Antihistamínicos

María Vijande · 4 marzo, 2019
Los antihistamínicos son fármacos indicados principalmente para combatir los procesos alérgicos. Se pueden clasificar según los receptores sobre los que actúan.

Los antihistamínicos son medicamentos que se utilizan para reducir o eliminar los efectos de las diferentes alergias. Para conseguir este efecto, bloquean los receptores de la histamina.

Sólo los agentes que tienen como resultado terapéutico principal la modulación negativa de los receptores de histamina H1 se conocen como antihistamínicos. Sin embargo, al haber más de un tipo de receptores para la histamina, los fármacos se pueden clasificar en función del receptor sobre el que actúen.

Historia sobre los antihistamínicos

El primer antihistamínico H1 que se descubrió fue el piperoxan. El responsable de este descubrimiento fueron los científicos Jeff Forneau y Daniel Bovet en el año 1933. Lo descubriendo durante sus esfuerzos por desarrollar un modelo animal para la anafilaxis en la Universidad de Ryerson, Toronto.

Bovet ganó el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en el año 1957 por este hallazgo. Gracias al descubrimiento del piperoxan, en las siguientes décadas se desarrollaron muchos más antihistamínicos H1. Éstos se clasifican, como veremos más adelante, dependiendo de su estructura química y de los agentes dentro de cada grupo tienen propiedades similares.

Aprendiendo sobre la histamina

Para conocer el funcionamiento y la eficacia de estos fármacos es fundamental entender los aspectos básicos de esta sustancia. De este modo, histamina es un compuesto que actúa en el organismo como hormona y como un neurotransmisor.

Como ya sabemos, tiene un papel fundamental en las reacciones alérgicas y en el sistema inmunitario, es decir, en aspectos relacionados con cuerpo extraños que se introducen en el organismo.

degranulación histamina

Se almacena en unas células llamadas mastocitos del tejido conjuntivo y en las células basófilas de la sangre. Fuera de los grupos celulares, la histamina también se encuentra en el cerebro.

Por otra parte, se sintetiza en el interior de las células y tiene como precursor el aminoácido (unidades que forman las proteínas) L-histidina.

En cuanto a su liberación, puede ser citotóxica o exocitótica. En la primera, la histamina rompe las membranas de la célula que la contiene y, en la segunda, se libera mediante una fusión previa de éstas sin deterioro celular.

La liberación es de tipo inmunológico, siendo múltiples los agentes físicos y químicos que provocan la liberación de histamina. Dentro de los efectos que se observan tras su liberación encontramos:

  • Vasodilatación.
  • Hipotensión.
  • Edema.
  • Broncoconstricción.
  • Estimulación de la secreción gástrica.
  • Respuestas inmunológicas e inflamatorias.
  • Prurito y dolor.

Otros efectos cuando se inyecta en la circulación general son:

  • Taquicardia.
  • Cefalea pulsátil.
  • Urticaria.
  • Shock anafiláctico junto con otros mediadores.

También es evidente su papel en la memoria, actividad cognitiva, sueño y vigilia.

Fármacos antihistamínicos

Como hemos mencionado, estos medicamentos se clasifican en función del receptor sobre el que van a actuar. A continuación, veremos los siguientes puntos sobre estos fármacos:

  • Antihistamínicos H1.
    • Acciones farmacológicas y aplicaciones terapéuticas.
    • Reacciones adversas.
    • Farmacocinética.
  • Antihistamínicos H2, H3 y H4.
  • Inhibidores de la liberación de histamina.

Antihistamínicos H1

Dentro de este grupo, se dividen en:

1ª generación

Son fármacos que bloquean los receptores centrales y periféricos, ya que atraviesan la barrera hematoencefálica, que es la que protege al cerebro. Por esta razón, como veremos más adelante, producen sedación y somnolencia.

No son fármacos selectivos, por lo que también bloquean otros receptores como los colinérgicos, los α-adrenérgicos, los receptores de la serotonina y los de la dopamina.

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Por otro lado, son fármacos que las mujeres embarazadas no deberían tomar, ya que pueden atravesar la placenta y afectar al feto. Son medicamentos con un inicio en la acción antihistamínica rápida, pero de corta duración.

Hay 6 grupos de antihistamínicos H1 de primera generación principales:

  1. Etanolaminas: producen mucha sedación, efectos anticolinérgicos y pocos problemas gastrointestinales.
  2. Etilendiaminas: la sedación es menor pero los problemas en el aparato gastrointestinal son mayores.
  3. Alquilaminas: presenta ciertos efectos estimulantes. Este grupo de fármacos no se debe utilizar en niños.
  4. Piperazinas: tienen una acción más prolongada y son menos sedantes que las etilendiaminas.
  5. Fenotiazinas: algunos presentan acción antitusiva.
  6. Pirrolidinas.

Otros fármacos son, por ejemplo, el ketotifeno, cinarizina o la azelastina.

2ª y 3ª generación

Los de la 2ª generación son fármacos más selectivos de los receptores H1. No atraviesan la barrera hematoencefálica por lo que no tienen efectos sedantes. Además, al ser más selectivos, los efectos anticolinérgicos son menores.

La duración de acción de este grupo de fármacos es de 12-24 horas, lo que permite la administración de una única dosis diaria. Algunos fármacos representantes de este grupo son:

  • Azelastina.
  • Cetirizina.
  • Ebastina.

Por último, dentro de los de la 3ª generación encontramos la desloratadina y la fexofenadina. En definitiva, los fármacos de 1ª generación producen, en mayor o menor grado, sedación y somnolencia. Este hecho significa un factor limitante para su utilización continuada.

Los de segunda generación comparten el abanico de acciones antihistamínicas, pero ejercen escasa acción depresora central por su menor capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica y por la ausencia de efectos anticolinérgicos; significan un avance terapéutico, sobre todo en el área de a patología alérgica.

Acciones farmacológicas y aplicaciones terapéuticas

La mejoría, fundamentalmente paliativa, de muchos de los síntomas de los procesos alérgicos, como rinorrea o el picor, constituye su principal interés terapéutico. Dentro de las acciones terapéuticas podemos destacar las siguientes 7:

  • Relacionadas con el antagonismo H1 periférico: antagonizan bien el aumento de la permeabilidad capilar, el prurito, la broncoconstricción y la contracción intestinal cuando son producidos estrictamente por la histamina. Sin embargo, solo antagonizan de manera parcial la hipotensión y el edema secundarios a la vasodilatación, ya que en esta existe también un componente H2.
    Sistema Nervios Central: predomina la acción sedante e hipnótica, que varía según el grupo de fármacos y las personas. Como hemos mencionado, este efecto es característico de los fármacos antihistamínicos de la primera generación. También se producen efectos antieméticos, anticinetósidos y antiveriginosos. A dosis tóxicas, suelen producir, una intensa estimulación central, llegando a producir convulsiones. En niños, a dosis terapéuticas, puede producirse un cuadro de agitación y excitación.
     Acción anticolinérgica: varía de unos a fármacos a otros y origina sequedad de boca y mucosas.
    Acción anestésica local: algunos antihistamínicos bloquean los canales de sodio de las membranas excitables como la prometazina.
    Inhibición de la liberación de histamina: algunos medicamentos como por ejemplo ketotifeno o cetirizina poseen, además, la propiedad de inhibir parcialmente la actividad de ciertos agentes liberadores de histamina. Por esta razón, estos productos también pueden ser útiles en el tratamiento del asma bronquial y las rinitis alérgicas como veremos más adelante.
    Acción antiinflamatoria: aunque la eficacia terapéutica de los antihistamínicos en la inflamación de tipo alérgico se debe exclusivamente a la supresión de los efectos de la histamina liberada, algunos de los antihistamínicos de la segunda generación también podrán realizar la actividad antiinflamatoria.
    • Acción antitusiva: como hemos visto, algunos de estos fármacos presentan una actividad antitusiva moderada.
    Antagonismo alfra-adrenérgico: como la fenotizinas y prometazina.

Por todas estas acciones, estos fármacos están indicados para tratar procesos de carácter alérgico y procesos de carácter no alérgico. Entre los primeros podemos mencionar: rinitis, conjuntivitis estacional o asma bronquial entre otros.

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Por último, para tratar los procesos no alérgicos, se utilizan con el fin de atenuar los síntomas de la cinetosis, vértigo y vómitos.

Reacciones adversas

Las reacciones adversas de este grupo de fármacos son abundantes y frecuentes. Su aparición e intensidad dependen de la dosis administrada y del paciente. Se suelen dar en diferentes sistemas del organismo:

  • SNC: somnolencia, sedación, cansancio y debilidad.
  • Aparato digestivo: náuseas, vómitos y pérdida de apetito.
  • Acción anticolinérgica: sequedad de boca, de la nariz y de la garganta y retención urinaria.
  • Sistema cardiovascular: taquicardia, hipertensión o hipotensión.

Por otro lado, de manera poco frecuente pueden aparecer cuadros clínicos de leucocitopenia, agranulocitosis y anemia. En aplicación tópica, hipersensibilidad y fotosensibilidad térmica.

Farmacocinética: ¿qué le pasa al fármaco en nuestro organismo?

Después de la administración por vía oral, presentan una buena absorción, pero la biodisponibilidad suele ser inferior al 50%. Con otras palabras, menos de la mitad de la concentración que se absorbe del fármaco está disponible para llevar a cabo la acción.

El metabolismo de los antihistamínicos, es decir, las transformaciones químicas a las que se someten en el organismo para hacerse más soluble y favorecer su eliminación, se llevan a cabo principalmente en el hígado.

hígado metabolismo hepático

Por otro lado, los de segunda generación, se caracterizan por no atravesar la barrera hematoencefálica. Además, presentan una duración de acción de entre 12 y 24h, por lo que, como hemos dicho, con una administración diaria es suficiente.

Los antihistamínicos H1 atraviesan la barrera placentaria y, debido a ello, recordamos que en caso de embarazo, se deben tomar las precauciones pertinentes.

Antihistamínicos H2, H3 y H4

Los H2 son fármacos que antagonizan de forma competitiva la acción de la histamina sobre los receptores H2. En este grupo de fármacos destacan:

  • Cimetidina.
  • Oxmetidina.
  • Nizatidina.

Una de sus acciones farmacológicas es el control de la secreción gástrica. Este control puede causar un efecto rebote al suspender la administración de estos antihistamínicos. Asimismo, inhiben la vasodilatación y la hipotensión derivada de la estimulación de los receptores H2.

Por otro lado, se encuentran los antihistamínios de los receptores H3, como la tioperamida, clobempropit o ciproxifano, que podrían ser de interés terapéutico en trastornos cognitivos.

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Finalmente, los antihistamínicos H4 se encuentran en fase de estudio y podrían ser de interés terapéutico en procesos inflamatorios y alérgicos.

Inhibidores de la liberación de histamina

Estos fármacos suelen ser derivados de la khellina como el cromoglicato sódico y el nedocromilo. No poseen acciones broncodilatadoras por sí mismos ni antagonizan la broncoconstricción producida por la histamina u otros. Sin embargo, pueden impedir el broncoespasmo provocado por agentes alérgicos.

Para tener eficacia en este proceso, deben actuar antes de que o haga el agente alérgico. Además, impiden la desgranulación y liberación de mediadores formados en los mastocitos, provocado spor los antígenos y otros estímulos liberadores, así se impide la liberación de histamina.

Esta acción protectora, sin embargo, es buena en el tejido pulmonar pero no en la piel. Por vía inhalatoria son bien tolerados y se utilizan para el tratamiento del asma bronquial.

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