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Lípidos: ¿qué son y para qué sirven?

Los lípidos son unas moléculas que presentan múltiples formas y propiedades. Desde la membrana celular hasta las hormonas sexuales, estos compuestos no dejan terreno fisiológico sin cubrir.

Lípidos: ¿qué son y para qué sirven?
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador en 10 Noviembre, 2020

Última actualización: 10 Noviembre, 2020

Los lípidos son un grupo de moléculas orgánicas compuestas, en su mayoría, a base de carbono e hidrógeno —además de oxígeno, nitrógeno, azufre y fósforo, entre otros—.  Es importante destacar que, junto con las proteínas y los hidratos de carbono, los lípidos son considerados unos de los principales macronutrientes de la dieta.

Según asociaciones de índole dietética, estos nutrientes son los que actúan como el reservorio de energía más eficaz en el organismo. Cada gramo de grasa aporta el doble de calorías que el glucógeno —un hidrato de carbono— y ocupa menos espacio. Así pues, no sorprende conocer que el 99 % de una célula de tejido graso esté compuesta por lípidos.

Estamos ante un grupo de moléculas orgánicas que encierran una complejidad apasionante, pues desde su estructura química hasta diversos conceptos dietéticos, los lípidos presentan muchísimas funciones esenciales para la supervivencia de los organismos. En esta oportunidad, te lo contamos todo sobre ellos.

Lípidos y grasas
Los lípidos forman parte de la composición del cuerpo humano y son esenciales para la vida.

Estructura química

Una regla nemotécnica que se suele impartir en los colegios para recordar la estructura química de los lípidos es la siguiente: CHONSP. Esta extraña palabra hace referencia a los siguientes términos:

  • Carbono.
  • Hidrógeno.
  • Oxígeno.
  • Nitrógeno.
  • S (azufre).
  • P (fósforo).

Los tres primeros (CHO) son esenciales en el “esqueleto” lipídico, mientras que N,S y P se presentan en unos casos sí y en otros no. Para entender la composición química de los lípidos, es necesario acudir a su unidad funcional esencial: el ácido graso.

El ácido graso

Un ácido graso se define como una biomolécula formada por una cadena hidrocarbonada lineal. Esto significa que, en efecto, su esqueleto está formado por carbono e hidrógeno. Aunque se encuentran en la naturaleza libre en pequeñas cantidades, de forma general estas moléculas se obtienen mediante la hidrólisis de lípidos más complejos.

En uno de los extremos de esta cadena encontramos un grupo CH3, que corresponde a tres enlaces libres ocupados por átomos de hidrógeno. En el otro extremo se sitúa un grupo carboxilo COOH, el cual actuará como “pegamento” para la unión del ácido graso con la glicerina o el propanotriol, dando lugar al tipo de lípido más famoso, el cual veremos en líneas posteriores.

Aunque pueda resultar difícil imaginarnos esta biomolécula, portales divulgativos nos muestran su forma tridimensional de forma interactiva. Sea como fuere, una fórmula general del ácido graso quedaría tal que así:

CH3–(CH2)n–COOH

Te habrá llamado la atención la “n” situada fuera del paréntesis en la fórmula, ¿verdad? Esta hace referencia al número de repeticiones de la unidad básica de la cadena hidrocarbonada. En general, los ácidos grasos tienen entre 12 y 24 carbonos, siendo especialmente típicos los de 16 y 18.

La mayoría de los ácidos grasos presentan un numero par de carbonos en su composición química. 

Tipos de ácidos grasos y propiedades

No podemos continuar descubriendo el mundo de los lípidos sin antes describir los tipos de ácidos grasos y sus propiedades. Según portales educativos, existen dos grupos principales. Te los resumimos de forma breve:

  • Saturados: todos los enlaces que unen a los átomos de la cadena son simples.
  • Insaturados: si tienen algún doble o triple enlace en su estructura. En este grupo, los más comunes son los ácidos grasos monoinsaturados, con un solo enlace doble entre los carbonos 9 y 10.

A continuación, recordamos algunas de las propiedades físicoquímicas de los ácidos grasos:

  1. Son anfipáticos: la cadena hidrocarbonada es hidrófoba y el grupo carboxilo (COOH) es hidrófilo. Esto otorga a los ácidos grasos un carácter insoluble al agua y, además, permite formar diversas estructuras celulares en los seres vivos —como la bicapa lipídica—.
  2. Punto de fusión: se define como la cantidad de energía necesaria para que el material pase a estado líquido. Este valor varía mucho entre los ácidos grasos saturados y los insaturados. Por ejemplo, el ácido esteárico tiene un punto de fusión de 71 grados y el oleico de 16,3 grados.
  3. Esterificación: si se une un ácido graso con un alcohol se obtiene un éster y se libera una molécula de agua. Este proceso es esencial para la formación de ciertos tipos de lípidos.
  4. Saponificación: la unión de un ácido graso con una base fuerte —como NaOH— da lugar a jabón y a una molécula de agua.

Tipos de lípidos

Te hemos dicho en líneas previas que la unidad funcional básica del lípido es el ácido graso, pero lo cierto es que no todos lo poseen. Según este criterio —es decir, si son saponificables o no—, podemos distinguir dos tipos distintos de lípidos. Te los contamos en las siguientes líneas.

1. Lípidos saponificables

Son aquellos que, mediante un proceso de hidrólisis —ruptura de la molécula en presencia de agua—, dan lugar a ácidos grasos. Por lo tanto, en la presencia de bases fuertes pueden dar lugar a los jabones antes descritos. En este grupo podemos encontrar una variedad molecular de vértigo, así que intentamos resumirte el conglomerado en unos pocos términos.

En primer lugar tenemos a los lípidos simples, es decir, ésteres de ácidos grasos y alcohol. Estos se escinden, a su vez, en dos grupos.

  • Acilglicéridos: basados en la unión de una molécula de glicerina con uno (monoglicérido), dos (diglicérido) o tres (triglicérido) ácidos grasos. Aquí tenemos a las grasas, sebos y aceites, es decir, las reservas de energía en los seres vivos.
  • Céridos: son ésteres de un ácido graso con un alcohol monovalente lineal de cadena larga. Un ejemplo muy claro es la cera producida por las abejas.

En segunda instancia encontramos a los lípidos complejos, es decir, aquellos que contienen otros elementos más allá de carbono, hidrógeno y oxígeno. Aquí es donde entra la parte NSP de la regla nemotécnica antes descrita (CHONSP). Según los elementos que presenten en su estructura química, estos lípidos se divide en las siguientes categorías:

  • Fosfolípidos: 1 molécula de glicerina + 2 ácidos grasos + 1 ácido fosfórico. Son las unidades esenciales de la estructura de la membrana celular de los seres vivos.
  • Fosfoglicéridos: esteres que contienen ácido fosfórico en lugar de un ácido graso.
  • Esfingolípidos: 1 alcohol (esfingosina) + 1 ácido graso + 1 ácido fosfórico + 1 alcohol aminado. Algunos de ellos presentan papeles esenciales en la señalización celular.
  • Glucolípidos: 1 ceramida + 1 glúcido de cadena corta. Aquí encontramos a los gangliósidos y cerebrósidos.

Mareante, ¿verdad? Si algo queremos transmitir con estas líneas es la increíble variedad de lípidos presentes en la naturaleza. Aún así, no te retires, pues nos falta una categoría más por describir: los lípidos no saponificables.

2. Lípidos no saponificables

Son aquellos que no están compuestos por ácidos grasos y, por lo tanto, no pueden dar lugar a jabones mediante la reacción de saponificación. Te presentamos, rápidamente, los tipos dentro de esta categoría:

  • Terpenos: lípidos derivados del hidrocarburo de isopreno. Según el número de moléculas de isopreno que contengan recibirán distintos nombres —desde monoterpenos a politerpenos—. Los aceites esenciales vegetales, los carotenoides o el caucho son ejemplos de terpenos.
  • Esteroles: lípidos derivados del ciclopentanoperhidrofenantreno. Solo con el nombre ya nos entra el mareo, así que nos limitaremos a decir que las hormonas sexuales o el colesterol son compuestos que caen en este grupo.
  • Prostaglandinas: lípidos derivados de los ácidos grasos esenciales de 20 carbonos tipo omega-3 y omega-6. Son mediadores en procesos de inflamación y ciertas interacciones del sistema inmune.

Funciones de los lípidos

Una vez hemos salido de la selva que es la clasificación de los lípidos, nos queda explorar cuáles son sus funciones. Como ya hemos dicho anteriormente, son una reserva energética perfecta, pues las grasas almacenan más del doble de calorías que otros compuestos orgánicos.

Más allá de lo que se pueda creer, las grasas en sí mismas no son malas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una ingesta de grasas que suponga entre un 20-30 % de la energía calórica total en la dieta. Aún así, existen ciertas apreciaciones a tener en consideración con respecto a esta afirmación.

Portales médicos como la Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU subrayan que los ácidos grasos saturados elevan los niveles de “colesterol malo”. Por esta razón, estos compuestos no deberían suponer más de un 6 % de la ingesta calórica diaria. Los productos con lípidos más beneficiosos para el organismo son los que presentan ácidos grasos monoinsaturados, como el aceite de oliva.

Más allá de la nutrición

Células grasas del tejido adiposo.
Los adipositos son células grasas del tejido adiposo.

A pesar de la importancia de los lípidos en un ámbito nutricional, estas moléculas orgánicas presentan utilidades mucho más diversas. Para cerrar esta oportunidad, te mostramos una lista con algunas de ellas:

  • Son aislantes térmicos: las grasas protegen a los seres vivos de las temperaturas inclementes en el exterior y les permiten balancear la suya propia.
  • Protección mecánica: los tejidos grasos protegen a huesos y órganos de golpes y fuerzas externas.
  • Los lípidos constituyen entre un 50-60 % de la masa cerebral.
  • Son indispensables para el crecimiento y regeneración de tejidos.
  • Forman parte de las membranas de los seres vivos a nivel celular.
  • Función biocatalizadora: a partir de los lípidos se forman hormonas sexuales, vitaminas lipídicas y ácidos biliares.

Unas moléculas esenciales para la vida

Desde un punto de vista evolutivo, la vida tal y como la conocemos a día de hoy no sería posible sin los lípidos. La célula es la unidad funcional de los seres vivos y, sin los fosfolípidos, no podría presentar una membrana celular que la diferenciara del medio ambiente.

Más allá de esto —y desde un punto de vista nutricional— los lípidos forman el grupo de los macronutrientes, junto a las proteínas y los hidratos de carbono. Por último, también son moléculas biocatalizadoras de compuestos esenciales para el ser humano: desde las hormonas sexuales a la activación del sistema inmune, los lípidos forman una parte esencial de nuestro organismo.

Proteínas

Proteínas

Las proteínas son nutrientes esenciales que desarrollan funciones diversas y muy importantes en el cuerpo humano. Te contamos más a continuación.



  • Lípidos, fundación alimentación saludable. Recogido a 29 de octubre en https://www.alimentacionsaludable.es/conc_lipidos.htm
  • Lípidos: estructura y clasificación, Proteopedia.org. Recogido a 29 de octubre en http://proteopedia.org/wiki/index.php/L%C3%ADpidos_estructura_y_clasificacion#:~:text=%2D%20Son%20l%C3%ADpidos%20constituidos%20por%20una,una%20mol%C3%A9cula%20de%20%C3%A1cido%20fosf%C3%B3rico.
  • Lípidos, educación xunta de Galicia. Recogido a 29 de octubre en https://www.edu.xunta.gal/centros/iespuntacandieira/system/files/03_L%C3%ADpidos.pdf
  • Alimentación sana: datos y cifras. Organización Mundial de la Salud (OMS). Recogido a 29 de octubre en https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/healthy-diet
  • Explicación de las grasas en la dieta, Medlineplus.gov. Recogido a 29 de octubre en https://medlineplus.gov/spanish/ency/patientinstructions/000104.htm

Samuel Antonio Sánchez Amador
Samuel Antonio Sánchez Amador

Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). A lo largo de su carrera estudiantil, se ha especializado en áreas de parasitología, epidemiología, microbiología y otras ramas que convergen entre la ciencia experimental y la medicina.

Formó parte de un equipo de investigación del departamento de Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) durante dos años, durante los cuales obtuvo conocimiento específico acerca de ADN, heredabilidad y otras cuestiones genéticas.

A día de hoy, se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, redactando para portales de índole médica, psicológica y epidemiológica.