de acuerdo con los expertos, las mujeres tienden a protestar menos por el sexismo benévolo que por el sexismo hostil. Veamos algunas ideas de cómo se puede manifestar en el día a día:

  • Pensar que determinado género o sexo demanda protección o cuidado.
  • Asociar que los sujetos que pertenecen a este grupo son inocentes o puros.
  • Atribuir ideas o valores maternales, familiares o conyugales y la responsabilidad que esto implica.
  • Pensar que determinados trabajos están restringidos solo a un grupo en función de su género o sexo.

Las investigaciones sugieren que, aunque es uno de los tipos de sexismo mejor valorados socialmente, contribuye negativamente con la desigualdad de género. A menudo se asocian las actitudes de sexismo benévolo con un exceso de caballerosidad; de manera que pasa desapercibido en relación con otros tipos de sexismo.

3. Sexismo ambivalente

Se trata de una combinación de actitudes y prejuicios del sexismo benevolente y el sexismo hostil. No se desarrollan en momentos aislados, sino que se combinan en uno solo para conformar una amalgama de comportamientos. Por ejemplo, pueden considerar a las mujeres puras o inocentes al término que la valoran como pecaminosas.

Es más común de lo que se piensa; de hecho, la mayoría de los prejuicios recogen ideas del sexismo hostil y benevolente al mismo tiempo. Por supuesto que no existe una proporción equilibrada de prejuicios, aunque sí podemos encontrar una presencia de actitudes de ambos bandos. Los expertos sugieren que este tipo de sexismo se asocia con la ideología conservadora.

Esta es la clasificación de los tipos de sexismo más utilizada, aunque también podemos abordar el problema de acuerdo con el contexto en el cual se manifiesta. Por supuesto, para comprender esto debes tener presente las ideas de estos primeros tres tipos.

4. Sexismo institucional

Los tipos de sexismo en el trabajo
Con frecuencia, los entornos laborales son lugares en los que el sexismo puede ser muy marcado.

Se entiende como sexismo institucional a los prejuicios y las actitudes que están respaldadas, y en muchos casos promovidas, por organizaciones o instituciones. Estas pueden ser tanto de carácter público como privado, y en general contribuyen a la normalización o a la aceptación social del sexismo (hostil, benevolente o ambivalente) en la sociedad. Te dejamos con algunos ejemplos de las situaciones en las que se puede manifestar:

  • Sistema legal de un país.
  • Medios de comunicación.
  • Instituciones financieras.
  • Sistema educativo.
  • Corporaciones, empresas y demás.
  • Sistema de salud.
  • Gestión gubernamental en general.

El sexismo institucional puede estar avalado legalmente en el país, lo que impone a todos los sujetos de un Estado a asimilarlo. También se entiende por sexismo institucional a aquellas actitudes o comportamientos sexistas que se desarrollan dentro de instituciones u organizaciones, sin que estas sean penadas de alguna forma.

5. Sexismo interpersonal

El sexismo interpersonal alude al sexismo que un sujeto manifiesta en su interacción con los demás. Esta interacción puede ser con su pareja, su familia, sus amigos, con colegas e incluso con extraños. Puede ocurrir en un plano íntimo (dentro del hogar) o en un plano social (un centro comercial, una plaza).

No siempre existe una conexión directa en el grado de sexismo que un sujeto manifiesta. Por ejemplo, este tiende a agudizarse más cuando existe una mayor confianza y se hace en un plano íntimo. Se manifiesta por comentarios y acciones, y estas pueden ser hostiles, benévolas o ambivalentes.

6. Sexismo interiorizado

Alude a los prejuicios que una persona tiene de sí misma. Estas creencias están condicionadas por una serie de elementos, que van desde la educación, su formación familiar, el país donde vive, las relaciones que ha tenido con los demás, los traumas del pasado y demás. El sexismo interiorizado lleva a justificar actos sexistas que provienen de los demás, e incluso puede llegar a avalarlos.

Este tipo de sexismo a menudo se acompaña de baja autoestima, problemas para socializar, para insertarse en el plano laboral, elegir una carrera, tener autoconfianza y demás. Es más común de lo que se piensa, hasta el punto que casi la totalidad de la población tiene algún tipo de prejuicio o actitud interiorizada en relación con su sexo o género.

Aunque solo hemos dado unas pinceladas sobre los tipos de sexismo, esperamos que las ideas presentadas sean de referencia para poder identificarlos. No siempre se hace de manera explícita, y su intensidad o su grado suelen variar.

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