Diferencias entre esclerosis múltiple y ELA

La esclerosis múltiple y la ELA son enfermedades neurológicas que cursan con síntomas muy similares. Por fortuna, existen múltiples características que permiten diferenciarlas para iniciar el tratamiento adecuado.
Diferencias entre esclerosis múltiple y ELA
Diego Pereira

Revisado y aprobado por el médico Diego Pereira el 12 noviembre, 2021.

Escrito por Luis Rodolfo Rojas Gonzalez, 12 noviembre, 2021

Última actualización: 12 noviembre, 2021

La esclerosis múltiple (EM) y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) son enfermedades neurológicas crónicas que tienden a ser confundidas a pesar de sus diferencias. Ambas son patologías degenerativas que afectan el sistema nervioso central, las cuales causan altas tasas de discapacidad a nivel mundial.

La EM es una afección crónica, desmielinizante e inflamatoria de naturaleza autoinmunitaria. Estudios afirman que es la patología neurológica más frecuente en los adultos jóvenes de Norteamérica y Europa. Por su parte, la ELA o enfermedad de Lou Gehrig se caracteriza por la degeneración progresiva de las neuronas motoras y de la médula espinal.

Las personas tienden a usar ambas enfermedades como sinónimos, debido a que presentan la palabra “esclerosis” en común. No obstante, existen varias diferencias significativas entre la esclerosis múltiple y la ELA asociadas al mecanismo de lesión neuronal. ¿Deseas saber más sobre el tema? ¡Sigue leyendo!

Diferencias entre esclerosis múltiple y ELA

La EM y la ELA son enfermedades de origen multifactorial que guardan un componente hereditario importante. Ambas entidades alteran la estructura neuronal, la conducción nerviosa y la actividad motora. No obstante, la ELA y la esclerosis múltiple presentan diferencias claves en su prevalencia, síntomas, evolución y pronóstico.

1. Prevalencia, sexo y edad del diagnóstico

Las diferencias entre esclerosis múltiple y ELA incluyen las cifras epidemiológicas
La esclerosis lateral amiotrófica es mucho menos frecuente que la esclerosis múltiple, pero no por ello menos letal.

En la actualidad, se han definido varias diferencias en cuanto a la prevalencia y las características epidemiológicas de ambas afecciones. Se estiman alrededor de 120 casos de EM por cada 100 000 habitantes. Por su parte, algunas investigaciones señalan que la ELA tiene una prevalencia mundial de 2 a 11 casos por cada 100 000 habitantes.

De esta forma, la EM provee hasta diez veces más casos que la ELA. Estas patologías son más comunes en los adultos, no obstante su incidencia varía en cuanto al sexo y la edad. La esclerosis lateral amiotrófica es más frecuente en hombres entre 40 y 70 años, mientras que la esclerosis múltiple es habitual en mujeres entre 20 y 40 años.

2. Mecanismo de daño al sistema nervioso central

El daño neurológico es distinto a pesar de que ambas patologías afectan estructuras nerviosas similares. La EM causa una lesión autoinmune, por lo que es el propio cuerpo quien ataca a las vías neuronales. Por lo general el daño se produce en la mielina, una sustancia aislante que recubre los nervios y permite la conducción adecuada del impulso nervioso.

La desmielinización generará cicatrices y daños permanentes en los nervios con el paso del tiempo, determinando el mal pronóstico de la enfermedad y la discapacidad en las personas. Además, se originarán diversos síntomas sensitivos o motores dependiendo del sitio en el que se genere el daño neuronal.

El daño neuronal de la ELA se produce en la vía motora. Este es un grupo de neuronas que descienden desde la corteza hasta la médula espinal y se encargan de controlar los movimientos voluntarios. Las mismas se degeneran de forma progresiva causando alteraciones motoras y pérdida de masa muscular por falta de estimulación nerviosa.

3. Síntomas asociados

Algunas manifestaciones clínicas pueden ser similares en ambas patologías, sobre todo al inicio de la enfermedad. Dichos síntomas son la debilidad, la incoordinación de movimientos, la rigidez muscular y la dificultad para moverse. Sin embargo, las diferencias evidentes aparecen a medida que la esclerosis múltiple y la ELA evolucionan.

El cuadro clínico de la EM se caracteriza por alteraciones motoras, cerebelosas, sensitivas y medulares. Algunos de los síntomas de la esclerosis múltiple son los siguientes:

  • Fatiga.
  • Hormigueo y entumecimiento de las extremidades. 
  • Alteraciones visuales.
  • Problemas para caminar.
  • Depresión y cambios de humor.
  • Pérdida del equilibrio.
  • Dificultad para hablar.
  • Memoria lenta y borrosa.

Por otro lado, la ELA se presenta como una debilidad progresiva que puede evolucionar a la pérdida total de la fuerza muscular o parálisis. De igual forma, las personas afectadas pueden presentar los siguientes síntomas:

  • Calambres y espasmos musculares.
  • Dificultad para hablar.
  • Problemas en la deglución y la respiración.
  • Torpeza y caídas frecuentes.
  • Dificultad para mantener la cabeza erguida.

4. Evolución de la enfermedad

Las diferencias entre esclerosis múltiple y ELA incluye la evolución de los síntomas
La progresión de los síntomas de los trastornos neurodegenerativos tiene mucho que ver con la extensión y localización de las lesiones neuronales.

En la actualidad, existen varios patrones de presentación de la esclerosis múltiples. No obstante, estudios afirman que entre el 83 y el 90% de los afectados padece la forma remitente-recurrente. El cuadro de la EM se caracteriza por episodios en brotes durante 24 a 72 horas, los cuales remiten de modo parcial o total.

Algunas personas con EM pueden experimentar una recuperación completa de la enfermedad. Además, el 15 % de los afectados padecen la forma primaria progresiva, la cual tiene un curso lento y sostenido en el tiempo. Por lo general, los pacientes experimentan deterioro cognitivo y el ritmo de progresión varía de una persona a otra.

La ELA presenta un curso continuo y progresivo, cuyo ritmo suele ser acelerado en la mayoría de las personas. Además, no se evidencian lapsos de remisión o latencia y no se acompaña de alteraciones cognitivas. La esperanza de vida de los pacientes con ELA varía entre 3 a 5 años luego del diagnóstico.

5. Diagnóstico y tratamiento

La identificación temprana de ambas patologías es fundamental para determinar un mejor pronóstico de vida. En la mayoría de los casos, el diagnóstico de la EM se basa en la clínica, la evaluación neurológica, el estudio de líquido cefalorraquídeo y la resonancia magnética.

El reconocimiento de la ELA involucra una mayor dificultad por su similitud con otras patologías y baja prevalencia. Por lo general, el médico debe buscar signos de deterioro neurológico y motor. Además, los estudios complementarios por electromiografía, resonancia magnética, análisis de sangre y punción lumbar son útiles.

Hoy en día, no existe una cura definitiva para ninguna de estas afecciones. Por tal motivo, el tratamiento se basa en utilizar fármacos que permitan frenar la evolución de la enfermedad acompañada de sesiones de fisioterapia y terapia ocupacional. En el caso de la ELA, el tratamiento en su mayoría es sintomatológico.

Dos esclerosis con un curso diferente

La esclerosis múltiple y la ELA son patologías que inician de forma similar y manifiestan varias diferencias en la medida que evolucionan. El tipo de daño neurológico es la clave que determina el curso de ambas patologías. La EM causa una desmielinización generalizada, mientras que en la ELA la lesión se ubica en las neuronas motoras.

De igual forma, la esclerosis lateral amiotrófica carece de síntomas sensitivos y cognitivos, mientras que en la EM son evidentes. El reconocimiento temprano de ambas afecciones determina una mejor respuesta terapéutica y una mayor calidad de vida. Ante cualquier duda no dudes en consultar con tu médico de confianza.

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