El síndrome de Estocolmo: ¿en qué consiste?

El síndrome de Estocolmo es un fenómeno más complejo de lo que parece. Te enseñamos qué opinan los expertos sobre él y cuál es su origen.
El síndrome de Estocolmo: ¿en qué consiste?
Laura Ruiz Mitjana

Revisado y aprobado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana.

Última actualización: 19 julio, 2022

El síndrome de Estocolmo es una condición psicológica en la que una víctima o un rehén desarrolla empatía con un abusador o captor. Dicho de esta manera parece un fenómeno bastante simple, aunque en realidad es más complejo de lo que parece. No se recoge en la última edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5), tampoco en la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-11).

Tal y como señalan los expertos, el síndrome de Estocolmo se usa indiscriminadamente por los medios de comunicación como un cheque blanco en situaciones de abuso, captura y violencia. Esto se ha traducido en una trivialización, o en usarlo en contextos en los que propiamente no compete el síndrome. Te enseñamos qué se sabe al respecto y en cuáles circunstancias se suele manifestar.

Características del síndrome de Estocolmo

El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica que se usó para describir a los sucesos del famoso robo de Norrmalmstorg, en Estocolmo, Suecia, en 1973. Los rehenes del asalto a un banco de crédito desarrollaron empatía por el captor, incluso lo protegieron, en razón de su temor por verse comprometidos en una situación de violencia con la policía. Fue el psiquiatra Nils Bejerot quien acuñó el término, para entonces asesor de la policía sueca durante el asalto.

Tan solo unos meses después, en febrero de 1974, ocurrió el secuestro de Patricia Hearst por parte del Ejército Simbionés de Liberación. Poco después de su liberación, Patricia ayudó a sus secuestradores a asaltar un banco. Durante el juicio, sus abogados intentaron alegar que Patricia había desarrollado el síndrome de Estocolmo, aunque fue desestimado por el tribunal. Este hecho popularizó el fenómeno en todo el mundo.

De manera general, el síndrome alude a una situación en la que una persona desarrolla una respuesta emocional ante un captor o un abusador. Lo hace en relación con sus demandas, sus agendas e intenciones; también con su vida y su personalidad. En otras palabras, manifiesta un lazo positivo en lugar de todo lo contrario.

No está reconocido por parte de los manuales de diagnóstico internacionales, aunque a menudo se cita como un tipo de trastorno estrés postraumático o de trastorno de estrés agudo. A veces se denomina síndrome de Helsinki, aunque se debe a un malentendido generado por la película Die Hard (1988). Los psicólogos, psiquiatras y especialistas son mesurados al momento de utilizar el término, no así entre el público no especializado.

Síntomas del síndrome de Estocolmo

Comprensión del síndrome de Estocolmo
Incluso en las situaciones más desesperantes, algunas víctimas pueden desarrollar empatía por su captor como un mecanismo de defensa.

El síndrome se manifiesta de muchas formas, aunque lo hace siempre generando empatía hacia una persona que asume un papel de captor o de abusador. Debido a ello el cuadro típico se caracteriza por lo siguiente:

  • Bondad o compasión hacia el captor.
  • Rechazo y desconfianza ante quienes buscan liberarlos del vínculo con este (agentes policiales, amigos, familiares y demás).
  • Desarrollar lástima ante la situación que atraviesa el captor.
  • Negación al momento de optar por la libertad (optan por acompañar a su captor hasta el final).
  • Asimilación de los valores, los objetivos, la ideología y las metas de este.

Todas estas reacciones se desarrollan durante el tiempo en que se mantiene el vínculo rehén/captor o víctima/victimario. Puede persistir luego de que dicho vínculo se rompe, lo que a menudo deriva en episodios de vergüenza, arrepentimiento, confusión, dificultad para confiar en los demás, retraimiento social, sentimientos de vacío, depresión, ansiedad, insomnio y demás.

En definitiva, el síndrome de Estocolmo con frecuencia da paso al trastorno por estrés postraumático y al trastorno de ansiedad. Las personas que lo desarrollan tienen dificultades para incrustarse de nuevo a la vida social, también para lidiar con situaciones que consideren similares en el futuro. Es común que manifiesten secuencias retrospectivas del momento durante la vigilia o el sueño.

Causas del síndrome de Estocolmo

Causas del síndrome de Estocolmo
Las personas más predispuestas a desarrollar el síndrome de Estocolmo son aquellas que manejan altos niveles de estrés y ansiedad.

A pesar de que en los medios de comunicación se habla del síndrome de Estocolmo como un fenómeno bien comprendido, en realidad existen muchas lagunas en torno a él. Tal es el caso de sus desencadenantes, ya que los pacientes que lo han manifestado responden a perfiles diferentes. Se ha intentando relacionar con el abuso sexual infantil, mientras que algunos expertos lo asocian con los episodios de violencia doméstica.

Ciertamente, quienes han tenido que lidiar con situaciones como estas son más propensos a desarrollar el síndrome de Estocolmo; pero este puede aparecer con independencia de ellas. Algunos investigadores sugieren que el fenómeno es más simple de lo que parece, ya que se debe solo a un instinto de preservación de la vida. Esto es, si un rehén simpatiza con su captor es mucho menos probable que este le termine haciendo daño.

Bien es cierto que se deben cumplir algunos criterios para que el síndrome se manifieste. Por ejemplo, debe haber un cierto grado de comunicación entre el victimario y la víctima, la situación debe extenderse durante varias horas o días y el captor debe desarrollar un poco de amabilidad y empatía ante la reacción del rehén. El síndrome puede aparecer en los siguientes contextos:

  • Prisioneros de guerra.
  • Situaciones de violencia intrafamiliar.
  • Prisioneros de campos de concentración.
  • Miembros de una secta.
  • Víctimas de violencia sexual.

Es importante destacar que el fenómeno se manifiesta con mayor frecuencia en quienes han desarrollado una aversión a la policía, el orden, la sociedad o las leyes. Quienes se sienten que no están del todo protegidos, que forman parte de un grupo discriminado y que han sido rechazados de diversas formas por la sociedad suelen conectar con mayor facilidad con sus captores.

Alternativas para tratarlo

Dado que se trata de un síndrome que no ha sido estudiado a fondo, y que no está recogido en los manuales de diagnóstico y tratamiento estandarizados internacionalmente, no existe un consenso sobre cómo hacer frente a él. Se opta a menudo por la terapia psicológica o psiquiátrica, esto debido a la tendencia de desarrollar ansiedad y estrés postraumático luego de los eventos.

Muchas veces la empatía y la conexión persiste luego de que la situación de captura o violencia ha finalizado, lo que puede comprometer el bienestar emocional. No es infrecuente que los afectados se nieguen a colaborar con la justicia, bien sea declarando en un juicio o gestionando procesos de denuncia. El apoyo de la familia, los amigos y la sociedad es muy útil para contrarrestar las reacciones de aislamiento.

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