Lóbulo frontal: características y funcionamiento

El lóbulo frontal nos permite pensar en abstracto, planificar o manipular la información de forma activa. Es decir, se vincula con la cognición humana. Pero tiene muchas otras funciones: ¡te las contamos!
Lóbulo frontal: características y funcionamiento
Laura Ruiz Mitjana

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana el 03 junio, 2021.

Última actualización: 03 junio, 2021

Son cuatro los lóbulos que forman el cerebro; uno de ellos es el lóbulo frontal, una estructura clave que nos define como especie y que nos permite planificar, imaginar situaciones abstractas futuras o controlar la conducta, entre otras funciones.

Así, es un lóbulo que nos permite controlar nuestros impulsos más “animales” o emocionales (con su base en el sistema límbico) y vivir en sociedad. En este artículo conoceremos más sobre esta estructura, a través de un breve recorrido por su anatomía, su funcionamiento y las funciones en las que está implicado.

Lóbulo frontal: definición

El lóbulo frontal es importante.
El cerebro es un órgano complejo y con muchas áreas diferentes y especializadas.

El cerebro se divide en cuatro lóbulos: el temporal, el occipital, el frontal y el parietal. Cada uno de estos lóbulos cumple una serie de funciones y está formado por una serie de estructuras.

En el caso del lóbulo frontal, hablamos de una estructura anatómica situada en la parte más frontal del cerebro. Esta parte es la que más se acerca al rostro.

Está separado de otro lóbulo, el parietal, a través de una estructura llamada fisura de Rolando (o fisura central), y del lóbulo temporal, por la fisura de Silvio (o fisura lateral).

Características

En realidad, no hablamos solo de un lóbulo, sino de dos lóbulos frontales (uno en cada lado del cerebro, o hemisferio cerebral). En los humanos, los lóbulos frontales son los mayores de todos, y eso es porque ocupan un tercio de toda la corteza cerebral.

Los lóbulos frontales, al igual que el resto de lóbulos, no trabajan de forma aislada, sino que se conectan con el resto de las partes del cerebro para realizar sus funciones.

El lóbulo que nos diferencia como humanos

Podríamos decir que, en gran parte, el lóbulo frontal es el que nos diferencia del resto de animales. Esto es gracias a las funciones tan desarrolladas que nos permite realizar este lóbulo, y que nos convierten en humanos. Hablamos de las funciones ejecutivas.

Partes del lóbulo frontal

Hemos visto de forma muy genérica cómo es la anatomía del lóbulo frontal. Pero, ¿cuáles son las partes que configuran esta estructura cerebral? Hablamos de tres áreas bien diferenciadas, sobre todo relacionadas con el movimiento:

Corteza motora

La corteza motora es la zona implicada en los procesos de planificación, ejecución y control de los movimientos. Está formada, a su vez, por otras estructuras:

  • Corteza motora primaria (también llamada M1): donde se originan los impulsos nerviosos que bajarán por la espina dorsal, a fin de activar determinados músculos.
  • Corteza premotora (APM): se encarga de hacer que el aprendizaje de experiencias pasadas influya sobre la técnica del movimiento.
  • Área motora suplementaria (AMS): implicada en los movimientos muy precisos (psicomotricidad fina).

Corteza prefrontal

En esta región encontramos la capacidad para reprimir los impulsos y también para pensar en abstracto. Nos permite imaginar el futuro, hipotetizar e interiorizar las normas sociales, por ejemplo.

Área de Broca

Finalmente, otras de las estructuras clave en este lóbulo es el área de Broca. Esta estructura está implicada en la realización de movimientos concretos a fin de articular el habla (nos permite hablar).

Por eso las personas con una lesión en esta zona sufren afasia de Broca, un trastorno del lenguaje de origen adquirido.

Funcionamiento del lóbulo frontal

¿Cómo opera el lóbulo frontal? A grandes rasgos, el lóbulo de cada uno de los hemisferios cerebrales (el izquierdo y el derecho) permite convertir la información que nos llega del entorno en material a partir del cual el cerebro “decide” lo que hace con dicha información.

Así, es a través de las funciones ejecutivas que el cerebro diseña un plan de acción para intervenir, de forma eficaz, en el medio que nos rodea. Es por esta razón por la que también nos permite resolver problemas de todo tipo, y se relaciona también con la inteligencia.

Sujetos activos

A través del lóbulo frontal, pasamos de ser sujetos pasivos (que reciben información) a ser sujetos activos (que manipulan y que utilizan dicha información).

A través de él, respondemos a unos objetivos específicos que podemos seleccionar a partir de la información que nos llega del entorno (o de nuestros aprendizajes y conocimientos).

Funciones ejecutivas

El lóbulo frontal está implicado en varias funciones cerebrales, a destacar, las funciones cognitivas. Las funciones cognitivas son aquellas relacionadas con la cognición humana y con la toma de decisiones.

Se trata de procesos cognitivos complejos, actividades mentales que realizamos para relacionarnos con nuestro entorno. Nos permiten crear, planificar, priorizar unas determinadas tareas vs. otras o gestionar nuestro tiempo, entre otras funciones.

Son funciones que realizamos cada día, muchas veces sin darnos cuenta, pero la mayoría de estos procesos no pueden hacerlos los animales. Así, estas funciones se relacionan con la memoria, la planificación, la resolución de problemas específicos, la atención y la concentración.

Otras funciones

Hemos visto cómo el lóbulo frontal posibilita las funciones cognitivas, pero también está implicado en otro tipo de funciones (algunas de ellas, funciones cognitivas). Entre ellas, destacan las siguientes:

Memoria de trabajo

El lóbulo frontal está vinculado a la memoria de trabajo (MT), un tipo de memoria que permite el almacenamiento temporal de la información (memoria a corto plazo) y la elaboración de dicha información.

En otras palabras, la MT es un tipo de memoria “activa” que nos permite “guardar” la información que tenemos en la mente y manipularla y utilizarla para fines diversos (sobre todo, para la resolución de problemas).

Este lóbulo gestiona este tipo de memoria, y sabemos que una lesión de esta estructura afecta a dicha función. Así, la MT posibilitada por el lóbulo frontal tiene un papel clave en mantener ciertas informaciones en la memoria, de forma transitoria, para resolver un problema a tiempo real.

Gracias a la memoria de trabajo podemos realizar tareas complejas que requieren tener en cuenta diferentes variables o elementos del medio.

Planificación

El lóbulo frontal interviene en la planificación.
La planificación depende en gran parte del buen funcionamiento del lóbulo frontal.

Una de las funciones cognitivas de las que se encarga el lóbulo frontal es la planificación. La planificación es aquella habilidad que nos permite organizar nuestra realidad, establecer metas y cumplirlas a través de una serie de pasos que diseñamos.

Así, este lóbulo también nos permite imaginar planes y estrategias además de anticiparnos a los resultados que esperamos obtener. Con él creamos en la mente una serie de escenarios imaginados, y además nos permite imaginar cómo operaremos, dentro de ellas, para conseguir nuestros objetivos.

En cierto modo, el lóbulo frontal nos ayuda a imaginar metas más abstractas y más a largo plazo que el resto de lóbulos cerebrales (algunos de ellos, más centrados en las metas a corto plazo).

Metapensamiento

El metapensamiento o la metacognición es la capacidad para pensar sobre el propio pensamiento (y sobre el propio conocimiento). Es decir, engloba todos aquellos conocimientos abstractos, que tenemos en la mente, y que hacen referencia al saber y al aprendizaje.

Es una habilidad, también vinculada al lóbulo frontal, que nos permite pensar de forma abstracta sobre cosas que tenemos en la mente o en la imaginación. Así, va más allá de lo que vemos o sentimos en un determinado momento. Implica pensar sobre cómo pensamos. Como dato curioso, este proceso está inmerso en terapias como la terapia cognitivo-conductual.

Control conductual

Más allá de las habilidades cognitivas, el lóbulo frontal también está implicado en procesos como el control de la propia conducta. Así, es una estructura que nos permite controlar nuestro propio comportamiento y adecuarlo a las exigencias del medio.

Es por ello que las personas con una lesión en el lóbulo frontal presentan grandes dificultades para gestionar su propia conducta, con síntomas como la desinhibición social o el pobre control de los impulsos.

De forma más concreta y a nivel anatómico, es la zona orbital del lóbulo frontal (su zona inferior) la que está siempre relacionada con los impulsos que vienen del sistema límbico (donde se originan las emociones).

Nos permite gestionar el autocontrol

Así, una de las funciones de este lóbulo es amortiguar los efectos de estas señales que comentamos, para así disminuir la probabilidad de sufrir un arrebato emocional, por ejemplo.

En definitiva, este lóbulo nos ayuda a seguir nuestros planes sin que las emociones o determinados impulsos perjudiquen la consecución de estos, y esto tiene una gran relación con la capacidad de autocontrol.

Trabajo en equipo

Como el resto de lóbulos cerebrales, el lóbulo frontal necesita de las otras partes del cerebro para funcionar de forma adecuada. De ellas recibe información, y también se coordina con ellas a tiempo real y a una gran velocidad.

Por ejemplo, si queremos iniciar una secuencia de movimientos voluntarios, este lóbulo necesita que estén activadas otras estructuras, como serían los ganglios basales (que permiten la ejecución de movimientos automatizados, gracias a las experiencias pasadas y a la repetición).

El lóbulo frontal está implicado en el movimiento, en las funciones cognitivas y en el control de la propia conducta. Sin embargo, su funcionamiento es complejo y en él se articulan muchas más subestructuras y funciones que las mencionadas.

En gran parte (aunque no de forma total), su estudio se nutre de las personas que han sufrido determinadas lesiones en este lóbulo, y que han permitido constatar cómo su afectación conlleva alteraciones en determinadas funciones.

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