Síndrome del ocaso o sundowning: ¿qué es?

El síndrome del ocaso afecta a millones de adultos mayores en todo el mundo. Te enseñamos sus causas y opciones de tratamiento.
Síndrome del ocaso o sundowning: ¿qué es?
Diego Pereira

Revisado y aprobado por el médico Diego Pereira.

Última actualización: 18 abril, 2022

El síndrome del ocaso, también conocido como síndrome crepuscular, síndrome vespertino o sundowning, hace referencia a una serie de cambios neuropsiquiátricos y conductuales en pacientes con demencia. Se trata de un síndrome descriptivo, ya que no está reconocido por los manuales de diagnóstico. A pesar de ello, es un fenómeno real que afecta a millones en todo el mundo.

La condición se manifiesta también en adultos mayores que viven en residencias y en pacientes con enfermedad de Alzheimer. A pesar de que se conoce desde hace más de 70 años (Donald Ewen lo describió en 1941) lo cierto es que no ha despertado un interés mayor en la comunidad científica. Prueba de ello es el desconocimiento de su etiología, la ausencia de herramientas de detección, las estimaciones de su prevalencia e incluso la delimitación de los síntomas.

Características del síndrome del ocaso

El síndrome del ocaso es un fenómeno clínico muy común en paciente que padecen demencia. Se caracteriza por un incremento de los síntomas neuropsiquiátricos del paciente al caer la tarde, al anochecer o durante el transcurso de la noche. Los síntomas se caracterizan por un comportamiento disruptivo, uno que incluso puede ser diferente al habitual en el paciente.

No existe una definición del síndrome de ocaso por parte de los científicos, ya que no se ha estudiado lo suficiente. Los expertos advierten que la manifestación se conoce desde hace décadas, aunque aún no hay un consenso sobre sus causas o sus opciones de tratamiento. Debido a esto, muchas de las estrategias que usan los cuidadores y familiares para hacer frente a él son empíricas.

El síndrome se describió por primera vez en 1941 como delirio nocturno por Donald Ewen Cameron. Desde entonces han aparecido varios estudios tratando de delimitar la manifestación, aunque no los suficientes para poder comprender bien sus desencadenantes. Recopilamos una selección de los principales síntomas de síndrome del ocaso:

  • Inquietud.
  • Agitación y ansiedad.
  • Confusión y desorientación.
  • Disfunción emocional.
  • Disfunción cognitiva.
  • Comportamiento agresivo.
  • Irritabilidad.
  • Gritos.
  • Cambios de humor repentinos.
  • Alucinaciones.
  • Insomnio y otros trastornos del sueño.
  • Deambulación (se puede alternar con disfunción motora).
  • Omisión de indicaciones u órdenes.

Como se puede observar los signos son muy variados, y cada paciente los manifiesta de forma diferente. Lo cierto es que estos son más intensos que en otros momentos del día y empeoran a medida que cae la noche. Por lo general los síntomas desaparecen o se atenúan al amanecer. El síndrome vespertino es una de las principales causas de que las familias decidan internar a un paciente en una institución geriátrica o de salud mental.

¿Cuáles son las causas del síndrome del ocaso?

El síndrome del ocaso puede deberse al consumo de medicamentos
Es necesario considerar cada caso particular para entender los posibles desencadenantes del síndrome del ocaso. El consumo de varios medicamentos es uno de ellos.

No existe un consenso en la actualidad sobre las causas del síndrome del ocaso. Por supuesto, esto no ha impedido que se hayan propuesto varias hipótesis. La mayoría de ellas propugnan una relación entre condicionantes fisiológicos, psicológicos y ambientales. Veamos qué dicen los expertos sobre ello.

Privación sensorial

La teoría de la privación sensorial es una de las que goza de mayor prestigio para explicar por qué se produce el síndrome del ocaso. Algunos autores afirman que la mayoría de los pacientes que manifiestan el síndrome experimentan una exposición reducida a la luz solar.

Este aislamiento de la realidad exterior puede traducirse en agitación y confusión; más aún cuando se interactúa muy poco con el paciente.

Trastornos del ritmo circadiano

Se piensa también que anomalías fisiológicas específicas pueden provocar un trastorno o alteración del ritmo circadiano. Algunos investigadores señalan que condiciones subyacentes como la enfermedad de Alzheimer pueden mediar en dicha alteración, algo que descolocaría el ciclo de sueño-vigilia. Esto ocasiona un retraso de los periodos de sueño, despertares bruscos y una ampliación del ciclo intermedio entre la vigilia y el sueño.

Trastornos del sueño

Los trastornos del sueño incrementan a medida que las personas envejecen. Como consecuencia se pueden desarrollar problemas como depresión, irritabilidad, reducción de la capacidad cognitiva y fatiga. Las siestas que se toman a lo largo del día pueden reducir la predisposición a dormir por la noche, algo que si se suma con las consecuencias citadas puede ser un catalizador para el síndrome del ocaso.

Respuesta desadaptativa

Otros expertos creen que el síndrome vespertino no es más que una respuesta desadaptativa del paciente. El aislamiento social, la pérdida progresiva de las facultades físicas o psicológicas, la poca comprensión del cuidador y la incomodidad con el lugar donde se habita se traduce en un aumento de los signos. Esto explica por qué es más común en instituciones geriátricas o de salud mental.

Ingesta de medicamentos

Por último, es pertinente considerar que algunos medicamentos pueden estar detrás de muchos episodios de este tipo. Los efectos secundarios de los antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos y otros pueden ocasionar irritabilidad, inquietud y acatisia. Recuérdese en este punto que no es infrecuente que una mala elección de un fármaco conlleve a una exacerbación de los síntomas (en especial en pacientes con edad avanzada).

La incomodidad física por estar mucho tiempo en una silla o en una cama, la presencia de otras enfermedades subyacentes, el hambre o la deshidratación, los cambios en los niveles de glucosa, el descenso de la presión arterial, las alteraciones bruscas de la temperatura y la presencia de muchas sombras pueden también explicar el síndrome del ocaso.

Tratamiento para el síndrome del ocaso

El síndrome del ocaso mejora en el día
Si bien no siempre existe una “cura” para esta condición, siempre existen formas de mejorar los síntomas y la calidad de vida.

Existen dos opciones de tratamiento para este síndrome: un enfoque no farmacológico y uno farmacológico. Se prefiere en todo momento apostar por el primero, y avanzar al segundo solo si no se logran avances importantes. Veamos qué puede hacer un familiar o un cuidador para evitar la exacerbación de los signos neuropsiquiátricos:

  • Reducir la ingesta de alcohol, tabaco y cafeína.
  • Reducir la ingesta de azúcar.
  • Evitar las cenas con una alta concentración calórica.
  • Asegurarse que el paciente coma y beba lo suficiente.
  • Incluir sesiones de ejercicio o de actividad motora a lo largo del día.
  • Fijar la temperatura del aire acondicionado y evitar oscilaciones de esta.
  • Asegurarse que el paciente vea la luz solar o el exterior varias veces durante la jornada.
  • Cerrar las cortinas y encender la luz de las habitaciones durante la noche.
  • Reducir el ruido al anochecer.
  • Interactuar de manera regular con el paciente.
  • Crear una zona cómoda para la persona. Esto incluye, pero no se limita, a su silla y su cama.
  • En caso de que la persona se muestre receptiva a ello, colocar música como sonido de fondo.

También se deben tratar las afecciones subyacentes en caso de que las hubiere y mantener un control de la evolución de la enfermedad o de la salud en general de la mano de un especialista. El familiar o el cuidador debe aprender además técnicas para lidiar con el síndrome cuando este se manifieste. Esto incluye crear una atmósfera de calma, de comprensión y de comunicación.

En algunos contextos, y en caso de que un profesional lo avale, se puede optar por la ingesta de medicamentos. Los ansiolíticos y los antidepresivos pueden ayudar a reducir los síntomas. El síndrome del ocaso es en muchos sentidos una manifestación desconocida, de manera que en las próximas décadas los estudios deberían arrojar luz sobre cómo prevenirlo y tratarlo con mayor efectividad.

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