Diferencias entre signo y síntoma

Aunque se utilicen de forma intercambiable, es necesario saber que un signo clínico no es lo mismo que un síntoma. Aquí te contamos en detalle por qué.
Diferencias entre signo y síntoma
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 19 octubre, 2021.

Última actualización: 19 octubre, 2021

Todos los seres humanos nos enfermamos en algún momento de nuestra vida, pues tanto la salud como la ausencia de la misma son situaciones complementarias que definen la vida. Vamos más allá, pues fuentes informativas estiman que hasta el 95 % de la población mundial tiene algún tipo de patología en cualquier momento y lugar. ¿Quieres conocer las diferencias entre signo y síntoma?

Los síntomas y los signos clínicos son capaces de indicar cuándo un ser humano se encuentra enfermo, pero no hacen referencia a las mismas experiencias ni son igual de objetivos. Aunque normalmente utilicemos la palabra “síntoma” para categorizar cualquier experiencia anómala que sentimos, en las siguientes líneas podrás comprobar que esto no es del todo correcto.

La salud, la enfermedad y la sintomatología

Antes de explorar las diferencias entre signo y síntoma, vemos de interés sentar ciertos conocimientos que usaremos a lo largo de todo este espacio. Por ejemplo, no podemos comprender en su totalidad qué es la signología de un paciente sin antes describir la ausencia de patologías en su organismo. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como ‘un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades’. Este cuadro de bienestar puede describirse de forma subjetiva (ver como aceptable el estado propio) u objetiva (ausencia de enfermedades y factores dañinos cuantificables).

A diferencia de lo que se suele pensar, la salud total se alcanza con el bienestar en todos los sentidos y no solo por la ausencia de dolencias cuantificables. De todas formas, una persona con una enfermedad crónica puede considerarse “saludable” de forma subjetiva cuando su situación es menos mala que de costumbre, por lo que este parámetro tiene un alto componente propio e intransferible.

Por otro lado, la enfermedad se puede definir como ‘la alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible’, tal y como indica el portal Discap.net. Aquí entran en juego por primera vez los términos que nos atañen.

El concepto de enfermedad hace referencia a toda condición que impida el funcionamiento normal del organismo. Estas condiciones pueden ser adquiridas, agudas, crónicas, congénitas, genéticas, hereditarias, iatrogénicas e idiopáticas. De todas formas, todas ellas se manifiestan con algún tipo de signo (aunque no sea visible al ojo humano).

La salud y la enfermedad forman parte de la vida y todos nos ponemos enfermos en algún momento de nuestra existencia. Somos sistemas abiertos en continuo intercambio con el medio y, por ende, desde agentes infecciosos hasta lesiones pueden llegar a trastocar nuestra homeostasis.

La salud no solo es la ausencia de una enfermedad.

¿Cuáles son las diferencias entre signo y síntoma?

Una vez hemos definido qué es la salud y qué es la enfermedad, estamos preparados para investigar cuáles son las diferencias entre signo y síntoma. No dejes de leer, pues la distinción clave es más importante de lo que parece desde un punto de vista clínico.

1. El signo clínico es objetivo y el síntoma es subjetivo

Las diferencias entre signo y síntoma incluyen la forma en la que se perciben
Algunos signos pueden pasar desapercibidos para los pacientes, pero para los médicos pueden ser señales muy evidentes de ciertas patologías.

El signo, mejor designado como signo clínico, es una manifestación objetiva, clínicamente fiable y observable en la exploración médica. Una vez evaluado y registrado, todo signo es de utilidad para establecer un diagnóstico diferencial concreto. No todos los signos clínicos pueden observarse a simple vista a nivel corporal, pero siempre son cuantificables y objetivos.

Por otro lado, el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) define el síntoma como ‘un problema físico o mental que presenta una persona, el cual puede indicar una enfermedad o afección’. La distinción clave es que los síntomas no se pueden observar y no se manifiestan en exámenes médicos. Dicho de otro modo, son subjetivos y solo puede comunicarlos el paciente (o manifestarlos comportamentalmente).

A pesar de esta diferencia, la mayoría de enfermedades se presentan con signos y síntomas simultáneos. Un signo como el eritema cutáneo se acompañará de un síntoma como el picor de la piel.

2. No todas las enfermedades tienen síntomas, pero sí signos

Existen varias condiciones asintomáticas que no se presentan con síntoma alguno, algo especialmente común en las primeras etapas de ciertas enfermedades crónicas. De todas formas, toda patología presenta al menos un signo clínico, ya que para considerarse como tal tiene que trastocar algún proceso normal (aunque sea de forma mínima).

Pongamos como ejemplo la aterosclerosis, un síndrome que se caracteriza por el depósito e infiltración de sustancias lipídicas en la capa íntima de las paredes de las arterias. Tal y como indica el portal médico MSD Manuals, la aterosclerosis temprana permanece asintomática durante varias décadas, pero en esta etapa están produciéndose cambios cuantificables en el aparato circulatorio.

A pesar de que el paciente no padezca ningún síntoma, en este cuadro se producen una serie de lesiones focales (ateromas) en la capa más interna de las arterias. Este es un signo clínico que puede observarse mediante diversas técnicas, entre las que se encuentran el cateterismo cardíaco y angiografía. La enfermedad progresa aunque el individuo no sienta nada al principio.

Los síntomas de la aterosclerosis aparecen una vez las lesiones obstruyen el flujo sanguíneo. Si las arterias afectadas son cardíacas, por ejemplo, es común el dolor de pecho y la presión torácica al realizar ejercicio. El daño en las arterias es cuantificable (signo) y el dolor (síntoma) puede aparecer décadas después de que este comience.

Algo similar ocurre con muchas enfermedades infecciosas. En algunas etapas son asintomáticas, pero se pueden observar cambios a nivel tisular en las zonas afectadas y seguir transmitiéndose. 

3. Diferentes criterios de clasificación

Tal y como indica el Algester Medical Centrelas categorías que organizan los síntomas y los signos son muy diferentes. Comenzamos citando las más importantes en el terreno de la sintomatología:

  • Síntomas crónicos: son aquellos que tienden a presentarse por un largo periodo de tiempo. La fatiga, los dolores inespecíficos, las palpitaciones y la sensación de falta de aliento son algunos de ellos. Estos pueden presentarse por semanas, meses e incluso años.
  • Síntomas recurrentes: son aquellos que han ocurrido en momentos previos y vuelven a aparecer tras un periodo de descanso y después del “final” de la patología. Por ejemplo, un cuadro de depresión puede darse por finalizado, pero el paciente tiene cierta predisposición a presentar síntomas depresivos nuevamente en el futuro.
  • Síntomas en remisión: son aquellos síntomas que reducen su gravedad en recurrencia o intensidad. Por ejemplo, el dolor de cabeza de una migraña que lleva años sin aparecer puede considerarse en remisión.

En contraste con lo citado, las categorías que diferencian los signos clínicos son muy diferentes:

  • Signos diagnósticos: son aquellos eventos orgánicos observables que el médico utiliza para detectar una enfermedad. Por ejemplo, la nariz tapada, los ojos llorosos y los estornudos pueden ayudar a detectar un proceso alérgico.
  • Signos patognomónicos: es aquel cuya presencia indica que una enfermedad particular está presente más allá de cualquier duda. Un ejemplo podría ser la existencia de los corpúsculos de Negri en las neuronas cerebrales de los animales o personas afectadas por el virus de la rabia.
  • Pronósticos: son aquellos signos que indican, hasta cierto punto, la evolución o supervivencia de un paciente. Por ejemplo, el tamaño de un tumor cancerígeno puede ayudar a predecir la probabilidad de éxito de tratamiento antes de que este empiece. Los signos pronósticos nunca son infalibles, pero se basan en la estadística y la experiencia para inferir un escenario probable.
  • Anamnésicos: los signos anamnésicos indican que un paciente ha padecido una enfermedad en el pasado. La parálisis facial puede ser un indicativo de que una persona ha sufrido un derrame cerebral en algún momento de su vida.

Como puedes ver, la categorización en cada frente marca una de las mayores diferencias entre signo y síntoma. Uno no es más complejo o inválido que otro, pero sin duda la signología clínica es algo más exacta que la recogida de síntomas.

4. Existen signos vitales, pero no síntomas vitales

Hemos definido los signos clínicos como una serie de manifestaciones objetivas y clínicamente fiables, pero estos no siempre tienen por qué estar vinculados con las enfermedades. Existen 4 signos vitales que ayudan a los profesionales médicos a cuantificar el estado de salud de un individuo, y estos pueden encontrarse en límites sanos o patológicos. Veámoslos en más detalle.

1. Temperatura

La medición de la temperatura es esencial a la hora de detectar cualquier tipo de cuadro, pues mantener un nivel de calor corporal adecuado permite llevar a cabo la inmensa mayoría de procesos químicos que tienen lugar en nuestro organismo. La temperatura se suele medir con un termómetro colocado en la axila, pero también se puede hacer por vía oral o rectal.

La temperatura estándar es de 37 °C, si bien entra dentro de la normalidad un grado más o uno menos. El signo patológico más claro en este terreno es la fiebre, manifestada con una temperatura de 38,3 °C o superior. Este signo es objetivo y fácil de cuantificar, pero los síntomas experimentados en el cuadro febril pueden variar entre personas.

2. Pulso o frecuencia cardíaca

La Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos define el pulso como ‘el número de latidos cardíacos por minuto’. Dicho de otro modo, representa los movimientos necesarios que realiza el corazón para movilizar la sangre por las arterias en un periodo de 60 segundos. Los valores normales son de 60 a 100 pulsaciones por minuto, aunque los atletas pueden tener un pulso más bajo (hasta 40 ppm).

De nuevo estamos ante un signo cuantificable, objetivo y fácil de medir con un pulsómetro. Un ritmo de latidos cardíacos excesivamente alto (taquicardia) puede indicar niveles anormales de potasio en sangre, daños en el miocardio, hipertiroidismo e insuficiencia cardíaca (entre otros). El pulso irregular o por debajo de lo normal también suele ser indicio de una patología cardíaca.

3. Frecuencia respiratoria

Como su propio nombre indica, la frecuencia respiratoria representa la velocidad a la que ocurre el acto mecánico de respirar (inspirar y espirar). El valor normal para un adulto en reposo es de 8 a 16 ciclos por minuto. Por otro lado, en un bebé se pueden producir hasta 44 respiraciones por minuto y seguir considerándose como algo normal.

Una frecuencia respiratoria acelerada puede indicar estrés, ansiedad, asma, asfixia y muchas alteraciones más.

4. Presión sanguínea

La presión sanguínea es la tensión ejercida por la sangre que circula sobre las paredes de los vasos sanguíneos. La más medida mediante un esfigmomanómetro es la presión arterial y esta varía de forma significativa si el corazón está contraído (sístole) o relajado (diástole). El valor estándar en adultos es de 120/80 milímetros de mercurio en sístole y en diástole respectivamente.

Los 4 signos vitales otorgan información clave a la hora de evaluar el estado de salud del individuo. No existen síntomas vitales como tal.

5. Ejemplos diferentes

Ya te hemos mostrado cuáles son las diferencias principales entre signo y síntoma. De todas formas, vemos de interés mostrarte ejemplos dentro de cada bloque para que la idea quede del todo cimentada.

Ejemplos de signos clínicos

Estos son algunos de los ejemplos de signos objetivos que se pueden utilizar en la clínica para diagnosticar una enfermedad:

  • Ascitis: este término hace referencia a la existencia de líquido en el abdomen. A nivel técnico es la presencia de más de 25 mililitros en la cavidad peritoneal. La ascitis se observa a simple vista, pero también se debe medir.
  • Adenopatía: inflamación de los ganglios linfáticos. Esta suele indicar en la mayoría de los casos un proceso infeccioso y, en menor medida, un posible cuadro cancerígeno.
  • Edema: es la acumulación de líquido en el espacio extracelular. Se trata de un signo especialmente común en las extremidades inferiores e indica un desajuste en el equilibrio hidroelectrolítico del organismo. La ascitis antes mencionada también es un tipo de edema.
  • Fiebre: es el signo clínico por excelencia y suele indicar una infección, aunque otras patologías pueden provocarla. Como hemos dicho, se cataloga como tal cuando la temperatura del individuo es igual o mayor a 38,3 °C.
  • Tos: es un mecanismo reflejo que permite mantener la función de intercambio de gases en los pulmones, ya sea evitando la aspiración de cuerpos extraños o manteniendo las vías aéreas libres de mucosidades y otros productos. No siempre indica una enfermedad, pero desde luego es signo de diversas condiciones.

Ejemplos de síntomas

Las diferencias entre signo y síntoma incluyen la subjetividad de su descripción
En una fractura, el dolor puede ser un síntoma bastante subjetivo explicable por varios motivos, pero la presencia de deformidades es un signo que orienta el diagnóstico.

Por último, te presentamos algunos ejemplos de síntomas. Como podrás comprobar, estos son bastante más inespecíficos y subjetivos que los signos:

  • Mareo: este síntoma representa el malestar que se produce por el movimiento de un vehículo o también como consecuencia de algunas enfermedades. Puede preceder a las náuseas y los vómitos.
  • Dolor: este es el síntoma por excelencia y se trata de una percepción sensorial localizada y subjetiva que puede ser más o menos intensa, molesta o desagradable y que se siente en una parte del cuerpo. Es resultado de la excitación de los nociceptores, receptores especializados repartidos por el cuerpo que transmiten la información al sistema nervioso central.
  • Somnolencia: es un estado en el que el paciente requiere descanso de forma más urgente de lo esperado. Suele acompañarse de letargia, lentitud mental y debilidad generalizada.
  • Picor: es un hormigueo particular o irritación incómoda de la piel que conlleva la necesidad o deseo de rascarse en el lugar afectado. Puede ser diseminado o localizado y suele acompañarse de ciertos signos clínicos, como el eritema o la presencia de granos.
  • Tristeza: aunque no lo parezca, emociones como la ansiedad, la tristeza o la apatía pueden considerarse como síntomas. A pesar de que estos no sean perceptibles a nivel físico, síntomas como la tristeza persistente son un requisito para diagnosticar un trastorno depresivo mayor u otras enfermedades mentales.

A pesar de que las diferencias en este frente sean claras, cabe destacar que los síntomas se pueden cuantificar en cierta medida (aunque estos no sean tan exactos como los signos). Por ejemplo, existen escalas de dolor que permiten la representación más adecuada posible de la sensación por parte del paciente. Aunque no son infalibles, ayudan a ponerle un número a un evento subjetivo.

Los signos suelen ser más exactos que los síntomas, pero a veces estos últimos son tan importantes como ellos (o más) a la hora de detectar un trastorno.

Diferencias entre signo y síntoma: dos caras de la misma moneda

Te hemos presentado las diferencias entre signo y síntoma a lo largo de todo este espacio, pero debes tener en cuenta que ambos son conceptos complementarios. Los signos suelen provocar síntomas, ya que un desajuste fisiológico causa en muchos casos la estimulación de las terminaciones nerviosas. De todas formas, no todas las condiciones son sintomáticas.

Aunque parezca que los síntomas son menos importantes que los signos, en el terreno de la salud mental destacan por ser a veces el único apoyo diagnóstico posible. Las percepciones sensoriales son tan válidas como las evidencias físicas a la hora de dibujar el estado general de un paciente, sobre todo si nos fijamos en el ámbito psicológico.

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