Distrofia muscular de Becker: causas, síntomas y tratamiento

La distrofia muscular de Becker es una patología crónica, de progresión lenta y de pronóstico pobre. Es heredable y se debe a una mutación en el cromosoma X.
Distrofia muscular de Becker: causas, síntomas y tratamiento
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 30 Abril, 2021.

Última actualización: 30 Abril, 2021

La distrofia muscular de Becker es una enfermedad genética que se hereda de forma recesiva en el cromosoma X, el cromosoma sexual que determina el sexo femenino en humanos. Se estima que la distrofia muscular de Duchenne y la de Becker tienen una prevalencia general de 0,1 a 1,8 casos por cada 10 000 habitantes.

Los niveles de incidencia de la distrofia de Becker varían según regiones, pero suelen rondar los 0,26 casos por cada 10 000 personas, desde un 0,01 (Sudáfrica) a un 0,7 (países europeos). Sea como fuere, con estos datos nos queda más que claro que estamos ante una enfermedad rara de naturaleza progresiva y, por desgracia, inevitable.

Estos pacientes van experimentando, poco a poco, una debilidad muscular marcada en las piernas y pelvis. De todas formas, a diferencia de la distrofia muscular de Duchenne (su enfermedad hermana), esta enfermedad tiene un curso algo más leve. Si quieres conocerlo todo sobre esta rara pero interesante condición, sigue leyendo.

Las bases genéticas de la enfermedad

Como hemos dicho al comenzar, esta enfermedad es recesiva y está ligada al sexo. Para entender este concepto, es necesario asentar una serie de bases genéticas en lo que al ADN humano se refiere. Cada una de las células somáticas (las que forman nuestro cuerpo) son diploides (2n), es decir, presentan 2 copias de cada cromosoma.

Con base en esta premisa, podemos afirmar que los seres humanos tenemos 23 pares de cromosomas, 22 autosómicos y 1 sexual (o lo que es lo mismo, 44 cromosomas totales autosómicos y 2 sexuales). Estos 2 últimos cromosomas son el X y el Y, determinantes del sexo: si el cigoto es XX es mujer y si es XY es hombre.

Cada gen encerrado en las parejas de cromosomas tiene 2 formas típicas, denominadas alelos, diferenciados en secuencia y que se pueden expresar a nivel fenotípico de forma distinta. Decimos que un alelo es dominante (A) cuando, sin importar cual sea el presente en el otro cromosoma de la pareja, este se expresa. Sea el rasgo (AA) o (Aa), el alelo dominante se expresa.

Por otro lado, un alelo recesivo (a) es aquel que se ve enmascarado por el dominante. Para que una persona muestre un fenotipo recesivo, ambos alelos del gen (aa) de la pareja cromosómica deben compartir la recesividad. Con esta información, recordamos la premisa inicial: la distrofia muscular de Becker está ligada al sexo (X) y es recesiva (a).

Los genes causantes de la distrofia muscular de Becker

El portal genético Online Mendelian Inheritance in Man vincula a esta patología con el gen DMD, situado en el cromosoma X, que codifica la síntesis y funcionalidad de la proteína distrofina. Este gen es el más grande de todo el genoma humano y uno de los más importantes para el sistema locomotor, pues la distrofina fortalece y protege a las fibras musculares.

La distrofia muscular de Becker se asocia a una clonación de la secuencia DXS7 (D:ADN, X: localizada en el cromosoma X, S: segmento, 7: secuencia de alineación). Aunque aún queda bastante por conocer, cada vez se dilucidan más las mutaciones exactas que impiden el correcto funcionamiento del gen de la distrofina.

Tal y como indica la web médica StatPearlsel 70 % de los cambios en este gen son deleciones y un 10-15 % duplicaciones. No nos vamos a detener en las particularidades fisiológicas de este evento: nos basta con saber que la ausencia de distrofina se traduce en debilidad muscular progresiva y fatiga del aparato locomotor en el paciente.

Patrón de herencia

La distrofia muscular de Becker es una condición heredable.
Esta enfermedad se relaciona con patrones genéticos bien definidos.

En lo que a la genética de la enfermedad se refiere, nos queda por explorar el patrón de herencia de la misma. En primer lugar, como ya sabrás, cabe destacar que las mujeres presentan 2 copias del cromosoma X, lo que determina su género femenino. Al tener 2 copias del gen DMD en su genoma, una de ellas puede solventar la carencia de la otra.

Por esta razón, casi ninguna mujer muestra síntomas graves. Tal y como indica la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidosesta patología es del género masculino de forma intrínseca, con 1,5-6 varones afectados al nacer por cada 100 000 hombres. Con esta idea en mente, te presentamos los diferentes patrones de herencia de esta condición:

  1. Si una mujer es portadora (Dd), presenta un alelo dominante sano (D) y uno recesivo mutado (d). Estas pacientes solo muestran síntomas leves en el 10 % de los casos, pues la copia sana del gen puede “enmascarar" la enfermedad.
  2. Una madre Dd y un padre sano nunca van a tener una hija enferma. La probabilidad de que esta herede el alelo mutado es de un 50 %, pero nunca se manifestará la enfermedad del todo, al ser un carácter recesivo.
  3. Por desgracia, esto no es igual en varones. Una madre tiene el 50 % de probabilidades de pasarle el gen a su hijo, pero si este es chico, la enfermedad se expresará en el 100 % de los casos. Como los hombres solo tienen un cromosoma X y este se hereda de la madre, no hay copia del gen que lo pueda contrarrestar.
  4. Por otro lado, un varón enfermo (Dd) tendrá hijas siempre portadoras, pero ninguno de los niños heredarán el gen deletéreo. Como la madre es la que brinda el cromosoma X a la descendencia masculina, en este caso los varones no están en peligro.

Conclusiones

Así pues, una niña solo podrá enfermar completamente si el padre está enfermo y la madre es portadora. Si el cromosoma X del padre está mutado y el de la madre también, la niña heredará la patología, pero este escenario es muy poco probable. A día de hoy, solo se ha detectado a una niña con la enfermedad total, descendencia de 2 padres consanguíneos enfermos.

Nos hemos “saltado" un poco la simbología genética necesaria para ejemplificar este caso, pues los alelos D o d se han nombrado de forma arbitraria. De todas formas, el concepto es el mismo en todos los casos.

Síntomas de la distrofia muscular de Becker

Puede que te hayan abrumado tantos datos genéticos, pero la causalidad y etiología de la enfermedades ligadas a mutaciones solo se pueden entender empapándose de genes, alelos y herencia. Gracias a estas explicaciones, ahora ya sabes por qué las mujeres no presentan (casi) nunca esta enfermedad, por ejemplo.

En primer lugar, cabe destacar que estas enfermedades distróficas cubren un rango de leve a severo, dependiendo del intervalo temporal de presentación y la condición de cada paciente. Los pacientes con distrofia muscular de Duchenne (DMD) suelen requerir uso de silla de ruedas a los 13 años, mientras que los de BMD alcanzan este estado a los 16.

Un bebé con distrofia muscular de Becker puede tener problemas para aprender a andar, pero los síntomas no son evidentes hasta mucho más tarde. Los músculos de la pantorrilla comienzan a alargarse entre los 5-15 años de edad para intentar “compensar" la falta de fuerza de la musculatura. Es aquí cuando empiezan a mostrarse los signos clínicos.

Finalmente, el tejido muscular alargado se termina reemplazando por grasa y tejido conectivo, debido a que el paciente deja de utilizar sus piernas por imposibilidad anatómica. Tal y como indica el portal KidsHealth, algunos de los signos iniciales en niños son los siguientes:

  1. El infante tiene dificultades a la hora de realizar deportes. Estas no se deben a lesiones o peso (índice de masa corporal).
  2. El niño tiene problemas subiendo escaleras. Como hemos dicho, la progresión de la enfermedad se inicia en la pelvis y pantorrillas de las piernas.
  3. El paciente no es capaz de correr o de andar rápido.
  4. Tiene problemas para cargar pesos grandes.
  5. Presenta unos músculos de la pantorrilla agrandados. De todas formas, estos son más débiles de lo normal.

La evolución de estos síntomas hace que el niño requiera silla de ruedas, de media, a los 16 años de edad. De todas formas, las variantes menos graves de este espectro demuestran que existen hombres con 30 años con síntomas leves que pueden permanecer en tratamiento ambulatorio hasta los 60 años de edad.

Pronóstico

La distrofia muscular de Duchenne es una patología mucho más agresiva y los pacientes no suelen superar los 40 años de edad. En el caso de la BMD, existe un espectro de pacientes mucho más amplio y la sintomatología es variable, así que establecer una fecha fija de deceso es bastante complicado.

Tal y como indica el portal Orpha.netningún paciente con BMD requiere silla de ruedas antes de los 16 años. La esperanza de vida depende de cada caso, pero los fallos de la musculatura cardíaca y los problemas respiratorios suelen cobrarse la vida del paciente antes de tiempo en casi todos los casos.

La edad mínima de supervivencia se coloca en 30 años. De media, los hombres con BMD mueren durante su cuarentena.

Diagnóstico

La distrofia muscular de Becker tiene varios métodos diagnósticos.
Se requieren muchas pruebas de laboratorio para diagnosticar la enfermedad.

Diagnosticar la distrofia muscular de Becker es una tarea compleja. Hay muchos gradientes en la sintomatología e, incluso, en algunos casos existen pacientes intermedios entre BMD y DMD. De todas formas, algunas pruebas que se realizan en los pacientes que suscitan sospecha son las siguientes:

  • Niveles de creatinina-quinasa en sangre: cuando los músculos se ven dañados o atrofiados, liberan esta enzima. Los niveles normales son de 10 a 120 microgramos por litro (mcg/L).
  • Biopsia del tejido muscular: la biopsia del tejido muscular muestra la cantidad de distrofina que hay en los músculos del paciente. Si no hay distrofina alrededor de las fibras nerviosas hablamos de Duchenne. Si hay pero en poca cantidad y en forma de parches, se sospecha de distrofia muscular de Becker.
  • Pruebas genéticas: se buscan duplicaciones, deleciones y otras mutaciones en el gen DMD. Recordamos que este es el que codifica la distrofina.
  • Electromiografías (EMG) y otras pruebas: miden la rapidez de la respuesta de los músculos y la intensidad de la misma. De este modo, se detectan atrofias.

Tratamiento de la distrofia muscular de Becker

Tal y como indica el portal Rare Diseases (NIH), a día de hoy no hay cura para la distrofia muscular de Becker. El objetivo del tratamiento es retrasar la enfermedad, otorgarle al paciente medicinas para que pueda respirar (y bombear la sangre de forma correcta) y ayudarlo a moverse a pesar de su discapacidad progresiva.

Por ejemplo, la fisioterapia especial puede ayudar a los enfermos a “entrenar" sus músculos, lo que reduce las probabilidades de contracturas articulares y aumenta el tiempo de autonomía. La actividad motora se fortalece con fisioterapia, pero también es necesaria la terapia ocupacional y recreacional para la mente del paciente.

De otro lado, los corticosteroides orales son el tratamiento farmacológico de elección de por vida. La dosis general es 0,75 miligramos de prednisolona por kilogramo de peso del paciente al día (o 0,90 mg/kg/día de deflazacort). Esta ayuda a promover la función pulmonar, retrasa la escoliosis y disminuye las probabilidades de sufrir complicaciones cardíacas.

En los pacientes que muestran reacciones adversas, hay que reducir la dosis en un 30 %. El tratamiento debe comenzar antes de que aparezcan los síntomas y una vez se alcanza la dependencia completa también continúa.

Una patología de abordaje difícil

Como has podido observar, la distrofia muscular de Becker (BMD) es una enfermedad difícil de abordar que no tiene tratamiento curativo. A pesar de ser menos agresiva que la distrofia muscular de Duchenne (DMD), casi todos los pacientes mueren antes de los 40 años de edad, exceptuando casos leves y excepciones.

Por todos estos motivos, nos es muy difícil terminar en una nota positiva. En la actualidad, la única opción de abordaje clínico es otorgarle al paciente la mejor calidad de vida posible y retrasar el curso de la enfermedad. Esperemos que, algún día, la medicina encuentre una cura para las distrofias musculares.

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