Causas y factores de riesgo de la obesidad

¿Conoces cuáles son las causas de la obesidad? Te vamos a contar qué factores determinan la aparición de este problema creciente a nivel mundial.
Causas y factores de riesgo de la obesidad
Saúl Sánchez

Escrito y verificado por Saúl Sánchez el 21 Mayo, 2021.

Última actualización: 21 Mayo, 2021

Las causas de la obesidad son variadas. Se define a la misma como la acumulación excesiva de tejido adiposo en el organismo. Se considera una patología en sí misma y resulta un factor de riesgo para el desarrollo de otras enfermedades crónicas y complejas. De hecho, se asocia con la promoción de un estado de inflamación crónica.

Hay que tener claro que, en la mayor parte de las ocasiones, los factores que condicionan la obesidad son ambientales, es decir, dependen de los hábitos de vida. No obstante, hay también una determinación genética que puede predisponer hacia este problema.

Causas de la obesidad

Vamos a comenzar comentando cuáles son las principales causas de la obesidad. Nos centraremos en aquellas que están relacionadas con los hábitos de vida.

1. Dieta inadecuada

La calidad de la dieta en los países desarrollados se está reduciendo. Esto se debe a la desinformación y al poder de la industria a la hora de modular los comportamientos alimenticios de la población. Se ofrecen productos muy palatables que cuentan con ingredientes de baja calidad.

Azúcar añadido

El azúcar es uno de los elementos más presentes en los ultraprocesados de origen industrial. Consigue mejorar las características organolépticas de los productos, aportando sabor y textura. Ahora bien, su impacto sobre el organismo es negativo.

De acuerdo con un estudio publicado en la revista Current Diabetes Reports, la ingesta de azúcares añadidos se considera uno de los principales promotores de la obesidad. Sobre todo cuando se administra por medio de líquidos.

No obstante, hay que diferenciar el azúcar añadido del presente de forma natural en ciertos alimentos, como las frutas. En estos casos existe una cantidad de fibra que modula la absorción del carbohidrato y que reduce el impacto en el organismo.

También es importante conocer que existen diferentes formas de denominar al azúcar en las etiquetas de los productos. No solo aparece nombrado como azúcar añadido, sino que es posible encontrar referencias como fructosa, jarabe de glucosa, miel, panela.

Azúcares en la bollería.
Los azúcares están presentes en la industria de la alimentación de múltiples formas, sobre todo en la bollería y los ultraprocesados. Son un ingrediente dañino para el control del peso.

Grasas trans

Los lípidos de tipo cis están categorizados como saludables en la actualidad. Sin embargo, cuando estas grasas de calidad se someten a un proceso térmico agresivo, su configuración espacial varía. En este caso se generan ácidos grasos de tipo trans.

Existen diferentes artículos que relacionan el consumo de estos nutrientes con un mayor riesgo de desarrollar patologías complejas. Eso sí, cuentan con la capacidad de mejorar el sabor y la textura de los alimentos, lo que los convierte en unos elementos muy utilizados por la industria.

Incluso es posible encontrar investigaciones, como la publicada en la revista The British Journal of Nutrition, que relacionan el consumo de estos lípidos con alteraciones en la microbiota. Tal impacto traería como resultado problemas metabólicos y una mayor facilidad para el desarrollo de la obesidad. Ahora bien, faltan más ensayos en humanos que confirmen esta teoría.

Aditivos

A pesar de que una buena parte de los aditivos alimentarios utilizados se consideran seguros y pasan estrictos controles de calidad, todavía existen algunos que generan gran controversia. Sobre todo nos referimos a los edulcorantes artificiales, que han demostrado impactar negativamente sobre la microbiota intestinal.

Este fenómeno puede provocar alteraciones en los perfiles bacterianos, lo que condiciona el metabolismo de los nutrientes. Hay una estrecha relación entre microbiota, diabetes y sobrepeso, por lo que perjudicar la diversidad bacteriana del tubo digestivo podría resultar realmente contraproducente para el organismo.

Lo cierto es que existen muchas dudas acerca de la seguridad de los edulcorantes artificiales y su relación con la obesidad. Un estudio publicado en Current Gastroenterology Reports sugiere la necesidad de plantear investigaciones y ensayos amplios y ambiciosos para dilucidar realmente cuál es el impacto.

2. Sedentarismo

La falta de ejercicio físico también supone una de las principales causas de la obesidad. El sedentarismo se está extendiendo a lo largo de los países desarrollados, sobre todo entre la población adulta.

Tal y como afirma una investigación publicada en la revista Current Obesity Reports, los comportamientos sedentarios, como el uso excesivo de los dispositivos electrónicos, pueden ser una de las principales causas del desarrollo de la obesidad. Por este motivo es necesario limitar la exposición a videojuegos en los jóvenes, promocionado la actividad deportiva en su lugar.

Hay que tener en cuenta que, para mejorar la composición corporal, lo más efectivo resulta plantear un plan de entrenamiento basado en el ejercicio de fuerza. También la actividad de alta intensidad y el carácter interválico resultan una buena elección, según un estudio publicado en Obesity Reviews.

Con este método de trabajo se consigue un incremento en el tono muscular, lo que repercute en el gasto metabólico diario. A partir de aquí resulta más sencillo plantear una dieta hipocalórica que estimule la pérdida de peso y la oxidación del tejido graso.

3. Malos hábitos de descanso

Los hábitos de sueño poco saludables también pueden incidir sobre la función metabólica y sobre el estado de composición corporal. Se recomienda dormir de forma diaria 7 u 8 horas, preferiblemente sin interrupciones. Durante este periodo el organismo se recupera de los esfuerzos, equilibrándose la producción hormonal.

De todas formas, no es indiferente el momento en el que se consuman estas horas de sueño. Las personas que trabajan en horario nocturno y se ven obligadas a descansar por la mañana o durante el día suelen presentar alteraciones en el estado de salud o en la composición corporal. Esto se debe al impacto en los ritmos circadianos de producción hormonal.

Hay que tener en cuenta que dormir poco o demasiado no solo afecta la tasa metabólica, sino que también impacta sobre la sensación de apetito. Esto puede reflejarse en un mayor consumo calórico durante el día, lo que desequilibra la balanza energética a favor de la ingesta.

Para corregir las alteraciones a nivel de sueño es necesario intervenir de forma conductual. Hay que promocionar la importancia de acostarse a una hora prudente y de despertarse con la luz solar, evitando el uso de pantallas y dispositivos electrónicos en los minutos anteriores al descanso.

4. Estrés

El estrés es otro de los factores que se relaciona con las alteraciones en la composición corporal, suponiendo una de las causas de la obesidad. Algunas personas focalizan la ansiedad en las conductas dietéticas, comiendo compulsivamente.

Esto provoca que los estados depresivos repercutan sobre las pautas de alimentación, generando así un círculo vicioso del que no resulta fácil salir. No solo se empeora la calidad de la dieta, sino que también se tiende a comer más rápido, incluso sin apetito.

Malos hábitos como causa de obesidad.
Los malos hábitos se combinan para favorecer la obesidad. Es el caso del descanso inadecuado que genera estrés y luego un incremento del apetito.

Factores de riesgo genéticos para la obesidad

Además de las causas ambientales que hemos comentado, existen una serie de factores genéticos determinantes en la promoción y en el desarrollo de la obesidad. Las alteraciones en la producción hormonal pueden repercutir en la inflamación, en la eficiencia metabólica, en el ciclo de apetito y de saciedad y en la utilización de los nutrientes.

De acuerdo con una investigación publicada en la revista Comptes Rendus Biologies, existen ciertos polimorfismos genéticos en el ADN que incrementan el riesgo de desarrollar obesidad. No obstante, no quiere decir que esta predisposición resulte siempre en una situación de alteración de la composición corporal.

Obviamente, los hábitos de vida van a influir mucho. Ahora bien, en aquellas personas con tendencia a la acumulación de tejido adiposo, un pequeño descuido en la pauta dietética o deportiva puede tener un reflejo mayor que otras personas que no cuentan con esta determinación.

Además de la propia predisposición pueden existir patologías con base genética que generen una situación de hiperfagia, condicionando así el desarrollo de la obesidad. En estos casos de desequilibrio hormonal a nivel hipotalámico o suprarrenal puede ser necesario el uso de farmacología para revertir el proceso y regular la saciedad.

La obesidad es un problema con varias causas y factores de riesgo

Como has podido comprobar, son bastantes las causas que pueden desarrollar la obesidad. Esta condición se produce por una conjunción multifactorial. Es frecuente que se combinen una mala dieta con una situación de sedentarismo, lo que repercute en un gasto calórico escaso.

De todos modos, es importante analizar la existencia de algún condicionante genético o de posibles alteraciones hormonales que predispongan a las situaciones de sobrepeso. En tales casos, podría no ser suficiente con la intervención a nivel conductual, teniendo que recurrir a la farmacología.

No olvides que la obesidad es un problema grave que condiciona el funcionamiento de los órganos del cuerpo humano. De no solventarse a tiempo, el riesgo de desarrollar patologías que pongan en riesgo la vida se incrementa de forma notable.

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