Intolerancia a la lactosa: síntomas, causas y dieta adaptada

La suplementación con probióticos ha demostrado ser eficaz para el tratamiento de muchos casos de intolerancia a la lactosa, siempre y cuando no tenga un origen genético. Descubre más aquí.
Intolerancia a la lactosa: síntomas, causas y dieta adaptada
Saúl Sánchez

Escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez.

Última actualización: 08 enero, 2021

La intolerancia a la lactosa es frecuente en la actualidad. No en todos los países cuenta con la misma incidencia, ya que es más pronunciada cuando no existe un consumo frecuente del azúcar. Es el caso de los habitantes de China y de otros países asiáticos.

Sin embargo, en la mayor parte de los continentes occidentales es habitual ingerir alimentos que contienen lactosa en su composición. Por ello, la intolerancia obliga a variar hábitos dietéticos para no sufrir consecuencias negativas.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

De acuerdo con una investigación publicada en la revista Food & Function, la intolerancia a la lactosa se define como la imposibilidad de absorber y de metabolizar el azúcar más típico de la leche. Esto se debe a la ausencia de la enzima lactasa, capaz de romper el nutriente. El consumo de lactosa genera, por lo tanto, sintomatología a nivel intestinal.

Las causas más frecuentes

Lo cierto es que este proceso de intolerancia puede estar motivado por diferentes causas. Existe un componente genético que ha sido evidenciado por la ciencia. Algunos individuos nacen sin la capacidad de sintetizar lactasa, la enzima encargada de descomponer el nutriente.

Esto se debe a una mutación genética que se puede transmitir a la descendencia. En paralelo, la disbiosis intestinal puede generar incapacidad para absorber el nutriente con eficiencia, lo que terminaría con la aparición de dicha patología.

Cabe destacar que también se puede desarrollar el problema a partir de largos periodos sin estar expuesto al azúcar. El organismo es sabio y tiende al ahorro, por ello, si no se consume lactosa durante un espacio de tiempo determinado deja de ser capaz de segregar la enzima lactasa.

Este es uno de los motivos por los que no se debe de plantear una dieta carente en lactosa en sujetos que no han sido diagnosticados de intolerancia por un profesional.

Lácteos con lactosa.
La lactosa es el azúcar de los lácteos y no debería suspenderse su consumo a menos que haya indicación profesional de hacerlo.

Síntomas

La intolerancia a la lactosa cursa con síntomas a nivel digestivo e intestinal. Los más frecuentes son la diarrea, el dolor abdominal, la hinchazón y los gases tras el consumo del azúcar.

De todos modos, hay algunos pacientes que también experimentan vómitos e incluso sensación de falta de aire. Todos ellos aparecen descritos en un artículo publicado en la revista Nutrients.

Diagnóstico

Aunque en lo que a intolerancia a la lactosa se refiere abunda el autodiagnóstico, lo cierto es que existen pruebas clínicas para confirmar las sospechas. Lo óptimo resulta someterse a un test de aliento, mediante el que se miden las concentraciones de gases exhalados tras el consumo de una solución con lactosa.

Se trata de una prueba sencilla y no invasiva, aunque requiere disponer de cierto tiempo para su realización. Se le pide al paciente que sople en el interior de unas bolsas en intervalos de 30 minutos, por lo que la duración no suele ser inferior a las 3 horas.

Tratamientos eficaces para la intolerancia a la lactosa

Cuando se detecta intolerancia a la lactosa se pueden poner en marcha dos mecanismos distintos. El primero de ellos es retirar el azúcar de la dieta, optando por el consumo de productos que ya contienen la enzima lactasa en su composición o restringiendo los lácteos.

La segunda solución consiste en tratar de generar un cambio en la microbiota intestinal, buscando así la repoblación de las bacterias capaces de sintetizar lactasa, en el caso de que el origen del problema sea una situación de disbiosis.

Según un estudio publicado en la revista Critical Reviews in Food Science and Nutrition, la suplementación con determinadas cepas de probióticos ha demostrado ser eficaz a la hora de revertir los procesos de intolerancia a la lactosa. Se consiguen reducir los síntomas y mejorar el metabolismo del azúcar.

Esto sirve como prueba de que, en muchas ocasiones, el origen del trastorno se encuentra a nivel intestinal. No obstante, es importante elegir bien el producto de probióticos que se ha de introducir en la pauta dietética.

La intolerancia a la lactosa y la alergia a la leche de vaca

Aunque mucha gente las confunde, es necesario tener claro que la intolerancia a la lactosa no es lo mismo que la alergia a las proteínas de la leche de vaca. Este segundo problema cuenta con un carácter autoinmune que imposibilita la ingesta de alimentos que lleven leche de vaca en su composición.

Es posible que se desencadenen shocks anafilácticos tras la ingesta del alimento y este ha de retirarse completamente de la dieta. Se estima, según una investigación publicada en la revista Clinical Pediatrics, que dicha patología cuenta con una incidencia del 2 % durante el primer año de vida de los niños.

La intolerancia a la lactosa, por su parte, no siempre requiere la restricción del azúcar en la dieta. A veces basta con reducir su consumo. Además, está provocada por un azúcar, no por una proteína, siendo el nutriente que ejecuta el mecanismo y el propio trastorno en sí distinto al de una alergia.

Los peligros de retirar los lácteos

A pesar de que la solución propuesta en muchos casos de intolerancia a la lactosa sea la retirada de los lácteos, esto conlleva una serie de repercusiones negativas. En primer lugar, es más probable que se produzca a mediano plazo un déficit de calcio, lo que puede generar osteoporosis en las mujeres que ya han superado la menopausia.

Por otra parte, dicha recomendación dietética implica la restricción de la mayor parte de los alimentos que contienen probióticos de forma natural. Los beneficios de la ingesta de bacterias probióticas por medio de la dieta han sido evidenciados por la ciencia. Suprimir su aporte puede condicionar la salud.

Si la opción que se contempla es la de restringir el consumo de lácteos, habrá que plantear la suplementación con probióticos. De lo contrario, podrían experimentarse problemas intestinales y digestivos. Incluso, se incrementaría la incidencia del riesgo de patologías neurodegenerativas.

Otras soluciones para la intolerancia a la lactosa

Además de las alternativas contempladas, existe una última solución que se puede poner sobre la mesa para tratar la intolerancia a la lactosa. La enzima lactasa se puede encontrar en pastillas. Por este motivo, si un intolerante va a consumir cualquier alimento que contenga lactosa en su composición, puede ingerir acto seguido uno de estos comprimidos.

De este modo, se reducirían las posibles molestias desencadenadas por la presencia de lactosa en el tubo digestivo. Resulta una buena alternativa para aquellos que no quieren dejar de disfrutar de las características organolépticas de los lácteos.

Ten en cuenta que si una persona que no es intolerante empieza a consumir la enzima de forma rutinaria desarrollará dicho trastorno. Sucede lo mismo cuando un sujeto sano retira los lácteos de la dieta durante un periodo de tiempo significativo. El cuerpo interpretará que ya no es necesario seguir produciendo lactasa.

Microbiota intestinal.
Las disbiosis de la microbiota intestinal pueden estar detrás del trastorno de intolerancia a la lactosa.

La importancia de leer las etiquetas

Si te han diagnosticado intolerancia a la lactosa has de prestarle una mayor atención a las etiquetas de los productos que adquieres. En ellas aparece reflejado si el alimento contiene trazas de leche o de lácteos.

Al mismo tiempo, repasa los aditivos que contiene el producto. Si cuenta con una gran cantidad de ellos evita consumirlo con regularidad. Estos compuestos pueden hacer que acabes desarrollando intolerancia a ciertos nutrientes, a partir de un impacto negativo en la microbiota intestinal.

Intolerancia a la lactosa: un problema poco grave, pero molesto

Bastantes sujetos en la actualidad presentan intolerancia a la lactosa, aunque todavía existe mucho sobrediagnóstico de la enfermedad. Es necesario acudir a un profesional de la salud para que se determine, por medio de las pruebas pertinentes, si realmente el consumo de lácteos representa un problema.

De todos modos, si te han diagnosticado, piensa que hay soluciones o, al menos, parches para sobrellevarlo. Puedes probar con la suplementación con probióticos que, en algunos casos, consigue revertir el proceso. En el caso de que esto no surta efecto, la mejor idea será recurrir a los productos sin lactosa o consumir pastillas de lactasa.

Piensa que la restricción de grupos de alimentos, sin causa justificada, es negativa para la salud. En situaciones de intolerancia, el hecho de eliminar los lácteos conlleva valorar la suplementación con probióticos. De este modo se prevendrán los procesos de disbiosis.

Te podría interesar...
Antioxidantes: ¿qué son y para qué sirven?
Muy Salud
Leerlo en Muy Salud
Antioxidantes: ¿qué son y para qué sirven?

Los antioxidantes son sustancias capaces de neutralizar la formación de radicales libres y de mejorar el estado de salud.



  • Ugidos Rodríguez S., Matallana González MC., Sánchez Mata MC., Lactose malabsorption and intolerance: a review. Food Funct, 2018. 9 (8): 4056-4068.
  • Walkowiak J., Fidler Witon E., Glapa A., Paszkowski J., et al., Lactose intolerance, lactose malabsorption and genetic predisposition to adult type hypolactasia in patients after restorative proctocolectomy. Acta Biochim Pol, 2019. 66 (2): 173-175.
  • Oak SJ., Jha R., The effects of probiotics in lactose intolerance: a systematic review. Crit Rev Food Sci Nutr, 2019. 59 (11): 1675-1683.
  • Szilagyi A., Ishayek N., Lactose intolerance, dairy avoidance, and treatment options. Nutrients, 2018. 10 (12): 1994.
  • Mousan G., Kamat D., Cow's milk protein allergy. Clin Pediatr, 2016. 55 (11): 1054-63.
  • Sánchez B., Delgado S., Blanco Míguez A., Lourenço A., et al., Probiotics, gut microbiota, and their influence on host health and disease. Mol Nutr Food Res, 2017.