Rinitis: tipos, síntomas, causas y tratamiento

Algunos factores ambientales e infecciosos pueden influir en la aparición de la rinitis. Las causas son variadas y un buen diagnóstico diferencial se impone para el abordaje correcto.
Rinitis: tipos, síntomas, causas y tratamiento
Diego Pereira

Escrito y verificado por Diego Pereira el 19 Enero, 2021.

Última actualización: 19 Enero, 2021

La rinitis es una condición inflamatoria de la mucosa nasal que puede ser originada por una amplia variedad de agentes etiológicos. En caso de que los síntomas duren varias semanas suele ser necesario acudir a un médico para determinar el origen concreto de la enfermedad.

Si quieres aprender un poco más sobre esta interesante patología, más abajo encontrarás información relevante sobre sus principales tipos, síntomas, causas y tratamientos. ¡Sigue leyendo!

¿Cuáles son los tipos de rinitis?

Dependiendo del tiempo de evolución de la rinitis puede clasificarse en dos grandes categorías: aguda y crónica. La primera es aquella que se presenta en un período corto de tiempo, mientras que la segunda tiende a durar varias semanas (más de 12) de forma continua o periódica.

A su vez, la rinitis aguda puede dividirse según su origen. Las rinitis infecciosas, alérgicas, ocupacionales y hormonales entran dentro de esta categoría. Las infecciosas son consecuencia de la presencia de virus y bacterias patógenas dentro de la cavidad nasal.

En los niños son mucho más comunes los virus, mientras que en los adultos la proporción tiende a ser similar al comparar ambos agentes. Los más implicados son el adenovirus, el virus sincitial respiratorio y el rinovirus.

La rinitis alérgica tiende a producirse en los meses más fríos del año y ocurre ante la exposición a determinadas sustancias ajenas al organismo que inducen una respuesta inflamatoria. Según estudios, es una condición muy prevalente en la población pediátrica, alcanzando al 21,8 % de los niños evaluados.

La rinitis ocupacional se produce por la exposición a ciertos agentes químicos, aunque en muchos casos existe un componente alérgico asociado. En el caso de la rinitis hormonal la vinculación es con el embarazo.

Por último, la rinitis crónica también puede deberse a una enorme variedad de factores. Entre ellos destacan los anatómicos, farmacológicos, hormonales e infecciosos.

Rinitis alérgica en una mujer.
La rinitis es la inflamación de la mucosa nasal. Sus causas son variadas.

Síntomas principales

Las manifestaciones clínicas comunes a la mayoría de los casos de rinitis son las siguientes:

  • Secreción a través de los orificios nasales o rinorrea. Esta tiende a ser de color hialina o verdosa, en especial en las infecciones bacterianas de las vías aéreas superiores.
  • Picazón.
  • Enrojecimiento de la mucosa.
  • Dificultad para respirar por obstrucción nasal.
  • Goteo nasal posterior.

Dependiendo del tipo de enfermedad, podrían presentarse otros síntomas. Por ejemplo, en la rinitis alérgica tiende a existir un síndrome de ojo seco, en especial en invierno. Aquellos casos con origen infeccioso añaden dolor facial, de oído o de garganta, tos, fiebre y malestar general.

Causas y factores de riesgo de la rinitis

En el caso específico de la rinitis alérgica, existen varios factores de riesgo, como los siguientes:

  • Antecedentes familiares de enfermedades alérgicas.
  • Antecedentes personales de asma, dermatitis atópica o cualquier otra enfermedad alérgica.
  • Exposición a humo de tabaco.
  • Condiciones ambientales, como la contaminación, la mala ventilación, la humedad y las mascotas.
  • En los niños más pequeños destacan la prematuridad y empezar a consumir ciertos alimentos antes de tiempo, como la leche de vaca y los huevos.

Por otro lado, la rinitis crónica se caracteriza por una serie de condiciones que aumentan la posibilidad de infecciones en la vía aérea. Esto puede incluir defectos anatómicos, como la desviación del septum nasal y la hipertrofia adenoidea, en especial en edad pediátrica.

Esta última es el crecimiento patológico de las adenoides, también conocidas como amígdalas faríngeas. Forman parte del sistema inmune y, mediante la liberación de inmunoglobulina A (un tipo de anticuerpo), favorecen la eliminación de microorganismos patógenos. Desde un punto de vista clínico, la hipertrofia adenoidea se caracteriza por mal aliento, dificultad para dormir, ronquidos y goteo nasal posterior.

Diagnóstico de la rinitis

Los médicos suelen recurrir al examen clínico para realizar el diagnóstico de rinitis. La entrevista con el paciente permite obtener datos relevantes sobre antecedentes personales y familiares, momento de aparición y características de los síntomas.

Cuando existe sospecha de una infección es probable que el médico solicite algunos exámenes complementarios para confirmar. Estos pueden incluir una biometría hemática completa, estudios de imagen (tomografía, radiografía) y toma de muestra de secreción nasal para un cultivo nasofaríngeo.

En este último caso, el médico introduce un hisopo estéril a través de las fosas nasales para impregnar el algodón con la secreción. Luego la envía a un laboratorio de microbiología en el que observarán el crecimiento de microorganismos en un medio de cultivo específico.

Si bien este procedimiento permite detectar el microorganismo implicado en la mayoría de los casos, tarda varios días en obtenerse los resultados. Por tal motivo, suele reservarse para casos de rinitis crónica, en especial cuando ha existido falla terapéutica con el abordaje convencional.

A veces, los pacientes con tuberculosis pulmonar tienden a presentar rinitis tuberculosa, que es otra forma crónica de la enfermedad. Esta se caracteriza por lesiones en forma de nódulos dentro de la nariz. La toma de muestra para cultivo está indicada y se puede complementar con una biopsia y un examen molecular denominado PCR (reacción en cadena de polimerasa), con el objetivo de identificar fragmentos genéticos de Mycobacterium tuberculosis.

Tratamiento de la rinitis

Existen varias opciones terapéuticas, dependiendo del tipo de rinitis que se haya diagnosticado. En el caso de los procesos alérgicos es conveniente utilizar medicamentos del grupo de los antihistamínicos H1. Estos pueden dividirse en varios grupos, pero los más utilizados son los de segunda generación, como la loratadina.

Además, como parte del tratamiento sintomático de la rinitis alérgica puede ser necesario el uso de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, entre los que destaca el ibuprofeno.

Los casos de rinitis que tengan un origen infeccioso pueden tratarse con antibióticos, siempre y cuando el médico sospeche o confirme la existencia de una infección bacteriana. Los virus no se tratan con estos medicamentos, ya que no son vulnerables a ellos.

En caso de confirmarse la existencia de una rinitis tuberculosa, el tratamiento es el mismo que se indica para la infección pulmonar primaria: rifampicina, isoniazida, pirazinamida y etambutol. Estos fármacos suelen consumirse durante varios meses y, al ser una enfermedad difícil de controlar, requiere evaluaciones periódicas con un especialista en neumología.

Mujer con rinitis enferma en su casa.
Los casos más graves de rinitis pueden causar malestar general, fiebre y cansancio.

Prevención

Es posible evitar algunos factores de riesgo modificables, como la exposición a agentes ambientales capaces de producir cuadros de rinitis alérgica. Cuidados personales básicos incluyen la instalación de filtros de aire en el hogar, limpiar las superficies que tienden a acumular polvo y ácaros, evitar el contacto con animales y la exposición a ambientes fríos.

Por otro lado, existen varios tipos de vacunas que se aplican de forma anual para prevenir la infección por el virus de la influenza. Esta suele ser administrada en pacientes con alto riesgo de desarrollar complicaciones.

Consultar ante la duda

La rinitis, en cualquiera de sus formas, es una condición muy frecuente en todo el mundo. Al entender los factores de riesgo para su aparición es posible disminuir la probabilidad de enfermar.

En caso de duda, es preferible acudir con el médico de confianza que puede ser especialista en las áreas de medicina de familia, medicina interna, pediatría y otorrinolaringología, entre otras. Si se cumple con el protocolo, la solicitud de métodos complementarios es una opción.

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