Epilepsia

Por defecto del sitio · 27 agosto, 2019
El tratamiento de la epilepsia se basa, principalmente, en la administración de fármacos. Más del 50 % de los pacientes que se tratan por primera vez con un tratamiento antiepiléptico obtienen buenos resultados.

La epilepsia es una enfermedad crónica que afecta al sistema nervioso central. Aparece en forma de crisis inesperadas y espontáneas que se producen por una actividad eléctrica excesiva de un grupo de neuronas hiperexcitables.

Para que un paciente pueda ser diagnosticado como epiléptico es necesario que haya sufrido al menos dos crisis. Este dato es importante porque aproximadamente en la mitad de la población que ha padecido una primera crisis epiléptica esta es espontánea, por lo que no se puede diagnosticar como epilepsia.

Además, hay que tener en cuenta que las crisis epilépticas por sí mismas no son una epilepsia, sino que son un síntoma o un trastorno motivado por varios factores que producen irritación y un mal funcionamiento de las neuronas.

Por otro lado, la prevalencia de la epilepsia afecta, según los estudios epidemiológicos realizados, a un porcentaje entre el 0,4 % y el 0,8 % de la población general. Con otras palabras, 8 de cada 1000 personas son epilépticas.

La epilepsia es la segunda enfermedad de origen neurológico más frecuente después de las cefaleas. Puede afectar a cualquier persona y a cualquier edad. No obstante, afecta más a las personas en las edades más extremas, es decir, durante el primer año de vida y en personas mayores de 65 años.

Causas de la epilepsia

La epilepsia no tiene una causa identificable en casi la mitad de las personas que padecen la enfermedad. En la otra mitad de los pacientes, pueden producirse a causa de diversos factores, entre los que podemos mencionar:

  • Factores genéticos: algunos tipos de epilepsia son hereditarios. Los investigadores han establecido una relación entre algunos tipos de epilepsia y genes específicos. No obstante, la herencia es solo una parte de los factores que causan la enfermedad.
  • Traumatismo craneal.
  • Enfermedades cerebrales: como los tumores o los accidentes cerebrovasculares.
  • Enfermedades infecciosas: como por ejemplo la meningitis, el sida o la encefalitis viral.
  • Lesiones prenatales: antes del nacimiento, los bebés son sensibles al daño cerebral que puede originarse por diferentes motivos, como una infección en la madre, una mala nutrición o deficiencia de oxígeno.
  • Trastornos del desarrollo: algunos de ellos son, por ejemplo, el autismo o neurofibromatosis.
Cerebro

Tipos de crisis epilépticas

Las crisis epilépticas se pueden clasificar en dos grandes grupos: las crisis epilépticas parciales o focales y las crisis generalizadas.

Crisis epilépticas focales

En este tipo de epilepsia, la descarga comienza en una zona concreta del cerebro. El 60 % de las crisis epilépticas son focales. El paciente experimenta una combinación de síntomas y signos motores, sensitivos, sensoriales, psíquicos y vegetativos.

Entre los diferentes tipos de síntomas que el paciente puede padecer encontramos:

  • Cambios en el color de la piel, como palidez o enrojecimiento.
  • Aumento de la presión arterial.
  • Taquicardia o bradicardia.
  • Quemazón.
  • Alteraciones del lenguaje.
  • Otros.

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Crisis epilépticas generalizadas

Este tipo puede ir acompañado de convulsiones o no. La pérdida de consciencia ocurre desde el primer momento del ataque y es frecuente que el enfermo se caiga al suelo y se lesione.

Si las crisis generalizadas van acompañadas de convulsiones, se clasifican en distintos tipos de crisis:

  • Tónicas.
  • Clónicas.
  • Tónico-clónicas.
  • Atónicas.

Por el contrario, si no van acompañadas de convulsiones, se denominan ausencias. En este caso se clasifican como:

  • Ausencias típicas.
  • Ausencias atípicas.

Por otro lado, cabe mencionar otro tipo de epilepsia: la crisis continua. También se conoce como estado de mal epiléptico o estatus epiléptico. Se denomina así a una crisis que dura más de 30 minutos y que puede ser convulsiva o no.

¿Cómo se puede tratar?

Fármacos

El tratamiento de la epilepsia se basa, principalmente, en la administración de fármacos. Más del 50 % de los pacientes que se tratan por primera vez con un tratamiento antiepiléptico obtienen buenos resultados.

No obstante, existe otro porcentaje en el que se necesita hacer un ajuste de dosis o combinar varios medicamentos. También hay otra proporción de pacientes cuyos casos son incontrolables y se necesita un tratamiento quirúrgico.

Los fármacos antiepilépticos tienen como objetivo controlar totalmente las crisis epilépticas. Para ello, tratan de inhibir la excitación de las neuronas. Estos medicamentos se deben administrar de forma gradual y es de suma importancia que se cumpla estrictamente las pautas marcadas por el médico. En caso de no cumplir con el tratamiento de manera adecuada, puede que este mismo no sea igual de eficaz.

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Por otro lado, el tratamiento quirúrgico, que se valorará cuando el paciente no responda al farmacológico, consiste en la extirpación total o parcial del tejido anormal del cerebro responsables de las crisis. Sin embargo, para que se pueda llevar a cabo la cirugía, la epilepsia debe ser de tipo focal.

Finalmente, existe otra opción de tratamiento que es la implantación de un electrodo para estimular el nervio vago. Se cree que este nervio conecta con muchas zonas del cerebro que están a menudo implicadas en la epilepsia.

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